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La falsa imagen de la doble puesta de sol en Marte [Curiosity]

Hoy me encuentro con esta imagen:

Aunque pueda parecernos muy romántico y sorprendente que una escena de La Guerra de las Galaxias tenga su contrapartida en nuestro sistema solar, la imagen anterior es falsa. No pueden ser dos soles, como ocurre en Tatooine, puesto que en nuestro sistema solar hay únicamente un sol. Supongo que todos sabemos esto. Hay quien afirma que lo que se ve en la imagen son las dos lunas de Marte: Fobos y Deimos. Sinceramente, ignoro cómo se verán desde la superficie de Marte sus dos lunas, o si es posible verlas en una combinación parecida a la de la imagen (aunque puede comprobarse, sin duda). Pero no hace falta complicarse tanto: la imagen anterior es una mezcla digital entre otras dos fotografías. La primera es esta foto de un atardecer marciano, tomada por la sonda Spirit desde la superficie de Marte el 19 de mayo de 2005 (y no por la Curiosity):

Y la otra es la mítica escena en la que Luke mira al horizonte mientras los dos soles de Tatooine se ponen:

Viendo ambas imágenes por separado, resulta claro que alguien las ha mezclado digitalmente para crear una imagen falsa.


Algunas ideas escépticas sobre visitas extraterrestres

Hitler y el Tercer Reich recibieron ayuda de seres extraterrestres en sus investigaciones sobre armamento e ingeniería.

Eso es lo que varias personas están defendiendo en un documental aparentemente serio que están poniendo ahora mismo en un canal de pago. En el universo -en nuestra Tierra misma- hay muchísimas cosas que llenan a uno de maravilla y misterio. Hay cosas que no hemos comprendido, sucesos que, simplemente, no sabemos por qué ocurren. No son cosas inexplicables: son inexplicadas. La diferencia entre unas y otras es que las primeras nunca podrán ser explicadas, mientras que aún no hemos hallado la razón de que ocurran las segundas. Muchas cosas que hoy en día damos por sentadas fueron en su día inexplicadas: por qué hay mareas o estaciones, qué hace que la luna cambie de forma, por qué se mueve el sol, qué eran los dinosaurios. De igual forma, mucho de lo que ahora no comprendemos será convenientemente explicado en el futuro.

Pues bien, a pesar de todos los miestrios reales que el mundo nos ofrece, aún hay quien se empeña en crear nuevos misterios imaginarios. Los fantasmas, la telepatía, los duendes o la visión remota han demostrado ser únicamente misterios imaginarios creados por la mente humana. Son inexplicables, desde luego, ya que su planteamiento está tan alejado de la ciencia que nunca podrán ser explicados. De todos estos “misterios humanos”, el más increíble , el más difícil de tomar en serio, es el que afirma que hay seres extraterrestres que visitan nuestro planeta.

Quien cree que los extraterrestres nos visitan no tiene ni siquiera una remota idea de la escala de nuestro universo. A poco que uno se de cuenta de la distancia que nos separa de las estrellas, la fe en visitas extraterrestres se desvanece. Para hacernos una idea de lo tremendamente lejos que está todo, podemos citar a las sondas Voyager. Las sondas Voyager 1 y 2 se lanzaron en 1977 hacia los confines de nuestro sistema solar, y aún siguen viajando. La 2, más rápida, se aleja de nosotros a 17.000 metros por segundo (61.000 km/h). Lleva 35 años viajando a esa tremenda velocidad, y aún así apenas ha llegado a los confines de nuestro sistema solar. La estrella más próxima a nosotros es Próxima Centauri, y la sonda tardaría 73.600 años en llegar allí a su actual velocidad.

Quienes se imaginan naves extraterrestres llegando a nuestro planeta deben saber que el planeta extrasolar (es decir, que no pertenece a nuestro sistema solar) más cercano es Epsilon Eridani b, que se encuentra a 10,4 años luz de nosotros. ¿Qué significa esto? Que si viajásemos a la velocidad de la luz tardaríamos 10,4 años en llegar. Ninguna nave podría alcanzar tal velocidad, pues necesitaría infinita energía para moverse. Ni siquiera podría llegar  a una fracción de esa velocidad. El viaje interplanetario se convierte así en una odisea de miles, millones de años de duración. Especies enteras se extinguirían antes de completar semejante periplo. Cabe preguntarse por qué una raza supuestamente inteligente pasaría por algo así para dejar círculos en nuestras cosechas o implantar un trocito de metal en las muelas de algún lunático.

 


El caso del matrimonio Hill y el origen de las abducciones extraterrestres


El señor J. regresaba a su casa tras haber terminado su ronda habitual de visitas comerciales. Mientras transitaba por una alejada carretera comarcal, se percató de que una extraña luz parecía moverse hacia él en el cielo. Minutos después, la luz se colocó sobre su coche y él sintió una extraña sensación letárgica, como de desgana. El incidente acabó ahí, pero siguió sintiéndose extraño tras el incidente y durante todo el regreso a su hogar. Lo primero que notó fue que habían pasado varias horas respecto a la hora a la que debería haber llegado a casa. Y no sería lo único extraño que le sucedería: a lo largo de las semanas y meses siguientes, el señor J. comenzó a recordar detalles de lo ocurrido aquella noche, hasta acabar recordando que fue raptado por humanoides con grandes ojos y cabezas y que había estado a bordo de su nave espacial. Las criaturas habían experimentado con él, le habían hecho preguntas incomprensibles sobre la Tierra y los humanos, y finalmente le habían dejado libre tras borrar los recuerdos de la terrible experiencia.

 

 

La historia anterior, completamente inventada, resume perfectamente una clásica abducción extraterreste. Hay cientos, miles de testimonios que siguen una pauta muy similar. Un típico testimonio de abducción incluye todos los elementos mencionado en esta pequeña historia: una zona solitaria o apartada en la que la persona se ve asaltada por sorpresa –aunque puede ocurrir en la propia casa-; los alienígenas, de forma humanoide, cabezones y con grandes ojos casi siempre; la nave espacial; los exámenes y preguntas; y el borrado final de memoria para que el sujeto no recuerde lo vivido. Es frecuente que durante la experiencia los extraterrestres ofrezcan algún tipo de información o revelación de tipo pseudocientífico, como la posición de alguna estrella o constelación, datos sobre lejanos planetas, el fin de la vida en la Tierra o los peligros de la energía nuclear, por decir algunos. A veces el testigo puede ver nuestro propio planeta desde las escotillas de la nave. Otro elemento muy típico es la sensación de “tiempo perdido”, que puede ir desde minutos a días, y durante el cual la persona habría estado en poder de los aliens o bajo su influencia. Hay más detalles opcionales: relojes que se paran, pesadillas recurrentes sobre lo ocurrido en la nave y, más recientemente, implantes sofisticados en alguna parte del cuerpo del abducido. Pero, ¿por qué casi todos los relatos sobre abducciones extraterrestres siguen un guión muy concreto? ¿Por qué los alienígenas son humanoides cabezones y no masas protoplásmicas fosforescentes o seres insectoides de dieciséis extremidades y cuatro metros de altura? ¿Por qué la inmensa mayoría de las abducciones han sido denunciadas después de una fecha muy concreta y no antes, igual que los avistamientos de OVNIS prácticamente no existían antes de que la aviación comercial y militar se extendiese por todo el mundo?

Indudablemente, hubo historias de abducciones y contactos con extraterrestres –o como los llamasen entonces- en épocas antiguas, del mismo modo que hubo quien afirmó haber visto ángeles en carromatos de fuego o haber copulado con el diablo. Sin embargo, el primer relato sobre extraterrestres de la era moderna que sigue punto por punto el mencionado guión data de 1961. Fue una pareja estadounidense la que sentó las bases de los miles de informes de contactos con alienígenas que aparecieron después. Un matrimonio de New Hampshire, Barney y Betty Hill, volvían en coche de un viaje a Canadá. La noche del 19 de septiembre cruzaban las White Mountains cuando a ella le pareció ver un objeto brillante en el cielo. Al principio les pareció una estrella, pero luego decidieron que la luz se movía y parecía seguirlos. Ambos sintieron miedo a ser atacados de alguna forma, por lo que abandonaron la carretera principal y siguieron por carreteras secundarias. La luz acabó perdiéndose de vista. Llegaron a casa dos horas y pico más tarde de lo previsto, aunque no repararon en ello hasta días después.

Aparentemente, eso fue todo. Un matrimonio que se asusta al ver algo en el cielo mientras viaja en mitad de la noche.

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Los Hill

Pero el suceso no se detuvo ahí, claro. Betty comenzó a tener sueños. En ellos, veía o recreaba lo que habían experimentado durante ese “tiempo perdido” de dos horas, que no había sido sino una abducción extraterrestre. En sus sueños Betty veía horribles humanoides con ojos almendrados, como de gato, que les habían capturado a ella y a su marido y les habían sometido a varios exámenes a bordo de su nave. Contó los sueños a su marido y se interesó vivamente por otros casos parecidos. Empezó a leer libros sobre OVNIS y extraterrestres. Cuanto más pensaba en el tema, más recordaba (o creía recordar) de lo sucedido aquella noche. Su marido Barney recordaba bastantes menos cosas, y con menos convicción. Pasaba el tiempo, y los Hill se iban metiendo más y más en los círculos ufológicos, acudiendo a charlas, encuentros y mesas redondas sobre el tema. Aquello se convirtió en el centro de la vida del matrimonio. Al año siguiente (primavera del 62) buscaron ayuda médica y Barney comenzó a acudir al psiquiatra debido a los problemas que le causaba el recuerdo de aquella noche. Y a primeros de 1964, casi tres años después de aquello, empezaron a hacer sesiones de hipnosis con un psiquiatra de Boston llamado Benjamin Simon.

