Archivo de la categoría: economía

Juegos de mayores

Los niños juegan muchísimo con su fantasía. Basta juntar a un par de críos para que empiecen a surgir mundos inventados, juegos fantásticos y reglas absurdas para decidir cómo se juega y quién gana. Una caja de cartón puede ser un coche de carreras o un fuerte medieval, unas ramitas serán espadas, un pequeño trozo de césped será alguna extraña tierra fantástica.

Cuando los niños crecen abandonan estos juegos fantásticos. Sin embargo, hay algunos mayores que siguen dedicándose a jugar con su fantasía y a crear mundos irreales. Por ejemplo, un escritor de novelas fantásticas, un director de cine o un diseñador de juegos. El ser humano, peculiar siempre, ha inventado una actividad enteramente basada en la fantasía donde las personas pueden jugar con su dinero: la bolsa y el mercado de valores. La bolsa se basa en asignar un valor inventado a una empresa. La gente compra y vende esos valores inventados -acciones-, cuyo valor sube y baja continuamente y casi al azar. Así funciona.

Estos días se ha hablado mucho del caso de Gowex. Se trata de una empresa que instala redes wifi en las calles de las ciudades y cuyo presidente, Jenaro García, se dedicó durante varios años a inventar números e ingresos para que su empresa valiese más. Hace poco, una empresa externa que se llama como la ciudad de Batman (Gotham City Research) se puso a investigar y descubrió que las acciones de Gowez valían… cero. También aseguraron que el 90% de los ingresos de Gowex no existían. El caso ha puesto a la empresa en grandes apuros. Incluso el Mercado Alternativo Bursátil, donde cotiza Gowex, está sufriendo un duro revés al perder los inversores la confianza en sus procedimientos.

Está claro que Jenaro nunca dejó de usar su imaginación. No sé cómo sería de niño, pero de mayor se encontró con un mundo en el que podía inventarse cosas (lo que vale su empresa, por ejemplo) y ganar dinero con ello. Me lo imagino en su despacho, inventando facturas, cobros e ingresos durante años, pensando en nombres ficticios para adornar sus relatos sobre dinero. ¡Qué cuento tan bonito se inventó! Sus acciones subian, su empresa estaba siempre en números verdísimos, y el dinero entraba y entraba. Solo había una pega: que alguien, por algún motivo, quisiera comprobar si el cuento de Jenaro era verdad. No lo era. No existe correspondencia alguna entre lo que pasa en la bolsa y lo que pasa en la realidad. Lo curioso es que no solo ocurre así con Gowex, sino con todas las empresas que cotizan. Por algún motivo, los humanos han decidido que un número que aparece en una pantalla en la bolsa de alguna parte representa la realidad de esas empresa, y apuestan su dinero a ese número, y a veces ganan porque ese número imaginario sube, y otras veces pierden cuando ese número baja. La empresa real está muy lejos, en otro mundo, y nada tiene que ver con ese número imaginario. Suena absurdo. Es absurdo.

¿Por qué nos sorprende tanto el engaño de Gowex? Todas las bolsas se basan en una fantasía, todos los mercados de valores son únicamente juegos, juegos de mayores.

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Fútbol y Fabra, Fabra y fútbol

Dos noticias me asaltaron hoy durante el telediario, ambas seguidas y en rápida sucesión: la primera tenía que ver con el proceso judicial a Carlos Fabra, presunto ladrón y mafioso que lleva OCHO años eludiendo un proceso judicial que ya ha consumido a OCHO jueces que hasta ahora no han hecho nada. El noveno juez, Jacobo Pin, ha denunciado presiones de la Audiencia de Castellón para que desestime el caso. Desde la Audiencia de Castellón, y en resumidas cuentas, se está haciendo todo lo posible para que Fabra se vaya de rositas, se olviden todas sus imputaciones y pueda seguir delinquiendo en graciosa manera.

