Archivo de la categoría: marinerías

Sobre el “monstruo marino” de Almería

A mediados de agosto apareció en la playa de Luis Siret, cerca de Cuevas de Almanzora (Almería). Algún bañista se topó con estos restos en descomposición, que parecen los de algún tipo de gran pez:

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Los restos miden unos cuatro metros de largo. Lo que más desconcertó a los espectadores eran esa especie de cuernos que parece tener el bicho. Sin embargo, dichos “cuernos” se encontraron separados del resto del animal, y los colocaron en la zona de la cabeza simplemente por costumbre para hacer la foto. Podían haber estado en cualquier parte del cuerpo de la criatura.

No es la primera vez que un cadáver de animal desconcierta a los testigos por tener “cuernos”, cuando sabemos que ningún animal marino los tiene. En los años 50 apareció en Egipto este ser:

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Aunque el animal desconcertó a propios y extraños con esos enormes “cuernos”, estos resultaron ser únicamente los huesos de la mandíbula inferior de una ballena en descomposición, que sobresalían a ambos lados de la cabeza.

El cadáver de Almería parece, a primera vista, de una pequeña ballena o tiburón. Los tiburones no tienen huesos, sino cartílagos. Debido al proceso de descomposición en alta mar, tanto las ballenas como los tiburones van perdiendo aletas y otras partes de su anatomía, haciéndolos difíciles de reconocer. Pero, ¿qué son esos cuernos?

El biólogo Chris Lowe, director del California State Long Beach Sharklab (un centro de investigación de tiburones y rayas) lo tiene claro: se trata del escapulo-coracoide, un hueso (cartílago, en este caso) que ayuda a soportar las aletas pectorales del tiburón. Se trata de un hueso con una función similar a nuestra escápula y clavícula, y todos los vertebrados poseen estructuras similares. En el caso de los tiburones suele tener una forma de U característica, como puede apreciarse en estas imágenes:

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Parece claro, por tanto, que estamos ante el cuerpo descompuesto de un tiburón de respetable tamaño. Los “cuernos” no deberían estar en la cabeza, sino más atrás, en la zona de las aletas pectorales.

NOTA (8/10/2013): un hallazgo muy similar se produjo hace un par de días en Alicante. La noticia aquí: http://www.diarioinformacion.com/alacanti/2013/10/08/el-extrano-monstruo-marino-en/1423382.html?utm_source=rss

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¿Un pez misterioso? Analicémoslo

El pescador de altura Dave Leverone pescó (más bien “encontró”) el otro día, en Hawai, un extraño pez de algo más de dos metros, sin cabeza ni cola, que tenía este aspecto:

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Dave, su hijo y un pasajero estaban en mitad de un torneo de pesca, a la caza de marlines. De pronto vieron algo que destellaba cerca de la superficie y lo sacaron. Aquí podemos ver más imágenes en las que se aprecia el tamaño del animal:

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Dave dijo que “aún estaba sangrando”, probablemente por haber sido comido poco antes por un tiburón que pudo espantarse al acercarse la embarcación. Es una pena que falten la cabeza y la cola, que facilitarían mucho la identificación del animal. Aún así, ya hay quien se ha apresurado a lanzar la noticia como el hallazgo de “una extraña criatura“.

No es tan extraña. Faltan dos trozos muy importantes para cualquier identificación, pero creo que podemos saber qué pez es este.

Se habló de dos posibles animales: el pez cinta hawaiano (Lepidopus calcar) y algún tipo de pez sable (Trichiuridae). Ambos pueden encontrarse en esas aguas. Sin embargo, el pez cinta parece demasiado pequeño para corresponderse con el cadáver misterioso, porque llegan a medir un máximo de 70 cm.

El pescador dio otro dato muy importante. Quisieron comerse al pez (el desconocimiento de la especie exacta no impide darse un atracón…), y lo guardaron en la nevera. Pero enseguida vieron que su carne se volvía gelatinosa y perdía consistencia, así que optaron por no comerlo y tirar el cadáver. Con las fotos y esta nueva pista, podemos atrevernos a identificar la captura misteriosa de Dave como un Pez Remo o Regaleco. Se trata de peces que tienen exactamente la misma forma que nuestro pez desconocido. Si hubiera tenido cabeza, sería muy fácil la identificación, porque estos animales tienen un cráneo muy peculiar. El cuerpo no tiene escamas, igual que el cadáver encontrado por Dave, y la piel se encuentra cubierta de una capa semiviscosa de aspecto gelatinoso, color plata. Y lo más importante, su carne no tiene valor alguno porque es blanda y gelatinosa; exactamente igual que la del pez de Dave.