A lo largos de múltiples sesiones de hipnosis –de enero a junio del 64-, ambos recordaron por separado los supuestos detalles de lo ocurrido aquella noche. Por supuesto, el que fuera juntos o por separado carecía de importancia: habían tenido tres años para compartir recuerdos, sueños, anécdotas y esperanzas. Lo raro sería que sus versiones no coincidiesen. Describieron cómo unos humanoides pequeños, grises y sin pelo les sometieron a pruebas médicas extravagantes a bordo de su nave. El “capitán” extraterrestre incluso les había facilitado información sobre el espacio, una especie de mapa estelar con las rutas de la nave marcadas. Betty decía recordar este mapa y dibujó, bajo hipnosis, un esquema con las posiciones de varias estrellas. El supuesto mapa estelar fue analizado millones de veces, incluso una astrónoma aficionada llamada Marjorie Fish calculó que podría pertenecer al sistema estelar doble de Zeta Retículi, pero no se sacó nada en claro. El mapa podría muy bien haber sido un conjunto aleatorio de puntitos y rayas.

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El supuesto “mapa estelar”

Después de acabar con las sesiones hipnóticas, los Hill llevaron una vida de lo más normal. Aunque seguían participando en eventos relacionados con la ufología, no hicieron ningún esfuerzo por divulgar su historia a las masas o por conseguir publicidad. Pero quiso el destino (o un reportero avispado llamado John H. Lutrell) que su historia apareciese en portada del Boston Traveler, con foto y todo, el 25 de octubre de 1965. Lutrell había conseguido grabaciones, testimonios y demás información sobre el caso, y pronto la historia se divulgó al mundo entero. En 1966 el escritor John G. Fuller, enamorado de temas como el espiritismo y los extraterrestres, publicó un libro llamado The Interrupted Journey. El libro fue un gran éxito editorial y extendió mundialmente lo que los Hill habían contado a lo largo de cuatro o cinco años. En 1975 se hizo una adaptación al cine de la historia, protagonizada por James Earl Jones y Estelle Parsons: The UFO Incident.

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Los Hill con el periódico que acabaría llevándolos a la fama
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Una escena de la película The UFO Incident

 

Barney Hill murió en 1969. Betty vivió hasta 2004 y se dedicó a la ufología durante el resto de su vida.

En fin. ¿Podemos decir que una pareja americana fue abducida por extraterrestres en el 61? Y, más ampliamente, ¿hay tantos y tantos miles de contactos y abducciones como parece deducirse de la cantidad de testimonios?

En 1992, David M. Jacobs y otros, afamados ufólogos todos ellos, hicieron una encuesta a nivel nacional a casi seis mil adultos norteamericanos. A continuación se reproducen las cinco preguntas de la encuesta, y el porcentaje de personas que respondieron “SI” a cada una:

 

Ha experimentado alguna vez…

1. Despertarse paralizados, con la sensación de que una persona o ser desconocido estaba también en la habitación (18%)

2. No recordar dónde ha estado durante un período de una hora o más, durante el cual estuvo aparentemente ausente (13%)

3. Notar que vuela por el aire sin saber por qué o cómo (10%)

4. Ver luces o bolas luminosas extrañas en una habitación sin saber qué las origina (8%)

5. Encontrar marcas o cicatrices en su cuerpo sin saber cómo o con qué se las ha hecho (8%).

La encuesta de Jacobs es un ejemplo perfecto de cómo hacer preguntas para obtener cierto tipo de respuestas. ¿Quién no ha encontrado alguna vez una herida o moratón sin saber el momento exacto en que se ha producido? ¿Quién puede recordar dónde ha estado o qué ha hecho durante todas las horas del día? Las preguntas son deliberadamente ambiguas, poco específicas. ¿A qué período de tiempo se refiere la encuesta; un día, una semana, alguna vez en toda la vida? ¿Se refieren a tener esas experiencias durante la vigilia? ¿O tal vez mientras se duerme? ¿O mientras se está despertando o quedando uno dormido? Sabemos que son frecuentes las alucinaciones al quedarse dormido (hipnagógicas, como la sensación de caerse aunque sabemos que estamos acostados o reflejo de sobresalto) o al despertarse (hipnopómpicas). Son muy frecuentes los casos de parálisis del sueño, una incapacidad temporal para mover nuestro cuerpo pero conservando más o menos la conciencia. La parálisis del sueño está perfectamente explicada, no tiene nada de misterioso y se cree que hasta dos terceras partes de los humanos las experimentamos al menos una vez en la vida. A veces esta parálisis (que dura dos o tres minutos) va acompañada de sensaciones extrañas que la persona no sabe o no puede explicar, y puede resultar bastante inquietante a pesar de ser totalmente normal. Lo más grave de la encuesta de Jacobs y compañía es que concluyeron que la gente que decía que sí a cuatro o cinco de las preguntas había sido abducida. No había una pregunta que dijese “¿ha sido usted abducido?”, sino que daban por sentado que, si alguien había experimentado varias de esas sensaciones, era un abducido. Resultaron serlo el 2% de los que se sometieron a la encuesta. En aquel año EE.UU. tenía unos 250 millones de habitantes, lo cual significa que cinco millones de estadounidenses habrían sido abducidos por alienígenas. Con 5.200 millones de habitantes en el mundo en 1992, habría 104 millones de abducidos a nivel mundial. ¿Qué pasa? ¿Es posible semejante disparate? Tal cantidad de abducidos en un periodo de, digamos, 20 años, representan casi 600 secuestros por hora en alguna parte del planeta. ¿Cuántas naves harían falta para conseguir esa proeza?

Pero dejemos aparte las imposibilidades estadísticas. Centrémonos en el aspecto social del asunto. Antes de la historia de los Hill, los encuentros con alienígenas eran mucho más lights. Había gente que afirmaba ver OVNIS; había incluso quien decía hablar o contactar con sus tripulantes. Pero no existía el concepto de “abducción”. Fue a partir de los 60 cuando empieza a hablarse de los “Grises”, pequeños hombrecillos de ese color. El propio concepto de platillo volante, sin ir más lejos, empezó a tomar forma en las historietas y cómics pulp de principios del siglo XX –Buck Rogers, Flash Gordon-, y de dichos cómics puede sacarse la idea general de “rapto alienígena” con casi todos sus ingredientes. Y comenzó a hablarse de “platillos” únicamente después del muy publicitado avistamiento de Kenneth Arnold a bordo de su avioneta en 1947. Arnold dijo que las naves que vio se movían “como platillos o discos rebotando sobre la superficie del agua”, pero los reporteros acabaron diciendo que los objetos “tenían forma de disco”. De haber usado Arnold otro ejemplo, hoy en día podríamos estar hablando de teteras o tostadoras volantes. El incidente aparentemente insignificante de Arnold despertó el interés de las masas y, por tanto, desencadenó las primeras oleadas de avistamientos.

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Los avistamientos de OVNIS, como las cazas de brujas o la licantropía, se amoldan a las ideologías de la era en que se producen. Los elementos involucrados en una abducción son siempre sospechosamente parecidos a la tecnología de la época. ¿Por qué los testigos describen los experimentos a los que son sometidos por los aliens –que, supuestamente, son avanzadísimos- como muy similares a las intervenciones que han podido haber visto en televisión o en fotos? ¿Por qué una nave capaz de llegar hasta la Tierra desde quién sabe dónde tiene un instrumental muy parecido al que podríamos encontrar en nuestro ambulatorio? Desde los años 40 a 1978, año en que se estrenó la película que contaba el caso de los Hill, se habían declarado cincuenta abducciones. Todas eran posteriores al incidente de los Hill. Pero entre 1978 y 1980 hubo cien supuestas abducciones. De pronto había 30 veces más abducciones en EE.UU.

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Un exámen médico extraterrestre en alguna vieja publicación pulp

Entonces, ¿mienten todos los que dicen que ven alienígenas o que han sido abducidos? Es tentador decir que sí, pero sería simplificar mucho. Muchos supuestos abducidos mienten a sabiendas, creando vistosos engaños por la fama o el dinero (o simplemente por diversión; véase el caso de los círculos en las cosechas). Pero creo firmemente que la mayor parte de los testigos creen estar diciendo la verdad. Han visto algo, sienten cosas, puede que oigan voces o reciban mensajes. ¿Significa esto que los extraterrestres están aquí? Rotundamente, no.

Yo diría que las causas que conducen a alguien a decir que ha sido abducido –y mantener la ilusión- pueden dividirse en dos grupos amplios y heterogéneos: individuales, las que afectan únicamente a una persona, y sociales o colectivas.

Por qué una persona cree en OVNIS

Puede haber millones de causas para decir que se ha sido abducido. Podemos considerar la enfermedad mental, desde luego. Si alguien afirma que ha sido llevado a Plutón por los Hongos de Yuggoth y que allí ha visto los cerebros envasados al vacío de Buster Keaton y B.B. King, seguramente nuestro primer impulso sea catalogarlo como un lunático declarado. Y probablemente estemos en lo cierto. Pero ahora mismo no me interesa la excepción llamativa, el lunático vistoso, sino los miles y miles de testimonios que a lo largo de las décadas ha habido sobre platillos volantes, humanoides y secuestros. Casi todos ellos provenían de gente como vosotros o yo, gente no más anormal que la mayoría, que tenía seguramente una familia y un trabajo. Los Hill eran una pareja felizmente casada, que se sepa. Ella era trabajadora social y él empleado de Correos. Y pusieron en marcha la mayor oleada de contactos de la historia.

