Archivo de la categoría: mundo vivo

Sobre el “monstruo marino” de Almería

A mediados de agosto apareció en la playa de Luis Siret, cerca de Cuevas de Almanzora (Almería). Algún bañista se topó con estos restos en descomposición, que parecen los de algún tipo de gran pez:

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Los restos miden unos cuatro metros de largo. Lo que más desconcertó a los espectadores eran esa especie de cuernos que parece tener el bicho. Sin embargo, dichos “cuernos” se encontraron separados del resto del animal, y los colocaron en la zona de la cabeza simplemente por costumbre para hacer la foto. Podían haber estado en cualquier parte del cuerpo de la criatura.

No es la primera vez que un cadáver de animal desconcierta a los testigos por tener “cuernos”, cuando sabemos que ningún animal marino los tiene. En los años 50 apareció en Egipto este ser:

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Aunque el animal desconcertó a propios y extraños con esos enormes “cuernos”, estos resultaron ser únicamente los huesos de la mandíbula inferior de una ballena en descomposición, que sobresalían a ambos lados de la cabeza.

El cadáver de Almería parece, a primera vista, de una pequeña ballena o tiburón. Los tiburones no tienen huesos, sino cartílagos. Debido al proceso de descomposición en alta mar, tanto las ballenas como los tiburones van perdiendo aletas y otras partes de su anatomía, haciéndolos difíciles de reconocer. Pero, ¿qué son esos cuernos?

El biólogo Chris Lowe, director del California State Long Beach Sharklab (un centro de investigación de tiburones y rayas) lo tiene claro: se trata del escapulo-coracoide, un hueso (cartílago, en este caso) que ayuda a soportar las aletas pectorales del tiburón. Se trata de un hueso con una función similar a nuestra escápula y clavícula, y todos los vertebrados poseen estructuras similares. En el caso de los tiburones suele tener una forma de U característica, como puede apreciarse en estas imágenes:

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Parece claro, por tanto, que estamos ante el cuerpo descompuesto de un tiburón de respetable tamaño. Los “cuernos” no deberían estar en la cabeza, sino más atrás, en la zona de las aletas pectorales.

NOTA (8/10/2013): un hallazgo muy similar se produjo hace un par de días en Alicante. La noticia aquí: http://www.diarioinformacion.com/alacanti/2013/10/08/el-extrano-monstruo-marino-en/1423382.html?utm_source=rss

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¿Entierran la cabeza las avestruces?

Todo el mundo sabe que las avestruces, esos magníficos pájaros corredores africanos, entierran la cabeza en el suelo cuando se enfrentan a un peligro o se asustan. Si nos guiamos por los dibujos animados, los cómics y las viñetas que hemos visto a lo largo de nuestra vida, esto es indudablemente cierto.

Ahora hagamos el siguiente experimento. Asumiré que la mayor parte de los lectores viven en áreas urbanas, con calles, carreteras y coches que circulan por ellas. Id a la calle con mayor tránsito de tráfico rodado que haya en vuestra ciudad. Buscad un sitio en el que no haya pasos de peatones, a ser posible con cuatro o más carriles. A continuación, poneos una bolsa o una caja de cartón en la cabeza, de forma que no veáis un pimiento. Y, pertrechados de esta forma, cruzad la calle esquivando a los coches. Varias veces.

¿Creéis que el ser humano habría sobrevivido si se hubiera comportando de forma tan estúpida a lo largo de su historia? Yo no. Lo mismo puede aplicarse a un animal. Sustitúyase “yo” por “avestruz, “coches” por “leopardos y leones” y “bolsa en la cabeza” por “enterrar la cabeza en la arena”. Ningún animal hubiera sobrevivido a los depredadores si hubiera hecho esta tontería; si las avestruces hubieran empezado en algún momento a enterrar sus cabezas en el suelo a la vista de algún depredador, las avestruces simplemente no existirían sobre la Tierra a día de hoy.

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Esto no es un comportamiento humano normal.

Esta creencia se originó probablemente en épocas de Plinio el Viejo, gran escritor, activo naturalista y perpetrador de errores de bulto. En su enciclopédica Historia Natural, Plinio afirma que las avestruces son tan cortas de entendederas que, cuando se las amenaza, meten sus cabezas entre matojos o arbustos y creen, al no ver, que tampoco se las ve a ellas. Puesto que las avestruces picotean frecuentemente el suelo y suelen ramonear con la cabeza baja, observadores poco avispados pudieron haberle contado a Plinio esta historia y él haberla aceptado sin hacer preguntas. “Mmmh, desde esta distancia parece que aquél enorme pájaro está enterrando la cabeza… Podría tratarse de un efecto óptico debido al terreno irregular y a que realmente su cabeza es muy pequeña en comparación con su cuerpo, pero voy a decir que estos bichos son tontos y entierran la cabeza para defenderse. Sí, no es necesaria ninguna comprobación adicional”. Estoy seguro de que fue algo así.

