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Jamie Oliver y su cruzada contra el hidróxido de amonio de McDonald´s

Esta semana me ha llegado el siguiente texto, vía Facebook:

El chef Jamie Oliver ha ganado una batalla en contra de la cadena más grande de comida chatarra que existe en el mundo. Una vez que Oliver demostró cómo se hacen las hamburguesas, McDonald’s, la franquiciadora anunció que cambiará la receta.

De acuerdo a Oliver, las partes grasosas de la carne se “lavan” con hidróxido de amoníaco y luego se usan en la confección de la ‘torta’ de carne para rellenar la hamburguesa. Antes de este proceso, de acuerdo con el presentador, ya esa carne no era apta para consumo humano.

Oliver, chef activista radical, quién ha asumido una Guerra contra la industria de alimentos, dice: estamos hablando de carnes que hubieran sido vendidas como alimento para perros y después de este proceso se les sirve a seres humanos. Aparte de la calidad de la carne, el hidróxido de amonio es dañino para la salud. Oliver le dice a esto: “El Proceso de la Porquería Rosa”.

¿Qué ser humano en su sano juicio pondría un trozo de carne remojada en hidróxido de amonio en la boca de un niño?

En otra de sus iniciativas Oliver demostró como se hacen los nuggets de pollo: Después de seleccionar las ‘mejores partes’, el resto: grasa, pellejos, cartílagos, vísceras, huesos, cabeza, patas, son sometidos a un licuado –separación mecánica- es el eufemismo que usan los ingenieros en alimentos, y después esa pasta rosada por la sangre, es desodorada, decolorada, reodorizada y repintada, capeadas en melcocha farinácea y frita, esto es rehervido en aceites generalmente parcialmente hidrogenados, esto es, tóxicos.

En USA, Burger King y Taco Bell ya abandonaron el uso de amonio en sus productos. La industria de alimentos usa el hidróxido amonio como un agente anti-microbiano, lo que le ha permitido a McDonald’s usar en sus hamburguesas carne, de entrada no apta para consumo humano.

Pero aún más molesta es la situación que estas sustancias basadas en hidróxido amonio sean consideradas ‘componentes legítimos en procedimientos de producción’ en la industria de alimentos con las bendiciones de las autoridades de salud en todo el mundo. Así los consumidores nunca se podrán enterar de qué químicos ponen en nuestra comida.

Comida, productos químicos, y el nombre de una multinacional. Recordad bien estos tres elementos porque cada vez que veais una noticia que contenga los tres, será, casi invariablemente, falsa.

A día de hoy existe un rechazo muy fuerte y completamente irracional hacia los productos químicos, que se manifiesta frecuentemente en forma de noticias como esta. Jamie Oliver es un tío campechano, le gusta comer bien, y no hay más que ver su programa para comprobar que le encanta la comida elaborada con esmero, cariño y dedicación. Entiendo que por eso mismo no sea muy partidario de McDonald´s y demás cadenas de comida rápida. Pero, por desgracia, todo esto no hace que tenga razón en sus críticas hacia la química en general y el pobre hidróxido de amonio en particular.

El hidróxido de amonio es, simplemente, amoniaco diluido en agua. El amoniaco se encuentra en la naturaleza y muchos procesos naturales lo producen: las plantas, la descomposición de los animales, los procesos químicos de las bacterias… El amoníaco es necesario para la vida en nuestro planeta. El amoníaco puede ser tóxico. Podéis ver la ficha de datos del amoníaco aquí.

¿Por qué se le echa amoníaco a la carne? En primer lugar, no se le echa amoníaco. En la industria alimentaria lleva muchos años usándose el hidróxido de amonio en multitud de alimentos: no solo en carnes, sino también en pasteles, gelatinas, productos horneados, quesos, caramelos, púdines, frutas y verduras, huevos, pescados… Si queréis saber exactamente qué alimentos llevan este aditivo, podéis reconocerlo porque también se conoce con el código E-527. En el caso de la carne, se emplea como antimicrobiano. Impide que crezcan microorganismos porque cambia ligeramente el PH de la carne, haciendo que diversos microbios y bacterias la encuentren de lo más incómoda para vivir. La más conocida de las bacterias es la Escherichia coli, presente en los intestinos de los animales, es tan frecuente y tan resistente que causaba muchísimas intoxicaciones alimentarias; con el uso de sustancias químicas como el hidróxido de amonio, se consigue que la Escherichia no esté en la carne que nos comemos. Aún así, las intoxicaciones alimentarias no son del todo raras. En EE.UU, por ejemplo, hay 26.000 por cada 100.000 habitantes, al año. En el resto de países industrializados el porcentaje de afectados también ronda el 30%. ¿Os imagináis cuánto más frecuentes y graves serían si no usásemos productos químicos para tratar los alimentos? No hace falta imaginarlo: en los países del tercer mundo, las enfermedades causadas por comer alimentos y beber agua en mal estado producen millones de muertes al año. Las diarreas causadas por estas infecciones matan cada año a casi dos millones de personas y son una de las principales causas de muerte en niños menores de 5 años de países en desarrollo.

