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Los temas recurrentes de Lovecraft

Howard Phillips Lovecraft (1890 – 1937) es justamente reconocido como uno de los más grandes escritores de terror de todos los tiempos. Aunque hay quien lo tiene por un escritor pulp más, somos legión los que idolatramos su obra como algo excepcional. Como escritor, ha recibido innumerables críticas: no todas las viejas glorias de la época pulp eran grandes escritores, y no todas esas críticas son desacertadas, la verdad. Pero dejaré para los críticos literarios el análisis de la parte técnica de su obra, porque creo que el verdadero encanto de Lovecraft reside en su ambientación, en ese espíritu inquietante y sombrío que supo darle a todas sus historias.

El universo de Lovecraft tiene sus propias peculiaridades.

En primer lugar, es un universo indiferente en el mejor de los casos, y atrozmente hostil en el peor. Los personajes de Lovecraft llevan vidas anodinas hasta que tropiezan con lo inesperado, lo misterioso, lo aterrador. En ese momento sus vidas se quiebran y la locura y la muerte campan a sus anchas. Los humanos son meras motas de polvo que tienen fugaces vidas en un universo frío e infinito. Y ya en las primeras frases de La llamada de Cthulhu, el más famoso de sus relatos famosos, se nos advierte que

no hay nada más misericordioso en el mundo que la incapacidad del cerebro humano de correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de mares negros e infinitos, pero no fue concebido que debiéramos llegar muy lejos. Hasta el momento las ciencias, cada una orientada en su propia dirección, nos han causado poco daño; pero algún día, la reconstrucción de conocimientos dispersos nos dará a conocer tan terribles panorámicas de la realidad, y lo terrorífico del lugar que ocupamos en ella, que sólo podremos enloquecer como consecuencia de tal revelación, o huir de la mortífera luz hacia la paz y seguridad de una nueva era de tinieblas.

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Otro de los elementos omnipresentes en sus obras es la existencia de conocimientos prohibidos o, simplemente, demasiado horrendos para ser conocidos. La ignorancia es una bendición, y una vez perdida el hombre queda a merced de terribles verdades que le llevan a la locura. En cuando empezamos a leer Arthur Jermyn (relato en el que veremos reflejados prácticamente todos los temas recurrentes lovecraftianos), se nos dice que

la vida es algo espantoso; y desde el trasfondo de lo que conocemos de ella asoman indicios demoníacos que la vuelven a veces infinitamente más espantosa. La ciencia, ya opresiva en sus tremendas revelaciones, será quizá la que aniquile definitivamente nuestra especie humana —si es que somos una especie aparte—; porque su reserva de insospechados horrores jamás podrá ser abarcada por los cerebros mortales, en caso de desatarse en el mundo.

Relatos enteros se han construido sobre el tema de la ignorancia y la horrible revelación final. En El extraño, el propio protagonista lo ignora todo acerca de sí mismo y de sus orígenes, hasta que el encuentro fortuito con un espejo le revela que él es el monstruo del relato. En La declaración de Randolph Carter, excelente historia, la verdad llega en forma de frase lapidaria que revela al protagonista la existencia de insospechados mundos subterráneos. En La sombra sobre Innsmouth, el protagonista ahonda en su propio linaje para descubrir espantosas revelaciones. ¿Y qué decir del desgraciado Arthur Jermyn, el conocimiento de cuyos orígenes le llevó a prenderse fuego? La ignorancia es una bendición.