Por cierto, las avestruces tienen dos métodos de defensa mucho más eficaces. Primeramente, pueden correr a 70 km/h, bastante más rápido que un caballo, durante bastante tiempo. Y segundo, pueden darle una paliza a un animal de tamaño respetable si se ven obligadas a luchar. Ambas opciones son mucho más deseables que enterrarse en la arena, ofreciéndose al primero que pase como un vulgar plato de pollo en un buffet libre.


¿Un pez misterioso? Analicémoslo

El pescador de altura Dave Leverone pescó (más bien “encontró”) el otro día, en Hawai, un extraño pez de algo más de dos metros, sin cabeza ni cola, que tenía este aspecto:

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Dave, su hijo y un pasajero estaban en mitad de un torneo de pesca, a la caza de marlines. De pronto vieron algo que destellaba cerca de la superficie y lo sacaron. Aquí podemos ver más imágenes en las que se aprecia el tamaño del animal:

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Dave dijo que “aún estaba sangrando”, probablemente por haber sido comido poco antes por un tiburón que pudo espantarse al acercarse la embarcación. Es una pena que falten la cabeza y la cola, que facilitarían mucho la identificación del animal. Aún así, ya hay quien se ha apresurado a lanzar la noticia como el hallazgo de “una extraña criatura“.

No es tan extraña. Faltan dos trozos muy importantes para cualquier identificación, pero creo que podemos saber qué pez es este.

Se habló de dos posibles animales: el pez cinta hawaiano (Lepidopus calcar) y algún tipo de pez sable (Trichiuridae). Ambos pueden encontrarse en esas aguas. Sin embargo, el pez cinta parece demasiado pequeño para corresponderse con el cadáver misterioso, porque llegan a medir un máximo de 70 cm.

El pescador dio otro dato muy importante. Quisieron comerse al pez (el desconocimiento de la especie exacta no impide darse un atracón…), y lo guardaron en la nevera. Pero enseguida vieron que su carne se volvía gelatinosa y perdía consistencia, así que optaron por no comerlo y tirar el cadáver. Con las fotos y esta nueva pista, podemos atrevernos a identificar la captura misteriosa de Dave como un Pez Remo o Regaleco. Se trata de peces que tienen exactamente la misma forma que nuestro pez desconocido. Si hubiera tenido cabeza, sería muy fácil la identificación, porque estos animales tienen un cráneo muy peculiar. El cuerpo no tiene escamas, igual que el cadáver encontrado por Dave, y la piel se encuentra cubierta de una capa semiviscosa de aspecto gelatinoso, color plata. Y lo más importante, su carne no tiene valor alguno porque es blanda y gelatinosa; exactamente igual que la del pez de Dave.

Al principio dudaba si el bicho podría ser un pez remo, porque éstos tienen la aleta dorsal (que les recorre todo el cuerpo, de la cabeza a la cola) de color rojo. Pero investigué un poco y descubrí que algunas especies tienen las aletas transparentes o plateadas, igual que vemos en las fotos de Dave. Un ejemplo:

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Los Peces Remo, el mayor de los cuales es el llamado Rey de los Arenques, se distribuyen por todos los mares del mundo. Su hallazgo, si bien no es frecuente, tampoco es excepcional.


Filman a un calamar gigante en su hábitat natural

Es una imagen fantasmal. Sobre el negro absoluto de las profundidades oceánicas, se recorta la silueta plateada, brillante, de un Architeutis atacando a un cebo (otro calamar muerto). Por primera vez se ha conseguido filmar a un calamar gigante en su hábitat natural, a 630 metros de profundidad. Un equipo de Discovery Channel, el canal nipón NHK y el Museo Nacional de Ciencias de Japón utilizó un sumergible de tres tripulantes para conseguir estas imágenes.

