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El diablo, el Papa, y la idiotez del día

La sandez campa a sus anchas. Como un maligno pulpo, la  incultura y el misticismo extienden sus tentáculos; lejanos periodistas deciden que el mundo debe saber hoy algo importantísimo, pero que también resulta ser sumamente estúpido.

La noticia vergonzante de hoy es la siguiente: el Papa Francisco parece efectuar un exorcismo sobre un joven enfermo en silla de ruedas. Al menos, esto es lo que afirma Tv2000, un canal que pertenece a la Conferencia Episcopal Italiana, en su programa Vade Retro. La imagen hubiera pasado sin pena ni gloria como una más de las apariciones públicas del Papa, de no haber sido por la aparición de la palabra “exorcismo”. No contentos con ello, el Vaticano desmintió poco después que Francisco hiciera exorcismo alguno, explicando que simplemente “rezó por una persona enferma que le presentaron”. Este es el vídeo aparecido en Vade Retro:

La noticia apareció hoy en numerosos medios, explicando que el Pontífice no había exorcizado al chaval, sino simplemente elevado una plegaria por él. Un momento, ¿eso hace que sea menos absurdo? ¿Dónde está la línea que separa lo “aceptable” de lo “anormal”? Si lo he entendido bien, el mensaje de fondo de este asunto es que rezar a la Gente Mágica de las Nubes para acelerar la sanación de un enfermo es correcto; pero es escandaloso acudir al poder mágico de Dios para sacar al demonio de un cuerpo humano. ¿Es normal creer que la magia puede curar a un enfermo y es anormal creer que el demonio puede poseer a una persona? El Papa es el líder visible de mil millones de personas que creen en la existencia de un ser todopoderoso y mágico, que creen que el pan y el vino pueden transmutarse en carne y sangre humanas, que creen que el alma puede ir al cielo o al infierno, y que creen muchas cosas más, relacionadas todas con la superstición y la magia. ¿Por qué, entonces, parece sorprendernos que se dediquen a hacer exorcismos o que crean en el demonio o en la posibilidad de que éste entre en nuestro cuerpo (o alma, o lo que sea)?

¿Cuándo empezarán los medios de comunicación a enterarse realmente de lo que pasa en el mundo y dejarán de copiar y transmitir las notas de prensa que les manda la Agencia EFE y demás “especialistas”?


¡Confirman mediante ADN que el Bigfoot existe! Bueno, no, es mentira

Me siento frustrado. Llevo un buen rato siguiendo la pista a algo que cambiaría el mundo: la demostración, mediante análisis de ADN mitocondrial, de que el Bigfoot o Yeti norteamericano existe. No solo eso, sino que sería descendiente de un cruce entre humanos normales y algún primate desconocido, hace miles de años. Y ¿qué he encontrado?

Nada. Absolutamente nada. Si buscamos en Google veremos que encontramos una y otra vez la misma noticia, la misma nota de prensa publicada por unos y otros, además de infinitas especulaciones y rumores.

De verdad, me encantaría que todos los viejos cuentos sobre animales, bestias, críptidos, monstruos, llamémoslos cómo queramos… fuesen ciertos. Ojalá hubiese un monstruo del Lago Ness, o cocodrilos en las alcantarillas, o el Carcharodon megalodon siguiese vivo. Pero lo que importa son las pruebas y no lo que a mí me gusta, así que una y otra vez hay que desmentir este tipo de historias.

Resulta muy tentador creer en la existencia de hombres salvajes. Todas las culturas, de casi todas las épocas, creen o han creído en seres primitivos, hombres ferales que viven en los bosques y que representan lo opuesto a nuestra civilización. En EE.UU., el bigfoot o sasquatch tiene millones de fervientes creyentes. Y digo creyentes a propósito porque, a día de hoy, la fe es lo único que mantiene la existencia de este ser.

Pero estoy divagando. Resulta que una genetista de Texas, llamada Melba S. Ketchum, ha anu

nciado hace poco más de un mes que pronto presentará los resultados de un análisis genético sobre los restos biológicos del bigfoot. Los análisis le han llevado cinco años a ella y su grupo de colaboradores de la empresa DNADiagnosys, que casualmente pertenece a la señora Ketchum. No solo eso, sino que afirman algo increíble: que el sasquatch o bigfoot es el resultado de el cruce, hace 15.000 años, de hembras de Homo sapiens con algún gran primate desconocido macho.

Detengámonos un momento. ¿Os dais cuenta de lo que esto significa? Un descubrimiento de este calibre cambiaría parte de lo que sabemos sobre la evolución y la expansión de la especie humana. Demostraría que hubo un homínido, el que fuera, que pudo cruzarse con nuestra especie hace relativamente poco tiempo, y que los descendientes de esta unión siguen vivos. Sería algo inmenso. Estos seres, si existieran, ¿serían considerados humanos? ¿Cómo sobrevivieron? ¿Tan común era el cruce entre humanos y homínidos hace 15.000 años que se creó una población de híbridos lo bastante grande como para subsistir hasta hoy? Sería algo enorme. Quien pruebe y demuestra algo así se sentaría en el Olimpo de los hombres de ciencia.

Sasquatch lover

Y resulta que la señora Ketchum se dedica a mandar notitas por internet y a divulgarse en Facebook. Es decir, llevan cinco años estudiando cachos de bigfoot y la señora se dedica a sacar de vez en cuando alguna nota de prensa para poner cachondo al personal con lo importante que es su estudio. ¡Por Dios, tiene usted en sus manos el descubrimiento del siglo, del milenio! ¡Será millonaria, famosa, poderosa, de todo! Mándelo a alguna revista, sométalo a la atención de sus colegas científicos y envíelo a todas las universidades del país, pero ¡¡NO MANDE MENSAJITOS A PERIÓDICOS COMO EL HUFFINGTON POST!!

Ejem, perdón. Sigo.

Uno de los requisitos del avance científico, que es imprescindible, es que un científico o grupo de ellos puedan repetir un experimento que ha hecho previamente otro científico o grupo de ellos. De nada sirve que yo demuestre algo increíble en mi sótano, en oscuras condiciones que nadie puede replicar en su laboratorio. Eso es igual a nada. Cero. Otros científicos tienen que poder hacer lo mismo que yo hice, en su laboratorio, y comprobar si mis afirmaciones son ciertas, si se deben a un error o si, efectivamente he descubierto algo novedoso. Esto se llama reproducibilidad, y es fundamental. La ciencia no se esconde. Al contrario, solo funciona cuando está a la vista de todos. Por eso cuando alguien hace una afirmación increíble (ésta lo es) y no ha publicado nada, no ha presentado ningún resumen, no se sabe con quién trabaja, ni como, ni dónde… casi podemos ir afirmando que lo que dice ES FALSO.

Sabemos que esta gente está trabajando con una serie de restos biológicos supuestamente de bigfoot, por ejemplo:

–       Saliva, que un bigfoot dejó al chupar una cámara (¿?)

–       Cachos de piel y pelo

–       Un bigfoot steak (“chuleta de bigfoot”), un trozo de tejido y pelo bastante mísero, que supuestamente un cazador cogió de un bigfoot que había matado en California. ¡¿Por qué no se llevó todo el animal?!*

–       Orina

–       Otros restos miserables que pueden pertenecer a cualquier animal imaginable.