Al principio dudaba si el bicho podría ser un pez remo, porque éstos tienen la aleta dorsal (que les recorre todo el cuerpo, de la cabeza a la cola) de color rojo. Pero investigué un poco y descubrí que algunas especies tienen las aletas transparentes o plateadas, igual que vemos en las fotos de Dave. Un ejemplo:

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Los Peces Remo, el mayor de los cuales es el llamado Rey de los Arenques, se distribuyen por todos los mares del mundo. Su hallazgo, si bien no es frecuente, tampoco es excepcional.


Naufragios en Avilés: el Agadir (1934)

El caso del vapor Agadir resulta peculiar, porque no se hundió accidentalmente. Fue volado en 1934 por obreros avilesinos revolucionarios para bloquear la entrada a la Ría de Avilés.

Conviene recordar que el 5 de octubre de 1934 comienza en Asturias una huelga revolucionaria, que muy pronto se convirtió en una especie de guerra civil local, con episodios de gran intensidad y violencia en todas partes. En Avilés, los revolucionarios estaban muy mal equipados y prácticamente carecían de armas (excepción hecha de las que lograban capturar a policías y guardias civiles en las trifulcas callejeras). Para hacerse una idea de la situación basta saber que los días 5 y 6 de octubre el propio alcalde tuvo que hacerse fuerte en el Ayuntamiento con Guardias Civiles, municipales, carabineros y algún marino, mientras el Comité Revolucionario instalaba su cuartel general no lejos de allí (en Sabugo).

Pronto se corrió la voz de que se acercaban a Avilés tropas destinadas a sofocar el alzamiento, por tierra y por mar. Se supo que había algún plan para desembarcar soldados usando la Ría de Avilés, por lo que el mismo día 7 se decido bloquear la entrada. Para ello escogen el vapor Agadir, de la Companía de Gas y Electricidad de Barcelona. El Agadir desplazaba 1160 toneladas, medía 51,37 metros de eslora, 7,75 de manga y 3,15 de puntal. Su carga total era de 685 toneladas; fue construido en 1919. En aquel momento se encontraba en puerto después de haber descargado 300 toneladas de carbón. Según cuenta un cronista de la época,

el Capitán era un vasco muy terco que se quería quedar dentro de él con un canario que tenía

Se cruzó el barco en la entrada de la Ría, justo a la altura de las rocas de la Rechalda. Exactamente en ese sitio había naufragado en 1911 otro barco, el Cabo de Palos. Primero se intentó llevar a cabo el hundimiento abriendo las válvulas interiores del barco pero, como el proceso resultaba demasiado lento, se decidió emplear métodos más expeditivos. Colocaron explosivos, de los que sí disponían en abundancia, en la bodega del barco, y éste se fue a pique rápidamente con una importante vía de agua.

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De poco sirvieron los esfuerzos de los revolucionarios, porque al mismo día siguiente (8 de octubre) llegó a Avilés una fuerza militar leal al gobierno republicano, que había entrado por Piedras Blancas, y que acabó con todo vestigio de resistencia. Al mando iba el general López Ochoa.

Restablecida la normalidad, era prioritario despejar la entrada ala Ría, y para eso había que retirar el Agadir. Se propuso reflotarlo con una especie de boyas hinchables enormes, pero el proyecto resultó imposible al estar el buque semienterrado en la arena del fondo. Al final se optó por volarlo. Se usaron cerca de 2.800 kilos de dinamita para ir volando, por piezas, el casco. También se emplearon dos grúas y seis buzos. En los trabajos, que empezaron el 17 de octubre, cooperaron las distintas empresas que en aquel momento realizaban alguna obra en la Ría. A los dos o tres días ya se había abierto un paso para embarcaciones más pequeñas, y diez días después ya podían pasar los buques de mayor envergadura. La operación costó 50.000 pesetas de la época, que en parte fueron recuperadas con la venta de chatarra y otras piezas del Agadir.