La segunda noticia tiene que ver, lógicamente, con el España – Portugal de ayer. Miles de personas festejaban la victoria por las calles, vociferando y haciendo esas cosas que se nos permiten en estos casos (colgarse de las ventanillas de los coches, cortar carreteras y bañarse en fuentes: todos lo hemos hecho alguna vez). No hay nada intrínsecamente malo en salir a ver el partido de nuestra selección y festejar luego la victoria. A todo el mundo le gusta una noche de fiestorra aunque no caiga en fin de semana. No obstante, ambas noticias se presentaron con tan poco espacio entre ellas que no pude evitar unirlas mentalmente.

Imagináos a esas miles de personas que gritaban por las calles. 18 millones de personas vieron el partido, con prórroga, penaltis y todo. De todos esos millones, muchas estaban ya en la calle, agolpadas en terrazas y plazas, en el festival del Orgullo Gay, en auditorios, en todas partes. La calle era suya. Imagináos, como digo, toda esa pasión, todo ese esfuerzo, toda esa energía, enfocada única y exclusivamente a conseguir que Carlos Fabra sea investigado exaustiva e inmediatamente, sus presuntos delitos indagados hasta sus últimas consecuencias, y él mismo castigado de forma ejemplarizante en caso de ser culpable. O, mejor aún, que Fabra sea entregado a los ciudadanos para que apliquen sobre él su propia ley. Y, tras él, otro. Y otro. Enfocar el orgullo de ser español a exigir justicia, legalidad y transparencia, avasallar a la casta política hasta que las ilegalidades vergonzosas y manifiestas que cada día vemos a nuestro alrededor pasen a ser cosa del pasado. Enviar, con la fuerza de esos 18 millones de personas, el mensaje de que ya no se tolerarán más robos, de que España ya no se someterá de forma descerebrada, abyecta y cobarde a las exigencias de los mercados, de Alemania, de el primero que pase. Esa sí sería una visión gloriosa, histórica.

Algo así nunca ocurrirá.


Si Rajoy sube el IVA, será un mal gobernante que pegará un sablazo a todos sus compatriotas

No lo digo yo, lo dice él mismo:

Esto no puede seguir así mucho tiempo más.


Doce medidas para revivir nuestra economía

¿Se puede crear empleo, distribuir riqueza, ayudar a crear empresas y salir de esta penuria económica? Sí, se puede. Por lo visto la única forma que tiene este gobierno de intentarlo es a base de recortes. Se recorta en todo, de forma obsesiva e irreflexiva, sin distinguir lo que es un gasto de lo que es una inversión. Parece poco lógico que se pretenda reflotar un país medio arruinado cerrando aún más el grifo de los euros. No hay política económica que sobreviva si no hay dinero.

Al grano:

–       Luchar, por todos los medios y sin restricciones, contra la economía sumergida y el fraude fiscal. La economía sumergida en España representa entre el 20 y el 25% del PIB del país. El estado debe emplear todas las armas de que dispone en esta lucha. Si los recursos son insuficientes, comenzar por los grandes defraudadores y continuar descendiendo en la escala, hasta llegar al fraude cotidiano de “ayudar al amigo en la tienda” o las consabidas facturas falsas de escaso monto. Todo ello mientras se forman y seleccionan nuevos auditores e inspectores. Castigos ejemplares a los defraudadores, aunque el proceso cueste más que la cantidad defraudada: se enviará así un mensaje a posibles futuros defraudadores y se extenderá, de una maldita vez, la idea de que el fraude se paga.

–       Aumentar la eficacia de la inspección de trabajo. Hay que doblar o triplicar en número de inspectores, facilitar la denuncia (con fuerte castigo a quien denuncia dolosa y falsamente) y realizar inspecciones completas y no vistazos rápidos que no detectan nada. No solo ha de comprobarse el cumplimiento de la ley sobre el papel, sino constatar, sobre el terreno, que lo escrito se cumple (medida especialmente eficaz en incumplimientos de la Ley de Prevención de RR.LL.).