Nadie ha visto estos análisis. Se supone que la doctora se basa en el hecho de que, como parte del ADN analizado es humano, pues los antepasados del bicho debieron ser humanos. No lo sé, porque no lo explica. Ningún experto (ni no experto) ha recibido copias de los resultados o del método empleado. Cada vez que alguien hace algún tipo de afirmación importantísima, como esta, sin presentar trabajos y estudios concluyentes, es como si una gigantesca señal de FRAUDE A LA VISTA apareciese sobre el asunto. La Ketchum afirma que los resultados son sorprendentes y que el ADN, definitivamente, no es humano. Bueno, sí, es humano, pero “tiene cosas que los humanos no tienen” o “hay trozos de ADN desconocido”. ¿Qué explicación es esta? Si no es humano, será de otra cosa. ¿Qué es eso de “desconocido”? Si no es ADN humano, se parecerá a algún otro ADN, sea al de una planta, un tejón o un mono. Puede ser que las muestras analizadas estén contaminadas. Puede ser que vengan de una tribu de indios aislada y endogámica, lo que explicaría las peculiaridades. Pueden ser… tantas cosas…

Aún suponiendo que este estudio tenga algo de verdad, lo único que hace es sustituir un presunto enigma por otro. Si efectivamente el bigfoot es un descendiente de crices entre humanos y “otro homínido”, ¿cuál es es ese otro homínido? No hay pruebas de que hace 15.000 años hubiese otro tipo de homínido o primate que pudiera cruzarse con el Homo sapiens. Sustituimos un misterio por otro.

Lo curioso es que los fanáticos del bigfoot, los que defienden su existencia contra viento y marea, están hasta las narices de tanta espera y tan poca información. Y con razón. Lo único que he podido encontrar sobre este estudio son vagas referencias, rumores, y las notitas de prensa que de vez en cuendo saca la doctora Ketchum. Ella misma dijo que “los amantes del bigfoot han resultado más agresivos y exigentes que los propios científicos”. ¿Sabéis por qué? Porque los científicos de verdad saben que una historia increíble, sin pruebas de algún tipo, es exactamente igual a nada.

Medina Big Foot

*En Noviembre de 2012, se analizó esta supuesta muestra de bigfoot y resultó ser pelo de Oso negro (Ursus americanus) con trazas de ADN de Homo sapiens (la persona que manipuló la muestra). Podéis ver los resultados aquí, en Google docs.


Los rods, ¿son seres de otra dimensión? No, son bichos

La historia de los rods es interesante. Ilustra la capacidad que tiene hoy en día cualquier historia, por demencial que sea, de convertirse en una pseudoverdad aceptada por muchos.

Los rods son un efecto óptico que aparece en muchas fotografías y vídeos, tanto digitales como convencionales. Tienen forma alargada, de ahí su nombre (en inglés, rod viene a ser una barra o vara). El primero en fotografiarlos, o al menos en divulgar públicamente que lo había hecho, fue el ufólogo y cineasta José Escamilla en 1994. El lugar donde lo hizo es la meca de los que creen en OVNIS y rarezas extraterrestres: la base aérea estadounidense de Roswell. Inmediatamente debió de darse cuenta de que aquello podía convertirse en un misterio rentable, así que hizo más fotos y vídeos, desarrolló la teoría de que los rods eran visitantes de otro planeta y se dedicó a dar conferencias.

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Eso de ahí es un rod

Muchísima gente, demostrando una vez más que siempre hay alguien dispuesto a creer la mayor basura imaginable, abrazó convencida la historia de los rods. De pronto todo el mundo encontraba alguno en sus fotos y vídeos. Internet no tardó en llenarse de imágenes que mostraban supuestos rods, y muchos hicieron sus propias teorías, incluso llegaron a clasificar los rods en diferentes tipos o especies según su tamaño, forma y movimiento. ¿Os lo imagináis, cientos de personas buscando manchas de luz en viejas fotos y poniéndoles nombre, imaginándose cómo habrían llegado a nuestro mundo? No lo imaginéis: ocurrió realmente.

Supuestamente, los rods, llamados a veces skyfish serían seres extraterrestres o de otra dimensión (depende de a quién hagas caso), capaces de moverse a enorme velocidad e invisibles al ojo humano.

En realidad, los rods son insectos o pajaritos que pasan volando frente a la cámara cuando ésta está grabando o tomando una foto. Algo tan simple como eso.

Puesto que hoy en día la cámara fotográfica no es la tecnología arcana que era hace cien años, todos estamos acostumbrados a sacar fotos. Todos sabemos, por tanto, que si sacamos una foto en movimiento, seguramente saldrá borrosa. Esto ocurre simplemente porque el obturador de la cámara permanece abierto demasiado tiempo como para “congelar” la acción que está teniendo lugar frente a él. Aunque solo sea una fracción de segundo, es un periódo de tiempo suficiente para que pasen cosas, para que la gente a la que tratamos de retratar se mueva y, en definitiva, para que la foto salga borrosa; el obturador simplemente capta el movimiento que ha tenido lugar mientras estaba abierto y lo interpreta como una imagen borrosa.

Este fenómeno es la base de los rods, y convierte un insecto que se desplaza muy rápidamente en una especie de objeto alargado con apéndices a los lados (las alas, que van batiendo).

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Insectos, borrosos pero reconocibles como tales. Si la velocidad de obturación hubiera sido algo menor, aparecerían convertidos en líneas más largas y menos reconocibles

Cuanto mayor sea la velocidad a la que se abre y cierra el obturador de una cámara, menor será el periodo de tiempo que podremos “congelar” en nuestra foto. Hoy día hay cámaras de alta velocidad que son capaces de fotografiar o grabar miles de imágenes por segundo, permitiéndonos tomar una foto perfecta de una bala en plena trayectoria. A José Escamilla, padre de los rods, le pidieron una y mil veces que usara una cámara de alta velocidad para capturar, clara e inequívocamente, a los objetos que aparecían en sus vídeos. Él se negó una y otra vez. ¿Por qué? Porque sabía que, con una cámara de alta velocidad, sus rods dejarían de ser un negocio rentable y pasarían a ser lo que siempre fueron: bichos.

Cuanto mayor sea el tiempo de exposición de una foto (el tiempo que el obturador está abierto), más largas serán las trayectorias de los rods, porque el insecto en cuestión habrá tenido tiempo para recorrer una distancia mayor. A medida que el tiempo de exposición desciende, los rods se van haciendo más cortos hasta quedar claro que son meros insectos.

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Con una velocidad de obturación alta, esta abeja parece congelada en el aire. Nadie diría que es un rod

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Este insecto aparece borroso por la velocidad a la que se mueve, y sus alas aparecen superpuestas tres veces en una misma imagen. ¿Significa eso que el insecto tiene, efectivamente, tres pares de alas?. No, por supuesto, se trata de un efecto óptico y estoy seguro de que un entomólogo experto podría reconocer incluso la especie a partir de las alas.

El fenómeno ocurre también en vídeos digitales, que combinan los distintos fotogramas entre sí para ahorrar espacio en disco y para que la imagen sea más fluida. Esta combinación convierte igualmente a un insecto en una mancha alargada. De hecho, cuanto mayor sea el número de insectos en la zona de la foto o vídeo, más rods aparecerán, como demuestra este vídeo en una zona pantanosa con miles de mosquitos:

Dicen algunos que los rods se mueven a velocidades increíbles. Mentira: algunos solo parecen moverse rápido en relación al fondo de la imagen porque pasan muy cerca de nuestra cámara. Ningún insecto viaja a mil kilómetros por hora.