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En ocasiones, estas tremendas revelaciones son liberadas de forma inconsciente por los avances científicos. A medida que la ciencia avanza (y recordemos que en 1920 los avances parecían ilimitados y vertiginosos), deja al descubierto nuevas posibilidades de horror. En En las montañas de la locura, una expedición científica desata un horror de eras pasadas. La propia Keziah Mason, la bruja de Los sueños de la casa de la bruja, usa extraños símbolos mágicos que el protagonista intenta desvelar empleando el poder de las matemáticas… con horribles consecuencias. Y ¿no es Herbert West, Reanimador, el prototipo de científico loco? El estudio de la “metafísica” había marcado profundamente al protagonista de La música de Erich Zann. La Teoría especial de la Relatividad fue publicada por Einstein en 1905, seguida de su Teoría General en 1916. Lovecraft ya habla de múltiples dimensiones y de espacios no euclideos. Y en El que susurra en la oscuridad, Lovecraft explica el reciente descubrimiento de Plutón (1930) como el resultado de una voluntad más siniestra:

se había localizado un noveno planeta más allá de Neptuno, tal como aquellos seres habían adelantado. Los astrónomos, con una implacable propiedad que estaban lejos de sospechar, lo denominaron «Plutón». Yo estoy convencido de que se trata nada menos que del nocturnal Yuggoth…

Curiosamente, razas alienígenas como los Mi-go, los Antiguos o la Gran Raza de Yith disfrutan de un aventajadísimo dominio sobre la tecnología y la ciencia.

Hay dos características de la obra lovecraftiana que parecen no tener relación, pero yo creo que una es consecuencia de la otra. Me refiero, por una parte, al concepto del destino (o culpa) heredada y por otra al profundo clasismo del que hacía gala.

La herencia de las culpas de nuestros ancestros es un tema recurrente. En Las ratas en las paredes, los De la Poer sufren terribles destinos por sus pecados ancestrales (“¿por qué no podían comerse las ratas a un De la Poer, del mismo modo que un De la Poer comía cosas prohibidas?”). De nuevo Arthur Jermyn sufre las consecuencias de los pecados de su antepasado. En El alquimista, un asesinato perpetrado por un antepasado lejano hace que un brujo se vengue de todos sus descendientes… durante siglos. La maldición que cayó sobre Sarnath relata una venganza que se demoró un milenio; el protagonista de La sombra sobre Innsmouth desciende de una impía unión (al igual que muchos de los habitantes de la propia Innsmouth). Las consecuencias de pecados y errores se extienden durante siglos y acaban alcanzando a los incautos y desprevenidos descendientes.

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Esto me lleva al tema del clasismo. Para Lovecraft, no todas las razas humanas eran iguales, y esto se hace evidente en sus obras. Más aún, dentro de las razas hay clases mejores y clases… menos mejores. El ideal de protagonista lovecraftiano es un blanco de ascendencia anglosajona, de la zona de Nueva Inglaterra o de ascendencia de la propia Inglaterra. Y, en el otro extremo, los cultistas, dementes, asesinos y criminales solían ser gente negra, india, morena o simplemente dedicada a oficios serviles y manuales. Para Lovecraft, la virtud y la belleza van unidas, y lo mismo ocurre con la maldad y la fealdad (los héroes son elegantes y distinguidos, en tanto que los sirvientes y sectarios son jorobados y horribles). En La calle, nos dice

Nuevos rostros aparecieron en la Calle; rostros morenos, siniestros, de ojos furtivos y facciones singulares, cuyos poseedores hablaban exóticas lenguas y trazaban signos de caracteres conocidos y desconocidos sobre la mayoría de las casas anticuadas.

Y los cultistas de La llamada de Cthulhu son descritos así:

Allí saltaba y se retorcía una indescriptible horda de monstruosidad humana que nadie salvo Sime o Angarola hubiera sido capaz de retratar. Sin ropa alguna encima, aquellos engendros mestizos rugían, vociferaban y se contorsionaban

El terror suele venir de fuera, de los extraños, de las tribus, de los sitios lejanos, exóticos e incivilizados.

