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Algunos memes heréticos sobre dios

Solo por entretenerse un poco…

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Teorías demenciales sobre planetas imaginarios: Hercólubus

Esta es buena. Si el imaginario Faetón podía tener la excusa de ser un intento de explicar sucesos siderales que en su época eran inexplicables, la historia de Hercólubus es realmente un demencial cuento de hadas.

¿Por dónde empezar? Imaginemos un campesino colombiano nacido en 1926. Imaginemos también que su nombre es Joaquín Amortegui. Según sus discípulos, este hombre recibió el Verdadero Conocimiento de manos de vete a saber quién, en los montes colombianos, tras lo cual se dedicó a elaborar una teoría gnóstica universal basándose en el Despertar de la Conciencia. Los maestros espirituales de Amortegui eran sabios gnósticos con nombres como Samael o Maitreya Buda. ¿Claro? ¿No? Bien, eso es lo que pretendían quienes elaboraron este tipo de charlatanería.

A Amortegui pronto empezaron a conocerle como Venerable Maestro Rabolú. Ahí es nada. En 1998, prácticamente ayer, publicó un libro: Hercólubus, el Planeta Rojo. Esto dice el propio Joaquín… perdón, el Maestro Rabolú en la introducción:

“Este libro lo escribí con mucho sacrificio, tendido en una cama, sin poderme parar ni poderme sentar; pero viendo la necesidad que hay de dar aviso a la Humanidad sobre el cataclismo que viene, hice un gran esfuerzo.

Este mensaje se lo dedico a la Humanidad, como último recurso, porque no hay nada más que hacer.”

Y, efectivamente, como un moderno Nostradamus andino, Rabolú-Amortegui advierte en su libro del enorme peligro que corre la humanidad de ser destruida por el gigante planeta Hercólubus. Hercólubus sería un enorme planeta “5 o 6 veces mayor que Júpiter” que habitualmente se encuentra a 500 Unidades Astronómicas (UA) de la Tierra. En algún momento alrededor del cambio de milenio (no podía ser de otra forma), el gigante planeta rojo llegará a estar a 4 UA de la Tierra, es decir, a una distancia cuatro veces superior de la que nos separa del sol. Rabolú dice que el campo gravitatorio de Hercólubus provocará enormes destrozos en la Tierra, tales como terremotos, inundaciones, giros en los polos, roturas de la corteza terrestre, etc. La humanidad será puesta a prueba y probablemente será aniquilada, tal y como ocurrió hace 13.000 años con la civilización de la Atlántida. Como puede verse, Rabolú trata de unir astrofísica, historia, milenarismo y civilizaciones perdidas en un amoroso abrazo pseudocientífico.

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Joaquín Amortegui – Maestro Rabolú.

Aún diré más: muchos de los seguidores de Rabolú creen que Hercólubus forma parte de un sistema solar compuesto por otros cinco planetas (Phema, Epsilón, Hegama, Tylon y Lylio) que giran en torno a la estrella Tylar. Por lo visto, es el sistema solar al completo el que se acerca a la Tierra. Y digo “por lo visto”, porque las enseñanzas de Rabolú y sus acólitos son un batiburrillo que resulta muy difícil de desenmarañar…

He aquí un curioso video en el que podemos ver al que fue maestro de Rabolú, Samael Aun Weor –el tema de elegir un nombre sonoro debe de ser importante-, hablando sobre el planeta Hercólubus.

Rabolú mezcla las churras con las merinas en repetidas ocasiones. Por una parte, advierte del tremendo peligro que supone el acercamiento de Hercólubus; por otra, en su libro nos avisa de que seremos juzgados por abusar de nuestro planeta, contaminarlo y, muy especialmente, realizar pruebas nucleares en los mares. Para el autor, estas pruebas atómicas estarían poco a poco torciendo el eje terrestre, contaminando el mar y abriendo grietas en el fondo marino. Aprovecha para introducir advertencias milenaristas sobre los castigos que nos aguardan por violentar así nuestro planeta. Y digo yo: si Hercólubus viene hacia nosotros y pasa por la Tierra cada 13.000 años, es de suponer que sigue las pautas marcadas por la mecánica celeste y la astrofísica; ¿por qué, entonces, va a influir en su acercamiento lo que nosotros hagamos o dejemos de hacer a nuestro planeta? ¿Quedamos en que Hercólubus es un planeta real o una especie de segunda venida de Jesucristo que juzgará a los pecadores?

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Hercólubus comparado con la Tierra y Júpiter.

Toda la teoría de Hercólubus se basa en afirmaciones vagas y en entremezclar multitud de conceptos de astronomía, astrología, religión e historia. Puesto que no es más que una fantasía bastante enrevesada, es difícil extraer de ella datos que puedan contrastarse. Aún así, podemos desmontar varias de las premisas en las que está basada.

Por ejemplo, el hecho de que exista un sistema estelar que gire en torno a una tal estrella Tylar. Como los nombres que emplea esta gente son todos inventados, luego siempre pueden decir que tal o cual estrella, meteorito o planeta recién descubierto corresponden al que sus escrituras llaman Cthulhu o Nyarlathotep. Más de una vez se ha descubierto algún cuerpo estelar y los seguidores de alguna de estas sectas lo han identificado con el que, según sus creencias, destruirá nuestro mundo. Yo no he podido encontrar ninguna estrella ni sistema con ese nombre, y ni los que creen en su existencia aportan indicación alguna de dónde demonios está.