En 2005, la tele nacional china (CCTV) mostró un documental en el que se demostraba que los rods eran insectos. Los trabajadores de una compañía farmaceútica en Tonghua habían visto varios objetos identificados como rods en las cintas de las cámaras de vigilancia, y decidieron resolver el supuesto misterio. Ajustaron la velocidad de grabación de la cámara (imágenes por segundo) hacia arriba y hacia abajo. Cuantas menos imágenes por segundo grababa la cámara, más largos y sinuosos eran los rods; cuantas más imágenes por segundo, más se acortaban y se parecían a un insecto. No contentos con eso, instalaron unas redes finas de 20 metros ante las cámaras. Rápidamente grabaron un rod, comprobaron las redes y vieron que era una polilla de unos 10 cm. Repeticiones de la prueba dieron el mismo resultado.

En fin, toda esta historia es simplemente absurda.


La Criatura de Cascade, ¿un monstruo marino?

Hace unos días alguien subió a youtube este vídeo, en el que se ve lo que parece una criatura marina de lo más extraña:

¿Una extraña medusa? ¿Algún ser desconocido para la ciencia? ¿Trozos de plástico llevados por la corriente, el cadáver de algo, Cthulhu?

El vídeo ofrece poca información, ya que el usuario que lo subió tan solo lo llamó “Cascade Creature” y no añadió nada más. En la grabación se ven los logos de Oceaneering y de Petrobras. La primera es una compañía de exploraciones submarinas que trabaja con empresas petroleras; la segunda es una compañía petrolera brasileña. Las imágenes fueron tomadas, al parecer, en el Golfo de México.

Ha habido numerosas explicaciones, algunas razonables y otras descabelladas. Hay quien dijo que Petrobras había hecho un agujero hacia otra dimensión, o que sus vertidos habían provocado mutaciones aberrantes, en fin… cosas demenciales. La explicación más convincente era la que identificaba a la Criatura de Cascade con una especia de medusa muy poco frecuente llamada Deepstaria Enigmatica. Aún así, la medusa en cuestión tiene la típica forma de paraguas o sombrilla, mientras que lo que muestra el vídeo parece una masa orgánica bastante amorfa. Una medusa, además, no tendría esos órganos o especie de trompa que presenta esta criatura. ¿Entonces?

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Después de causar un gran revuelo en internet, parece ser que las imágenes han sido finalmente explicadas: se trata de una placenta de ballena. El biólogo marino Marcelo Szpilman, uno de los más conocidos de Brasil, explica que probablemente se trate de la placenta de una ballena de gran profundidad (el cachalote es un buen candidato) que habría parido recientemente. Esto explicaría por qué la “cosa” parece no tener movimiento propio, además de los patrones hexagonales que tiene y esa especie de órgano que le cuelga (serían los restos del cordón umbilical). He encontrado dos imágenes de placentas de cetáceo, la primera de una orca y la segunda de una beluga.

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Parece que el misterio está resuelto. Aún así, ¡cuántas rarezas nos ofrece el océano!


Algunas ideas escépticas sobre visitas extraterrestres

Hitler y el Tercer Reich recibieron ayuda de seres extraterrestres en sus investigaciones sobre armamento e ingeniería.

Eso es lo que varias personas están defendiendo en un documental aparentemente serio que están poniendo ahora mismo en un canal de pago. En el universo -en nuestra Tierra misma- hay muchísimas cosas que llenan a uno de maravilla y misterio. Hay cosas que no hemos comprendido, sucesos que, simplemente, no sabemos por qué ocurren. No son cosas inexplicables: son inexplicadas. La diferencia entre unas y otras es que las primeras nunca podrán ser explicadas, mientras que aún no hemos hallado la razón de que ocurran las segundas. Muchas cosas que hoy en día damos por sentadas fueron en su día inexplicadas: por qué hay mareas o estaciones, qué hace que la luna cambie de forma, por qué se mueve el sol, qué eran los dinosaurios. De igual forma, mucho de lo que ahora no comprendemos será convenientemente explicado en el futuro.

Pues bien, a pesar de todos los miestrios reales que el mundo nos ofrece, aún hay quien se empeña en crear nuevos misterios imaginarios. Los fantasmas, la telepatía, los duendes o la visión remota han demostrado ser únicamente misterios imaginarios creados por la mente humana. Son inexplicables, desde luego, ya que su planteamiento está tan alejado de la ciencia que nunca podrán ser explicados. De todos estos “misterios humanos”, el más increíble , el más difícil de tomar en serio, es el que afirma que hay seres extraterrestres que visitan nuestro planeta.

Quien cree que los extraterrestres nos visitan no tiene ni siquiera una remota idea de la escala de nuestro universo. A poco que uno se de cuenta de la distancia que nos separa de las estrellas, la fe en visitas extraterrestres se desvanece. Para hacernos una idea de lo tremendamente lejos que está todo, podemos citar a las sondas Voyager. Las sondas Voyager 1 y 2 se lanzaron en 1977 hacia los confines de nuestro sistema solar, y aún siguen viajando. La 2, más rápida, se aleja de nosotros a 17.000 metros por segundo (61.000 km/h). Lleva 35 años viajando a esa tremenda velocidad, y aún así apenas ha llegado a los confines de nuestro sistema solar. La estrella más próxima a nosotros es Próxima Centauri, y la sonda tardaría 73.600 años en llegar allí a su actual velocidad.

Quienes se imaginan naves extraterrestres llegando a nuestro planeta deben saber que el planeta extrasolar (es decir, que no pertenece a nuestro sistema solar) más cercano es Epsilon Eridani b, que se encuentra a 10,4 años luz de nosotros. ¿Qué significa esto? Que si viajásemos a la velocidad de la luz tardaríamos 10,4 años en llegar. Ninguna nave podría alcanzar tal velocidad, pues necesitaría infinita energía para moverse. Ni siquiera podría llegar  a una fracción de esa velocidad. El viaje interplanetario se convierte así en una odisea de miles, millones de años de duración. Especies enteras se extinguirían antes de completar semejante periplo. Cabe preguntarse por qué una raza supuestamente inteligente pasaría por algo así para dejar círculos en nuestras cosechas o implantar un trocito de metal en las muelas de algún lunático.

 


¿Un Mamut vivo en Rusia?

Hace unos días salió a la luz un vídeo que mostraba, supuestamente, un mamut –vivo, por supuesto- cruzando un río ruso. El vídeo se dio a conocer en un periódico, como poco, sospechoso: el sensacionalista The Sun británico. Había sido grabado, presuntamente, por un ingeniero del gobierno en una remota región rusa, el pasado verano. He aquí el vídeo:

Hubo quien dijo que era una prueba de que los mamuts han sobrevivido hasta el día de hoy. Algunos afirmaron que se trataba de un oso, con un gran pez en la boca, que cruzaba el río. Un experto en efectos especiales dijo que la grabación parecía “deliberadamente emborronada”.

Es curioso como este tipo de pruebas, que de ser ciertas revolucionarían lo que sabemos sobre biología y evolución, siempre se presentan en forma de cutre fotografía o borrosa grabación. En este caso, ¿por qué el vídeo dura tan poco? ¿Se quedó sin batería la cámara justamente cuando apareció al mamut? ¿Por qué no se acercó más la persona que grababa, o pidió ayuda o informó del extraordinario descubrimiento? ¿Qué hizo luego el animal, por qué no hay otras pruebas, por qué no se registró la zona? Nunca se da una respuesta satisfactoria a estas preguntas, simplemente porque este tipo de vídeos son burdas falsificaciones.

Otro dato que debería hacernos sospechar es que el primero en presentar este vídeo fue Michael Cohen, un viejo conocido del mundillo de la ufología, los alienígenas y demás esperpentos. Ha colaborado en numerosas ocasiones con The Sun, aportando fotos de aliens, duendes, OVNIS y otras engañifas.