Pero ¿por qué afirmo que la culpa heredada y el racismo van unidos? Si uno asume que la culpa de los antepasados se transmite a sus descendientes y que somos en cierto modo “esclavos” de sucesos del pasado, aceptar ideas racistas y valorar el hecho de ser “de buena familia” es una consecuencia natural. Parecen dos aspectos del mismo concepto: la herencia y lo inevitable del destino. Los descendientes de criminales, aunque sean de origen noble, no pueden escapar de su destino; mientras que los squires de buena familia y ascendencia intachable seguirán siéndolo. El racismo y la exhaltación de los blancos anglosajones son ideas que casan muy difícilmente con el lector medio del siglo XXI.

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La ausencia de mujeres es otra peculiar característica que choca con las actuales costumbres. No hay novias ni esposas. Ni amor, ni cariño, ni ternura de ningún tipo. ¿Cómo podría haberlo, en un universo empeñado en destruirnos? Hay quien ha dicho que la ausencia de mujeres se debe al desdén natural de Lovecraft hacia el sexo femenino, aunque parece ser que nada en su correspondencia o en su vida privada apoya tal teoría. Se carteaba igualmente con amigos y amigas, escritores y escritoras. Es lógico que en una época en la que las mujeres tenían muchísimos menos puestos de responsabilidad, haya pocas entre los nobles, bibliotecarios, sabios y científicos que pueblan sus novelas. Y también es lógico que las emociones humanas queden relegadas a un segundísimo plano ante los horrores cthulhuideos. Excepto, claro está, el terror…

Es curioso como las mujeres que aparecen en las obras de Lovecraft desempeñan casi siempre papeles pérfidos, engañosos o directamente malvados. Muchas de ellas son adoradoras de los Mitos (Keziah Mason en Los sueños de la casa de la bruja, Asenath Waite en El ser en el umbral, con cambio de sexo mágico incluido, Lavinia Weatheley en El horror de Dunwich…) y algunas otras ni siquiera son humanas (la tatarabuela simiesca de Arthur Jermyn o la esposa del viejo Obed Marsh -y, por extensión, muchas de las esposas del pueblo- en La sombra sobre Innsmouth). La mujer es colaboradora del horror.

Así es que, si es usted el protagonista de un relato o novela lovecraftiana, una cosa es segura: no lo va a pasar usted nada bien…

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Hey There Cthulhu


Hey there Cthulhu, down there in your sunken city
You’re a billion light years distant and the stars look very pretty
From R’lyeh
So close and yet so far away
Iä, Ië

Cthulhu Fhtagn, or is that k-THOO-loo fuh-TINE?
I can never quite remember, ’cause I’m not in my right mind
Since I met you
No one corrupts the way you do
You know it’s true

Oh, it’s what you’ll do to me
Oh, and all humanity
Oh, you’ll rise up from the sea
Oh, kill everyone slowly
Except the ones like me

Hey there Cthulhu, I’ve been studying your gospel
The Necronomicon, it gives me nightmares something awful
Where I see
The death of all reality
It fills me with glee

So when the stars are right, you’ll come and do your worst
But that’s okay because I know you’ll eat the cultists like me first
When you get here
I know that day is drawing near
I have no fear

Oh, it’s what you’ll do to me
Oh, and all humanity
Oh, you’ll right up from the sea
Oh, kill everyone slowly

A billion light years seems so far
Below the sea, beyond the stars
Of these humans’ putrid souls you’ll drink your fill
The fools will all make fun of me
But I’ll just laugh maniacally
’Cause no one’s ever suffered like they will
Cthulhu, I can promise you
That by the time this cult gets through
The world will never ever be the same
Praise your dark name!

Phn’glui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wagh’nagl fhtagn
Boy, that’s really quite a mouthful, can’t quite cram it in my noggin
Not today
I try to say it anyway
I feel my soul being to fray
Still I away that frabjous day
Cthulhu calay!

Oh, it’s what you’ll do to me
Oh, and all humanity
Oh, you’ll rise up from the sea
Oh, kill everyone but me
Everyone but me

By Eben Brooks.


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