Pero, ¿y si existiera? Bien, admitamos que la estrella Tylar se corresponde con la estrella más cercana a nosotros: Próxima Centauri. Próxima está a solo 4,22 años luz de nosotros, o sea que si nos movemos a la velocidad de la luz tardaríamos 4,22 años en llegar a ella. Hasta ahora, no se ha detectado ningún objeto orbitando cerca de esta estrella, por lo que podemos descartar que exista un planeta 5 o 6 veces mayor que Júpiter en sus cercanías. Y ¿qué pasaría si esta estrella tuviera que acercarse a la Tierra cada 13.000 años, como afirman Rabolú y sus secuaces? En ese caso, tendría que hacer todo el camino de ida en 6.500 años y el de vuelta en otro tanto. Todo el sistema debería moverse a una velocidad de más de 700.000 kilómetros por hora, unos 194 km por segundo. Parece muchísimo (y es una velocidad un poco demasiado grande para un sistema que se nos acerca), pero no nos engañemos: en el universo hay cosas muy rápidas. La Tierra gira alrededor del sol a unos 30 km/seg.; el sol y todo nuestro sistema solar se mueven a 220 km/seg. respecto al centro de la galaxia. Lo significativo es que, hasta ahora, nadie ha detectado este tipo de movimiento en Próxima Centauri, ni en ninguna de las estrellas cercanas. De hecho, Próxima se aleja de nosotros, y dentro de unos 9.000 años habrá dejado de ser la estrella más cercana a nosotros. Si examinamos otras estrellas más lejanas en busca del supuesto sistema de Tylar, mayor será la distancia que nos separa de ellas; mayor la velocidad a la que deberá viajar el sistema entero para cruzarse con la Tierra; y más increíble de aceptar todo el tinglado de Hercólubus. Además, si cada 13.000 años ocurre esto, es porque todo el sistema de Hercólubus gira en torno a algo. No estamos hablando de un cruce casual, que podría darse, sino de un sistema entero que orbita en torno a algo con regularidad y se cruza puntualmente en nuestro camino. ¿Cuál es el objeto en torno al que orbita la estrella Tylar con sus seis planetas cada 13.000 años? No se sabe. Nadie lo explica, ni siquiera se menciona que el sistema necesite algo en torno a lo que orbitar.

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Esta confusa imagen es todo lo que tenemos sobre la supuesta ubicación de Hercólubus. Unos planetas con órbitas erráticas y nombres raros, sin coordenados ni indicaciones de ningún tipo. Nada.

Por cierto, si alguien está pensando en planetas extrasolares como candidatos a ser Hercólubus, el más cercano a la Tierra es Épsilon Eridani B, a 10 años luz y medio. Es algo más grande que Júpiter y desde que se descubrió, en 2000, sigue orbitando con decisión a su estrella madre. Lo mismo puede decirse de los demás planetas descubiertos. Ninguno de ellos se nos aproxima. Y, aunque así fuese, lo que ya es infumable es que un cuerpo situado a cientos o miles de años luz de nosotros consiga llegar aquí a tiempo cada 13.000 años, por mucho que corra.

Sabemos que Hercólubus jamás ha sido visto, ni detectado, ni medido, ni siquiera intuido. Ni en 1.999, como se dijo en un principio, ni ninguna otra vez. Un planeta 5 veces más grande que Júpiter que se nos acerca sería perfectamente visible desde la Tierra con cualquier telescopio de aficionado, no digamos ya con los medios técnicos de hoy en día. No obstante, vamos a jugar a abogado del diablo y a suponer que Hercólubus, contra todo pronóstico, existe, y llega a situarse a 4 UA (600 millones de kilómetros) de la Tierra. ¿Qué ocurriría? Nada. Su atracción gravitatoria no sería suficiente para provocar los cataclismos: sería exactamente 2.656 menor a la atracción que ejerce el sol sobre la Tierra continuamente. En wikipedia está perfectamente explicado y se pueden seguir los pasos necesarios para llegar a dicho resultado. Por cierto, la masa de un planeta de ese tamaño que se acercase, aunque insuficiente para desatar el fin del mundo, provocaría variaciones en las órbitas de los planetas que serían perfectamente detectables y medibles. Hasta ahora no hemos visto nada de nada.

Es curioso cómo, al igual que los que creen en el planeta Nibiru y otras tonterías, los defensores de Hercólubus piensan que la comunidad científica está perfectamente al tanto de su existencia y se esfuerzan por encubrirla al público. ¿Por qué los científicos tienen esa imagen de sabios locos que emplean la ciencia para su propio provecho? ¿Qué interés puede tener el enorme número de científicos e investigadores a lo largo y ancho del mundo en que la Tierra se destruya? ¿Están todos locos?

La única verdad es que hasta ahora no hay ni la más remota pista de que exista ni el sistema solar, ni la estrella Tylar, ni Hercólubus, ni ninguna de las demenciales creaciones de Rabolú y sus sectarios.


Teorías demenciales sobre planetas imaginarios: Faetón

Dicen las malas lenguas que Helios, el dios griego del Sol, prestó su carro a su hijo Faetón. El impetuoso joven trató de conducir el carro de su padre –y, con él, el sol- lo mejor que pudo, pero lo hizo de forma tan temeraria e imprudente que calcinó la tierra. Los dioses se vieron obligados a derribarlo. El desgraciado Faetón murió, y seguro que no imaginaba que su nombre serviría para bautizar a un planeta que los hombres del futuro imaginarían.

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Faetón es derribado del carro del Sol

 

Imagínese la siguiente sucesión de números: 0, 3, 6, 12, 24, 48 y 96. Excepto los dos primeros, cada uno duplica al anterior. Si ahora sumamos 4 a cada uno, obtenemos 4, 7, 10, 16, 28, 52 y 100. Por último -¡un poco de paciencia!-, si dividimos las anteriores cifras entre 10, obtendremos esta serie: 0,4; 0,7; 1,0; 1,6; 2,8; 5,2; 10,0. Pues bien, esta simple serie numérica indica con gran precisión la distancia que separa cada planeta de nuestro sol, en Unidades Astronómicas (UA). Mercurio, el más cercano, está a 0,38 UA, muy cerca de las 4 predichas. Venus, a 0,72 UA; nuestra Tierra, justo a 1; Marte se encuentra a 1,52, frente a las 1,6 de la serie. Júpiter está exactamente a 5,2 UA, y Saturno se encuentra a 9,54. El lector avispado habrá detectado dos cosas: que Urano y Neptuno no aparecen por ninguna parte y que no hay ningún planeta a 2,8 UA del sol, como indicaría la serie.