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Las imágenes se tomaron a unos 1000 kilómetros al sur de Tokio, cerca de la isla de Chichijima. Uno de los líderes de la expedición es Tsunemi Kubodera, que ya en 2006 consiguió grabar a un Architeutis que se había enganchado en un cebo no lejos de esta misma zona. Solo que, en aquella ocasión, el animal no se hallaba en su medio natural, sino apresado y luchando por liberarse. Hasta ahora solo han trascendido dos imágenes, que bastan para hacerse una idea de la belleza de este animal. Mide unos tres metros de largo. Por algún motivo le faltan los dos tentáculos alimentarios, es decir, los dos tentáculos más largos y finos que tienen los calamares, y con ellos podría llegar a medir ocho o nueve metros. Los Architeutis viven a profundidades de cientos de metros, donde no llega ni un atisbo de la luz del sol, en condiciones de tremenda presión, frío y oscuridad. Y aún así están bien equipados para la supervivencia, con los mayores ojos del reino animal, diez tentáculos fuertes y, si nos basamos en sus primos más pequeños como el calamar de Humboldt, una gran agilidad bajo el agua. Es frecuente ver calamares gigantes muertos y varados en la orilla, pero el triste espectáculo de estos animales muertos no puede compararse con lo que debe ser contemplar a uno vivo y ágil.

Las imágenes se captaron ya en julio de 2012, pero no se han hecho públicas hasta ahora. Es una lástima no poder ofrecer más fotos de este animal por ahora…  Discovery Channel estrena en enero un documental sobre el calamar gigante, y sin duda quieren guardarse las mejores imágenes hasta entonces. Y con razón: ¡todo el mundo quiere ver al calamar gigante!


¡Confirman mediante ADN que el Bigfoot existe! Bueno, no, es mentira

Me siento frustrado. Llevo un buen rato siguiendo la pista a algo que cambiaría el mundo: la demostración, mediante análisis de ADN mitocondrial, de que el Bigfoot o Yeti norteamericano existe. No solo eso, sino que sería descendiente de un cruce entre humanos normales y algún primate desconocido, hace miles de años. Y ¿qué he encontrado?

Nada. Absolutamente nada. Si buscamos en Google veremos que encontramos una y otra vez la misma noticia, la misma nota de prensa publicada por unos y otros, además de infinitas especulaciones y rumores.

De verdad, me encantaría que todos los viejos cuentos sobre animales, bestias, críptidos, monstruos, llamémoslos cómo queramos… fuesen ciertos. Ojalá hubiese un monstruo del Lago Ness, o cocodrilos en las alcantarillas, o el Carcharodon megalodon siguiese vivo. Pero lo que importa son las pruebas y no lo que a mí me gusta, así que una y otra vez hay que desmentir este tipo de historias.

Resulta muy tentador creer en la existencia de hombres salvajes. Todas las culturas, de casi todas las épocas, creen o han creído en seres primitivos, hombres ferales que viven en los bosques y que representan lo opuesto a nuestra civilización. En EE.UU., el bigfoot o sasquatch tiene millones de fervientes creyentes. Y digo creyentes a propósito porque, a día de hoy, la fe es lo único que mantiene la existencia de este ser.

Pero estoy divagando. Resulta que una genetista de Texas, llamada Melba S. Ketchum, ha anu

nciado hace poco más de un mes que pronto presentará los resultados de un análisis genético sobre los restos biológicos del bigfoot. Los análisis le han llevado cinco años a ella y su grupo de colaboradores de la empresa DNADiagnosys, que casualmente pertenece a la señora Ketchum. No solo eso, sino que afirman algo increíble: que el sasquatch o bigfoot es el resultado de el cruce, hace 15.000 años, de hembras de Homo sapiens con algún gran primate desconocido macho.

Detengámonos un momento. ¿Os dais cuenta de lo que esto significa? Un descubrimiento de este calibre cambiaría parte de lo que sabemos sobre la evolución y la expansión de la especie humana. Demostraría que hubo un homínido, el que fuera, que pudo cruzarse con nuestra especie hace relativamente poco tiempo, y que los descendientes de esta unión siguen vivos. Sería algo inmenso. Estos seres, si existieran, ¿serían considerados humanos? ¿Cómo sobrevivieron? ¿Tan común era el cruce entre humanos y homínidos hace 15.000 años que se creó una población de híbridos lo bastante grande como para subsistir hasta hoy? Sería algo enorme. Quien pruebe y demuestra algo así se sentaría en el Olimpo de los hombres de ciencia.