Este caso no es una excepción. Cuando el vídeo del mamut empezó a adquirir fama, un fotógrafo y escritor llamado Ludovic Petho dijo ser el autor de las imágenes. Petho se encontraba en el río Kitoy (Siberia) en verano de 2011, mientras grababa imágenes para un documental sobre cómo su padre escapó de un campo de prisioneros siberiano durante la primera guerra mundial. Desde luego, en la filmación original no aparecía ningún mamut. El propio Petho afirma que “no había ningún mamut por allí” y que no tenía ni idea de que alguien había introducido digitalmente un mamut (o algo así) en las imágenes que él grabó. Estas son las imágenes originales de Petho, con mucha mayor calidad que las del mamut:

En fin, no hace falta perder más tiempo.


El caso del matrimonio Hill y el origen de las abducciones extraterrestres


El señor J. regresaba a su casa tras haber terminado su ronda habitual de visitas comerciales. Mientras transitaba por una alejada carretera comarcal, se percató de que una extraña luz parecía moverse hacia él en el cielo. Minutos después, la luz se colocó sobre su coche y él sintió una extraña sensación letárgica, como de desgana. El incidente acabó ahí, pero siguió sintiéndose extraño tras el incidente y durante todo el regreso a su hogar. Lo primero que notó fue que habían pasado varias horas respecto a la hora a la que debería haber llegado a casa. Y no sería lo único extraño que le sucedería: a lo largo de las semanas y meses siguientes, el señor J. comenzó a recordar detalles de lo ocurrido aquella noche, hasta acabar recordando que fue raptado por humanoides con grandes ojos y cabezas y que había estado a bordo de su nave espacial. Las criaturas habían experimentado con él, le habían hecho preguntas incomprensibles sobre la Tierra y los humanos, y finalmente le habían dejado libre tras borrar los recuerdos de la terrible experiencia.

 

 

La historia anterior, completamente inventada, resume perfectamente una clásica abducción extraterreste. Hay cientos, miles de testimonios que siguen una pauta muy similar. Un típico testimonio de abducción incluye todos los elementos mencionado en esta pequeña historia: una zona solitaria o apartada en la que la persona se ve asaltada por sorpresa –aunque puede ocurrir en la propia casa-; los alienígenas, de forma humanoide, cabezones y con grandes ojos casi siempre; la nave espacial; los exámenes y preguntas; y el borrado final de memoria para que el sujeto no recuerde lo vivido. Es frecuente que durante la experiencia los extraterrestres ofrezcan algún tipo de información o revelación de tipo pseudocientífico, como la posición de alguna estrella o constelación, datos sobre lejanos planetas, el fin de la vida en la Tierra o los peligros de la energía nuclear, por decir algunos. A veces el testigo puede ver nuestro propio planeta desde las escotillas de la nave. Otro elemento muy típico es la sensación de “tiempo perdido”, que puede ir desde minutos a días, y durante el cual la persona habría estado en poder de los aliens o bajo su influencia. Hay más detalles opcionales: relojes que se paran, pesadillas recurrentes sobre lo ocurrido en la nave y, más recientemente, implantes sofisticados en alguna parte del cuerpo del abducido. Pero, ¿por qué casi todos los relatos sobre abducciones extraterrestres siguen un guión muy concreto? ¿Por qué los alienígenas son humanoides cabezones y no masas protoplásmicas fosforescentes o seres insectoides de dieciséis extremidades y cuatro metros de altura? ¿Por qué la inmensa mayoría de las abducciones han sido denunciadas después de una fecha muy concreta y no antes, igual que los avistamientos de OVNIS prácticamente no existían antes de que la aviación comercial y militar se extendiese por todo el mundo?

Indudablemente, hubo historias de abducciones y contactos con extraterrestres –o como los llamasen entonces- en épocas antiguas, del mismo modo que hubo quien afirmó haber visto ángeles en carromatos de fuego o haber copulado con el diablo. Sin embargo, el primer relato sobre extraterrestres de la era moderna que sigue punto por punto el mencionado guión data de 1961. Fue una pareja estadounidense la que sentó las bases de los miles de informes de contactos con alienígenas que aparecieron después. Un matrimonio de New Hampshire, Barney y Betty Hill, volvían en coche de un viaje a Canadá. La noche del 19 de septiembre cruzaban las White Mountains cuando a ella le pareció ver un objeto brillante en el cielo. Al principio les pareció una estrella, pero luego decidieron que la luz se movía y parecía seguirlos. Ambos sintieron miedo a ser atacados de alguna forma, por lo que abandonaron la carretera principal y siguieron por carreteras secundarias. La luz acabó perdiéndose de vista. Llegaron a casa dos horas y pico más tarde de lo previsto, aunque no repararon en ello hasta días después.

Aparentemente, eso fue todo. Un matrimonio que se asusta al ver algo en el cielo mientras viaja en mitad de la noche.

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Los Hill

Pero el suceso no se detuvo ahí, claro. Betty comenzó a tener sueños. En ellos, veía o recreaba lo que habían experimentado durante ese “tiempo perdido” de dos horas, que no había sido sino una abducción extraterrestre. En sus sueños Betty veía horribles humanoides con ojos almendrados, como de gato, que les habían capturado a ella y a su marido y les habían sometido a varios exámenes a bordo de su nave. Contó los sueños a su marido y se interesó vivamente por otros casos parecidos. Empezó a leer libros sobre OVNIS y extraterrestres. Cuanto más pensaba en el tema, más recordaba (o creía recordar) de lo sucedido aquella noche. Su marido Barney recordaba bastantes menos cosas, y con menos convicción. Pasaba el tiempo, y los Hill se iban metiendo más y más en los círculos ufológicos, acudiendo a charlas, encuentros y mesas redondas sobre el tema. Aquello se convirtió en el centro de la vida del matrimonio. Al año siguiente (primavera del 62) buscaron ayuda médica y Barney comenzó a acudir al psiquiatra debido a los problemas que le causaba el recuerdo de aquella noche. Y a primeros de 1964, casi tres años después de aquello, empezaron a hacer sesiones de hipnosis con un psiquiatra de Boston llamado Benjamin Simon.

A lo largos de múltiples sesiones de hipnosis –de enero a junio del 64-, ambos recordaron por separado los supuestos detalles de lo ocurrido aquella noche. Por supuesto, el que fuera juntos o por separado carecía de importancia: habían tenido tres años para compartir recuerdos, sueños, anécdotas y esperanzas. Lo raro sería que sus versiones no coincidiesen. Describieron cómo unos humanoides pequeños, grises y sin pelo les sometieron a pruebas médicas extravagantes a bordo de su nave. El “capitán” extraterrestre incluso les había facilitado información sobre el espacio, una especie de mapa estelar con las rutas de la nave marcadas. Betty decía recordar este mapa y dibujó, bajo hipnosis, un esquema con las posiciones de varias estrellas. El supuesto mapa estelar fue analizado millones de veces, incluso una astrónoma aficionada llamada Marjorie Fish calculó que podría pertenecer al sistema estelar doble de Zeta Retículi, pero no se sacó nada en claro. El mapa podría muy bien haber sido un conjunto aleatorio de puntitos y rayas.