–       Saldar las deudas del Gobierno con empresas y proveedores a muy corto plazo (¿dos meses?, ¿tres?). Como bien dijo Rajoy hace poco, no se puede vivir en un país donde la gente no paga. Debería aplicarse  el cuento y saldar los miles de millones que el Estado debe a millones de empresas y particulares. No puede ser que una empresa tenga que esperar un año para cobrar de su ayuntamiento, porque el dinero que se le adeuda podía haber sido usado durante ese año para contratar trabajadores, pagar a proveedores, comprar nuevos equipos, etc.

–       CERO rescates a entidades bancarias (o a cualquier empresa, para el caso) que quiebren debido a la pura y ciega avaricia. Véase el caso de Islandia, donde los principales bancos del país se lanzaron a un círculo vicioso de inversión y refinanciación que por poco lleva a la ruina al país. Ni todo el dinero del estado habría logrado rescatarlos, tan grande era la deuda que habían contraído. Si una empresa no es capaz de pagar a sus acreedores y no genera ingresos que la mantengan, desaparece, así de simple. Puesto que no hay medidores de avaricia, habrá que controlar la deuda que van contrayendo los bancos: si supera su capacidad de pago, se le prohíbe seguir endeudándose.

–       Controlar las deudas de los bancos por parte del Banco de España. Sí, ya sé que en teoría ya se hace, pero ha de ser un  control estricto y continuo. Es inconcebible que haya un banco cuya valoración real sea cientos de veces inferior al valor de sus acciones, o cuya deuda sea más grande que el PIB de su país (de nuevo me remito al caso de Islandia).

–       Prohibición a las agencias de calificación o rating de operar en España, esto es, publicar datos sobre agencias españolas. Los estudios sobre las cuentas de una empresa los harán auditories sujetos a las correspondientes responsabilidades y deberes legales, y no una agencia periodística como son las empresas de rating.

–       Anular cualquier beneficio fiscal que se aplique a cualquier confesión religiosa, mantenido hasta ahora por la mera costumbre o por respeto a tradiciones ancestrales y anacrónicas. Un estado aconfesional no puede regalar millones de euros a una religión, bien en forma de subvenciones directas, bien en forma de exenciones al pagar el IBI y otros impuestos. El que quiera religión, que la pague, igual que paga el que quiere ir al gimnasio o al cine. Que las iglesias se autofinancien y los edificios de interés histórico o cultural sen mantenidos y gestionados por el Estado o las Comunidades Autónomas. Los turistas van a seguir viniendo a ver nuestras catedrales.

–       Controlar férreamente los gastos de los Ayuntamientos. No puede ser que las empresas hinchen vilmente todo presupuesto que presentan a la Administración, a sabiendas de que aceptará. Y eso que ahora mismo muchas empresas se quejan porque tienen que bajar muchísimo los precios de sus ofertas para que los ayuntamientos les concedan los trabajos, pero esto es más bien una vuelta al sentido común y el fin del despilfarro que imperaba hasta hace muy poco. Un ejemplo visto en mi ciudad: se asfalta una calle de unos 200 metros, con aceras y baldosas nuevas. La obra dura muchos meses y su precio resultó cercano al millón de euros. Una máquina asfaltadora estuvo semanas, meses tal vez, aparcada en la obra, cuando una máquina de este tipo se alquila previendo los días en que se va a asfaltar y solamente por esos días. Es incomprensible tenerla parada semana tras semana, pagando el alquiler correspondiente. Toda empresa constructora evita tener máquinas paradas como si fuera la peste, pero por lo visto al ayuntamiento no le importaba. ¿Nadie se percató de eso? ¿Cuánto podemos ahorrar si alguien se para a examinar no solo el precio de las ofertas, sino que el dinero se gaste con la máxima eficiencia?