Sasquatch lover

Y resulta que la señora Ketchum se dedica a mandar notitas por internet y a divulgarse en Facebook. Es decir, llevan cinco años estudiando cachos de bigfoot y la señora se dedica a sacar de vez en cuando alguna nota de prensa para poner cachondo al personal con lo importante que es su estudio. ¡Por Dios, tiene usted en sus manos el descubrimiento del siglo, del milenio! ¡Será millonaria, famosa, poderosa, de todo! Mándelo a alguna revista, sométalo a la atención de sus colegas científicos y envíelo a todas las universidades del país, pero ¡¡NO MANDE MENSAJITOS A PERIÓDICOS COMO EL HUFFINGTON POST!!

Ejem, perdón. Sigo.

Uno de los requisitos del avance científico, que es imprescindible, es que un científico o grupo de ellos puedan repetir un experimento que ha hecho previamente otro científico o grupo de ellos. De nada sirve que yo demuestre algo increíble en mi sótano, en oscuras condiciones que nadie puede replicar en su laboratorio. Eso es igual a nada. Cero. Otros científicos tienen que poder hacer lo mismo que yo hice, en su laboratorio, y comprobar si mis afirmaciones son ciertas, si se deben a un error o si, efectivamente he descubierto algo novedoso. Esto se llama reproducibilidad, y es fundamental. La ciencia no se esconde. Al contrario, solo funciona cuando está a la vista de todos. Por eso cuando alguien hace una afirmación increíble (ésta lo es) y no ha publicado nada, no ha presentado ningún resumen, no se sabe con quién trabaja, ni como, ni dónde… casi podemos ir afirmando que lo que dice ES FALSO.

Sabemos que esta gente está trabajando con una serie de restos biológicos supuestamente de bigfoot, por ejemplo:

–       Saliva, que un bigfoot dejó al chupar una cámara (¿?)

–       Cachos de piel y pelo

–       Un bigfoot steak (“chuleta de bigfoot”), un trozo de tejido y pelo bastante mísero, que supuestamente un cazador cogió de un bigfoot que había matado en California. ¡¿Por qué no se llevó todo el animal?!*

–       Orina

–       Otros restos miserables que pueden pertenecer a cualquier animal imaginable.

Nadie ha visto estos análisis. Se supone que la doctora se basa en el hecho de que, como parte del ADN analizado es humano, pues los antepasados del bicho debieron ser humanos. No lo sé, porque no lo explica. Ningún experto (ni no experto) ha recibido copias de los resultados o del método empleado. Cada vez que alguien hace algún tipo de afirmación importantísima, como esta, sin presentar trabajos y estudios concluyentes, es como si una gigantesca señal de FRAUDE A LA VISTA apareciese sobre el asunto. La Ketchum afirma que los resultados son sorprendentes y que el ADN, definitivamente, no es humano. Bueno, sí, es humano, pero “tiene cosas que los humanos no tienen” o “hay trozos de ADN desconocido”. ¿Qué explicación es esta? Si no es humano, será de otra cosa. ¿Qué es eso de “desconocido”? Si no es ADN humano, se parecerá a algún otro ADN, sea al de una planta, un tejón o un mono. Puede ser que las muestras analizadas estén contaminadas. Puede ser que vengan de una tribu de indios aislada y endogámica, lo que explicaría las peculiaridades. Pueden ser… tantas cosas…

Aún suponiendo que este estudio tenga algo de verdad, lo único que hace es sustituir un presunto enigma por otro. Si efectivamente el bigfoot es un descendiente de crices entre humanos y “otro homínido”, ¿cuál es es ese otro homínido? No hay pruebas de que hace 15.000 años hubiese otro tipo de homínido o primate que pudiera cruzarse con el Homo sapiens. Sustituimos un misterio por otro.

Lo curioso es que los fanáticos del bigfoot, los que defienden su existencia contra viento y marea, están hasta las narices de tanta espera y tan poca información. Y con razón. Lo único que he podido encontrar sobre este estudio son vagas referencias, rumores, y las notitas de prensa que de vez en cuendo saca la doctora Ketchum. Ella misma dijo que “los amantes del bigfoot han resultado más agresivos y exigentes que los propios científicos”. ¿Sabéis por qué? Porque los científicos de verdad saben que una historia increíble, sin pruebas de algún tipo, es exactamente igual a nada.

Medina Big Foot

*En Noviembre de 2012, se analizó esta supuesta muestra de bigfoot y resultó ser pelo de Oso negro (Ursus americanus) con trazas de ADN de Homo sapiens (la persona que manipuló la muestra). Podéis ver los resultados aquí, en Google docs.