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El supuesto “mapa estelar”

Después de acabar con las sesiones hipnóticas, los Hill llevaron una vida de lo más normal. Aunque seguían participando en eventos relacionados con la ufología, no hicieron ningún esfuerzo por divulgar su historia a las masas o por conseguir publicidad. Pero quiso el destino (o un reportero avispado llamado John H. Lutrell) que su historia apareciese en portada del Boston Traveler, con foto y todo, el 25 de octubre de 1965. Lutrell había conseguido grabaciones, testimonios y demás información sobre el caso, y pronto la historia se divulgó al mundo entero. En 1966 el escritor John G. Fuller, enamorado de temas como el espiritismo y los extraterrestres, publicó un libro llamado The Interrupted Journey. El libro fue un gran éxito editorial y extendió mundialmente lo que los Hill habían contado a lo largo de cuatro o cinco años. En 1975 se hizo una adaptación al cine de la historia, protagonizada por James Earl Jones y Estelle Parsons: The UFO Incident.

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Los Hill con el periódico que acabaría llevándolos a la fama
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Una escena de la película The UFO Incident

 

Barney Hill murió en 1969. Betty vivió hasta 2004 y se dedicó a la ufología durante el resto de su vida.

En fin. ¿Podemos decir que una pareja americana fue abducida por extraterrestres en el 61? Y, más ampliamente, ¿hay tantos y tantos miles de contactos y abducciones como parece deducirse de la cantidad de testimonios?

En 1992, David M. Jacobs y otros, afamados ufólogos todos ellos, hicieron una encuesta a nivel nacional a casi seis mil adultos norteamericanos. A continuación se reproducen las cinco preguntas de la encuesta, y el porcentaje de personas que respondieron “SI” a cada una:

 

Ha experimentado alguna vez…

1. Despertarse paralizados, con la sensación de que una persona o ser desconocido estaba también en la habitación (18%)

2. No recordar dónde ha estado durante un período de una hora o más, durante el cual estuvo aparentemente ausente (13%)

3. Notar que vuela por el aire sin saber por qué o cómo (10%)

4. Ver luces o bolas luminosas extrañas en una habitación sin saber qué las origina (8%)

5. Encontrar marcas o cicatrices en su cuerpo sin saber cómo o con qué se las ha hecho (8%).

La encuesta de Jacobs es un ejemplo perfecto de cómo hacer preguntas para obtener cierto tipo de respuestas. ¿Quién no ha encontrado alguna vez una herida o moratón sin saber el momento exacto en que se ha producido? ¿Quién puede recordar dónde ha estado o qué ha hecho durante todas las horas del día? Las preguntas son deliberadamente ambiguas, poco específicas. ¿A qué período de tiempo se refiere la encuesta; un día, una semana, alguna vez en toda la vida? ¿Se refieren a tener esas experiencias durante la vigilia? ¿O tal vez mientras se duerme? ¿O mientras se está despertando o quedando uno dormido? Sabemos que son frecuentes las alucinaciones al quedarse dormido (hipnagógicas, como la sensación de caerse aunque sabemos que estamos acostados o reflejo de sobresalto) o al despertarse (hipnopómpicas). Son muy frecuentes los casos de parálisis del sueño, una incapacidad temporal para mover nuestro cuerpo pero conservando más o menos la conciencia. La parálisis del sueño está perfectamente explicada, no tiene nada de misterioso y se cree que hasta dos terceras partes de los humanos las experimentamos al menos una vez en la vida. A veces esta parálisis (que dura dos o tres minutos) va acompañada de sensaciones extrañas que la persona no sabe o no puede explicar, y puede resultar bastante inquietante a pesar de ser totalmente normal. Lo más grave de la encuesta de Jacobs y compañía es que concluyeron que la gente que decía que sí a cuatro o cinco de las preguntas había sido abducida. No había una pregunta que dijese “¿ha sido usted abducido?”, sino que daban por sentado que, si alguien había experimentado varias de esas sensaciones, era un abducido. Resultaron serlo el 2% de los que se sometieron a la encuesta. En aquel año EE.UU. tenía unos 250 millones de habitantes, lo cual significa que cinco millones de estadounidenses habrían sido abducidos por alienígenas. Con 5.200 millones de habitantes en el mundo en 1992, habría 104 millones de abducidos a nivel mundial. ¿Qué pasa? ¿Es posible semejante disparate? Tal cantidad de abducidos en un periodo de, digamos, 20 años, representan casi 600 secuestros por hora en alguna parte del planeta. ¿Cuántas naves harían falta para conseguir esa proeza?

Pero dejemos aparte las imposibilidades estadísticas. Centrémonos en el aspecto social del asunto. Antes de la historia de los Hill, los encuentros con alienígenas eran mucho más lights. Había gente que afirmaba ver OVNIS; había incluso quien decía hablar o contactar con sus tripulantes. Pero no existía el concepto de “abducción”. Fue a partir de los 60 cuando empieza a hablarse de los “Grises”, pequeños hombrecillos de ese color. El propio concepto de platillo volante, sin ir más lejos, empezó a tomar forma en las historietas y cómics pulp de principios del siglo XX –Buck Rogers, Flash Gordon-, y de dichos cómics puede sacarse la idea general de “rapto alienígena” con casi todos sus ingredientes. Y comenzó a hablarse de “platillos” únicamente después del muy publicitado avistamiento de Kenneth Arnold a bordo de su avioneta en 1947. Arnold dijo que las naves que vio se movían “como platillos o discos rebotando sobre la superficie del agua”, pero los reporteros acabaron diciendo que los objetos “tenían forma de disco”. De haber usado Arnold otro ejemplo, hoy en día podríamos estar hablando de teteras o tostadoras volantes. El incidente aparentemente insignificante de Arnold despertó el interés de las masas y, por tanto, desencadenó las primeras oleadas de avistamientos.

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Los avistamientos de OVNIS, como las cazas de brujas o la licantropía, se amoldan a las ideologías de la era en que se producen. Los elementos involucrados en una abducción son siempre sospechosamente parecidos a la tecnología de la época. ¿Por qué los testigos describen los experimentos a los que son sometidos por los aliens –que, supuestamente, son avanzadísimos- como muy similares a las intervenciones que han podido haber visto en televisión o en fotos? ¿Por qué una nave capaz de llegar hasta la Tierra desde quién sabe dónde tiene un instrumental muy parecido al que podríamos encontrar en nuestro ambulatorio? Desde los años 40 a 1978, año en que se estrenó la película que contaba el caso de los Hill, se habían declarado cincuenta abducciones. Todas eran posteriores al incidente de los Hill. Pero entre 1978 y 1980 hubo cien supuestas abducciones. De pronto había 30 veces más abducciones en EE.UU.

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Un exámen médico extraterrestre en alguna vieja publicación pulp

Entonces, ¿mienten todos los que dicen que ven alienígenas o que han sido abducidos? Es tentador decir que sí, pero sería simplificar mucho. Muchos supuestos abducidos mienten a sabiendas, creando vistosos engaños por la fama o el dinero (o simplemente por diversión; véase el caso de los círculos en las cosechas). Pero creo firmemente que la mayor parte de los testigos creen estar diciendo la verdad. Han visto algo, sienten cosas, puede que oigan voces o reciban mensajes. ¿Significa esto que los extraterrestres están aquí? Rotundamente, no.

Yo diría que las causas que conducen a alguien a decir que ha sido abducido –y mantener la ilusión- pueden dividirse en dos grupos amplios y heterogéneos: individuales, las que afectan únicamente a una persona, y sociales o colectivas.