Una de las primeros factores a considerar es la enorme, casi increíble, falibilidad de la mente humana. Nuestro cerebro es un arma poderosa, pero puede ser engañado con facilidad. Se han hecho experimentos y pruebas que dejan al ser humano a un nivel bastamte vergonzoso. Pensamos que nuestra percepción, memoria y juicio son fiables, pero una y otra vez se demuestra que no es así. “¡Lo vi con mis propios ojos!”, dice quien pretende convencernos a nosotros de lo que ha presenciado; si supiera lo poco fiable que es un humano a la hora de dar testimonio de cosas pasadas…

El proceso de recordar se describe muchas veces como “hacer presente lo que pertenece al pasado”, lo cual es bastante falso. Nuestra memoria es más bien un proceso de reinterpretación de lo pasado. Los recuerdos no son hechos fijos cristalizados en nuestra memoria, sino contenidos sometidos a una revisión constante. Todos nosotros tenemos falsos recuerdos, cosas que recordamos como reales pero que, bien no ocurrieron como los recordamos, o bien no sucedieron en absoluto. La psicóloga estadounidense Elizabeth Loftus está especializada en la memoria, y ha dedicado muchos años a estudiar estos falsos recuerdos. Descubrió que era muy fácil implantar recuerdos falsos a sujetos de prueba, simplemente mediante sugerencias verbales, es decir: diciéndole a la persona lo que debería recordar. Un ejemplo de cómo se “crea” un falso recuerdo es el siguiente: se coge a un grupo de personas y se les explica que los bebés que en sus primeros días de vida interactuaron con juguetes, sonajeros o móviles de colores tienen una mejor capacidad de [insertar lo que sea]. Se les explica que han sido seleccionados porque, en la época en que ellos nacieron, su hospital tenía ese tipo de juguetes para los recién nacidos y quieren estudiar sus recuerdos. Todo esto es inventado, por supuesto: pero cuando se les pregunta a los sujetos, con la ayuda de hipnosis, por sus recuerdos del hospital, casi todos recordaban obedientemente los móviles de colores. Y eso que es altamente improbable que nadie recuerde nada de su primer año de vida, ya que el hipocampo y otras áreas de la memoria aún no están lo bastante desarrolladas como para permitirnos guardar nuestras vivencias.

La importancia de los falsos recuerdos se torna capital cuando nos introducimos en el mundo legal. Imaginemos un sujeto que declara en un juicio algo que vio. ¿Es fiable ese testimonio? Sorprendentemente, no más que cualquier otro. Los fallos, olvidos y falsos recuerdos que se dan en otros contextos pueden producirse igualmente en la sala de justicia. No se sabe cuántos inocentes han sido condenados por testimonios basados en falsos recuerdos, tal vez porque no interesa que se sepa cuán frágil es uno de los pilares del sistema judicial –los testigos-. En los años 80 hubo en EE.UU. una auténtica epidemia de acusaciones de abusos sexuales y abusos satánicos (y, a veces, ambos). Niños y jóvenes empezaban a acusar a sus padres, a sus familias, a desconocidos… El terrible caso de Paul Ingram fue un ejemplo algo posterior del fenómeno. Muchas personas, aparentemente normales e inocentes, acabaron en la cárcel. Durante los años 90 algunos de los casos fueron revisados, y descubrieron que un porcentaje muy alto se basaban en memorias falsas. Y lo que era más grave, muchos de los falsos recuerdos surgieron en consultas o fueron cultivados por terapeutas irresponsables o poco cualificados; psicólogos y psiquiatras que, con sus técnicas de recuperación de recuerdos y de hipnosis, fomentaron o directamente crearon delirios, fantasías y recuerdos falsos en las supuestas “víctimas”. Fue la prueba definitiva de que los testigos no son absolutamente fiables. Alguien podía, realmente, ser acusado y acabar en prisión por culpa de un falso recuerdo. Se acuñó el término “síndrome de la falsa memoria” para referirse a los casos en los que las creencias o la vida normal de una persona están afectadas por un evento ficticio pero que ella recuerda como real. Elizabeth Loftus fue precisamente una de las personas que más extensivamente estudió el tema y contribuyó a aclarar varias condenas judiciales basadas en recuerdos falsos. Existe una Fundación del Síndrome de la Memoria Falsa, una organización fundada por Pamela y Peter Freyd en 1992. Pamela y Peter fueron acusados por su propia hija de haber abusado de ella de niña, acusación aparentemente originada en unas sesiones psicológicas que pretendían indagar en recuerdos “ocultos”.

Pero volvamos al caso de los Hill. Recordemos que, en un principio, el testimonio de ambos fue sumamente escueto. Vieron una luz que parecía moverse hacia ellos en el cielo nocturno, y nada más. Viendo el caso desde la distancia que suponen los años transcurridos, es fácil olvidarse de que todos los demás detalles fueron surgiendo a lo largo de meses, de años incluso, y casi todos aparecieron bajo unas sesiones de hipnosis iniciadas casi tres años después de la noche en cuestión.

El doctor Benjamin Simon se había especializado en el uso de la hipnosis en casos de estrés postraumático tras la 2ª Guerra Mundial. Puede decirse que su tratamiento del malestar de los Hill fue un éxito. Él era un profesional de la salud mental y el matrimonio acudió a él debido a la angustia, dolor, etc., que les provocaba el recuerdo de su presunta abducción; gracias a la terapia con Simon, ambos superaron su ansiedad y consiguieron reanudar una vida normal y feliz. En este sentido, el tratamiento fue un éxito y Simon un buen profesional que se inhibió bastante de alentar las fantasías de ambos. Precisamente fue él quien les trató debido a su escepticismo en temas relacionados con la ufología.

Las conclusiones de Simon fueron, básicamente, que la experiencia de la abducción era una fantasía inspirada por los sueños que tenía Betty. Barney Hill dijo que sus recuerdos no podían ser una fantasía; y, sin embargo, el propio Barney dijo al principio de la terapia al doctor Simon, sobre los sueños de Betty:

“Le dije que era únicamente un sueño y nada de lo que preocuparse… no puedo creerme esos sueños que ella está teniendo… yo nunca creí sus sueños” (21 de marzo del 64)

Parece que durante la terapia Barney no solo no se convenció de que su experiencia era una fantasía, sino que acabó creyendo más firmemente que la abducción había sido real. Pasó de no creer en los sueños de Betty a defender que todo había ocurrido realmente.

Los recuerdos obtenidos mediante hipnosis son un arma peligrosa. En primer lugar, debemos olvidarnos de la imagen de la hipnosis como algo misterioso o sobrenatural. El estado hipnótico es, simplemente, un estado de atención y relajación ligeramente alterado. No hay nada paranormal en la hipnosis, ni el hipnotizador tiene poderes fuera de lo común, no puede hipnotizarse a quien no lo desea, no puede quedarse uno hipnotizado para siempre si no lo “despiertan”, no puede obligarse al hipnotizado a hacer cosas que normalmente no haría… Hay personas más hipnotizables que otras, debido a su sugestionabilidad, su obediencia a la autoridad, etc. La hipnosis se usa actualmente en un pequeño número de terapias en las que puede ser útil como complemento a la terapia principal, aunque sus efectos desaparecen pronto si se dejan las sesiones y su efectividad, en muchos casos, parece basarse en el efecto placebo. Hoy en día, una inmensa mayoría de los usos que se le dan a la hipnosis pretender ser parapsicológicos o sobrenaturales, y son falsos.

Existen terapias que pretenden recuperar recuerdos “enterrados” en nuestro subconsciente a través de la hipnosis. Como hemos dicho, si bien la hipnosis puede servir de apoyo a algunas terapias, no puede sustituirlas y hay muchísimas cosas que la hipnosis no puede hacer. Los recuerdos no son, repito, imágenes grabadas en la roca de nuestro subconsciente a los que accedemos al recordar: son mutables y cambiantes. La hipnosis no puede perforar la coraza de nuestra mente consciente y llegar a recuerdos inaccesibles. Por mucho que les pese a los defensores del psicoanálisis tradicional, no hay barreras infranqueables delimitando los distintos sectores de nuestra mente. ¿Se pueden recuperar recuerdos hipnotizando al sujeto? Se pueden obtener recuerdos, pero no se puede estar seguro de su veracidad. Ocurre algo parecido con los llamados “sueros de la verdad”: el amital sódico, por ejemplo, puede facilitar que una persona revele secretos que habitualmente no divulgaría. El problema es que muchos de esos secretos son meras fantasías. Nunca ocurrieron.