¿Un águila llevándose a un niño en Montreal? Mentira

Sí, es una pena. Hay muchas historias de aves de presa gigantes atacando a  niños pequeños. Yo siempre había creído que una rapaz lo bastante grande podría llevarse fácilmente un bebé o un niño pequeño, si se le presenta la ocasión. El otro día apareció este vídeo, que parecía confirmarlo:

Pero no. Todo es un proyecto de tres estudiantes de un instituto de Montreal, el Centre NAD. Formaba parte de un proyecto para clase: tenían que crear un hoax (una información o noticia falsa) y conseguir que se extendiese en plan viral por la red. Si conseguían 100.000 visitas a su vídeo, tendrían un 10. A día de hoy ya llevan más de 16 millones de visitas, así que no creo que tengan que preocuparse más de sus notas. El video se extendió por todo el mundo casi instantáneamente, apareció en periódicos, telediarios y demás sitios donde se miente frecuentemente.

Normand Archambault, uno de los creadores (22 años), dijo que se les ocurrió la idea del águila y el bebé simplemente porque los bebés y los animales son temas muy populares en Youtube… así que mezclaron los dos. Tanto el bebé como el águila son meros modelos en 3D que se insertaron en una grabación real (el supuesto padre, el cámara que graba la escena, etc). Por cierto, la gente de Montreal se sorprendió de ver gente jugando en el césped del parque. Y es que, por lo visto, la ciudad llevaba ya unos días cubierta de nieve cuando el vídeo apareció por primera vez, el martes (si uno consulta el tiempo en Canadá estos días, verá que en Montreal las temperaturas medias casi no suben de 0º C en esta época).

Los nombres de los demás estudiantes son Loïc Mireault and Félix Marquis-Poulin. Los tres estudian un curso de Diseño 3D y Animación Digital. No es la primera vez que de este instituto salen contenidos raros, y de hecho algunos periódicos comentaron que últimamente había unas cuantas noticias extravagantes relacionadas con animales que venían de Canadá. Hace unos días se vio un mono con chaqueta en un IKEA, y también un pingüino que se había escapado del zoo de la ciudad… Ambos vídeos tuvieron miles de visitas y cierta notoriedad, pero nada comparados con el fenómeno del águila y el bebé.

El propio Centre NAD publicó una escueta nota informando de la hazaña de sus estudiantes, que podéis leer aquí.

Sinceramente, creo que lo han hecho muy bien. Lo que ocurre en el vídeo, un águila tratando de llevarse a un bebé, resulta sumamente improbable, pero no imposible. No es increíble. También han jugado un poco con el horror natural que sentimos los humanos cuando vemos a uno de nosotros comido por un animal salvaje, y más tratándose de un niño. El modo en que está maquetado el vídeo también ayuda a creérselo. El cámara, que graba tranquilamente la escena, echa a correr en cuanto ve lo que pasa, y no se queda mirando y grabándolo todo con mano firme (como suele ocurrir en muchos vídeos falseados). Este comportamiento fue lo que convenció a muchas personas de que el vídeo era real.


Los rods, ¿son seres de otra dimensión? No, son bichos

La historia de los rods es interesante. Ilustra la capacidad que tiene hoy en día cualquier historia, por demencial que sea, de convertirse en una pseudoverdad aceptada por muchos.

Los rods son un efecto óptico que aparece en muchas fotografías y vídeos, tanto digitales como convencionales. Tienen forma alargada, de ahí su nombre (en inglés, rod viene a ser una barra o vara). El primero en fotografiarlos, o al menos en divulgar públicamente que lo había hecho, fue el ufólogo y cineasta José Escamilla en 1994. El lugar donde lo hizo es la meca de los que creen en OVNIS y rarezas extraterrestres: la base aérea estadounidense de Roswell. Inmediatamente debió de darse cuenta de que aquello podía convertirse en un misterio rentable, así que hizo más fotos y vídeos, desarrolló la teoría de que los rods eran visitantes de otro planeta y se dedicó a dar conferencias.

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Eso de ahí es un rod

Muchísima gente, demostrando una vez más que siempre hay alguien dispuesto a creer la mayor basura imaginable, abrazó convencida la historia de los rods. De pronto todo el mundo encontraba alguno en sus fotos y vídeos. Internet no tardó en llenarse de imágenes que mostraban supuestos rods, y muchos hicieron sus propias teorías, incluso llegaron a clasificar los rods en diferentes tipos o especies según su tamaño, forma y movimiento. ¿Os lo imagináis, cientos de personas buscando manchas de luz en viejas fotos y poniéndoles nombre, imaginándose cómo habrían llegado a nuestro mundo? No lo imaginéis: ocurrió realmente.