Por qué una persona cree en OVNIS

Puede haber millones de causas para decir que se ha sido abducido. Podemos considerar la enfermedad mental, desde luego. Si alguien afirma que ha sido llevado a Plutón por los Hongos de Yuggoth y que allí ha visto los cerebros envasados al vacío de Buster Keaton y B.B. King, seguramente nuestro primer impulso sea catalogarlo como un lunático declarado. Y probablemente estemos en lo cierto. Pero ahora mismo no me interesa la excepción llamativa, el lunático vistoso, sino los miles y miles de testimonios que a lo largo de las décadas ha habido sobre platillos volantes, humanoides y secuestros. Casi todos ellos provenían de gente como vosotros o yo, gente no más anormal que la mayoría, que tenía seguramente una familia y un trabajo. Los Hill eran una pareja felizmente casada, que se sepa. Ella era trabajadora social y él empleado de Correos. Y pusieron en marcha la mayor oleada de contactos de la historia.

Una de las primeros factores a considerar es la enorme, casi increíble, falibilidad de la mente humana. Nuestro cerebro es un arma poderosa, pero puede ser engañado con facilidad. Se han hecho experimentos y pruebas que dejan al ser humano a un nivel bastamte vergonzoso. Pensamos que nuestra percepción, memoria y juicio son fiables, pero una y otra vez se demuestra que no es así. “¡Lo vi con mis propios ojos!”, dice quien pretende convencernos a nosotros de lo que ha presenciado; si supiera lo poco fiable que es un humano a la hora de dar testimonio de cosas pasadas…

El proceso de recordar se describe muchas veces como “hacer presente lo que pertenece al pasado”, lo cual es bastante falso. Nuestra memoria es más bien un proceso de reinterpretación de lo pasado. Los recuerdos no son hechos fijos cristalizados en nuestra memoria, sino contenidos sometidos a una revisión constante. Todos nosotros tenemos falsos recuerdos, cosas que recordamos como reales pero que, bien no ocurrieron como los recordamos, o bien no sucedieron en absoluto. La psicóloga estadounidense Elizabeth Loftus está especializada en la memoria, y ha dedicado muchos años a estudiar estos falsos recuerdos. Descubrió que era muy fácil implantar recuerdos falsos a sujetos de prueba, simplemente mediante sugerencias verbales, es decir: diciéndole a la persona lo que debería recordar. Un ejemplo de cómo se “crea” un falso recuerdo es el siguiente: se coge a un grupo de personas y se les explica que los bebés que en sus primeros días de vida interactuaron con juguetes, sonajeros o móviles de colores tienen una mejor capacidad de [insertar lo que sea]. Se les explica que han sido seleccionados porque, en la época en que ellos nacieron, su hospital tenía ese tipo de juguetes para los recién nacidos y quieren estudiar sus recuerdos. Todo esto es inventado, por supuesto: pero cuando se les pregunta a los sujetos, con la ayuda de hipnosis, por sus recuerdos del hospital, casi todos recordaban obedientemente los móviles de colores. Y eso que es altamente improbable que nadie recuerde nada de su primer año de vida, ya que el hipocampo y otras áreas de la memoria aún no están lo bastante desarrolladas como para permitirnos guardar nuestras vivencias.

La importancia de los falsos recuerdos se torna capital cuando nos introducimos en el mundo legal. Imaginemos un sujeto que declara en un juicio algo que vio. ¿Es fiable ese testimonio? Sorprendentemente, no más que cualquier otro. Los fallos, olvidos y falsos recuerdos que se dan en otros contextos pueden producirse igualmente en la sala de justicia. No se sabe cuántos inocentes han sido condenados por testimonios basados en falsos recuerdos, tal vez porque no interesa que se sepa cuán frágil es uno de los pilares del sistema judicial –los testigos-. En los años 80 hubo en EE.UU. una auténtica epidemia de acusaciones de abusos sexuales y abusos satánicos (y, a veces, ambos). Niños y jóvenes empezaban a acusar a sus padres, a sus familias, a desconocidos… El terrible caso de Paul Ingram fue un ejemplo algo posterior del fenómeno. Muchas personas, aparentemente normales e inocentes, acabaron en la cárcel. Durante los años 90 algunos de los casos fueron revisados, y descubrieron que un porcentaje muy alto se basaban en memorias falsas. Y lo que era más grave, muchos de los falsos recuerdos surgieron en consultas o fueron cultivados por terapeutas irresponsables o poco cualificados; psicólogos y psiquiatras que, con sus técnicas de recuperación de recuerdos y de hipnosis, fomentaron o directamente crearon delirios, fantasías y recuerdos falsos en las supuestas “víctimas”. Fue la prueba definitiva de que los testigos no son absolutamente fiables. Alguien podía, realmente, ser acusado y acabar en prisión por culpa de un falso recuerdo. Se acuñó el término “síndrome de la falsa memoria” para referirse a los casos en los que las creencias o la vida normal de una persona están afectadas por un evento ficticio pero que ella recuerda como real. Elizabeth Loftus fue precisamente una de las personas que más extensivamente estudió el tema y contribuyó a aclarar varias condenas judiciales basadas en recuerdos falsos. Existe una Fundación del Síndrome de la Memoria Falsa, una organización fundada por Pamela y Peter Freyd en 1992. Pamela y Peter fueron acusados por su propia hija de haber abusado de ella de niña, acusación aparentemente originada en unas sesiones psicológicas que pretendían indagar en recuerdos “ocultos”.

Pero volvamos al caso de los Hill. Recordemos que, en un principio, el testimonio de ambos fue sumamente escueto. Vieron una luz que parecía moverse hacia ellos en el cielo nocturno, y nada más. Viendo el caso desde la distancia que suponen los años transcurridos, es fácil olvidarse de que todos los demás detalles fueron surgiendo a lo largo de meses, de años incluso, y casi todos aparecieron bajo unas sesiones de hipnosis iniciadas casi tres años después de la noche en cuestión.

El doctor Benjamin Simon se había especializado en el uso de la hipnosis en casos de estrés postraumático tras la 2ª Guerra Mundial. Puede decirse que su tratamiento del malestar de los Hill fue un éxito. Él era un profesional de la salud mental y el matrimonio acudió a él debido a la angustia, dolor, etc., que les provocaba el recuerdo de su presunta abducción; gracias a la terapia con Simon, ambos superaron su ansiedad y consiguieron reanudar una vida normal y feliz. En este sentido, el tratamiento fue un éxito y Simon un buen profesional que se inhibió bastante de alentar las fantasías de ambos. Precisamente fue él quien les trató debido a su escepticismo en temas relacionados con la ufología.

Las conclusiones de Simon fueron, básicamente, que la experiencia de la abducción era una fantasía inspirada por los sueños que tenía Betty. Barney Hill dijo que sus recuerdos no podían ser una fantasía; y, sin embargo, el propio Barney dijo al principio de la terapia al doctor Simon, sobre los sueños de Betty:

“Le dije que era únicamente un sueño y nada de lo que preocuparse… no puedo creerme esos sueños que ella está teniendo… yo nunca creí sus sueños” (21 de marzo del 64)

Parece que durante la terapia Barney no solo no se convenció de que su experiencia era una fantasía, sino que acabó creyendo más firmemente que la abducción había sido real. Pasó de no creer en los sueños de Betty a defender que todo había ocurrido realmente.