Lo mismo puede ocurrir –y ocurre- con los recuerdos facilitados por hipnosis. Sabemos que las personas más sugestionables son más fáciles de hipnotizar. Pero también es más fácil que reciban las “sugerencias” del hipnotizador, sean estas conscientes o no, y las incorporen a sus propios recuerdos, reales o falsos. El único peligro que puede tener la hipnosis es la mala práctica del propio hipnotizador y las falsas expectativas del hipnotizado respecto a lo que puede y no puede hacer la hipnosis. El sujeto influenciable, fácil de sugestionar, que cree que la hipnosis es una técnica milagrosa para recuperar recuerdos ocultos, es la víctima ideal de los malos hipnotistas; estos, con sus insinuaciones, consejos y preguntas mal formuladas, alientan la creación y consolidación de recuerdos falsos. Durante la histeria satanista de los 80, antes mencionada, muchas acusaciones falsas de abusos sexuales o satánicos se gestaron en consultas de psicología. Algunos profesionales de la hipnosis llegaron a ser demandados y enjuiciados por su responsabilidad en casos de condenas a inocentes. Se ha demostrado en repetidas ocasiones que con las debidas instrucciones o sugerencias puede “fabricarse” un recuerdo falso muy fácilmente.

Un ejemplo de los falsos recuerdos fabricados bajo hipnosis es el testimonio de vidas pasadas. Algunas personas, hipnotizadas, acceden a recuerdos de reencarnaciones anteriores o vidas pasadas. ¿Es esto posible? Desde luego que no. La persona se apoya en sus propias fantasías y conocimientos, tal vez en un sueño que tuvo o en lo que sabe de historia antigua para construir la idea de que ha vivido en el Egipto faraónico; luego, con ayuda de las sugerencias del hipnotizador y de su propia inventiva, añade más detalles a esa existencia imaginaria, creyendo en todo momento que está “extrayendo” recuerdos desde lo más profundo de su cerebro.

Centrémonos de nuevo en los Hill. Hay un dato de una de las sesiones de hipnosis muy revelador, que fue apuntado por Martin Kottmeyer en los 90. El 22 de febrero de 1964, Barney describió bajo hipnosis el aspecto de los alienígenas que supuestamente les secuestraron, e incluso llegó a hacer un dibujo. Puso mucho énfasis en los ojos de las criaturas, diciendo que eran almendrados, oblicuos y alargados. Esto era extraño, pues casi no había precedentes de extraterrestres con ese tipo de ojos ni en televisión, ni en cine, ni en testimonios de contactos alienígenas…aunque tampoco había informes de abducciones como la de los Hill antes de la de los Hill. Solo diez días antes, el 10 de febrero, habían puesto por la televisión un episodio de The Outer Limits (Rumbo a lo Desconocido) llamado The Bellero Shield en el que podía verse un alien sospechosamente parecido al descrito por Barney: gris, sin pelo ni nariz y con ojos negros almendrados. Compárense ambas imágenes:

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Arriba, el dibujo de Barney; abajo, una recreación que un artista hizo años después

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Este era el alienígena que aparecía en The Bellero Shield, y que Barney pudo ver en la televisión


 

 

¿Coincidencia? ¿O más bien un caso arquetípico de falso recuerdo basado en una imagen vista en televisión? El cine y la televisión mostraron extraterrestres grises basados en el aspecto descrito por los Hill durante décadas; el aspecto de los extraterrestres de los Hill se basaba en un programa de televisión. Y, ya que hablamos de medios de comunicación, creo que es hora de tratar los factores culturales o sociales que hay tras los testimonios de abducidos.

Por qué una sociedad cree en las abducciones

El guión básico de una abducción extraterrestre ya puede encontrarse en el cine y los tebeos de los años 30, 40 y 50. En la película Invaders From Mars (1953), los humanos son llevados a la fuerza al interior de una nave –aunque a través de túneles subterráneos-, donde una especie de supervisor alien, verde y de gran cabeza, les implanta un mecanismo de control en la cabeza. Compárese con las historias de implantes alienígenas supuestamente encontrado en humanos [Los informes de “implantes alienígenas” empezaron a aparecer, como era de esperar, cuando la tecnología humana empezó a hacer posible la miniaturización de circuitos y transistores. Si fueran reales, seguramente bastaría uno solo de ellos para revolucionar la práctica totalidad de nuestros conocimientos técnicos. Pero, como también era de esperar, jamás se ha presentado una prueba sólida de uno de esos implantes extraterrestres].

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Consultemos la definición de “moda” que nos da la Real Academia Española:

moda. (Del fr. mode). 1. f. Uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país, con especialidad en los trajes, telas y adornos, principalmente los recién introducidos.

¿Siguen modas los fenómenos psicológicos? ¿Se originan las visiones, alucinaciones y supersticiones en nuestra mente o más bien las construimos tomando como base lo que vemos a nuestro alrededor? La respuesta es, efectivamente, que cada tipo de sociedad y cada época “crea” un determinado tipo de enfermedad o, al menos, de síntomas. Existen ejemplos abundantes de esta influencia de la sociedad sobre el individuo. Dos de los más claros son las leyendas urbanas y los síndromes psicológicos culturales.

No es necesario explicar lo que es una leyenda urbana. Las llamamos “urbanas” porque somos una raza que, desde hace unos siglos, tiende a agruparse en ciudades; antaño, probablemente las llamaríamos mitos, cuentos o cantares. Las leyendas urbanas suelen tener una moraleja, y algunas de ellas, que llevan décadas o incluso siglos circulando, van cambiando para amoldarse a los tiempos. La joven que viajaba sola por el bosque tenebroso se convierte en una chica que conduce por una autopista solitaria; las historias sobre caballeros que parten a la guerra son sustituidas por las desventuras de un individuo en un centro comercial. Así, aunque la historia de fondo sea la misma, el avance de la sociedad, los tiempos, la tecnología… va modificando la forma en que la leyenda se presenta en cada época. Las leyendas urbanas se incorporan a la tradición oral, se expanden en internet y en medios de comunicación y pasan así a convertirse en medias verdades que tardan mucho en desaparecer a pesar de su falsedad.

Por otra parte están los síndromes culturales. Un síndrome cultural es un conjunto de síntomas psicológicos que afectan a una población concreta en una determinada zona del mundo, y no a otras. Las leyendas urbanas son meros cuentos, pero en el caso de estos síndromes la gente sufre realmente unos síntomas. Nada los distingue de otras enfermedades mentales como la esquizofrenia, salvo dos cosas: se dan en una cultura muy definida y desaparecerían si se eliminasen los factores que los originan. Un ejemplo es el amok del sudeste asiático. El amok es una especie de ataque de furia asesina que hacía presa en habitantes de Malasia y cercanías hasta hace unos ciento cincuenta años. Se pensaba que el amok se producía cuando el individuo había sufrido un deshonor o afrenta, o se veía en una situación vergonzante de la que no veía salida. Después de un periodo de rumiación, la víctima atacaba violentamente a todo aquél que se cruzara en su camino, y la propia sociedad malaya tenía preparada una salida: lo mataban. De esta forma, el individuo deshonrado demostraba su fuerza y fiereza, y era liberado de su situación desdichada por sus compatriotas –algo similar tiene lugar hoy día con el llamado suicide-by-cop-. Hoy en día el amok no existe. ¿Qué ocurrió? ¿Acaso el virus que lo causaba se ha extinguido? Nada de eso. Cuando los europeos impusieron sus costumbres y sus leyes en la región, las víctimas que habían asesinado a gente bajo la influencia del amok eran detenidas, juzgadas y encarceladas. Ya no se les mataba. Dejaba así de tener sentido la enfermedad, puesto que ahora la víctima ya no era “liberada” de su desgracia con la muerte en el acto, sino que se añadía a su desdicha una pena de cárcel, latigazos, etc. El amok desapareció; los factores culturales que habían originado estos síntomas peculiares ya no existían, habían cambiado.

Existen más síndromes culturales como el wendigo entre los indios norteamericanos y canadienses, el latah indonesio, el koro o “pene menguante”, el susto sudamericano…

Basten estos dos ejemplos (leyendas urbanas y síndromes dependientes de la cultura) para hacerse una idea de la influencia que la sociedad que nos rodea puede tener en nosotros. No quiero decir que la sociedad determine lo que una persona siente o piensa. Pero el contexto social, la información que nos rodea, las noticias, la propia tecnología del momento sí pueden empujar a los individuos a interpretar de una determinada forma una situación confusa. En la edad media, ciertas experiencias nocturnas desagradables, aterradoras o inexplicables eran atribuidas a demonios, súcubos o pesadiellos, mientras que hoy en día, los ufólogos han inventado un nuevo nombre para esa misma experiencia: visitantes de dormitorio. Del mismo modo, hoy existen nuevos términos para denominar síndromes o vivencias que seguramente han existido siempre. Hace 400 años, una mujer estaría poseída; hoy, sufre síndrome de hipersensibilidad electromagnética (un excelente ejemplo de cómo la tecnología se incorpora en el imaginario popular, creando una supuesta enfermedad tan real desde el punto de vista médico como la licantropía).

Centrémonos de nuevo en el caso de los Hill y la explosión de avistamientos y abducciones posterior a su caso. Un hecho bastante revelador es que la enorme oleada de testimonios no comenzó justo después de que los Hill tuviesen su experiencia, sino años más tarde, cuando el caso llegó al gran público. Si alguna raza extraterrestre hubiera elegido esa fecha para comenzar un programa de estudio con humanos, o algo por el estilo, ¿no hubiera empezado todo justo después de la supuesta abducción de los Hill y no cuando todo el mundo conoció su historia? ¿Por qué empezó a haber casos cuando Fuller publicó su éxito The Interrupted Journey sobre los Hill?