La serie anterior se conoce como Ley de Titius-Bode, y fue descubierta por Johan Titius en 1766 y por Johann Elert Bode en 1772. Se trata, por supuesto, de una simple aproximación numérica que hoy en día ha sido abandonada; pero en su época resultó bastante revolucionaria. La razón de que no aparezcan Neptuno y Plutón es, sencillamente, que en aquella época aún no se habían descubierto. Como curiosidad cabe decir que cuando se descubrió Urano en 1781, se comprobó que estaba precisamente donde la serie predecía: a 19,18 UA del sol, frente a las 19,6 predichas. Neptuno se salta la ley a la torera y no coincide con la serie. Pero Plutón, planeta por derecho propio hasta 2006, vuelve a confirmarla: está a 39,4 UA del sol, cuando la serie de Titius-Bode predecía que habría un planeta a 38,8 UA.

 

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Titius (izquierda) y Bode (derecha)

Esta supuesta precisión de la serie de Titius-Bode llevó a algunos astrónomos a hacerse una incómoda pregunta: ¿dónde estaba el planeta que cabía encontrar a 2,8 UA del sol, entre Marte y Júpiter?

Rápidamente comenzó a escudriñarse el cielo, buscando el planeta perdido que debería hallarse en la quinta posición. En 1802 se descubrió un cuerpo de casi mil kilómetros justamente en el sitio predicho por la Ley de Titius-Bode. El cuerpo, llamado Ceres, convenció a muchos de que se trataba del misterioso quinto planeta. Pero al año siguiente el alemán Olbers descubrió Palas, otro gran asteroide, en la misma órbita. Y al poco se descubrieron Juno, Vesta y aún más cuerpos que orbitaban en la misma zona. Olbers propuso que el misterioso quinto planeta había quedado destruido de alguna forma y se había convertido en multitud de fragmentos. A medida que se iban hallando nuevos asteroides en el hueco entre Marte y Júpiter, su hipótesis iba cobrando fuerza. Se propusieron varias explicaciones para la destrucción del quinto planeta, a saber: que había sido bombardeado por asteroides o golpeado por algún cuerpo de gran tamaño; que se había desintegrado por el enorme influjo gravitatorio de Júpiter; que había sido despedazado por la intervención de la mítica estrella acompañante del sol, Némesis; que sus propios habitantes, muy avanzados, habían causado su destrucción un millón de años atrás…

No fue hasta el siglo XX que ese supuesto quinto planeta fue llamado Faetón. Por algún motivo, las teorías que defendían la existencia de un quinto planeta calaron hondamente entre los astrónomos y científicos rusos, y hasta fechas bastante recientes. El astrónomo ruso Yevgeny Krinov –quien estudió otro evento espacial cargado de misterio: Tunguska– propuso que se llamase Faetón al planeta perdido, en recordatorio del malogrado hijo del dios Helios. Posteriormente, toda una serie de autores rusos han desarrollado y perpetuado la historia de Faetón. Aleksander Zavaritsky emprendió la tarea de reconstruir lo que habría sido Faetón a partir de restos de meteoritos caídos en la U.R.S.S. Describe un mundo similar a la Tierra, con un núcleo fundido, océanos y cordilleras, incluso atmósfera, pero que fue destruido hace un millón de años. El escritor de ciencia ficción Aleksander Kazantsev, en fecha tan reciente como 1973, publicó Phaetae, un libro a caballo entre la realidad y la ficción en el que describe la vida de los habitantes de Faetón. Por supuesto, alguien tenía que afirmar en algún momento que Faetón estaba habitado por alguna cultura avanzadísima… y fue Kazantsev. Dijo que los últimos habitantes de Faetón se refugiaron en la Tierra cuando su mundo estalló, y sobrevivieron aquí hasta hace pocos milenios. Durante su estancia habrían servido de guías y mentores para los pueblos humanos primitivos. Lejos de limitarse a incorporar las historias de Faetón a sus relatos, Kazantsev creía que estas historias eran pruebas verdaderas de antiquísimos contactos entre los humanos y los extraterrestres.

Un científico ruso, Felix Ziegel, trató de dar cuerpo científico a la explicación de Kazantsev. Habría que mencionar que, además de astrónomo y científico, Ziegel fue uno de los fundadores de la ufología rusa. Desarrolló algunas teorías curiosas –afirmaba que el evento de Tunguska era el resultado de una nave alienígena que se había estrellado- y llegó a reunir un formidable archivo de casos de supuestos avistamientos OVNIS. Ziegel estaba convencido de que Faetón había existido, y no solo eso: pensaba que su destrucción se había debido a una explosión descontrolada de armas termonucleares. Ningún otro cataclismo podía haber destruido Faetón de aquel modo. Los habitantes del planeta habían sido imprudentes y, por lo visto, habían destruido su hermoso planeta… Ziegel basó sus afirmaciones en unos misteriosos meteoritos que había examinado y que, según él, provenían de los lechos marinos de Faetón y habían sido modificados por las explosiones nucleares que lo destruyeron. Analizó diversas tectitas, restos meteóricos cristalinos que se encuentran en algunos lugares de la Tierra, y dijo que nada podía haberlas creado si no era una explosión de tipo nuclear.

 

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Félix Ziegel
Actualmente las teorías sobre el origen y formación del sistema solar se basan en modelos de acreción o acrecimiento. Todo indica que tanto el sol como los planetas se formaron a medida que la materia estelar iba concentrándose en torno a un punto de mayor atracción gravitatoria. Así, una inmensa nube de gas estelar en rotación fue “coagulándose” formando cuerpos cada vez mayores. Justo en el centro, la acumulación de materia alcanzó la densidad suficiente para iniciar una reacción nuclear en cadena y acabó dando origen a una estrella, nuestro sol. A su alrededor, los planetas mayores fueron creciendo a medida que la nube primigenia iba organizándose y aplanándose. El resultado final es un sistema solar como el que conocemos, y como tantos otros que pueblan el universo. No obstante, hubo cuerpos que nunca formaron parte de un planeta. Una gran cantidad de materia, aunque insignificante si la comparamos con la masa total del sol y los planetas, quedó “a la deriva” alrededor del sol. Los cuerpos más grandes, como Ceres o Vesta, no llegan a ser planetas por derecho propio; los más pequeños, tan diminutos como granos de polvo, danzan al son de los campos gravitatorios que se encuentran. Esto fue lo que pasó en el caso del cinturón de asteroides: podría haber habido un planeta en su lugar, pero éste nunca tuvo la oportunidad de formarse. El enorme influjo de la gravedad de Júpiter atrajo la mayor parte de la materia hacia sí mismo; otros fragmentos fueron expulsados del sistema solar o empujados hacia otros planetas por la gravedad de Júpiter, algo que sigue ocurriendo hoy en día. No es que Faetón fuese destruido por algún evento cósmico: simplemente nunca hubo un planeta entre Marte y Júpiter.