–       Reducir los contratos laborales a dos tipos: indefinido y temporal. No puede haber estabilidad económica en un país en el que hay treinta y pico tipos de contratos. Si una empresa necesita a un trabajador, lo necesita y punto: contrato indefinido. Si necesita a ese trabajador para una labor puntual, determinada, bien definida y que se prevé que vaya a terminar en algún momento (como construir un edificio o reforzar la tienda en la campaña de navidad), entonces se le contrata para esa labor: contrato temporal o por obra. Así de simple. La variedad de contratos actual sirve únicamente para que las empresas contraten en función de la bonificación que van a recibir, lo cual es aberrante: en lugar de pensar en la eficacia, en un buen profesional, en alguien con conocimientos y ganas de aprender, de desarrollarse, se buscan “personas con minusvalía del 33%” o “mujeres mayores de 35 años”. ¿Alguien se cree que, contratando con estos criterios, la productividad puede aumentarse trabajando más horas?

–       Reducir la jornada de trabajo a 35 o menos horas. Se redistribuye así la carga de trabajo y se favorece que se contrate a más gente, en lugar de hacer trabajar más a los que ya están contratados.

–       Prohibir completamente las horas extras, salvo por fuerza mayor. Se ha demostrado sistemáticamente que ni los empresarios ni los trabajadores saben sacar provecho de las horas extras. Solución: eliminarlas por completo. Si una empresa necesita que un trabajador se quede más horas cada día, una vez tras otra, entonces necesita contratar a alguien más. El Instituto Nacional de Estadística reveló hace poco que con las horas extras que los trabajadores hacen y las empresas no pagan, se ahorran casi 70.000 puestos de trabajo a jornada completa. Esta prohibición nos llevaría a controlar y respetar los horarios de entrada y salida de nuestro puesto de trabajo, acabando así con el infernal e inútil presentismo. Llegada la hora de salida, tonto el último y hasta mañana.

–       Invertir en investigación, en ciencia, en experimentación, en definitiva: invertir en cerebros. ¿Cuánto? No lo sé. Estamos en el puesto 18 de 27 miembros de la UE en I+D, y eso es poco. El Estado tiene que invertir en patentes, en inventos, en vacunas nuevas. Y digo el Estado, no un banco o una caja o un supermercado. Los beneficios que luego generen esas patentes (y sabemos que cada euro invertido en ciencia retorna, como poco, dos euros) tienen que redundar en beneficios públicos y no privados. Si hace falta traer cerebros extranjeros, se les seduce con buenos puestos y sueldos apropiados. Que España sea referente en el campo de la investigación, ¿por qué no? ¿Tal vez podríamos reinvertir esos millones que nos deben las religiones en concepto de IBI? El presupuesto en I+D+i total en España en 2011 fue de unos 8.600 millones de euros (recordemos que Bankia recibirá 7.000 millones este año), y representa el 1,37% del PIB. Cada año desde hace varios se invierte un 12-15% menos, cuando debería ser al revés. España tiene el objetivo de invertir un 2% pero necesitamos más, mucho más. EE.UU., Japón, Corea del Sur, Taiwán, países punteros en el campo, invierten alrededor de un 3% de su PIB.

Estoy abierto a todas las correcciones que se me hagan. Es más, si no recibo algún varapalo empezaré a creer que, o bien nadie me lee, o bien a mis lectores no les funcionan los teclados.


Una oferta de trabajo ilegal

Pululaba yo el otro día por los mares de Infojobs, cuando una oferta de trabajo llamó mi atención, vete a saber por qué motivo. Anunciaba un trabajo de teleoperador, que no me interesa lo más mínimo, pero la empresa que lo publicaba había salido en una conversación unos días antes y no se había hablado precisamente bien de ella. Por curiosidad, hice clic.