Los avistamientos OVNIS comenzaron en un contexto social y político muy concreto: después de la Segunda Guerra Mundial, con la aviación civil y comercial en pleno auge y, sobre todo, en una época dominada por el terror a que los rusos construyesen y utilizasen la bomba atómica. El ejército de EEUU –y seguramente también el ruso- dedicaba una atención desmedida a cualquier evento que tuviese que ver con artefactos voladores. Puesto que todo podía ser una sonda espía, un artefacto hostil o algún tipo de invento comunista, se investigaba con afán y secretismo cualquier evento que, de otro modo, hubiera quedado en mera anécdota y olvidado. Los propios militares americanos, por su parte, diseñaban y probaban docenas de ingenios espía, detectores de misiles y de explosiones nucleares, globos sonda… En fin: cosas que fácilmente podían confundir a la población. Libros enteros podrían escribirse sobre cómo este contexto favoreció, o más bien creó, el moderno culto a los OVNIS. El ya mítico engaño de Roswell se originó por un globo sonda americano hecho con plástico, cinta aislante, papel de aluminio y palitos de madera de balsa.

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Dos aliens arquetípicos sacados del mundo televisivo

Resumiendo…

He intentado desarrollar cómo ha podido formarse un elemento muy emblemático de la mitología del siglo XX como es el de las abducciones extraterrestres. Habiendo miles de libros, documentales, sitios web y otros estudios sobre el tema, infinitamente más completos y extensos, es difícil aportar algo nuevo. Tampoco creo que uno solo de los elementos que menciono pueda explicar por sí solo algo tan complejo como el fenómeno social que suponen los OVNIS y los que en ellos creen. Yo he acudido a explicaciones de tipo social, psicológico y mental. Como criaturas complejas que somos, tenemos procesos mentales complejos. Si bien esta complejidad puede poner a nuestro alcance logros colosales, también puede llevarnos a cometer errores profundos. No hay una explicación sencilla para determinados procesos mentales.

Cada época, en fin, tiene su locura. De las cruzadas medievales a la caza de brujas, del espiritismo a los OVNIS, la ideología predominante en cada época se traduce a veces en comportamientos extravagantes compartidos por muchísimos individuos. Los Hill no fueron abducidos por seres extraterrestres. Ni ellos ni ninguno de los miles de testigos que afirman lo contrario. Que tanto los Hill como muchísimos de los testigos posteriores sufrieron algún tipo de experiencia es innegable. Los que sufren hipersensibilidad electromagnética, o una posesión demoníaca, o una revelación de la Virgen, indudablemente están sintiendo algo –a no ser que sean unos embusteros oportunistas-; pero no lo que dicen sentir, o más bien no por los motivos que ellos afirman. Apliquemos el principio de la navaja de Ockham y aceptemos la explicación más prosaica, la más mundana. Podemos explicar lo que los Hill vivieron aquella noche del 61 –una luz que se movía en el cielo nocturno- acudiendo a naves extraterrestres y encubrimientos del gobierno, sí. Pero las implicaciones que esto tendría son tan enormes, tan increíbles y, sobre todo, tan indefendibles e imposibles, que más vale pensar que todo es consecuencia de las limitaciones de la mente humana. La ya mítica serie Expediente X –donde, por cierto, las abducciones tienen un papel muy relevante- nos muestra una gran verdad camuflada en algo tan sencillo como un poster. El agente Mulder tiene en su desorganizado despacho un gran cartel donde puede verse un OVNI junto a la frase YO QUIERO CREER. Y es que, efectivamente, en muchas ocasiones lo único que se necesita para creer lo increíble es la voluntad para hacerlo.


La foto que demostró que la Tierra es hueca

Circulan por el mundo infinidad de teorías descabelladas sobre el funcionamiento del universo. Una de las más sorprendentes es la que dice que la Tierra es, en realidad, hueca. Y no todos los que defienden esta idea son precisamente lerdos: el matemático del siglo XVIII Leonard Euler creía que la Tierra era hueca, con un sol en su centro y avanzadas civilizaciones; Edmund Halley (astrónomo británico, descubridor del cometa que lleva su nombre) imaginaba un planeta hueco y dividido en ordenadas plantas al más puro estilo del infierno de Dante. Hay numerosas versionas de la teoría, casi todas ellas reminiscencias de las ancestrales leyendas del inframundo, el infierno, Hades, la Agencia Tributaria, llámese como quiera.

En la década de los 1920, el americano Richard E. Byrd, de la Marina, realizó varias expediciones a los polos y sobrevoló el Polo Sur en noviembre del 29. Pues bien, el escritor Amadeo Giannini publicó un esperpento llamado Worlds Beyond the Poles en el que afirmaba que Byrd no habría sobrevolado los Polos, sino que se habría adentrado en los grandes agujeros que iban hacia el interior de la Tierra y que había visto cosas sorprendentes. Giannini se conchabó con el ufólogo Ray Palmer, editor de una revista apropiadamente llamada Flying Saucers –Platillos Volantes-, y entre ambos parieron una delirante fantasía con planetas huecos, antiguas civilizaciones y cascadas de arcoíris. En serio.

Llegó 1968. Había un satélite meteorológico llamado ESSA-7 que tomaba fotos de la atmósfera terrestre, sus sistemas nubosos, etc., con el fin de estudiar la meteorología y el clima. Pues bien, en noviembre de ese año la Administración del Servicio de la Ciencia del Medio Ambiente (ESSA) proporcionó inocentemente una serie de fotos tomadas por su satélite a la prensa, ignorantes de lo que se avecinaba. Casi todas las fotos fueron ignoradas, excepto unas pocas. Y lo que tenían de especial esas imágenes era que demostraban que la Tierra era hueca. Justo en el lugar del Polo Norte había un colosal agujero que se abría hacia quién sabe qué temibles profundidades. He aquí la imagen:

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En el acto, todos los ufólogos y conspiranóicos del mundo dijeron que, o bien esa imagen demostraba que la Tierra era hueca, o bien la NASA y la ESSA habían metido tijera para censurar algo que no querían que se viese. ¿Es real esa imagen? Sí, lo es. Por supuesto, no es lo que parece. Las imágenes del Polo Norte fueron tomadas a lo largo de 24 horas, mientras el planeta rotaba. Las imágenes se acoplaron luego como un mosaico, para conseguir la composición final en la que se ve el planeta como si el espectador se encontrase justo sobre el Polo. Debido al invierno ártico, hay zonas que nunca llegaron a ser iluminadas por el sol durante esas 24 horas, por lo que el satélite las registró como una enorme mancha negra. Lo que vemos como un enorme círculo vacío es en realidad la zona no iluminada por el sol durante esas 24 horas, producto del montaje final de las imágenes.

Hay imágenes más modernas que muestran ese mismo punto negro en los Polos. A la izquierda un mosaico del ENVISAT, a la derecha una imagen de microondas del EOS Aqua:

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También ocurre que la órbita de estos satélites, el ESSA-7 incluido, es cuasi-polar. ¿Qué significa eso? Pues que orbitan sobre el Polo Norte, pero no están mirando exactamente hacia abajo, sino que tienen cierta inclinación. Por ello hay una zona, cuya amplitud depende de esta inclinación, que nunca podrán fotografiar pues queda fuera de su ángulo. El centro de esta zona coincide exactamente con el Polo Norte. Por si alguien se lo pregunta, las órbitas cuasi-polares sirven para que el satélite esté sincronizado con el Sol: de esa forma, cuando varias de cierto punto de la Tierra, el Sol estará en el mismo punto en todas ellas. De esta forma es más fácil comparar varias imágenes de un mismo punto, al estar el sol en la misma hora del día, inclinación, etc., en todas ellas.

Evidentemente, ningún planeta puede ser hueco. La culpa de esto la tiene la gravedad. Cuando un cuerpo adquiere la masa suficiente, toda la materia comienza a ser atraída hacia un único punto central, y por ello todos los planetas y planetoides tienen forma esférica. Esto ocurre incluso aunque estén compuestos mayoritariamente de gases, como es el caso de Júpiter o Saturno, y es también la causa de que la atmósfera de la Tierra no salga disparada al espacio. Las fuerzas gravitatorias hacen que sea físicamente imposible que la Tierra sea hueca.

Y, de regalo, un simpático mapa por si alguna vez nos perdemos en uno de los agujeros polares…

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Teorías demenciales sobre planetas imaginarios: Hercólubus

Esta es buena. Si el imaginario Faetón podía tener la excusa de ser un intento de explicar sucesos siderales que en su época eran inexplicables, la historia de Hercólubus es realmente un demencial cuento de hadas.

¿Por dónde empezar? Imaginemos un campesino colombiano nacido en 1926. Imaginemos también que su nombre es Joaquín Amortegui. Según sus discípulos, este hombre recibió el Verdadero Conocimiento de manos de vete a saber quién, en los montes colombianos, tras lo cual se dedicó a elaborar una teoría gnóstica universal basándose en el Despertar de la Conciencia. Los maestros espirituales de Amortegui eran sabios gnósticos con nombres como Samael o Maitreya Buda. ¿Claro? ¿No? Bien, eso es lo que pretendían quienes elaboraron este tipo de charlatanería.

A Amortegui pronto empezaron a conocerle como Venerable Maestro Rabolú. Ahí es nada. En 1998, prácticamente ayer, publicó un libro: Hercólubus, el Planeta Rojo. Esto dice el propio Joaquín… perdón, el Maestro Rabolú en la introducción:

“Este libro lo escribí con mucho sacrificio, tendido en una cama, sin poderme parar ni poderme sentar; pero viendo la necesidad que hay de dar aviso a la Humanidad sobre el cataclismo que viene, hice un gran esfuerzo.