 

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El Cinturón de Asteroides

Hay más argumentos que podemos esgrimir contra los que defienden la existencia de Faetón. En todo el cinturón de asteroides hay apenas un 4% de la masa de nuestra Luna. Eso es un 0,06% de la masa de la Tierra. Supongamos que Faetón existió y fue destruido por algún motivo. La gran mayoría de la materia que lo componía debería seguir orbitando en torno al sol, entre Marte y Júpiter. ¿Por qué, entonces, hay tan poca materia? Un planeta con una masa igual al 4% de nuestra luna nunca podría haber conservado su atmósfera, por lo que la vida sobre su superficie sería imposible. Bien, podemos admitir que Faetón era mucho mayor y que una explosión colosal envió restos del planeta en todas direcciones hace uno o dos millones de años. Pero se hace muy cuesta arriba admitir que podría darse una explosión de tal calibre y tan recientemente sin que haya ninguna prueba en nuestro planeta. Sin duda debieron de llegarnos restos del desastre. ¿Dónde están los cráteres y la destrucción que debieron generar estos meteoritos? Deberían permanecer bien visibles, teniendo en cuenta que la erosión y los procesos geológicos no habrían tenido tiempo aún para borrarlos.

Respecto a las tectitas que Ziegel estudió y que según él eran restos de Faetón, actualmente se acepta que son restos cristalizados de grandes impactos de meteoritos sobre nuestro planeta. Las condiciones extremas que rodean el impacto de un gran asteroide pueden crear tectitas. La explosión también podría enviar tectitas más allá de nuestra atmósfera, de donde volverían a caer a cientos o miles de kilómetros del punto de impacto original. Las tectitas se encuentran alrededor de cuatro áreas concretas de la Tierra, y en tres de esas cuatro zonas hay cráteres de asteroides bien definidos. Es posible calcular su edad con bastante precisión, y está entre 700.000 años y 34 millones de años. Existe otra teoría, algo menos aceptada, que propone que las tectitas provienen de nuestra Luna; en cualquier caso, no es necesario acudir a explosiones nucleares en un remoto planeta para explicar su origen.

 

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Unas cuantas tectitas, algunas con curiosas formas
En resumidas cuentas, el mito de Faetón es un intento de explicar la presencia del Cinturón de Asteroides en un tiempo en que los métodos y la tecnología no permitían un conocimiento como el que ahora tenemos. La idea de una raza avanzada que se destruyó a sí misma por el mal uso de la energía atómica es un producto lógico de la época en la que se desarrolló: los años 60 y 70, en plena Guerra Fría, con ambos bandos acumulando cabezas nucleares suficientes para destruir varias veces a la humanidad. Pero la formación del sistema solar es ya lo bastante misteriosa, fascinante y compleja como para añadir a la ecuación una extinta raza de alienígenas que acabaron sus días exiliados en la Tierra tras destruir su planeta natal.

Teorías demenciales sobre planetas imaginarios: Nibiru

Pensaba escribir un único artículo sobre varios cuerpos celestes imaginarios pero, sinceramente, se me ha ido la mano. Debido a la extensión que va cogiendo la cosa, he decidido publicarlo por entregas, cada una dedicada a uno de estos maravillosos inventos de la mente humana. Nibiru, el planeta del fin del mundo, tendrá el honor de ser el primero…

El planeta Nibiru, proveniente de algún oscuro y lejano punto del exterior de nuestro sistema solar, devastará la Tierra cuando colisione contra ella en 2012.

En 1995, Nancy Lieder anunció que… pero, un momento, ¿quién es esta señora? Por ahora, basta saber sobre ella es que es una mujer de Wisconsin que afirma haber sido abducida por extraterrestres y que recibe mensajes procedentes de Zeta Retículi a través de un implante cerebral alienígena. O eso dice.

Pues bien, Lieder comenzó a extender el mensaje de que había sido elegida para advertir a la humanidad sobre el inminente cataclismo que se le avecinaba: en 2003, un objeto estelar llamado Planeta X, cuatro veces mayor que la Tierra, pasaría rozándonos y causaría el caos. Lieder afirmaba el acercamiento del cometa Hale-Bopp en 1997 era una maniobra de distracción orquestada por los conspiradores de turno para desviar la atención de la humanidad. A lo largo de varios años, la mujer trató de alertarnos de lo que nos esperaba desde su sitio web, ZetaTalk. El Planeta X iba a detener el movimiento de rotación de nuestro planeta durante casi 6 días. Después se invertirían los polos de la Tierra, pero no sería una de esas inversiones magnéticas de pega, no: los polos iban a cambiar físicamente de sitio y esto provocaría, claro está, las más terribles catástrofes imaginables. El Planeta X llegaría al máximo acercamiento a la Tierra el 27 de mayo de 2003. A medida que pasaba el tiempo, más y más gente seguía las noticias que aparecían en ZetaTalk, y muchos (tal vez millones de personas) se convirtieron a la “fe” de Lieder.

Llegó la fecha del apocalipsis y no pasó absolutamente nada.

Lieder llegó a decir que todo aquello había sido tan solo una broma para mosquear al personal. Por supuesto, gran parte de sus seguidores no se dejaron convencer por minucias como la total ausencia de pruebas y la absurdez que rodeaba a toda aquella historia, y se limitaron a cambiar la fecha del fin del mundo. Se creó todo un movimiento independiente de Lieder y de ZetaTalk que predecía el fin del mundo para 2012, coincidiendo con el final del calendario maya.