Los recuerdos obtenidos mediante hipnosis son un arma peligrosa. En primer lugar, debemos olvidarnos de la imagen de la hipnosis como algo misterioso o sobrenatural. El estado hipnótico es, simplemente, un estado de atención y relajación ligeramente alterado. No hay nada paranormal en la hipnosis, ni el hipnotizador tiene poderes fuera de lo común, no puede hipnotizarse a quien no lo desea, no puede quedarse uno hipnotizado para siempre si no lo “despiertan”, no puede obligarse al hipnotizado a hacer cosas que normalmente no haría… Hay personas más hipnotizables que otras, debido a su sugestionabilidad, su obediencia a la autoridad, etc. La hipnosis se usa actualmente en un pequeño número de terapias en las que puede ser útil como complemento a la terapia principal, aunque sus efectos desaparecen pronto si se dejan las sesiones y su efectividad, en muchos casos, parece basarse en el efecto placebo. Hoy en día, una inmensa mayoría de los usos que se le dan a la hipnosis pretender ser parapsicológicos o sobrenaturales, y son falsos.

Existen terapias que pretenden recuperar recuerdos “enterrados” en nuestro subconsciente a través de la hipnosis. Como hemos dicho, si bien la hipnosis puede servir de apoyo a algunas terapias, no puede sustituirlas y hay muchísimas cosas que la hipnosis no puede hacer. Los recuerdos no son, repito, imágenes grabadas en la roca de nuestro subconsciente a los que accedemos al recordar: son mutables y cambiantes. La hipnosis no puede perforar la coraza de nuestra mente consciente y llegar a recuerdos inaccesibles. Por mucho que les pese a los defensores del psicoanálisis tradicional, no hay barreras infranqueables delimitando los distintos sectores de nuestra mente. ¿Se pueden recuperar recuerdos hipnotizando al sujeto? Se pueden obtener recuerdos, pero no se puede estar seguro de su veracidad. Ocurre algo parecido con los llamados “sueros de la verdad”: el amital sódico, por ejemplo, puede facilitar que una persona revele secretos que habitualmente no divulgaría. El problema es que muchos de esos secretos son meras fantasías. Nunca ocurrieron.

Lo mismo puede ocurrir –y ocurre- con los recuerdos facilitados por hipnosis. Sabemos que las personas más sugestionables son más fáciles de hipnotizar. Pero también es más fácil que reciban las “sugerencias” del hipnotizador, sean estas conscientes o no, y las incorporen a sus propios recuerdos, reales o falsos. El único peligro que puede tener la hipnosis es la mala práctica del propio hipnotizador y las falsas expectativas del hipnotizado respecto a lo que puede y no puede hacer la hipnosis. El sujeto influenciable, fácil de sugestionar, que cree que la hipnosis es una técnica milagrosa para recuperar recuerdos ocultos, es la víctima ideal de los malos hipnotistas; estos, con sus insinuaciones, consejos y preguntas mal formuladas, alientan la creación y consolidación de recuerdos falsos. Durante la histeria satanista de los 80, antes mencionada, muchas acusaciones falsas de abusos sexuales o satánicos se gestaron en consultas de psicología. Algunos profesionales de la hipnosis llegaron a ser demandados y enjuiciados por su responsabilidad en casos de condenas a inocentes. Se ha demostrado en repetidas ocasiones que con las debidas instrucciones o sugerencias puede “fabricarse” un recuerdo falso muy fácilmente.

Un ejemplo de los falsos recuerdos fabricados bajo hipnosis es el testimonio de vidas pasadas. Algunas personas, hipnotizadas, acceden a recuerdos de reencarnaciones anteriores o vidas pasadas. ¿Es esto posible? Desde luego que no. La persona se apoya en sus propias fantasías y conocimientos, tal vez en un sueño que tuvo o en lo que sabe de historia antigua para construir la idea de que ha vivido en el Egipto faraónico; luego, con ayuda de las sugerencias del hipnotizador y de su propia inventiva, añade más detalles a esa existencia imaginaria, creyendo en todo momento que está “extrayendo” recuerdos desde lo más profundo de su cerebro.

Centrémonos de nuevo en los Hill. Hay un dato de una de las sesiones de hipnosis muy revelador, que fue apuntado por Martin Kottmeyer en los 90. El 22 de febrero de 1964, Barney describió bajo hipnosis el aspecto de los alienígenas que supuestamente les secuestraron, e incluso llegó a hacer un dibujo. Puso mucho énfasis en los ojos de las criaturas, diciendo que eran almendrados, oblicuos y alargados. Esto era extraño, pues casi no había precedentes de extraterrestres con ese tipo de ojos ni en televisión, ni en cine, ni en testimonios de contactos alienígenas…aunque tampoco había informes de abducciones como la de los Hill antes de la de los Hill. Solo diez días antes, el 10 de febrero, habían puesto por la televisión un episodio de The Outer Limits (Rumbo a lo Desconocido) llamado The Bellero Shield en el que podía verse un alien sospechosamente parecido al descrito por Barney: gris, sin pelo ni nariz y con ojos negros almendrados. Compárense ambas imágenes:

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Arriba, el dibujo de Barney; abajo, una recreación que un artista hizo años después

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Este era el alienígena que aparecía en The Bellero Shield, y que Barney pudo ver en la televisión


 

 

¿Coincidencia? ¿O más bien un caso arquetípico de falso recuerdo basado en una imagen vista en televisión? El cine y la televisión mostraron extraterrestres grises basados en el aspecto descrito por los Hill durante décadas; el aspecto de los extraterrestres de los Hill se basaba en un programa de televisión. Y, ya que hablamos de medios de comunicación, creo que es hora de tratar los factores culturales o sociales que hay tras los testimonios de abducidos.

Por qué una sociedad cree en las abducciones

El guión básico de una abducción extraterrestre ya puede encontrarse en el cine y los tebeos de los años 30, 40 y 50. En la película Invaders From Mars (1953), los humanos son llevados a la fuerza al interior de una nave –aunque a través de túneles subterráneos-, donde una especie de supervisor alien, verde y de gran cabeza, les implanta un mecanismo de control en la cabeza. Compárese con las historias de implantes alienígenas supuestamente encontrado en humanos [Los informes de “implantes alienígenas” empezaron a aparecer, como era de esperar, cuando la tecnología humana empezó a hacer posible la miniaturización de circuitos y transistores. Si fueran reales, seguramente bastaría uno solo de ellos para revolucionar la práctica totalidad de nuestros conocimientos técnicos. Pero, como también era de esperar, jamás se ha presentado una prueba sólida de uno de esos implantes extraterrestres].

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Consultemos la definición de “moda” que nos da la Real Academia Española:

moda. (Del fr. mode). 1. f. Uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país, con especialidad en los trajes, telas y adornos, principalmente los recién introducidos.

¿Siguen modas los fenómenos psicológicos? ¿Se originan las visiones, alucinaciones y supersticiones en nuestra mente o más bien las construimos tomando como base lo que vemos a nuestro alrededor? La respuesta es, efectivamente, que cada tipo de sociedad y cada época “crea” un determinado tipo de enfermedad o, al menos, de síntomas. Existen ejemplos abundantes de esta influencia de la sociedad sobre el individuo. Dos de los más claros son las leyendas urbanas y los síndromes psicológicos culturales.

No es necesario explicar lo que es una leyenda urbana. Las llamamos “urbanas” porque somos una raza que, desde hace unos siglos, tiende a agruparse en ciudades; antaño, probablemente las llamaríamos mitos, cuentos o cantares. Las leyendas urbanas suelen tener una moraleja, y algunas de ellas, que llevan décadas o incluso siglos circulando, van cambiando para amoldarse a los tiempos. La joven que viajaba sola por el bosque tenebroso se convierte en una chica que conduce por una autopista solitaria; las historias sobre caballeros que parten a la guerra son sustituidas por las desventuras de un individuo en un centro comercial. Así, aunque la historia de fondo sea la misma, el avance de la sociedad, los tiempos, la tecnología… va modificando la forma en que la leyenda se presenta en cada época. Las leyendas urbanas se incorporan a la tradición oral, se expanden en internet y en medios de comunicación y pasan así a convertirse en medias verdades que tardan mucho en desaparecer a pesar de su falsedad.