Este mensaje se lo dedico a la Humanidad, como último recurso, porque no hay nada más que hacer.”

Y, efectivamente, como un moderno Nostradamus andino, Rabolú-Amortegui advierte en su libro del enorme peligro que corre la humanidad de ser destruida por el gigante planeta Hercólubus. Hercólubus sería un enorme planeta “5 o 6 veces mayor que Júpiter” que habitualmente se encuentra a 500 Unidades Astronómicas (UA) de la Tierra. En algún momento alrededor del cambio de milenio (no podía ser de otra forma), el gigante planeta rojo llegará a estar a 4 UA de la Tierra, es decir, a una distancia cuatro veces superior de la que nos separa del sol. Rabolú dice que el campo gravitatorio de Hercólubus provocará enormes destrozos en la Tierra, tales como terremotos, inundaciones, giros en los polos, roturas de la corteza terrestre, etc. La humanidad será puesta a prueba y probablemente será aniquilada, tal y como ocurrió hace 13.000 años con la civilización de la Atlántida. Como puede verse, Rabolú trata de unir astrofísica, historia, milenarismo y civilizaciones perdidas en un amoroso abrazo pseudocientífico.

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Joaquín Amortegui – Maestro Rabolú.

Aún diré más: muchos de los seguidores de Rabolú creen que Hercólubus forma parte de un sistema solar compuesto por otros cinco planetas (Phema, Epsilón, Hegama, Tylon y Lylio) que giran en torno a la estrella Tylar. Por lo visto, es el sistema solar al completo el que se acerca a la Tierra. Y digo “por lo visto”, porque las enseñanzas de Rabolú y sus acólitos son un batiburrillo que resulta muy difícil de desenmarañar…

He aquí un curioso video en el que podemos ver al que fue maestro de Rabolú, Samael Aun Weor –el tema de elegir un nombre sonoro debe de ser importante-, hablando sobre el planeta Hercólubus.

Rabolú mezcla las churras con las merinas en repetidas ocasiones. Por una parte, advierte del tremendo peligro que supone el acercamiento de Hercólubus; por otra, en su libro nos avisa de que seremos juzgados por abusar de nuestro planeta, contaminarlo y, muy especialmente, realizar pruebas nucleares en los mares. Para el autor, estas pruebas atómicas estarían poco a poco torciendo el eje terrestre, contaminando el mar y abriendo grietas en el fondo marino. Aprovecha para introducir advertencias milenaristas sobre los castigos que nos aguardan por violentar así nuestro planeta. Y digo yo: si Hercólubus viene hacia nosotros y pasa por la Tierra cada 13.000 años, es de suponer que sigue las pautas marcadas por la mecánica celeste y la astrofísica; ¿por qué, entonces, va a influir en su acercamiento lo que nosotros hagamos o dejemos de hacer a nuestro planeta? ¿Quedamos en que Hercólubus es un planeta real o una especie de segunda venida de Jesucristo que juzgará a los pecadores?

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Hercólubus comparado con la Tierra y Júpiter.

Toda la teoría de Hercólubus se basa en afirmaciones vagas y en entremezclar multitud de conceptos de astronomía, astrología, religión e historia. Puesto que no es más que una fantasía bastante enrevesada, es difícil extraer de ella datos que puedan contrastarse. Aún así, podemos desmontar varias de las premisas en las que está basada.

Por ejemplo, el hecho de que exista un sistema estelar que gire en torno a una tal estrella Tylar. Como los nombres que emplea esta gente son todos inventados, luego siempre pueden decir que tal o cual estrella, meteorito o planeta recién descubierto corresponden al que sus escrituras llaman Cthulhu o Nyarlathotep. Más de una vez se ha descubierto algún cuerpo estelar y los seguidores de alguna de estas sectas lo han identificado con el que, según sus creencias, destruirá nuestro mundo. Yo no he podido encontrar ninguna estrella ni sistema con ese nombre, y ni los que creen en su existencia aportan indicación alguna de dónde demonios está.

Pero, ¿y si existiera? Bien, admitamos que la estrella Tylar se corresponde con la estrella más cercana a nosotros: Próxima Centauri. Próxima está a solo 4,22 años luz de nosotros, o sea que si nos movemos a la velocidad de la luz tardaríamos 4,22 años en llegar a ella. Hasta ahora, no se ha detectado ningún objeto orbitando cerca de esta estrella, por lo que podemos descartar que exista un planeta 5 o 6 veces mayor que Júpiter en sus cercanías. Y ¿qué pasaría si esta estrella tuviera que acercarse a la Tierra cada 13.000 años, como afirman Rabolú y sus secuaces? En ese caso, tendría que hacer todo el camino de ida en 6.500 años y el de vuelta en otro tanto. Todo el sistema debería moverse a una velocidad de más de 700.000 kilómetros por hora, unos 194 km por segundo. Parece muchísimo (y es una velocidad un poco demasiado grande para un sistema que se nos acerca), pero no nos engañemos: en el universo hay cosas muy rápidas. La Tierra gira alrededor del sol a unos 30 km/seg.; el sol y todo nuestro sistema solar se mueven a 220 km/seg. respecto al centro de la galaxia. Lo significativo es que, hasta ahora, nadie ha detectado este tipo de movimiento en Próxima Centauri, ni en ninguna de las estrellas cercanas. De hecho, Próxima se aleja de nosotros, y dentro de unos 9.000 años habrá dejado de ser la estrella más cercana a nosotros. Si examinamos otras estrellas más lejanas en busca del supuesto sistema de Tylar, mayor será la distancia que nos separa de ellas; mayor la velocidad a la que deberá viajar el sistema entero para cruzarse con la Tierra; y más increíble de aceptar todo el tinglado de Hercólubus. Además, si cada 13.000 años ocurre esto, es porque todo el sistema de Hercólubus gira en torno a algo. No estamos hablando de un cruce casual, que podría darse, sino de un sistema entero que orbita en torno a algo con regularidad y se cruza puntualmente en nuestro camino. ¿Cuál es el objeto en torno al que orbita la estrella Tylar con sus seis planetas cada 13.000 años? No se sabe. Nadie lo explica, ni siquiera se menciona que el sistema necesite algo en torno a lo que orbitar.

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Esta confusa imagen es todo lo que tenemos sobre la supuesta ubicación de Hercólubus. Unos planetas con órbitas erráticas y nombres raros, sin coordenados ni indicaciones de ningún tipo. Nada.

Por cierto, si alguien está pensando en planetas extrasolares como candidatos a ser Hercólubus, el más cercano a la Tierra es Épsilon Eridani B, a 10 años luz y medio. Es algo más grande que Júpiter y desde que se descubrió, en 2000, sigue orbitando con decisión a su estrella madre. Lo mismo puede decirse de los demás planetas descubiertos. Ninguno de ellos se nos aproxima. Y, aunque así fuese, lo que ya es infumable es que un cuerpo situado a cientos o miles de años luz de nosotros consiga llegar aquí a tiempo cada 13.000 años, por mucho que corra.

Sabemos que Hercólubus jamás ha sido visto, ni detectado, ni medido, ni siquiera intuido. Ni en 1.999, como se dijo en un principio, ni ninguna otra vez. Un planeta 5 veces más grande que Júpiter que se nos acerca sería perfectamente visible desde la Tierra con cualquier telescopio de aficionado, no digamos ya con los medios técnicos de hoy en día. No obstante, vamos a jugar a abogado del diablo y a suponer que Hercólubus, contra todo pronóstico, existe, y llega a situarse a 4 UA (600 millones de kilómetros) de la Tierra. ¿Qué ocurriría? Nada. Su atracción gravitatoria no sería suficiente para provocar los cataclismos: sería exactamente 2.656 menor a la atracción que ejerce el sol sobre la Tierra continuamente. En wikipedia está perfectamente explicado y se pueden seguir los pasos necesarios para llegar a dicho resultado. Por cierto, la masa de un planeta de ese tamaño que se acercase, aunque insuficiente para desatar el fin del mundo, provocaría variaciones en las órbitas de los planetas que serían perfectamente detectables y medibles. Hasta ahora no hemos visto nada de nada.

Es curioso cómo, al igual que los que creen en el planeta Nibiru y otras tonterías, los defensores de Hercólubus piensan que la comunidad científica está perfectamente al tanto de su existencia y se esfuerzan por encubrirla al público. ¿Por qué los científicos tienen esa imagen de sabios locos que emplean la ciencia para su propio provecho? ¿Qué interés puede tener el enorme número de científicos e investigadores a lo largo y ancho del mundo en que la Tierra se destruya? ¿Están todos locos?

La única verdad es que hasta ahora no hay ni la más remota pista de que exista ni el sistema solar, ni la estrella Tylar, ni Hercólubus, ni ninguna de las demenciales creaciones de Rabolú y sus sectarios.


Teorías demenciales sobre planetas imaginarios: Faetón

Dicen las malas lenguas que Helios, el dios griego del Sol, prestó su carro a su hijo Faetón. El impetuoso joven trató de conducir el carro de su padre –y, con él, el sol- lo mejor que pudo, pero lo hizo de forma tan temeraria e imprudente que calcinó la tierra. Los dioses se vieron obligados a derribarlo. El desgraciado Faetón murió, y seguro que no imaginaba que su nombre serviría para bautizar a un planeta que los hombres del futuro imaginarían.