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La presunta órbita de Nibiru

Para añadir ruido a la mezcolanza, Lieder dijo que su Planeta X era equivalente al Planeta nº 12 que Zecharia Sitchin propuso en su libro de 1976 “The 12th Planet”. Sitchin era un acérrimo defensor de que los extraterrestres habían visitado a los humanos en la antigüedad. En su libro decía que había un doceavo planeta (el contaba los ocho actuales más Plutón, el sol y nuestra luna) conocido por los antiguos como Nibiru o Marduk. Nibiru sería un planeta gigante que pasaría junto a la Tierra cada 3.600 años, causando todo tipo de entretenidos y cataclísmicos eventos. No solo eso, sino que en Nibiru viviría una raza de avanzados seres que fueron los primeros dioses de la humanidad y que podrían comunicarse con nosotros con cada acercamiento de nuestros respectivos planetas. ¿Qué cómo sabía Sitchin todo esto? ¡Pues leyendo oscuros y vagos textos babilónicos que luego interpretó a su manera, hombre! ¿O acaso creéis que las matemáticas y la razón dan lugar a teorías tan divertidas?

En resumidas cuentas, entre las bonitas historias de la abducida Lieder y los fantásticos inventos pseudohistóricos de Sitchin, se fue tejiendo un bodrio anticientífico que millares de seguidores han ido adornando y extendiendo a lo largo de los años. Cada vez que descubrimos un nuevo cuerpo estelar, especialmente cometas y asteroides, los entusiastas del fin del mundo se apresuran a identificarlo con “su” Nibiru.

Un ejemplo: el cometa Elenin. Descubierto por el ruso Leonid Elenin en diciembre de 2010, este cometa se acercará bastante a la Tierra en octubre de 2011. Los “nibirunianos” (entusiastas de Nibiru) salieron rápidamente al ruedo para afirmar que Elenin era en realidad algo mucho mayor y más peligroso… tal vez una estrella enana marrón o un gigantesco planeta que aniquilaría toda vida en la Tierra. La NASA y demás organismos científicos trataban de ocultar información, como siempre, disfrazando de inofensivo cometa lo que en realidad iba a ser nuestro Armagedón. ¡Malditos listillos conspiradores!

Por supuesto, Elenin no destruirá el mundo. Nadie oculta información porque no hay nada que ocultar. En primer lugar, ¿qué significa que Elenin nos pasará “bastante cerca”? Pues significa 0,2338 Unidades Astronómicas, o sea: casi 35 millones de kilómetros. Pasará solo un poco más cerca de nosotros que el planeta Venus. Y se estima que medirá menos de 10 kilómetros de diámetro (de los cuales solamente los 3-4 km. centrales serán de roca o metal y no de hielo), por lo que el efecto de su campo gravitatorio sobre nosotros será, por muy alarmistas que seamos, inexistente. Si un cuerpo del tamaño de Nibiru, que supuestamente es cuatro veces mayor que la Tierra, se acercase a nosotros, su gravedad provocaría alteraciones en las órbitas de los planetas que podríamos detectar con años de antelación, y con enorme precisión. El propio Leonid Elenin, molesto por las chorradas que llegaron a decirse sobre su descubrimiento, demostró mediante una simulación lo que ocurriría si reemplazamos al cometa Elenin con una enana marrón, como algunos afirmaron. Los resultados eran bastante concluyentes y demostraban que las órbitas de los planetas se habrían alterado sensiblemente debido a la masa de la mini-estrella, mientras que en la actualidad todo el sistema solar sigue su curso habitual.

Por si hiciese falta otra prueba de que Elenin es un cometa y no un monstruo galáctico…citaré su cola. Los cometas tienen cola, las estrellas y planetas no. Un cometa es un conglomerado de rocas, polvo y gases congelados. Cuando se acerca a una estrella como nuestro sol, el calor comienza a sublimar los gases helados y es cuando aparece una larga cola que apunta en dirección opuesta a la estrella, empujada por el viento solar. Solo los cuerpos que no tienen una gravedad potente que retenga su atmósfera muestran esta larga cola, que mide millones de kilómetros de longitud. Una estrella enana, o un planeta, no iría perdiendo así su atmósfera por el espacio. Los cometas son una maravilla del cosmos, y tradicionalmente han desatado el pánico cuando son visibles desde la Tierra. Como puede comprobarse, bien entrado el siglo XXI los humanos seguimos comportándonos como en plena Edad Oscura.

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Cthulhu fhtagn! Probablemente el gran Primigenio esté a favor de las teorías de Nibiru. ¿Y si el lugar del planeta X lo que se acerca a nosotros es el mismísimo Azathot, el Sultán Demoniaco? ¿Por qué no? Huid, insensatos!!

Resulta curioso el comportamiento de aquellos que creen este tipo de teorías. Uno puede, por supesto, creer cualquier cosa aparentemente descabellada, ya que el universo ha demostrado en repetidas ocasiones que puede llegar a ser bastante increíble. Los defensores de Nibiru creen que “su” planeta destruirá la Tierra; pero cuando la NASA o cualquier otra fuente bien informada demuestra que Nibiru, o Elenin, o el objeto espacial de turno no representa ningún peligro, los “nibirunianos” les tachan inmediatamente de conspiradores y mentirosos. Como si la NASA se beneficiase de la destrucción del mundo. La forma de pensar de los seguidores de estas teorías es algo así como “Nibiru existe, se acerca y nos destruirá; y si alguien demuestra lo contrario, está mintiendo, porque Nibiru existe, se acerca y nos destruirá”. Así es la lógica circular: un temible bucle del que no es fácil salir.


El Monstruo de Espagueti Volador

Corría 2005 cuando los miembros del Consejo de Educación de Kansas (que decide, en último término, qué estudiarán los chavales de dicho estado) tuvieron la idea de complementar los estudios que se impartían sobre la teoría de la evolución. ¿Cómo querían hacerlo? Pues enseñando tanto teoría de la evolución como diseño inteligente, una decisión que tomaron en una votación en noviembre de ese mismo año. Los chavales aprenderían tanto evolución (uno de los pilares de la biología, paleontología, genética, en fin… de la ciencia moderna) como una explicación “complementaria”: la del diseño inteligente.