En esta imagen se aprecia una de las voladuras controladas:

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Filman a un calamar gigante en su hábitat natural

Es una imagen fantasmal. Sobre el negro absoluto de las profundidades oceánicas, se recorta la silueta plateada, brillante, de un Architeutis atacando a un cebo (otro calamar muerto). Por primera vez se ha conseguido filmar a un calamar gigante en su hábitat natural, a 630 metros de profundidad. Un equipo de Discovery Channel, el canal nipón NHK y el Museo Nacional de Ciencias de Japón utilizó un sumergible de tres tripulantes para conseguir estas imágenes.

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Las imágenes se tomaron a unos 1000 kilómetros al sur de Tokio, cerca de la isla de Chichijima. Uno de los líderes de la expedición es Tsunemi Kubodera, que ya en 2006 consiguió grabar a un Architeutis que se había enganchado en un cebo no lejos de esta misma zona. Solo que, en aquella ocasión, el animal no se hallaba en su medio natural, sino apresado y luchando por liberarse. Hasta ahora solo han trascendido dos imágenes, que bastan para hacerse una idea de la belleza de este animal. Mide unos tres metros de largo. Por algún motivo le faltan los dos tentáculos alimentarios, es decir, los dos tentáculos más largos y finos que tienen los calamares, y con ellos podría llegar a medir ocho o nueve metros. Los Architeutis viven a profundidades de cientos de metros, donde no llega ni un atisbo de la luz del sol, en condiciones de tremenda presión, frío y oscuridad. Y aún así están bien equipados para la supervivencia, con los mayores ojos del reino animal, diez tentáculos fuertes y, si nos basamos en sus primos más pequeños como el calamar de Humboldt, una gran agilidad bajo el agua. Es frecuente ver calamares gigantes muertos y varados en la orilla, pero el triste espectáculo de estos animales muertos no puede compararse con lo que debe ser contemplar a uno vivo y ágil.

Las imágenes se captaron ya en julio de 2012, pero no se han hecho públicas hasta ahora. Es una lástima no poder ofrecer más fotos de este animal por ahora…  Discovery Channel estrena en enero un documental sobre el calamar gigante, y sin duda quieren guardarse las mejores imágenes hasta entonces. Y con razón: ¡todo el mundo quiere ver al calamar gigante!


La Criatura de Cascade, ¿un monstruo marino?

Hace unos días alguien subió a youtube este vídeo, en el que se ve lo que parece una criatura marina de lo más extraña:

¿Una extraña medusa? ¿Algún ser desconocido para la ciencia? ¿Trozos de plástico llevados por la corriente, el cadáver de algo, Cthulhu?

El vídeo ofrece poca información, ya que el usuario que lo subió tan solo lo llamó “Cascade Creature” y no añadió nada más. En la grabación se ven los logos de Oceaneering y de Petrobras. La primera es una compañía de exploraciones submarinas que trabaja con empresas petroleras; la segunda es una compañía petrolera brasileña. Las imágenes fueron tomadas, al parecer, en el Golfo de México.

Ha habido numerosas explicaciones, algunas razonables y otras descabelladas. Hay quien dijo que Petrobras había hecho un agujero hacia otra dimensión, o que sus vertidos habían provocado mutaciones aberrantes, en fin… cosas demenciales. La explicación más convincente era la que identificaba a la Criatura de Cascade con una especia de medusa muy poco frecuente llamada Deepstaria Enigmatica. Aún así, la medusa en cuestión tiene la típica forma de paraguas o sombrilla, mientras que lo que muestra el vídeo parece una masa orgánica bastante amorfa. Una medusa, además, no tendría esos órganos o especie de trompa que presenta esta criatura. ¿Entonces?

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Después de causar un gran revuelo en internet, parece ser que las imágenes han sido finalmente explicadas: se trata de una placenta de ballena. El biólogo marino Marcelo Szpilman, uno de los más conocidos de Brasil, explica que probablemente se trate de la placenta de una ballena de gran profundidad (el cachalote es un buen candidato) que habría parido recientemente. Esto explicaría por qué la “cosa” parece no tener movimiento propio, además de los patrones hexagonales que tiene y esa especie de órgano que le cuelga (serían los restos del cordón umbilical). He encontrado dos imágenes de placentas de cetáceo, la primera de una orca y la segunda de una beluga.