En segundo lugar, y como nota curiosa, más del 80% del amoníaco que produce el ser humano se emplea como abono en la agricultura. O sea que cuando Jamie Oliver nos anima a exigir la retirada del hidróxido de amonio de la industria cárnica está olvidando que un porcentaje enorme de los seres humanos podemos comer gracias a que el amoníaco se emplea como abono y nos permite tener más y mejores cosechas. Y esto lleva haciéndose muchísimo tiempo.

¿Es peligroso el hidróxido de amonio o el amoníaco? Pues hombre, depende. Ya en 1974 la Food and Drug Administration, que es quien determina lo que se puede y no se puede comer en EE.UU., dictaminó que el hidróxido de amonio, usado correctamente en la industria alimentaria, no tenía ningún efecto nocivo. Y esto tras una exhaustiva revisión de estudios y casos. Otra cosa es que, si hay una fuga en una fábrica de amoníaco, o si uno se cae en una cuba llena, o si respiramos gas de amoníaco, pues sí, entonces será nocivo… Es como el agua: uno puede beberse dos litros en un día, pero se ahogará si se cae en mitad de un lago.

Otra cosa es que la carne empleada por las cadenas de comida rápida sea de mejor o peor calidad que la que uno compra al charcutero del barrio. Ahí ya no entro, aunque no creo que haya mucha diferencia. No hay duda de que, si comemos todos los días en un McDonald´s, nuestra salud se resentirá. Pero si a mí me dan a elegir entre un filete cortado de una vaca “casera” y otro tratado convenientemente, con Hidróxido de Amonio y con lo que haga falta… me quedo con el segundo.

PD: no he encontrado en ninguna fuente fiable eso de que McDonald´s haya tenido que retirar dicho componente de su carne.

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Lo que dijo Taro Aso, y lo que dijeron que dijo

Dice el periódico japonés Mainichi, en su versión inglesa:

TOKYO (Kyodo) — Japanese Deputy Prime Minister Taro Aso said Monday that patients who are near death, including elderly people who have received life-prolonging medical care, such as being fed via tubes, should be “allowed to die quickly” if they want to.

O sea:

El Vicepresidente Primero del Gobierno japonés, Taro Aso, dijo el lunes que a los pacientes que están cerca de la muerte, incluyendo ancianos cuya vida ha sido alargada mediante cuidados médicos tales como alimentación por tubos (sondas), debería “permitírseles morir con rapidez”, si lo desean.

Después dijo que él, a título personal, no querría ser mantenido con vida. Añadió que se sentiría mal por pensar que el coste de mantenerlo con vida tendría que ser sufragado por el estado. “Espero que me permitiesen morir con rapidez”,dijo, y poco después tuvo que explicar que eso era solamente una opinión personal que no cuestionaba, en ningún momento, que hubiese tratamientos médicos prolongadores de la vida.

Y aquí llega… ¡el fantabuloso y peripatético desfile de titulares completamente equivocados! ¡Pasen y contemplen este cruel error de la naturaleza llamado “medios de comunicación”! ¡Pásmense con las terribles consecuencias del fornicio entre la ignorancia y la falta de profesionalidad!

larepublica 20minutos abc telecinco the guardian global post cadena ser

 

De vicepresidente primero del gobierno a ministro de finanzas, en cinco minutos. De hablar a favor de la eutanasia a querer matar viejos, en menos todavía. ¡Bravo, medios! ¡Una vez más nos demostráis lo bien informados que estamos!