Conviene pararse un momento y explicar qué es eso. Las teorías del diseño inteligente afirman que la diversidad y complejidad biológica existente en nuestro mundo no puede explicarse únicamente en términos de evolución y selección natural, por lo que acuden a un ente o inteligencia superior que “guiaría” de alguna forma el proceso evolutivo. ¿No suena esta idea sospechosamente parecida a hablar de Dios, de Génesis, de creacionismo? No es una casualidad. Las teorías de diseño inteligente pretenden tener una base científica y evitan cuidadosamente emplear la palabra “Dios” o “deidad”, ya que las leyes de EE.UU. prohíben enseñar religión o creacionismo en las escuelas. El diseño inteligente es, en último término, un conjunto de creencias sin base científica o empírica. Apenas existe diferencia entre hablar de un “Diseñador Inteligente” que guía nuestra evolución y un Dios, o Mitra, o Alá, que haya creado el mundo en siete días. O en un mes.

La decisión de Consejo tuvo, por supuesto, sus detractores. Uno de ellos era físico en la universidad de Oregón, se llamaba Bobby Henderson y decidió escribir una carta al Consejo de Kansas. En dicha carta, que según él escribió únicamente “para divertirse”, afirmaba creer en una entidad creadora y omnipotente a la que llamo Monstruo del Espagueti Volador. Henderson describía algunas de las características de “su” dios y las creencias de sus muchos seguidores. Afirmaba, cínicamente, que si el diseño inteligente podía ser enseñado en las escuelas al mismo nivel que la actual teoría de la evolución, también debería poder enseñarse la religión del Monstruo del Espagueti. ¿Por qué no? Incluso amenazó con emprender acciones legales si no se enseñaba su religión, y dejaba bien claro que cualquier profesor debería dar clases sobre el tema vestido de pirata. ¿Por qué? ¡Pues porque no hacerlo provocaría el desagrado del todopoderoso y tentaculado Monstruo de Espagueti, y eso debería bastar! Henderson llamó a su religión Pastafarismo: pasta + rastafarismo…

Henderson también reduce al absurdo la creencia de que la correlación entre dos sucesos implica causalidad: afirma que la cantidad de huracanes y terremotos, así como el calentamiento global, se deben a la reducción del número de piratas en el mundo. Incluyó hasta un gráfico en el que se veía cómo, a medida que había menos piratas, la temperatura global del planeta subía. Henderson se burlaba así de la afirmación de algunos grupos religiosos de que a medida que se perdían valores que enseña la religión, había más guerras, muertes y violencia en el mundo. Ambos argumentos, uno satírico y el otro real, son ejemplos de la falacia lógica que implica creer que, cuando dos sucesos aparecen unidos o a la vez, uno es la causa del otro. Por cierto, los pastafaristas celebran el Día Internacional de Hablar Como los Piratas el día 19 de septiembre.

La carta que dio origen a esta demente religión paródica, completa, puede leerse aquí.

 

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“En el principio era la palabra, y la palabra era ARRRR!”

 

La carta de Henderson apareció en varios medios de comunicación, y comenzó a filtrarse en foros y blogs. En poco tiempo alcanzó una gran popularidad, y el Monstruo de Espagueti Volador se convirtió en un símbolo de la lucha contra la credulidad, el fundamentalismo y, por supuesto, la enseñanza de religión y creacionismo en las escuelas. Posteriormente los “fieles” del Monstruo fueron añadiendo detalles a su “religión”. El propio Henderson acabó escribiendo un libro en 2006, el Evangelio del Espagueti Volador, donde detalla los días sagrados, las costumbres y los mandamientos del Pastafarismo –a los que no llaman “mandamientos”, sino Los Realmente Preferiría Que No-.

 

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Los cristianos y católicos pueden comulgar “comiéndose” una parte de su mesías

 

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…Los pastafaristas, también.

 

Además de las chorradas y detalles que se han ido creando sobre el Monstruo de Espagueti y su religión, todo este invento plantea algunas preguntas sobre qué es o qué no es una religión. ¿Es la fe la que define una religión como tal? ¿Basta con una serie de rituales y creencias compartidas por un número suficiente de personas? En este caso, el Pastafarismo o la religión Jedi serían tan válidas como cualquiera de las religiones tradicionalmente mayoritarias.

A todo esto, menos de un año después de ser aprobada, se anuló la enseñanza de diseño inteligente en las escuelas de Kansas. Irónicamente, el Pastafarismo sigue vivo aunque la idea que lo originó haya fracasado.


El mítico berserker nórdico


Preguntaré sobre los berserkers, esos que prueban la sangre,
Esos héroes intrépidos, ¿cómo se les trata,
A aquellos que cargan a la batalla?
Pieles-de-lobo se les llama. En el combate
Portan ensangrentados escudos.
Rojas de sangre son sus lanzas cuando vienen a luchar.
Forman una hermandad cerrada.
El príncipe, en su sabiduría, puso su confianza en estos hombres
Que atraviesan los escudos enemigos.

Así hablan de los berserkers en el poema escandinavo del siglo IX Hrafnsmál, la Canción del Cuervo. Es la primera vez que se hace referencia a estos antiguos guerreros salvajes nórdicos. El “príncipe” al que se refiere el poema es Harald I de Noruega, el primer rey del país (872-930). Harald mantuvo a un pequeño grupo de estos guerreros a sus órdenes, como tropas de asalto y para causar el terror entre sus enemigos.

Pero ¿qué es un berserker? Estos antiguos bárbaros escandinavos eran salvajes guerreros que luchaban poseídos por una especie de trance de batalla demencial y sanguinario. El cine y la literatura nos han presentado una y otra vez a los vikingos como pueblos salvajes e incivilizados, una imagen que, aunque alejada de la realidad, describe bastante bien la conducta y forma de vida de los berserkers. Como suele ocurrir, la etimología del nombre puede darnos pistas sobre la naturaleza y el comportamiento de estos guerreros. Berserker parece provenir de ber, antigua palabra Nórdica para “oso” y serkr, “camisa” o “cota”. Es decir, vestidos con pieles de oso sería una traducción bastante aproximada. En el poema Hrafnsmál se les llama ulfheðnar, hombres en pieles de lobo. El propio nombre ya apunta a la naturaleza feral y salvaje del berserker. Incluso en la actualidad, ha sobrevivido la expresión inglesa going berserk, que describe un estallido de cólera y violencia similar al amok del sudeste asiático.