Era una oferta más de  tipo comercial, pero me llamó la atención esta parte:

 

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“Contrato de prueba de 30 días”. No existen contratos de prueba. Lo que hay, en los contratos laborales, es un período de prueba que puede ser más o menos largo (desde 15 días a meses). Durante este período la empresa puede echar al trabajador sin preaviso y sin indemnización, por no encajar bien en el puesto. O porque al jefe le sale de los cojones, también sirve.

“Superada la prueba contrato laboral”, es decir, te hacen un contrato ÚNICAMENTE DESPUÉS del primer mes.

¿Qué esperar de una empresa que ya en la oferta de trabajo te promete trabajar sin contrato, y probablemente sin sueldo, un mes? ¿Cómo es posible que una empresa, sea grande o pequeña, se atreva a publicar que tiene gente sin contrato, sin dar de alta, sin cotizar, en otras palabras, que está defraudando? Esto, señores, sólo es posible en España, donde saben que tendrán una cola de desgraciados listos para pasar por la humillación que haga falta con tal de tener un trabajo, y que ni la autoridad laboral, ni los trabajadores, ni los sindicatos les van a toser. Y, ojo, digo “desgraciados” porque estar sin trabajo es una desgracia que sufrimos muchos. “Hombre”, me dirá alguno, “puede que haya gente muy necesitada de dinero”. No me sirve. De este tipo de “trabajos” no lo van a sacar. No van a obtener ese dinero que tantísimo necesitan trabajando gratis.  

Y, como no podía ser de otra forma, un poco más abajo vemos esto:

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Más de 700 almas han querido participar en esta tomadura de pelo. Un poco de amor propio y de dignidad, por favor. Hoy en día todo dios quiere darnos por el culo: no nos humillemos más nosotros mismos tomando parte en estos timos.

La oferta es ésta, la empresa es ANEXA, y me encantaría que intentasen rebatir lo que digo. Tal vez la oferta estaba mal redactada. Tal vez el que la escribió era un becario. Tal vez… qué sé yo.


Simiocracia, lo nuevo del creador de Españistán

Aleix Saló ha presentado el trailer de su nuevo trabajo, Simiocracia. Siguiendo la estela de su anterior obra, Españistán, explica en clave de humor y con un punto de amargura la actual situación de este tercer mundo que es España. Vedlo.

 

 Más info en: http://www.aleixsalo.com/


Dudas sobre la huelga general del 29 de marzo

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Como sin duda sabréis, se ha convocado una huelga general el próximo jueves día 29. Creo que es primordial, antes de decir nada más, aclarar por qué se ha convocado esta huelga, y la respuesta es sencilla: para que el gobierno dé marcha atrás y rectifique, total o parcialmente, la última reforma laboral que ha aprobado. Dicha reforma, aprobada por decreto por el PP, agrede y mutila gravemente los derechos colectivos e individuales de los trabajadores españoles. Las conquistas sociales que se han conseguido después de muchos años de lucha, presión, protestas y avatares han sido recortadas en aras de una supuesta mejora de la economía española y una disminución del paro. Pero los derechos no son de quita y pon. No podemos dar marcha atrás a la rueda del avance y el bienestar social. Del mismo modo que los derechos de un trabajador (tener un salario, vacaciones, etc.) son irrenunciables y nadie puede rechazarlos por motivo alguno, la sociedad no debe permitir que sus libertades y derechos colectivos se mutilen de esta manera. Por eso debemos hacer huelga.

Se podría hablar largo y tendido sobre los efectos de la huelga en la macroeconomía, en el tejido empresarial español, en la bolsa… pero eso es algo que nos queda un poco grande. Vale más explicar algo que resulte realmente útil para el trabajador. Especialmente para aquel que duda sobre si secundar o no la huelga; aquel que, temeroso de perder su empleo, o ser sancionado, o multado, no piensa ir a la huelga.