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Faetón es derribado del carro del Sol

 

Imagínese la siguiente sucesión de números: 0, 3, 6, 12, 24, 48 y 96. Excepto los dos primeros, cada uno duplica al anterior. Si ahora sumamos 4 a cada uno, obtenemos 4, 7, 10, 16, 28, 52 y 100. Por último -¡un poco de paciencia!-, si dividimos las anteriores cifras entre 10, obtendremos esta serie: 0,4; 0,7; 1,0; 1,6; 2,8; 5,2; 10,0. Pues bien, esta simple serie numérica indica con gran precisión la distancia que separa cada planeta de nuestro sol, en Unidades Astronómicas (UA). Mercurio, el más cercano, está a 0,38 UA, muy cerca de las 4 predichas. Venus, a 0,72 UA; nuestra Tierra, justo a 1; Marte se encuentra a 1,52, frente a las 1,6 de la serie. Júpiter está exactamente a 5,2 UA, y Saturno se encuentra a 9,54. El lector avispado habrá detectado dos cosas: que Urano y Neptuno no aparecen por ninguna parte y que no hay ningún planeta a 2,8 UA del sol, como indicaría la serie.

La serie anterior se conoce como Ley de Titius-Bode, y fue descubierta por Johan Titius en 1766 y por Johann Elert Bode en 1772. Se trata, por supuesto, de una simple aproximación numérica que hoy en día ha sido abandonada; pero en su época resultó bastante revolucionaria. La razón de que no aparezcan Neptuno y Plutón es, sencillamente, que en aquella época aún no se habían descubierto. Como curiosidad cabe decir que cuando se descubrió Urano en 1781, se comprobó que estaba precisamente donde la serie predecía: a 19,18 UA del sol, frente a las 19,6 predichas. Neptuno se salta la ley a la torera y no coincide con la serie. Pero Plutón, planeta por derecho propio hasta 2006, vuelve a confirmarla: está a 39,4 UA del sol, cuando la serie de Titius-Bode predecía que habría un planeta a 38,8 UA.

 

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Titius (izquierda) y Bode (derecha)

Esta supuesta precisión de la serie de Titius-Bode llevó a algunos astrónomos a hacerse una incómoda pregunta: ¿dónde estaba el planeta que cabía encontrar a 2,8 UA del sol, entre Marte y Júpiter?

Rápidamente comenzó a escudriñarse el cielo, buscando el planeta perdido que debería hallarse en la quinta posición. En 1802 se descubrió un cuerpo de casi mil kilómetros justamente en el sitio predicho por la Ley de Titius-Bode. El cuerpo, llamado Ceres, convenció a muchos de que se trataba del misterioso quinto planeta. Pero al año siguiente el alemán Olbers descubrió Palas, otro gran asteroide, en la misma órbita. Y al poco se descubrieron Juno, Vesta y aún más cuerpos que orbitaban en la misma zona. Olbers propuso que el misterioso quinto planeta había quedado destruido de alguna forma y se había convertido en multitud de fragmentos. A medida que se iban hallando nuevos asteroides en el hueco entre Marte y Júpiter, su hipótesis iba cobrando fuerza. Se propusieron varias explicaciones para la destrucción del quinto planeta, a saber: que había sido bombardeado por asteroides o golpeado por algún cuerpo de gran tamaño; que se había desintegrado por el enorme influjo gravitatorio de Júpiter; que había sido despedazado por la intervención de la mítica estrella acompañante del sol, Némesis; que sus propios habitantes, muy avanzados, habían causado su destrucción un millón de años atrás…

No fue hasta el siglo XX que ese supuesto quinto planeta fue llamado Faetón. Por algún motivo, las teorías que defendían la existencia de un quinto planeta calaron hondamente entre los astrónomos y científicos rusos, y hasta fechas bastante recientes. El astrónomo ruso Yevgeny Krinov –quien estudió otro evento espacial cargado de misterio: Tunguska– propuso que se llamase Faetón al planeta perdido, en recordatorio del malogrado hijo del dios Helios. Posteriormente, toda una serie de autores rusos han desarrollado y perpetuado la historia de Faetón. Aleksander Zavaritsky emprendió la tarea de reconstruir lo que habría sido Faetón a partir de restos de meteoritos caídos en la U.R.S.S. Describe un mundo similar a la Tierra, con un núcleo fundido, océanos y cordilleras, incluso atmósfera, pero que fue destruido hace un millón de años. El escritor de ciencia ficción Aleksander Kazantsev, en fecha tan reciente como 1973, publicó Phaetae, un libro a caballo entre la realidad y la ficción en el que describe la vida de los habitantes de Faetón. Por supuesto, alguien tenía que afirmar en algún momento que Faetón estaba habitado por alguna cultura avanzadísima… y fue Kazantsev. Dijo que los últimos habitantes de Faetón se refugiaron en la Tierra cuando su mundo estalló, y sobrevivieron aquí hasta hace pocos milenios. Durante su estancia habrían servido de guías y mentores para los pueblos humanos primitivos. Lejos de limitarse a incorporar las historias de Faetón a sus relatos, Kazantsev creía que estas historias eran pruebas verdaderas de antiquísimos contactos entre los humanos y los extraterrestres.

Un científico ruso, Felix Ziegel, trató de dar cuerpo científico a la explicación de Kazantsev. Habría que mencionar que, además de astrónomo y científico, Ziegel fue uno de los fundadores de la ufología rusa. Desarrolló algunas teorías curiosas –afirmaba que el evento de Tunguska era el resultado de una nave alienígena que se había estrellado- y llegó a reunir un formidable archivo de casos de supuestos avistamientos OVNIS. Ziegel estaba convencido de que Faetón había existido, y no solo eso: pensaba que su destrucción se había debido a una explosión descontrolada de armas termonucleares. Ningún otro cataclismo podía haber destruido Faetón de aquel modo. Los habitantes del planeta habían sido imprudentes y, por lo visto, habían destruido su hermoso planeta… Ziegel basó sus afirmaciones en unos misteriosos meteoritos que había examinado y que, según él, provenían de los lechos marinos de Faetón y habían sido modificados por las explosiones nucleares que lo destruyeron. Analizó diversas tectitas, restos meteóricos cristalinos que se encuentran en algunos lugares de la Tierra, y dijo que nada podía haberlas creado si no era una explosión de tipo nuclear.

 

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Félix Ziegel
Actualmente las teorías sobre el origen y formación del sistema solar se basan en modelos de acreción o acrecimiento. Todo indica que tanto el sol como los planetas se formaron a medida que la materia estelar iba concentrándose en torno a un punto de mayor atracción gravitatoria. Así, una inmensa nube de gas estelar en rotación fue “coagulándose” formando cuerpos cada vez mayores. Justo en el centro, la acumulación de materia alcanzó la densidad suficiente para iniciar una reacción nuclear en cadena y acabó dando origen a una estrella, nuestro sol. A su alrededor, los planetas mayores fueron creciendo a medida que la nube primigenia iba organizándose y aplanándose. El resultado final es un sistema solar como el que conocemos, y como tantos otros que pueblan el universo. No obstante, hubo cuerpos que nunca formaron parte de un planeta. Una gran cantidad de materia, aunque insignificante si la comparamos con la masa total del sol y los planetas, quedó “a la deriva” alrededor del sol. Los cuerpos más grandes, como Ceres o Vesta, no llegan a ser planetas por derecho propio; los más pequeños, tan diminutos como granos de polvo, danzan al son de los campos gravitatorios que se encuentran. Esto fue lo que pasó en el caso del cinturón de asteroides: podría haber habido un planeta en su lugar, pero éste nunca tuvo la oportunidad de formarse. El enorme influjo de la gravedad de Júpiter atrajo la mayor parte de la materia hacia sí mismo; otros fragmentos fueron expulsados del sistema solar o empujados hacia otros planetas por la gravedad de Júpiter, algo que sigue ocurriendo hoy en día. No es que Faetón fuese destruido por algún evento cósmico: simplemente nunca hubo un planeta entre Marte y Júpiter.

 

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El Cinturón de Asteroides

Hay más argumentos que podemos esgrimir contra los que defienden la existencia de Faetón. En todo el cinturón de asteroides hay apenas un 4% de la masa de nuestra Luna. Eso es un 0,06% de la masa de la Tierra. Supongamos que Faetón existió y fue destruido por algún motivo. La gran mayoría de la materia que lo componía debería seguir orbitando en torno al sol, entre Marte y Júpiter. ¿Por qué, entonces, hay tan poca materia? Un planeta con una masa igual al 4% de nuestra luna nunca podría haber conservado su atmósfera, por lo que la vida sobre su superficie sería imposible. Bien, podemos admitir que Faetón era mucho mayor y que una explosión colosal envió restos del planeta en todas direcciones hace uno o dos millones de años. Pero se hace muy cuesta arriba admitir que podría darse una explosión de tal calibre y tan recientemente sin que haya ninguna prueba en nuestro planeta. Sin duda debieron de llegarnos restos del desastre. ¿Dónde están los cráteres y la destrucción que debieron generar estos meteoritos? Deberían permanecer bien visibles, teniendo en cuenta que la erosión y los procesos geológicos no habrían tenido tiempo aún para borrarlos.