Supuestamente, los rods, llamados a veces skyfish serían seres extraterrestres o de otra dimensión (depende de a quién hagas caso), capaces de moverse a enorme velocidad e invisibles al ojo humano.

En realidad, los rods son insectos o pajaritos que pasan volando frente a la cámara cuando ésta está grabando o tomando una foto. Algo tan simple como eso.

Puesto que hoy en día la cámara fotográfica no es la tecnología arcana que era hace cien años, todos estamos acostumbrados a sacar fotos. Todos sabemos, por tanto, que si sacamos una foto en movimiento, seguramente saldrá borrosa. Esto ocurre simplemente porque el obturador de la cámara permanece abierto demasiado tiempo como para “congelar” la acción que está teniendo lugar frente a él. Aunque solo sea una fracción de segundo, es un periódo de tiempo suficiente para que pasen cosas, para que la gente a la que tratamos de retratar se mueva y, en definitiva, para que la foto salga borrosa; el obturador simplemente capta el movimiento que ha tenido lugar mientras estaba abierto y lo interpreta como una imagen borrosa.

Este fenómeno es la base de los rods, y convierte un insecto que se desplaza muy rápidamente en una especie de objeto alargado con apéndices a los lados (las alas, que van batiendo).

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Insectos, borrosos pero reconocibles como tales. Si la velocidad de obturación hubiera sido algo menor, aparecerían convertidos en líneas más largas y menos reconocibles

Cuanto mayor sea la velocidad a la que se abre y cierra el obturador de una cámara, menor será el periodo de tiempo que podremos “congelar” en nuestra foto. Hoy día hay cámaras de alta velocidad que son capaces de fotografiar o grabar miles de imágenes por segundo, permitiéndonos tomar una foto perfecta de una bala en plena trayectoria. A José Escamilla, padre de los rods, le pidieron una y mil veces que usara una cámara de alta velocidad para capturar, clara e inequívocamente, a los objetos que aparecían en sus vídeos. Él se negó una y otra vez. ¿Por qué? Porque sabía que, con una cámara de alta velocidad, sus rods dejarían de ser un negocio rentable y pasarían a ser lo que siempre fueron: bichos.

Cuanto mayor sea el tiempo de exposición de una foto (el tiempo que el obturador está abierto), más largas serán las trayectorias de los rods, porque el insecto en cuestión habrá tenido tiempo para recorrer una distancia mayor. A medida que el tiempo de exposición desciende, los rods se van haciendo más cortos hasta quedar claro que son meros insectos.

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Con una velocidad de obturación alta, esta abeja parece congelada en el aire. Nadie diría que es un rod

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Este insecto aparece borroso por la velocidad a la que se mueve, y sus alas aparecen superpuestas tres veces en una misma imagen. ¿Significa eso que el insecto tiene, efectivamente, tres pares de alas?. No, por supuesto, se trata de un efecto óptico y estoy seguro de que un entomólogo experto podría reconocer incluso la especie a partir de las alas.

El fenómeno ocurre también en vídeos digitales, que combinan los distintos fotogramas entre sí para ahorrar espacio en disco y para que la imagen sea más fluida. Esta combinación convierte igualmente a un insecto en una mancha alargada. De hecho, cuanto mayor sea el número de insectos en la zona de la foto o vídeo, más rods aparecerán, como demuestra este vídeo en una zona pantanosa con miles de mosquitos:

Dicen algunos que los rods se mueven a velocidades increíbles. Mentira: algunos solo parecen moverse rápido en relación al fondo de la imagen porque pasan muy cerca de nuestra cámara. Ningún insecto viaja a mil kilómetros por hora.

En 2005, la tele nacional china (CCTV) mostró un documental en el que se demostraba que los rods eran insectos. Los trabajadores de una compañía farmaceútica en Tonghua habían visto varios objetos identificados como rods en las cintas de las cámaras de vigilancia, y decidieron resolver el supuesto misterio. Ajustaron la velocidad de grabación de la cámara (imágenes por segundo) hacia arriba y hacia abajo. Cuantas menos imágenes por segundo grababa la cámara, más largos y sinuosos eran los rods; cuantas más imágenes por segundo, más se acortaban y se parecían a un insecto. No contentos con eso, instalaron unas redes finas de 20 metros ante las cámaras. Rápidamente grabaron un rod, comprobaron las redes y vieron que era una polilla de unos 10 cm. Repeticiones de la prueba dieron el mismo resultado.

En fin, toda esta historia es simplemente absurda.


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