En España, la huelga es un derecho reconocido por ley a todos los trabajadores, y uno de los más importantes logros a nivel laboral. Está en la Constitución, ese libro viejo que dice lo que alguien puede y no puede hacer en el país, la norma suprema en materia de derechos y obligaciones. Si miramos en la Sección I (de los derechos fundamentales y las libertades públicas), leeremos:

Artículo 28.

1. Todos tienen derecho a sindicarse libremente.

2. Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses. La Ley que regule el ejercicio de este derecho establecerá las garantías precisas para asegurar el mantenimiento de los servicios esenciales de la comunidad.

En la misma sección se encuentran derechos tan vitales como la inviolabilidad de nuestra casa, el derecho de reunión o el derecho a la libertad. La huelga, por tanto, es uno de los derechos más básicos que imaginarse puedan.

Por desgracia, no hay una ley que regule cómo deben hacerse las huelgas. Han pasado más de treinta años y aún no tenemos una. La huelga en España se regula en base al Real Decreto-ley 17/1977 sobre Relaciones de Trabajo, que también regula otras cosas además de la huelga. Es viejo y está desfasado, aunque no es inútil. Muchos de sus puntos han sido declarados anticonstitucionales por sentencias judiciales, por lo que ya no se utilizan. Muchos  juristas opinan que con este Real Decreto y las sentencias que han sentado precedente y lo han modificado durante estos treinta años, la huelga está suficientemente regulada. Otros opinan que debería existir una ley de huelga específica. Yo lo ignoro.

Vayamos al grano.

¿Tengo que avisar en mi empresa de que voy a hacer huelga? No, nunca. Se entiende que va a haber una huelga desde el momento en que los convocantes la notifican. En este caso, UGT y CCOO ya han convocado la huelga para el día 29 a partir de las 00:00 h. Un trabajador puede ir o no ir a la huelga, como quiera. Incluso puede tomar la decisión en el último momento: puede haber comentado que irá a trabajar y cambiar luego de opinión, o al revés. Hay empresas que preguntan y apuntan a los trabajadores que piensan hacer huelga y a los que piensan trabajar, lo cual no está prohibido; si nos preguntan podemos decirlo o no decirlo, como queramos. Esas “listas” se elaboran a veces con el pretexto de organizar los turnos o las diferentes secciones de la empresa según quién vaya a faltar, y la única función que tienen es amedrentar e intimidar al trabajador. Si queréis decir a vuestros jefes si vais a ir a trabajar o no, podéis hacerlo, como también podéis no hacerlo, o decir una cosa y luego hacer lo contrario.

¿Tengo que recuperar las horas que perdí al secundar la huelga? No, en ningún caso.

¡Me quitan dinero por hacer huelga! ¿Qué pasa? Se entiende que mientras dure la huelga, el contrato queda “en suspenso” y el trabajador que no trabaje no tiene derecho a cobrar. Lo que el trabajador deja de percibir es:

–       El sueldo que habría ganado ese día. Basta con dividir nuestro sueldo bruto entre el número de días del mes en curso.

–       La parte proporcional de las pagas extra. Dividiremos el total bruto de pagas extra que cobremos al año entre 365, obteniendo así lo que dejaremos de percibir por no trabajar un día. Por cierto, este año tiene 366 días. Ojo, porque las pagas extras pueden tener devengo semestral o anual (o de otro tipo) y conviene enterarse antes de calcular nada. Una paga con devengo anual se va generando cada día del año; una con devengo semestral se va generando a lo largo de los seis meses anteriores a cobrarla.

–       La parte proporcional del descanso semanal. Esto es lo que más quebraderos de cabeza causa a trabajadores y empresarios, aunque es fácil de entender. Un trabajador tiene derecho a días de descanso –no trabaja todos los días-, que se van “generando” a medida que trabaja. La típica semana laboral consiste en cinco días de trabajo, de lunes a viernes, y dos días de descanso –sábado y domingo-. Cada día trabajado, por tanto, “genera” 0,4 días de descanso (2 días / 5), en los que no vamos a trabajar pero sí cobramos. Cada día que no trabajamos, por consiguiente, corresponde a 0,4 días festivos que no hemos generado y que se nos descontarán del sueldo.