Curas en el hospital

No, no me refiero a ser curado en el hospital, sino al hecho de que haya sacerdotes cristianos en los hospitales. Gracias a uno de mis astutos contactos me entero de que en la Generalitat Valenciana se van a pagar 900.000 € al arzobispado por los servicios que los curas prestan en los hospitales. Esta cantidad se les paga a los sacerdotes por “arrendamiento de locales”, sea lo que sea eso, y por hacer una serie de rituales supersticiosos sin utilidad alguna desde el punto de vista terapéutico: extremaunciones, comuniones y demás pantomimas.

Para los que creáis que esto solo pasa en Valencia, os diré que el estado español paga a los curas que hay en los hospitales en cumplimiento de unos acuerdos firmados entre España y el Vaticano hace más de treinta años, y que lo hace a nivel estatal. Ocurre en todas las comunidades autónomas.

¿Tiene alguna justificación mantener a curas en un hospital? Muy poca. La única utilidad que un sacerdote tiene para un enfermo grave o terminal es el afecto, la cercanía de una persona que escucha tu problema. Entiendo que, en un trance de vida o muerte, cualquier compañía y comprensión es bienvenida, y estaré de acuerdo con cualquier persona, religiosa o no, que me diga que para el enfermo es mejor tener a alguien que esté con él que no tenerlo.

Sí, pero, ¿ese alguien tiene que ser un cura? Yo diría que en lo referente a la salud, hay dos tipos de cosas: las que funcionan, nos curan, y nos permiten vivir mejor, y las que ni funcionan, ni nos curan, ni nos permiten vivir mejor. Si lo que queremos es una persona que alivie los sufrimientos del enfermo y de sus familiares, entonces sin duda tenemos que recurrir a la psicología. Los psicólogos emplean técnicas que a lo largo de las décadas han demostrado una y otra vez su eficacia y se han ido perfeccionando (de hecho, aún siguen evolucionando y aún deben hacerlo mucho más). Los sacerdotes emplean rituales que se han perpetuado a lo largo de 2000 años, sin más fundamento que la costumbre y la credulidad de quienes los practican. Un psicólogo puede, a lo largo de varias sesiones, ayudarte a superar un duelo y a expresar de forma sana y eficaz los sentimientos de dolor y pérdida. Un cura puede hacerte sentir bien un día, pero sus hostias y genuflexiones no producirán cambio alguno en tu bienestar psicológico a largo o medio plazo. La psicología funciona; creer en un dios, no.

Imaginaos por un momento que, estando en la mesa de operaciones, el que coge el bisturí lleva alzacuellos. Y el de la anestesia es un monaguillo. ¿Os dejaríais operar en estas condiciones? Entonces, ¿por qué dejar en manos de esos personajes nuestra salud mental? Se me ocurren más preguntas. ¿Qué ocurriría si, en lugar de un sacerdote cristiano, los hospitales tuviesen un chamán animista de Nueva Guinea? ¿Y si el paciente en cuestión es musulmán, o protestante, o testigo de Jehová, o mormón? Y si un cura es también médico… ¿lo valorarían más los pacientes por una cosa o por la otra? Manteniendo a religiosos en los hospitales se produce una situación triste y alarmante: que una persona que acaba de ser curada gracias a la ciencia médica, que ha alargado nuestra esperanza y calidad de vida más allá de lo imaginable, se dedique a rituales y supersticiones sin fundamento animada por el sacerdote de turno.

Esperanza de vida


Dinero y sanidad: un sorprendente estudio sobre la corrupción en el ámbito sanitario

Un impresionante mini-documental sobre la corrupción en el sistema sanitario de Cataluña.


Hecho por la revista cafeambllet, tras dos años de investigación. Tremendo.


Un caso de histeria colectiva que acaba con un brujo en la cárcel: igual que en el siglo XV

Me encuentro hoy con esta noticia, ocurrida hace mes y medio:

Histeria colectiva por hipnosis en escuela de Colombia

Por: Frida Mendoza Schuster

03/septiembre/2011

Bogotá.- Un total de 42 niños colombianos no pudieron despertar de un trance hipnótico y sufrieron un ataque de histeria colectiva en un colegio de Mocoa, Colombia. Según el rector de la Institución Educativa Ciudad Mocoa, Daniel Mora, los alumnos participaron en el espectáculo donde los hipnotizaron; 30 minutos después ya estaban en sus aulas, y repentinamente, en cadena, comenzaron a gritar.