Por otra parte están los síndromes culturales. Un síndrome cultural es un conjunto de síntomas psicológicos que afectan a una población concreta en una determinada zona del mundo, y no a otras. Las leyendas urbanas son meros cuentos, pero en el caso de estos síndromes la gente sufre realmente unos síntomas. Nada los distingue de otras enfermedades mentales como la esquizofrenia, salvo dos cosas: se dan en una cultura muy definida y desaparecerían si se eliminasen los factores que los originan. Un ejemplo es el amok del sudeste asiático. El amok es una especie de ataque de furia asesina que hacía presa en habitantes de Malasia y cercanías hasta hace unos ciento cincuenta años. Se pensaba que el amok se producía cuando el individuo había sufrido un deshonor o afrenta, o se veía en una situación vergonzante de la que no veía salida. Después de un periodo de rumiación, la víctima atacaba violentamente a todo aquél que se cruzara en su camino, y la propia sociedad malaya tenía preparada una salida: lo mataban. De esta forma, el individuo deshonrado demostraba su fuerza y fiereza, y era liberado de su situación desdichada por sus compatriotas –algo similar tiene lugar hoy día con el llamado suicide-by-cop-. Hoy en día el amok no existe. ¿Qué ocurrió? ¿Acaso el virus que lo causaba se ha extinguido? Nada de eso. Cuando los europeos impusieron sus costumbres y sus leyes en la región, las víctimas que habían asesinado a gente bajo la influencia del amok eran detenidas, juzgadas y encarceladas. Ya no se les mataba. Dejaba así de tener sentido la enfermedad, puesto que ahora la víctima ya no era “liberada” de su desgracia con la muerte en el acto, sino que se añadía a su desdicha una pena de cárcel, latigazos, etc. El amok desapareció; los factores culturales que habían originado estos síntomas peculiares ya no existían, habían cambiado.

Existen más síndromes culturales como el wendigo entre los indios norteamericanos y canadienses, el latah indonesio, el koro o “pene menguante”, el susto sudamericano…

Basten estos dos ejemplos (leyendas urbanas y síndromes dependientes de la cultura) para hacerse una idea de la influencia que la sociedad que nos rodea puede tener en nosotros. No quiero decir que la sociedad determine lo que una persona siente o piensa. Pero el contexto social, la información que nos rodea, las noticias, la propia tecnología del momento sí pueden empujar a los individuos a interpretar de una determinada forma una situación confusa. En la edad media, ciertas experiencias nocturnas desagradables, aterradoras o inexplicables eran atribuidas a demonios, súcubos o pesadiellos, mientras que hoy en día, los ufólogos han inventado un nuevo nombre para esa misma experiencia: visitantes de dormitorio. Del mismo modo, hoy existen nuevos términos para denominar síndromes o vivencias que seguramente han existido siempre. Hace 400 años, una mujer estaría poseída; hoy, sufre síndrome de hipersensibilidad electromagnética (un excelente ejemplo de cómo la tecnología se incorpora en el imaginario popular, creando una supuesta enfermedad tan real desde el punto de vista médico como la licantropía).

Centrémonos de nuevo en el caso de los Hill y la explosión de avistamientos y abducciones posterior a su caso. Un hecho bastante revelador es que la enorme oleada de testimonios no comenzó justo después de que los Hill tuviesen su experiencia, sino años más tarde, cuando el caso llegó al gran público. Si alguna raza extraterrestre hubiera elegido esa fecha para comenzar un programa de estudio con humanos, o algo por el estilo, ¿no hubiera empezado todo justo después de la supuesta abducción de los Hill y no cuando todo el mundo conoció su historia? ¿Por qué empezó a haber casos cuando Fuller publicó su éxito The Interrupted Journey sobre los Hill?

Los avistamientos OVNIS comenzaron en un contexto social y político muy concreto: después de la Segunda Guerra Mundial, con la aviación civil y comercial en pleno auge y, sobre todo, en una época dominada por el terror a que los rusos construyesen y utilizasen la bomba atómica. El ejército de EEUU –y seguramente también el ruso- dedicaba una atención desmedida a cualquier evento que tuviese que ver con artefactos voladores. Puesto que todo podía ser una sonda espía, un artefacto hostil o algún tipo de invento comunista, se investigaba con afán y secretismo cualquier evento que, de otro modo, hubiera quedado en mera anécdota y olvidado. Los propios militares americanos, por su parte, diseñaban y probaban docenas de ingenios espía, detectores de misiles y de explosiones nucleares, globos sonda… En fin: cosas que fácilmente podían confundir a la población. Libros enteros podrían escribirse sobre cómo este contexto favoreció, o más bien creó, el moderno culto a los OVNIS. El ya mítico engaño de Roswell se originó por un globo sonda americano hecho con plástico, cinta aislante, papel de aluminio y palitos de madera de balsa.

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Dos aliens arquetípicos sacados del mundo televisivo

Resumiendo…

He intentado desarrollar cómo ha podido formarse un elemento muy emblemático de la mitología del siglo XX como es el de las abducciones extraterrestres. Habiendo miles de libros, documentales, sitios web y otros estudios sobre el tema, infinitamente más completos y extensos, es difícil aportar algo nuevo. Tampoco creo que uno solo de los elementos que menciono pueda explicar por sí solo algo tan complejo como el fenómeno social que suponen los OVNIS y los que en ellos creen. Yo he acudido a explicaciones de tipo social, psicológico y mental. Como criaturas complejas que somos, tenemos procesos mentales complejos. Si bien esta complejidad puede poner a nuestro alcance logros colosales, también puede llevarnos a cometer errores profundos. No hay una explicación sencilla para determinados procesos mentales.

Cada época, en fin, tiene su locura. De las cruzadas medievales a la caza de brujas, del espiritismo a los OVNIS, la ideología predominante en cada época se traduce a veces en comportamientos extravagantes compartidos por muchísimos individuos. Los Hill no fueron abducidos por seres extraterrestres. Ni ellos ni ninguno de los miles de testigos que afirman lo contrario. Que tanto los Hill como muchísimos de los testigos posteriores sufrieron algún tipo de experiencia es innegable. Los que sufren hipersensibilidad electromagnética, o una posesión demoníaca, o una revelación de la Virgen, indudablemente están sintiendo algo –a no ser que sean unos embusteros oportunistas-; pero no lo que dicen sentir, o más bien no por los motivos que ellos afirman. Apliquemos el principio de la navaja de Ockham y aceptemos la explicación más prosaica, la más mundana. Podemos explicar lo que los Hill vivieron aquella noche del 61 –una luz que se movía en el cielo nocturno- acudiendo a naves extraterrestres y encubrimientos del gobierno, sí. Pero las implicaciones que esto tendría son tan enormes, tan increíbles y, sobre todo, tan indefendibles e imposibles, que más vale pensar que todo es consecuencia de las limitaciones de la mente humana. La ya mítica serie Expediente X –donde, por cierto, las abducciones tienen un papel muy relevante- nos muestra una gran verdad camuflada en algo tan sencillo como un poster. El agente Mulder tiene en su desorganizado despacho un gran cartel donde puede verse un OVNI junto a la frase YO QUIERO CREER. Y es que, efectivamente, en muchas ocasiones lo único que se necesita para creer lo increíble es la voluntad para hacerlo.


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