Un ejemplo completo: un dependiente de Ferretería Paco cobra 800 € (brutos) al mes, trabaja de lunes a viernes, y va a hacer huelga. Tiene dos pagas extras –también de 800 €- que cobra prorrateadas y que tienen devengo anual. Perderá el siguiente dinero:

–       800 €/31 días= 25,81 € que le corresponderían por haber trabajado ese día;

–       800 x 2 = 1.600/366 días = 4,37 €, lo que genera de sus pagas extras cada día que trabaja.

–       Puesto que trabaja 5 días y descansa 2, se le descuenta también el equivalente a 0,4 días de salario. 0,4 x 25,81€ = 10,32 €.

Lo cual nos da un montante de 25,81 + 4,37 + 10,32 = 40,50 € (brutos). ¡Ojo con el prorrateo de las pagas extra!

¿Pueden sancionarme por hacer huelga? No. Lo más parecido a una sanción es dejar de percibir nuestro salario, como se ha explicado arriba.

¿Pueden quitarme un día de vacaciones por haber ido a la huelga? No. Tan solo pueden descontarse del sueldo las cosas que he mencionado anteriormente. Los días de vacaciones siguen siendo 30 al año (o los que tenga establecido nuestra empresa), y de ahí no bajan.

Mi empresa cierra ese día para evitarse problemas. Ah, pues entonces olvidaos de todo lo dicho sobre descontarnos el sueldo. Si la empresa opta por cerrar ese día, no puede descontar sueldo a sus empleados, puesto que ese día no ha sido un día laboral. Tampoco pueden descontároslo si habéis ido a trabajar y no habéis podido (por culpa de los consabidos piquetes, por falta de más personal, etc.), ya que se supone que teníais la voluntad de acudir a trabajar ese día aunque os lo hayan impedido.

La empresa me exige trabajar para cubrir un “servicio mínimo”. Pues, a no ser que se trate de un servicio público esencial, no puede hacerlo. Habrá empresas que no puedan operar debido a la falta de trabajadores; es parte del sentido de la huelga, tener un efecto en las empresas y en la nación en la que se produce.

¿Para qué voy a hacer huelga? Total, mi empresa ha contratado a otros para hacer lo mismo… Una empresa no puede contratar a trabajadores para cubrir las posibles faltas desde el día en que la huelga se ha convocado. Contratar a gente para que haga el trabajo de los que secundan la huelga va en contra de la libertad y la actividad de los sindicatos, lo cual es un delito. Casi 200.000 € de multa, como máximo.

¡Mi jefe amenaza con despedir a los que vayamos a la huelga! ¿Qué hacemos? En España el despido es libre, por lo que pueden echarnos sin que haya causas objetivas, pagándonos una indemnización. Si a vuestro jefe se le ha metido entre ceja y ceja que quiere despediros, puede hacerlo. Lo que no puede es alegar que os despide “por haber ido a la huelga”, ya que esto sería anticonstitucional y, por tanto, un despido nulo que le obligaría a readmitiros.

Y la respuesta a esta última pregunta me lleva directamente a uno de los argumentos a favor de secundar la huelga. Como he dicho, el despido en España es libre, aunque tiene un coste para la empresa. Pues bien, con la nueva reforma laboral del PP, este coste es mucho menor para las empresas, lo cual hace más barato, y por tanto más fácil, que os despidan. No sólo se reduce el coste del despido, sino que también se ofrecen a las empresas más oportunidades para hacerlo objetivamente (por ejemplo, cuando la empresa gana menos –no que pierda dinero, sino que gane menos- durante tres trimestres consecutivos). Hay otros muchos motivos por los que todo español debería hacer huelga el día 29, pero no es el tema de este artículo.

 


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