Los berserkers se caracterizaban por sus ataques repentinos de furia homicida, llamados berserkergang. Normalmente, aunque no siempre, les sobrevenían en plena batalla, o justo antes de un combate o duelo, o en momentos de tensión. También podían enfurecerse mientras llevaban una vida totalmente normal, en cuyo caso se dedicaban a agredir a aquellos que se cruzaban con ellos, mataban animales y aullaban como salvajes. Casi todos coinciden en describir el estado berserker como “terrorífico”. Sus caras se deformaban horriblemente y cambiaban de color; arqueaban la espalda como poseídos, y daban alaridos que parecían aullidos de animal; mordían y masticaban los bordes de sus escudos cuando estaban en batalla y atacaban tanto a amigos como a enemigos con terrible furia. Tenían una fuerza descomunal y eran capaces de proezas imposibles para un hombre normal.

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Dos imágenes sacadas de relieves representando guerreros con máscaras y pieles de animales de la Edad de Hierro.
El estado de furia berserker podía durar hasta un día. Después, el guerrero quedaba tan exhausto y debilitado que prácticamente tenían que meterlo en la cama como a un borracho. Muchos héroes aprovecharon estos momentos de debilidad para matar a peligrosos berserkers a los que no hubieran podido enfrentarse de haber estado en pleno ataque de furia.
Se dice que ni el fuego ni el filo de las armas podían dañar a un berserker furibundo. Snorri Sturluson, en su Crónica de los Reyes de Noruega, nos dice:

Los hombres [de Odín] avanzaron sin armadura, enloquecidos como perros o lobos, mordían sus escudos y eran fuertes como osos o bueyes salvajes, y mataban gente de un solo golpe, pero ni el fuego ni el hierro les hacían daño. A esto se le llamaba Berserkergang.

Muchas veces se identifica a los berserkers con Odín, dios de la guerra por excelencia. En la saga de la Vieja Edda, el propio Odín enumera las runas y hechizos que conoce, y hay una de ellas muy reveladora:


Por el tercero se
Si tengo gran necesidad
De reprimir a mis enemigos,
Amortiguo el filo del arma:
De mis adversarios
Ni armas ni trampas pueden perjudicarme.

Muchas veces se dice que un berserker podía “hechizar” las armas de sus enemigos para que no le hiciesen ningún daño. En algunos casos se dice que eran las pieles de lobo u oso que vestían las que les proporcionaban esa inmunidad, lo cual refuerza nuevamente su naturaleza animal. Sin embargo, las armas romas y contundentes sí que podían dañarlos, como se describe en el siguiente pasaje (donde se muestra también la costumbre berserker de atacar por igual a amigos y enemigos):

…los hombres pidieron a Halfdan que atacase a Hardbeen y sus campeones uno a uno; y él no solo prometió luchar, sino que aseguró que vencería con la mayor confianza. Cuando Hardbeen oyó esto, le poseyó en el acto una furia demoníaca; con violencia mordió y devoró los bordes de su propio escudo; tragó carbones al rojo; se metió en la boca rescoldos ardientes y los dejó bajar hacia sus entrañas; se arrojó al interior de rugientes fuegos; y al final, habiendo pasado por toda esa demencia, levantó su espada furiosamente contra los corazones de seis de sus propios campeones. No se sabe si esta locura se debió a su sed de sangre o a su natural ferocidad. Entonces, con sus restantes campeones atacó a Halfdan, que lo aplastó con un martillo de portentoso tamaño, venciéndolo y matándolo; y así pagó ante Halfdan, a quien desafiara, y ante los reyes a cuya progenie había masacrado violentamente.

En otras ocasiones se decía de ellos que eran hombres lobo o que podían cambiar de forma a voluntad y transformarse en animales, aunque esto puede interpretarse más bien como una referencia a que adquirían la fuerza y ferocidad de osos y lobos. En El Hobbit de Tolkien se nos muestra a un personaje que comparte casi todas las características de los antiguos berserkers: Beorn. El gran Beorn es un hombre barbudo y gigante, que vive apartado del resto del mundo cultivando su propia miel. Su propio nombre suena muy similar al nórdico ber– o bjorn-, oso. Beorn es un cambiapieles: puede adoptar a voluntad la forma de un enorme oso negro, y cuando entra en batalla transformado nadie parece capaz de resistírsele:


En aquella última hora el propio Beorn había aparecido; nadie sabía cómo o de dónde. Había llegado solo, en forma de oso; y con la cólera parecía ahora más grande de talla, casi un gigante.


El rugir de la voz de Beorn era como tambores y cañones; y se abría paso echando a los lados lobos y trasgos como si fueran pajas y plumas. […] Retornó en seguida, con una cólera redoblada, de modo que nada podía contenerlo y ningún arma parecía hacerle mella.

Beorn es una reinterpretación más amable de la figura del berserker ya que, aunque feroz y temible, ataca únicamente a sus enemigos y de hecho protege y ayuda a sus amigos. Sin duda Tolkien, buen conocedor de la literatura y mitos nórdicos, empleó elementos del berserker en el personaje de Beorn.

Había toda una serie de leyendas y fantásticas capacidades que se atribuían a estos temibles guerreros, y podemos suponer que los propios berserkers se encargaban de fomentar y extender estas leyendas y forjarse un aura de misticismo y terror. Se sabe que los berserkers formaban grupos o sectas ciertamente misteriosas. Constantino VI de Bizancio describe un extraño “ritual Godo” que realizaban los miembros de su Guardia Varega (todos ellos vikingos), en el que usaban pieles y máscaras de animales. ¿Tal vez una antigua costumbre relacionada con los cultos de berserkers?