Para calmar a los niños tuvieron que acudir 10 sicólogos y siquiatras, enviados por Sanidad; en un primer diagnóstico, estos sicólogos opinaron que se trataba de histeria colectiva, por lo que los alumnos fueron trasladados al hospital local José María Hernández, cercano al colegio.

Se les proporcionaron primeros auxilios, hidratación y control de focos epilépticos, así lo explicó a la subdirectora científica del centro, Mónica Guerrero, quien también aseguró que no fue necesario recetarles ningún tratamiento médico.

“De los 42 infantes, fueron atendidos 36 que mostraban inconsciencia, agitación y en dos casos síntomas epilépticos”, aseguró Guerrero y explicó que una vez fueron atendidos se derivaron al servicio de sicología del hospital, que diagnosticó “neurosis colectiva inducida por el evento de la hipnosis”, sentenció la subdirectora.

Todos los afectados fueron dados de alta paulatinamente ese mismo día y el supuesto mago, Miller Zambrano Posada, fue puesto en manos de las autoridades encargadas y su caso lo estudiará la Fiscalía 20 de Mocoa.

Copiado literalmente de El Pueblo de México, puede verse aquí. La noticia puede encontrarse en numerosos periódicos sudamericanos más.

Lo que leemos arriba es la prueba documental de que no hemos avanzado prácticamente nada desde los juicios de brujas de Salem de 1692.

Es imposible, completamente imposible, que alguien hipnotizado “no pueda despertar de su trance”. La hipnosis no es más que un estado donde la relajación, la atención y la concentración han sido alterados por una persona, el hipnotizador, usando técnicas sobre todo verbales y sin ningún tipo de “magia” o “poder” extravagante. Llevando las cosas al extremo: si, estando alguien profundamente hipnotizado, su hipnotizador se muere allí mismo y en el acto, la persona recuperaría en cuestión de minutos su nivel de actividad y atención normal, eso suponiendo que no saltara del susto al ver fallecer a su terapeuta de repente.

Lo segundo, lo que se ve en espectáculos, tele y circos similares NO es hipnosis. Para hipnotizar a alguien hacen falta unas condiciones de relajación, concentración y confianza general en el hipnotizador que jamás podrán darse en un plató de televisión, y menos aún en un espectáculo frente a 200 berreantes chavales. Cuando vemos en la tele como alguien hipnotizado imita a una gallina o cree que está desnudo ante el público, está fingiendo. Es mentira. La hipnosis no puede hacer eso.

Por lo poco que explican las noticias que he encontrado sobre el tema, lo sucedido es un cuadro clásico y típico de histeria colectiva. Alguien preguntará: ¿y cómo se desencadena un ataque de histeria colectiva, listillo? No lo sé. Nadie lo sabe. No conocemos los mecanismos que subyacen a este fenómeno, pero sí sabemos que lleva siglos ocurriendo. Tal vez sea un reflejo exagerado de empatía hacia otros, sazonado con susceptibilidad, miedo, la interpretación errónea de algún estímulo aparentemente sin importancia como un olor o un ruido, imitación, obediencia a la autoridad… La histeria colectiva aparece tan rápidamente como se va y sus víctimas son personas perfectamente normales que olvidan pronto el incidente. No causa ningún daño, además del susto y la emergencia que suele rodear cada caso.

Este caso es arquetípico porque:

La gran mayoría de las víctimas son mujeres (36 de un total de 41). Los casos de histeria colectiva afectan a muchísimas más mujeres que hombres.

Son jóvenes, entre 13 y 17 años. Es más frecuente en jóvenes o niños, en hospitales, colegios, escuelas…

Los nervios y el miedo de las “autoridades” (en este caso, padres y profesores) agravaron el caso, como bien señala algún periódico. Es típico que la histeria se extienda con mayor rapidez si los que son percibidos como la autoridad o los superiores muestras signos de enfermedad, miedo, nerviosismo, o algún síntoma histérico ellos mismos.

Ocurrió tras un evento con carga emocional, en este caso el show del mago. Por cierto, el espectáculo también incluía payasos, acrobacias, etc., pero es mejor olvidar todo eso y centrarse únicamente en la actuación del “mago”.

Los síntomas aparecieron rápidamente y se desvanecieron con igual rapidez.