Respecto a las tectitas que Ziegel estudió y que según él eran restos de Faetón, actualmente se acepta que son restos cristalizados de grandes impactos de meteoritos sobre nuestro planeta. Las condiciones extremas que rodean el impacto de un gran asteroide pueden crear tectitas. La explosión también podría enviar tectitas más allá de nuestra atmósfera, de donde volverían a caer a cientos o miles de kilómetros del punto de impacto original. Las tectitas se encuentran alrededor de cuatro áreas concretas de la Tierra, y en tres de esas cuatro zonas hay cráteres de asteroides bien definidos. Es posible calcular su edad con bastante precisión, y está entre 700.000 años y 34 millones de años. Existe otra teoría, algo menos aceptada, que propone que las tectitas provienen de nuestra Luna; en cualquier caso, no es necesario acudir a explosiones nucleares en un remoto planeta para explicar su origen.

 

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Unas cuantas tectitas, algunas con curiosas formas
En resumidas cuentas, el mito de Faetón es un intento de explicar la presencia del Cinturón de Asteroides en un tiempo en que los métodos y la tecnología no permitían un conocimiento como el que ahora tenemos. La idea de una raza avanzada que se destruyó a sí misma por el mal uso de la energía atómica es un producto lógico de la época en la que se desarrolló: los años 60 y 70, en plena Guerra Fría, con ambos bandos acumulando cabezas nucleares suficientes para destruir varias veces a la humanidad. Pero la formación del sistema solar es ya lo bastante misteriosa, fascinante y compleja como para añadir a la ecuación una extinta raza de alienígenas que acabaron sus días exiliados en la Tierra tras destruir su planeta natal.

Teorías demenciales sobre planetas imaginarios: Nibiru

Pensaba escribir un único artículo sobre varios cuerpos celestes imaginarios pero, sinceramente, se me ha ido la mano. Debido a la extensión que va cogiendo la cosa, he decidido publicarlo por entregas, cada una dedicada a uno de estos maravillosos inventos de la mente humana. Nibiru, el planeta del fin del mundo, tendrá el honor de ser el primero…

El planeta Nibiru, proveniente de algún oscuro y lejano punto del exterior de nuestro sistema solar, devastará la Tierra cuando colisione contra ella en 2012.

En 1995, Nancy Lieder anunció que… pero, un momento, ¿quién es esta señora? Por ahora, basta saber sobre ella es que es una mujer de Wisconsin que afirma haber sido abducida por extraterrestres y que recibe mensajes procedentes de Zeta Retículi a través de un implante cerebral alienígena. O eso dice.

Pues bien, Lieder comenzó a extender el mensaje de que había sido elegida para advertir a la humanidad sobre el inminente cataclismo que se le avecinaba: en 2003, un objeto estelar llamado Planeta X, cuatro veces mayor que la Tierra, pasaría rozándonos y causaría el caos. Lieder afirmaba el acercamiento del cometa Hale-Bopp en 1997 era una maniobra de distracción orquestada por los conspiradores de turno para desviar la atención de la humanidad. A lo largo de varios años, la mujer trató de alertarnos de lo que nos esperaba desde su sitio web, ZetaTalk. El Planeta X iba a detener el movimiento de rotación de nuestro planeta durante casi 6 días. Después se invertirían los polos de la Tierra, pero no sería una de esas inversiones magnéticas de pega, no: los polos iban a cambiar físicamente de sitio y esto provocaría, claro está, las más terribles catástrofes imaginables. El Planeta X llegaría al máximo acercamiento a la Tierra el 27 de mayo de 2003. A medida que pasaba el tiempo, más y más gente seguía las noticias que aparecían en ZetaTalk, y muchos (tal vez millones de personas) se convirtieron a la “fe” de Lieder.

Llegó la fecha del apocalipsis y no pasó absolutamente nada.

Lieder llegó a decir que todo aquello había sido tan solo una broma para mosquear al personal. Por supuesto, gran parte de sus seguidores no se dejaron convencer por minucias como la total ausencia de pruebas y la absurdez que rodeaba a toda aquella historia, y se limitaron a cambiar la fecha del fin del mundo. Se creó todo un movimiento independiente de Lieder y de ZetaTalk que predecía el fin del mundo para 2012, coincidiendo con el final del calendario maya.

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La presunta órbita de Nibiru

Para añadir ruido a la mezcolanza, Lieder dijo que su Planeta X era equivalente al Planeta nº 12 que Zecharia Sitchin propuso en su libro de 1976 “The 12th Planet”. Sitchin era un acérrimo defensor de que los extraterrestres habían visitado a los humanos en la antigüedad. En su libro decía que había un doceavo planeta (el contaba los ocho actuales más Plutón, el sol y nuestra luna) conocido por los antiguos como Nibiru o Marduk. Nibiru sería un planeta gigante que pasaría junto a la Tierra cada 3.600 años, causando todo tipo de entretenidos y cataclísmicos eventos. No solo eso, sino que en Nibiru viviría una raza de avanzados seres que fueron los primeros dioses de la humanidad y que podrían comunicarse con nosotros con cada acercamiento de nuestros respectivos planetas. ¿Qué cómo sabía Sitchin todo esto? ¡Pues leyendo oscuros y vagos textos babilónicos que luego interpretó a su manera, hombre! ¿O acaso creéis que las matemáticas y la razón dan lugar a teorías tan divertidas?

En resumidas cuentas, entre las bonitas historias de la abducida Lieder y los fantásticos inventos pseudohistóricos de Sitchin, se fue tejiendo un bodrio anticientífico que millares de seguidores han ido adornando y extendiendo a lo largo de los años. Cada vez que descubrimos un nuevo cuerpo estelar, especialmente cometas y asteroides, los entusiastas del fin del mundo se apresuran a identificarlo con “su” Nibiru.

Un ejemplo: el cometa Elenin. Descubierto por el ruso Leonid Elenin en diciembre de 2010, este cometa se acercará bastante a la Tierra en octubre de 2011. Los “nibirunianos” (entusiastas de Nibiru) salieron rápidamente al ruedo para afirmar que Elenin era en realidad algo mucho mayor y más peligroso… tal vez una estrella enana marrón o un gigantesco planeta que aniquilaría toda vida en la Tierra. La NASA y demás organismos científicos trataban de ocultar información, como siempre, disfrazando de inofensivo cometa lo que en realidad iba a ser nuestro Armagedón. ¡Malditos listillos conspiradores!

Por supuesto, Elenin no destruirá el mundo. Nadie oculta información porque no hay nada que ocultar. En primer lugar, ¿qué significa que Elenin nos pasará “bastante cerca”? Pues significa 0,2338 Unidades Astronómicas, o sea: casi 35 millones de kilómetros. Pasará solo un poco más cerca de nosotros que el planeta Venus. Y se estima que medirá menos de 10 kilómetros de diámetro (de los cuales solamente los 3-4 km. centrales serán de roca o metal y no de hielo), por lo que el efecto de su campo gravitatorio sobre nosotros será, por muy alarmistas que seamos, inexistente. Si un cuerpo del tamaño de Nibiru, que supuestamente es cuatro veces mayor que la Tierra, se acercase a nosotros, su gravedad provocaría alteraciones en las órbitas de los planetas que podríamos detectar con años de antelación, y con enorme precisión. El propio Leonid Elenin, molesto por las chorradas que llegaron a decirse sobre su descubrimiento, demostró mediante una simulación lo que ocurriría si reemplazamos al cometa Elenin con una enana marrón, como algunos afirmaron. Los resultados eran bastante concluyentes y demostraban que las órbitas de los planetas se habrían alterado sensiblemente debido a la masa de la mini-estrella, mientras que en la actualidad todo el sistema solar sigue su curso habitual.

Por si hiciese falta otra prueba de que Elenin es un cometa y no un monstruo galáctico…citaré su cola. Los cometas tienen cola, las estrellas y planetas no. Un cometa es un conglomerado de rocas, polvo y gases congelados. Cuando se acerca a una estrella como nuestro sol, el calor comienza a sublimar los gases helados y es cuando aparece una larga cola que apunta en dirección opuesta a la estrella, empujada por el viento solar. Solo los cuerpos que no tienen una gravedad potente que retenga su atmósfera muestran esta larga cola, que mide millones de kilómetros de longitud. Una estrella enana, o un planeta, no iría perdiendo así su atmósfera por el espacio. Los cometas son una maravilla del cosmos, y tradicionalmente han desatado el pánico cuando son visibles desde la Tierra. Como puede comprobarse, bien entrado el siglo XXI los humanos seguimos comportándonos como en plena Edad Oscura.

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Cthulhu fhtagn! Probablemente el gran Primigenio esté a favor de las teorías de Nibiru. ¿Y si el lugar del planeta X lo que se acerca a nosotros es el mismísimo Azathot, el Sultán Demoniaco? ¿Por qué no? Huid, insensatos!!

Resulta curioso el comportamiento de aquellos que creen este tipo de teorías. Uno puede, por supesto, creer cualquier cosa aparentemente descabellada, ya que el universo ha demostrado en repetidas ocasiones que puede llegar a ser bastante increíble. Los defensores de Nibiru creen que “su” planeta destruirá la Tierra; pero cuando la NASA o cualquier otra fuente bien informada demuestra que Nibiru, o Elenin, o el objeto espacial de turno no representa ningún peligro, los “nibirunianos” les tachan inmediatamente de conspiradores y mentirosos. Como si la NASA se beneficiase de la destrucción del mundo. La forma de pensar de los seguidores de estas teorías es algo así como “Nibiru existe, se acerca y nos destruirá; y si alguien demuestra lo contrario, está mintiendo, porque Nibiru existe, se acerca y nos destruirá”. Así es la lógica circular: un temible bucle del que no es fácil salir.


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