Los berserkers eran una parte molesta de la sociedad escandinava. En tiempos de guerra podían resultar útiles, ya que en un enfrentamiento entre grupos reducidos de guerreros uno solo de ellos debía ser el equivalente altomedieval de un arma de destrucción masiva. Pero fuera del combate resultaban más una amenaza que otra cosa. La sociedad los despreciaba. Eran pocos, y a menudo se reunían en cuadrillas para cometer tropelías. Atacaban poblados y destrozaban a sus habitantes, fueran hombres, mujeres o niños; se decía que su violencia sexual no conocía límites; desafiaban a los hombres a duelos de honor llamados holmgang y, tras asesinarlos, se quedaban con sus pertenencias y mujeres. Las leyes escandinavas permitían este tipo de duelos, al menos hasta que la penetración del cristianismo fue desplazando algunas de las ancestrales costumbres nórdicas. Los cristianos, además, catalogaron el culto berserker como parte de las prohibidas prácticas de brujería y hechicería. Eirikr Hakonarson de Noruega declaró proscritos a los berserkers en 1015 y las leyes vikingas comenzaron a condenarlos al destierro, a ellos y a sus compañeros. Así se fueron extinguiendo los antiguos cultos de guerreros berserkers, y en el siglo XII ya no quedaban rastros de esta antigua tradición.

¿Qué era realmente el estado de furia berserker? Podemos pensar que se trata únicamente de fantasías medievales o de leyendas nórdicas, pero eso sería un tanto ingenuo. Se han propuesto infinidad de explicaciones. Se lo ha relacionado con una especie furia alcohólica en la que los hombres quedaban poseídos por un delirio etílico tras haber bebido grandes cantidades de alcohol. También se ha hablado del uso de drogas naturales: plantas y hongos psicoactivos (como la Amanita muscaria) que se mezclaban con alcohol o se tomaban en grandes cantidades y causaban un estado alterado de gran furia. Podría tratarse de guerreros esquizofrénicos o con algún tipo de demencia, trastornos histéricos o una mezcla variopinta de todo ello que los cronistas y la tradición oral se encargaron de magnificar.

Yo defenderé brevemente una teoría que apenas he oído nombrar, y es que el estado de furia berserker pudo haber sido un síndrome psicológico ligado a la cultura escandinava. Hoy en día se admite que pueden existir ciertos síndromes psicológicos muy ligados a una cierta cultura (en contraposición a síndromes como la depresión o la esquizofrenia, que tienen una tasa de prevalencia muy similar en todas las culturas y pueblos). Hace un tiempo hablaba del amok, un síndrome cultural propio del sudeste asiático y que también se caracteriza por una explosión de rabia asesina. Puesto que hablamos de eventos sucedidos hace siglos, tan solo contamos con los escritos que los cronistas nos han dejado. Es posible que gran parte de lo que se cuenta sobre los berserkers (sus propios ritos y ceremonias, sus increíbles capacidades, la ingesta de alcohol, hongos y drogas, etc) sean solo “accesorios” que facilitaban que ciertos hombres manifestasen este cuadro clínico caracterizado por un episodio relativamente corto de violencia extrema y salvajismo. Sabemos que los guerreros escandinavos valoraban la muerte honorable en combate, llegando al extremo de tener un paraíso dedicado a los bravos guerreros muertos en batalla, el Valhalla. En una sociedad que valoraba hasta tal punto la ferocidad y el arrojo en la batalla, parece razonable que pudo haber algún tipo de manifestación histérica o psicosis que diese lugar al comportamiento de los berserkers. Tal vez los individuos más proclives a manifestar este cuadro clínico eran aquellos menos adaptados socialmente, puede que con ciertos desequilibrios previos o con rasgos antisociales o violentos. Puede que las bandas de berserkers fuesen grupos de inadaptados al estilo de los actuales sin techo, que esperaban la oportunidad de que se manifestase el temible síndrome berserker. La literatura posterior, influida por las costumbres extranjeras y el cristianismo, se encargaría de añadir detalles demoníacos a los antiguos miembros del culto berserker, caracterizándolos como una especie de brujos enloquecidos. Claro que todo esto es únicamente una teoría poco elaborada, y cada una de las explicaciones propuestas puede tener parte de razón.

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Una valkiria guía al Valhalla a un guerrero caído


San Patricio

[17/03/2011]

No soy yo mucho de celebrar fiestas ajenas pero, al fin y al cabo, ¿no son casi todas las celebraciones inventos de otros pueblos y otras épocas? No me importa venerar al viejo Mitra o alabar la derrota de la oscuridad a manos del Sol Invicto; mientras sea una ocasión para salir de fiesta y hacer el gilipollas sin que me miren raro, ¿quién soy yo para negarme?

Hoy, 17 de marzo, se celebra el día de San Patricio. La fiesta tenía carácter religioso hasta que se instauró por ley en 1903. Me da la impresión de que este día no habría alcanzado el éxito del que goza hoy a lo largo y ancho del mundo si no fuera por el tremendo nivel etílico que le caracteriza… Y eso que en Irlanda llegó a haber una ley que prohibía abrir los bares el 17 de marzo (sin duda los legisladores ingleses ya sabían a lo que se arriesgaban al aprobar una fiesta irlandesa) hasta los años 60. Teóricamente se celebra el día del fallecimiento de San Patricio de Irlanda, aunque no se sabe el año en que murió: unos dicen que en el 460, otros en el 493, etc. Fue San Patricio el que expulsó a las serpientes y víboras de Irlanda por no dejarlo en paz durante sus cuarenta días de meditación en tierras salvajes. Efectivamente, en Irlanda no hay serpientes nativas. Podemos pensar que esto se debe a que la isla ha estado separada del resto del continente desde la última glaciación y los reptiles nunca pudieron llegar a ella, o que fue San Patricio el que las hizo seguirle hasta el mar, donde todas se ahogaron.

San Patricio explicaba a los salvajes irlandeses la santísima trinidad con un trébol: igual que tres hojas parten de un mismo tallo, Dios tiene tres personalidades distintas que son Padre, Hijo y Espíritu Santo. De este ejemplo tan evangelizante proviene el símbolo del trébol o shamrock como símbolo de Irlanda y San Patricio. El trébol, el color verde (a pesar de que San Patricio solía ser representado de azul) y el mítico leprechaun o duende, se han convertido en los más conocidos símbolos de marketing de Irlanda.

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Hoy en día el Festival de San Patricio se celebra a lo ancho de todo el mundo. Se hacen fiestas de días de duración, con cantidades industriales de Guinness -o lo que sea-, la gente se emborracha y siembra el caos por las calles, en fin: lo que viene a ser una noche de juerga.

¡A ello!


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