Los síntomas no concuerdan con ninguna enfermedad o con una intoxicación, envenenamiento, etc. Son síntomas dispares. Se dice que una niña decía “ver al demonio”, otros temblaban como víctimas de un ataque epiléptico, en fin, de todo un poco.

En fin, no sigo. La histeria colectiva es relativamente frecuente y todos los años se da algún caso en alguna parte. En este caso, hay un señor (el ilusionista) que de momento ha sido detenido y va a tener que rendir cuentas a la justicia por… no se sabe muy bien por qué. Lo mismo podían haber detenido al trapecista, o a la limpiadora, o al conserje, pero no: fueron directos a por el supuesto “mago”. Desde el director del colegio hasta los policías, pasando por los médicos, confunden las churras con las merinas y pintan un cuadro esperpéntico con un mago demoníaco haciendo enfermar a los inocentes niños a base de hipnosis colectiva, o no algo por el estilo. Esta gente no debe de saber que hasta ahora, en toda la historia de la humanidad, nadie ha logrado demostrar que posee ningún tipo de poder sobrenatural que sea identificable con la magia o la brujería. Y mejor no hablar de la imagen que da esta noticia sobre la hipnosis, y sobre lo que puede y no puede hacer. Vamos, para morirse de vergüenza del primer al último implicado.

Menos mal que no lo dejaron en manos de los padres, que igual lo hubieran quemado allí mismo, por satánico y brujo.

La BBC amplía la noticia con bastante más sentido común. Al menos se tomaron la molestia de consultar a alguien que sabían un poco más de hipnosis. Dice:

“La hipnosis es un estado intermedio que se da entre el estado de vigilia y el estado del sueño. Es un estado de relajación”, le explicó el doctor Pereira [presidente de la Asociación Colombiana de Hipnosis Clínica] a BBC Mundo.

“Se dice que los niños quedaron ‘enganchados’ en el trance hipnótico y eso es totalmente falso. Lo peor que puede suceder en un estado de esos es que los niños entren en un estado de sueño y que se despierten”

Pues eso. Aquí puede leerse completa la noticia de la BBC.


El lento suicidio de Bogart, y de tantos otros

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¡Pobre Bogart! Buscó El Tesoro de Sierra Madre, guió a Kate Hepburn a través de la jungla en La Reina de África, nos dejó escenas poderosas e inolvidables en Casablanca y El Halcón Maltés. Sus personajes siempre tenían un carismático cigarro bien a mano, y también el propio Bogart fuera de las pantallas: le gustaba fumar como un macho, encendiendo un cigarro con la colilla del anterior.

Pero, como puede suponerse, la vida real no es el cine. En el cine, los personajes de Bogart vencían a mafiosos y militares siniestros, se tiroteaban con indios y al final acababan llevándose a la chica (o al menos conservaban una gran amistad). En la vida real, Bogart murió devorado por un cáncer de esófago provocado por sus largos años de fumador empedernido. Ni la quimioterapia ni la cirugía pudieron salvarlo, porque se empeñó en seguir fumando a pesar de las advertencias sobre su incipiente enfermedad. Con 57 años, Bogart era una piltrafa de menos de 40 kilos de peso, que ni siquiera podía moverse por sí mismo. La noche del 13 de enero de 1957, Spencer Tracy se le acercó y le dijo “hasta mañana, Bogie“. Bogart, con una débil sonrisa, replicó: “adiós, Spence“. Tracy entendió. Humphrey Bogart entró en coma y murió al día siguiente.

Por cierto, si no os gusta el cine o los famosos, podría contaros 5 millones y media de historias parecidas protagonizadas por gente corriente. Una historia por cada persona que muere en el mundo, cada año, a consecuencia del tabaco.

 

¿No os apetece un pitillo?

El caso de Phineas Gage, el capataz descerebrado

El 13 de septiembre de 1848, un capataz de la construcción trabajaba en la construcción de una línea de ferrocarril en Vermont (Nueva Inglaterra). Durante la construcción había que dinamitar el duro suelo rocoso de Vermont, un trabajo peligroso que consistía en hacer agujeros en la piedra, colocar dinamita en su interior y esperar lo mejor cuando se encendía la mecha. El Señor Phineas Gage sufrió un terrible accidente mientras hacía este trabajo. Estaba metiendo dinamita en un agujero con una barrena o barra de metal, que al contacto con la roca debió de producir una chispa que a su vez hizo estallar el explosivo. La explosión lanzó a Gage volando por la obra. Sus compañeros comprobaron aterrados que la barrena, de 1 metro de largo y 6 kilos de peso, había atravesado por completo la cabeza de Gage. El capataz, increíblemente, seguía vivo y más o menos consciente, con una barra de hierro entrándole por debajo del pómulo izquierdo y saliendo por la parte superior de su cráneo.