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Parece que el misterio está resuelto. Aún así, ¡cuántas rarezas nos ofrece el océano!


Naufragios en Avilés: el Sakumo Lagoon (1984)

El tercero de los barcos que acabaron hundiéndose en aguas de Avilés es también el único del que aún pueden verse los restos. Se trata del carguero Sakumo Lagoon, de pabellón ghanés.

El naufragio en cuestión ocurrió el 5 mayo de 1984. El Sakumo formaba parte de un lote de cuatro buques que la empresa Desguaces y Salvamentos había comprado al gobierno de Ghana. Tres de ellos ya habían sido traídos a Asturias y achatarrados en Avilés, siendo el Sakumo el que cerraba el lote. El mencionado día, a las 8 de la mañana, el remolcador Aznar José Luis se acercaba a la bocana de la ría de Avilés arrastrando al Sakumo cuando algo falló en el cabo o cabos de amarre. El Sakumo se soltó y quedó libre. Puesto que iba sin tripulación ni maquinaria, fue donde lo llevaron las corrientes y el viento. En menos de una hora el buque quedó encallado al este del Faro de San Juan de Nieva, con la proa hacia la playa de Xagó. Atrapado en una costa muy escarpada, plagada de escollos mortales para cualquier buque, el Sakumo ya estaba perdido; a medida que bajó la marea, quedó partido por la mitad por las rocas y los embates de la mar. Pasó apenas hora y media desde que el carguero quedó a la deriva hasta que quedó destrozado contra las rocas, y eso que no era un buque pequeño (medía 138 metros de eslora, con casi 5000 toneladas de registro).

La parte de popa, más pesada, se quedó anclada en el fondo marino a pocos metros de la costa. La proa, con menos peso, se separó a merced de las olas y quedó medio volcada.

Se discutió durante meses como rescatar y desguazar ese pecio enorme que afeaba la costa. El acceso a la zona por tierra era (y es) muy complicado, mientras que es casi imposible acercarse por mar a no ser que el tiempo acompañe. Al final se optó por desguazar el buque con sopletes, hasta donde se pudiera, con la ayuda de una grúa de celosía situada en tierra. Se adaptó la zona junto al pecio para permitir el acceso de la grúa y demás maquinaria. Las zapatas de hormigón donde se cimentaba o apoyaba la grúa permanecen hoy en día intactas.

Puesto que tenían que trabajar a merced de las condiciones climáticas y en muy mala zona, las tareas de desguace duraron más de año y medio. Los trabajadores tenían que acceder al pecio mediante la grúa –imagino que también mediante embarcaciones, cuando el tiempo lo permitiera-. Así fueron cortando chatarra y extrayéndola, hasta que los restos del Sakumo fueron desapareciendo. Entre los quebraderos de cabeza que tuvieron los trabajadores estaba el combustible y lubricante que quedaba en depósitos y motor. Se discutió mucho cómo sacarlo para evitar derrames y vertidos, y al final se pudieron “aspirar” después de licuarlos con agua caliente, ya que estaban solidificados. Se extrajeron unas 70 toneladas de fuel, cifra que justifica las precauciones tomadas. Fotos de la época:

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Lo único que quedó del Sakumo fue la zapata o base del buque y la pieza del motor, de gran tamaño y muy difícil –si no imposible- de desguazar. El bloque motor, de seis cilindros, puede visitarse hoy en día. Hay que llegar al faro de San Juan y seguir el camino que bordea la costa hacia Xagó; andados unos ochocientos metros junto a los acantilados, hay una bajada que se asemeja a una pista forestal que baja hacia el mar. Es la rampa para acceder a las dos plataformas de trabajo que se habilitaron para el desguace. En la izquierda no hay nada. Hay que ir a la derecha para ver las zapatas de hormigón que soportaban el peso de la grúa:

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Y justo enfrente puede verse la fantasmal forma del motor del Sakumo, desafiando al oleaje. En las fotos puede no parecer gran cosa, pero al verlo en persona uno entiende por qué fueron incapaces de sacarlo del mar. Se conserva en relativo buen estado después de más de 25 años en el mar.