Y así lo llevaron (en un carro de bueyes) a un hotel cercano, donde más tarde lo visitó el doctor John Harlow, quien describió así el encuentro:

“El cuadro que presentaba era poco habitual en la cirugía militar, auténticamente fabuloso”

Gage, una vez quitada la barra que le atravesaba la cabeza, tenía un agujero de 9 centímetros de ancho que le atravesaba de parte a parte. El doctor Harlow pudo meter su dedo índice entero en el cráneo del paciente desde ambos extremos de la herida. Curó y vendo al paciente como pudo. Gage sufrió una gran infección en las siguientes semanas, y nada hacía suponer que fuese a sobrevivir a su terrible lesión… pero sobrevivió. Después de un mes ya caminaba por su propio pie por la ciudad.

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Una moderna reconstrucción del estado de Gage

El doctor llevó un seguimiento del caso de Gage durante años, carteándose con sus familiares. Gage se recuperó con normalidad de su herida y pronto recuperó su salud. Pero, sorprendentemente, su personalidad había cambiado de forma increíble. Así describían a Gage antes de sufrir el accidente:

“Era el capataz más eficiente y capaz… Poseía una mente equilibrada y era apreciado por quienes le conocían como un hombre trabajador, puntual, sensato y sagaz, muy perseverante en la ejecución de todos sus proyectos”

Pero, tras su recuperación física, Harlow describe así al pobre Gage:

“Es impulsivo, irreverente y en ocasiones se permite las blasfemias más groseras (lo que antes no era habitual en él), manifestando muy poco respeto por sus compañeros; no tolera las restricciones o los consejos cuando están reñidos con sus deseos y, muchas veces, es obstinado de modo pertinaz, aunque caprichoso e indeciso. Concibe numerosos planes para el futuro que, tan pronto como son organizados, son abandonados a su vez por otros que le parecen más viables. Su forma de ser cambió radicalmente, por lo que decididamente sus amigos y conocidos decían que había dejado de ser Gage”

En resumidas cuentas, el capataz Gage se había convertido en una especie de niño malcriado, caprichoso e insoportable. ¿Por qué este cambio tan tremendo en la personalidad de Gage? ¿Acaso se debe a los efectos psicológicos del trauma que debió suponer su accidente? La explicación se debe, más bien, a la destrucción que la barrena causó en el cerebro de Gage, más específicamente en sus lóbulos frontales. Actualmente sabemos que la corteza de los lóbulos frontales (justo detrás de nuestra frente) es responsable de nuestra capacidad de expresar y modular nuestras emociones. En el caso de Gage, ambos lóbulos habían sufrido grandes daños debido al accidente y a la posterior infección de las heridas. Estas lesiones hicieron que Gage fuera incapaz de organizar y controlar la expresión de sus emociones o sentimientos. Sin el “freno” que suponen los lóbulos frontales, este hombre tendía a hacer y decir lo primero que se le ocurriese, sin prestar atención a las más elementales normas de educación… No podía evitar ser zafio y grosero, porque carecía de ese control de impulsos que los humanos tenemos tan desarrollado. Asimismo, Gage era incapaz de llevar a cabo planes a medio o largo plazo. La habilidad de elaborar, ejecutar y corregir planes se encuentra enraizada también en la zona frontal del cerebro, precisamente la que Gage tenía destruida. Vivió 12 años después de su accidente, pero nunca volvió a ser una persona adaptada. Jamás se recupero de ese cambio de personalidad y nunca más pudo conseguir un trabajo estable o sentar la cabeza. Durante el resto de su vida Gage fue, literalmente… un descerebrado.

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Gage sosteniendo la barra que le atravesó el cráneo

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La barrena y el cráneo se guardan en el museo de Harvard

El caso de Gage fue una de las primeras pruebas del importante papel que juega nuestro cerebro en la expresión y control de nuestras emociones y sentimientos.


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