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Por cierto, hay que ir en marea baja, y mejor aún si es una marea viva. En Google Maps puede verse perfectamente la zona, y creo que incluso se aprecia el motor:

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Como curiosidad, justo detrás de las zapatas de hormigón se encuentra este “bufón” por el que sale a presión el aire, movido por el mar. El ruido que hace coge de sorpresa al visitante inadvertido, y sorprende la fuerza con la que sale el aire, empujado por la fuerza de las olas.

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Por cierto, es gracias a mi padre, sapientísimo conocedor de todo lo relacionado con la mar asturiana y la geografía de lugares inhóspitos, que me llegué hasta el sitio… Igual sin sus indicaciones hubiera acabado en la Costa da Morte…

PD: este año 2011 se ha propuesto desguazar los últimos restos del buque.


Naufragios en Avilés: el Toralín (1972)

A unos 6 kilómetros de Avilés se encuentra la playa de Salinas – San Juan de Nieva. En su extremo derecho hay un rompeolas de bloques de hormigón y un espigón que se adentra en el mar cerca de 300 metros. A poco que la mar se levante, las olas saltan sobre la punta del espigón y siguen rectas su camino con el empuje de muchos miles de toneladas.

El muro de San Juan de Nieva lleva muchos años en su sitio, casi 40; el espigón se construyó en 2004. El muro de bloques era hasta hace poco mucho más largo y se comía parte de la playa de San Juan. Con las obras del espigón, se desmontó parte del muro y se ganaron trescientos metros más de playa (que previamente se había comido la construcción del muro en los 70).

Cuento todo esto porque cuando yo era pequeño solía ir a pescar con mis padres al muro de San Juan de Nieva y veía subir y bajar las mareas a lo largo de las horas. Uno de los recuerdos que tengo es un pecio, los restos de un naufragio. Más o menos a la altura del moderno espigón podían verse, a marea baja, los restos fantasmales de un barco de metal corroído y expuesto a los elementos durante décadas. No se sabía muy bien si el pecio quería volver a la superficie desde su tumba marina o, por el contrario, buscaba perderse definitivamente de la vista de los hombres bajo el agua. Recuerdo perfectamente la inquietante sensación que producía ver aquél cadáver metálico tan cerca de la entrada a la Ría, por donde desfilaban a diario docenas de barcos de todo tipo y tamaño. ¿Qué hacía allí? ¿Cuándo y por qué se había hundido?

El otro día pregunté a mi padre que, sorprendentemente, acumula varios años de experiencia más que yo, y así conseguí el nombre del barco: Toralín. Luego únicamente tuve que buscar un poco. El Toralín era un carguero español de 1390 toneladas que embarrancó contra el dique de San Juan el 6 de diciembre de 1972. Aquella noche, con mar picada y temporal, el carguero quedó sin gobierno cerca de la entrada a la Ría y fue empujado contra el dique, que en aquella época estaba en construcción. Quedó encajado sobre los bloques, con la proa mirando a la Ría, sobre su costado estribor. Pronto se comprobó que sería imposible moverlo de allí, y acabó desfondado e inundado por la fuerza del Cantábrico. Se recuperó la carga (neumáticos, granito y tuberías plásticas), se sacó a los seis o siete tripulantes en bote y se abandono el buque a los elementos hasta que, dos años después, se emprendió su desguace a soplete. Hubo piezas que no pudieron sacarse: restos de la quilla, el calzo o soporte del motor y el codaste (la pieza que aloja el mecanismo del timón), demasiado sólidas o pesadas para ser desmontadas. Allí permanecieron durante más de 30 años, hasta que las obras de construcción del nuevo espigón hicieron necesario sanear la playa y, por tanto, retirar lo que quedaba del buque. En abril de 2004, 32 años después del naufragio, se comenzó la retirada de los restos. Actualmente el Toralín ya solo permanece en las memorias de los que vieron sus restos semienterrados frente al muro de San Juan.

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El Toralín, en una foto tomada en Santander en los 60
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En ABC apareció la única foto del Toralín embarrancado que he podido encontrar. El artículo completo puede leerse aquí

Curiosamente, décadas después otro carguero corrió exactamente la misma suerte que el Toralín. Era el ruso Grenland, del que hablaré en otra ocasión.


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