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Sobre el “monstruo marino” de Almería

A mediados de agosto apareció en la playa de Luis Siret, cerca de Cuevas de Almanzora (Almería). Algún bañista se topó con estos restos en descomposición, que parecen los de algún tipo de gran pez:

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Los restos miden unos cuatro metros de largo. Lo que más desconcertó a los espectadores eran esa especie de cuernos que parece tener el bicho. Sin embargo, dichos “cuernos” se encontraron separados del resto del animal, y los colocaron en la zona de la cabeza simplemente por costumbre para hacer la foto. Podían haber estado en cualquier parte del cuerpo de la criatura.

No es la primera vez que un cadáver de animal desconcierta a los testigos por tener “cuernos”, cuando sabemos que ningún animal marino los tiene. En los años 50 apareció en Egipto este ser:

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Aunque el animal desconcertó a propios y extraños con esos enormes “cuernos”, estos resultaron ser únicamente los huesos de la mandíbula inferior de una ballena en descomposición, que sobresalían a ambos lados de la cabeza.

El cadáver de Almería parece, a primera vista, de una pequeña ballena o tiburón. Los tiburones no tienen huesos, sino cartílagos. Debido al proceso de descomposición en alta mar, tanto las ballenas como los tiburones van perdiendo aletas y otras partes de su anatomía, haciéndolos difíciles de reconocer. Pero, ¿qué son esos cuernos?

El biólogo Chris Lowe, director del California State Long Beach Sharklab (un centro de investigación de tiburones y rayas) lo tiene claro: se trata del escapulo-coracoide, un hueso (cartílago, en este caso) que ayuda a soportar las aletas pectorales del tiburón. Se trata de un hueso con una función similar a nuestra escápula y clavícula, y todos los vertebrados poseen estructuras similares. En el caso de los tiburones suele tener una forma de U característica, como puede apreciarse en estas imágenes:

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Parece claro, por tanto, que estamos ante el cuerpo descompuesto de un tiburón de respetable tamaño. Los “cuernos” no deberían estar en la cabeza, sino más atrás, en la zona de las aletas pectorales.

NOTA (8/10/2013): un hallazgo muy similar se produjo hace un par de días en Alicante. La noticia aquí: http://www.diarioinformacion.com/alacanti/2013/10/08/el-extrano-monstruo-marino-en/1423382.html?utm_source=rss


Jamie Oliver y su cruzada contra el hidróxido de amonio de McDonald´s

Esta semana me ha llegado el siguiente texto, vía Facebook:

El chef Jamie Oliver ha ganado una batalla en contra de la cadena más grande de comida chatarra que existe en el mundo. Una vez que Oliver demostró cómo se hacen las hamburguesas, McDonald’s, la franquiciadora anunció que cambiará la receta.

De acuerdo a Oliver, las partes grasosas de la carne se “lavan” con hidróxido de amoníaco y luego se usan en la confección de la ‘torta’ de carne para rellenar la hamburguesa. Antes de este proceso, de acuerdo con el presentador, ya esa carne no era apta para consumo humano.

Oliver, chef activista radical, quién ha asumido una Guerra contra la industria de alimentos, dice: estamos hablando de carnes que hubieran sido vendidas como alimento para perros y después de este proceso se les sirve a seres humanos. Aparte de la calidad de la carne, el hidróxido de amonio es dañino para la salud. Oliver le dice a esto: “El Proceso de la Porquería Rosa”.

¿Qué ser humano en su sano juicio pondría un trozo de carne remojada en hidróxido de amonio en la boca de un niño?

En otra de sus iniciativas Oliver demostró como se hacen los nuggets de pollo: Después de seleccionar las ‘mejores partes’, el resto: grasa, pellejos, cartílagos, vísceras, huesos, cabeza, patas, son sometidos a un licuado –separación mecánica- es el eufemismo que usan los ingenieros en alimentos, y después esa pasta rosada por la sangre, es desodorada, decolorada, reodorizada y repintada, capeadas en melcocha farinácea y frita, esto es rehervido en aceites generalmente parcialmente hidrogenados, esto es, tóxicos.

En USA, Burger King y Taco Bell ya abandonaron el uso de amonio en sus productos. La industria de alimentos usa el hidróxido amonio como un agente anti-microbiano, lo que le ha permitido a McDonald’s usar en sus hamburguesas carne, de entrada no apta para consumo humano.

Pero aún más molesta es la situación que estas sustancias basadas en hidróxido amonio sean consideradas ‘componentes legítimos en procedimientos de producción’ en la industria de alimentos con las bendiciones de las autoridades de salud en todo el mundo. Así los consumidores nunca se podrán enterar de qué químicos ponen en nuestra comida.

Comida, productos químicos, y el nombre de una multinacional. Recordad bien estos tres elementos porque cada vez que veais una noticia que contenga los tres, será, casi invariablemente, falsa.

A día de hoy existe un rechazo muy fuerte y completamente irracional hacia los productos químicos, que se manifiesta frecuentemente en forma de noticias como esta. Jamie Oliver es un tío campechano, le gusta comer bien, y no hay más que ver su programa para comprobar que le encanta la comida elaborada con esmero, cariño y dedicación. Entiendo que por eso mismo no sea muy partidario de McDonald´s y demás cadenas de comida rápida. Pero, por desgracia, todo esto no hace que tenga razón en sus críticas hacia la química en general y el pobre hidróxido de amonio en particular.

El hidróxido de amonio es, simplemente, amoniaco diluido en agua. El amoniaco se encuentra en la naturaleza y muchos procesos naturales lo producen: las plantas, la descomposición de los animales, los procesos químicos de las bacterias… El amoníaco es necesario para la vida en nuestro planeta. El amoníaco puede ser tóxico. Podéis ver la ficha de datos del amoníaco aquí.

¿Por qué se le echa amoníaco a la carne? En primer lugar, no se le echa amoníaco. En la industria alimentaria lleva muchos años usándose el hidróxido de amonio en multitud de alimentos: no solo en carnes, sino también en pasteles, gelatinas, productos horneados, quesos, caramelos, púdines, frutas y verduras, huevos, pescados… Si queréis saber exactamente qué alimentos llevan este aditivo, podéis reconocerlo porque también se conoce con el código E-527. En el caso de la carne, se emplea como antimicrobiano. Impide que crezcan microorganismos porque cambia ligeramente el PH de la carne, haciendo que diversos microbios y bacterias la encuentren de lo más incómoda para vivir. La más conocida de las bacterias es la Escherichia coli, presente en los intestinos de los animales, es tan frecuente y tan resistente que causaba muchísimas intoxicaciones alimentarias; con el uso de sustancias químicas como el hidróxido de amonio, se consigue que la Escherichia no esté en la carne que nos comemos. Aún así, las intoxicaciones alimentarias no son del todo raras. En EE.UU, por ejemplo, hay 26.000 por cada 100.000 habitantes, al año. En el resto de países industrializados el porcentaje de afectados también ronda el 30%. ¿Os imagináis cuánto más frecuentes y graves serían si no usásemos productos químicos para tratar los alimentos? No hace falta imaginarlo: en los países del tercer mundo, las enfermedades causadas por comer alimentos y beber agua en mal estado producen millones de muertes al año. Las diarreas causadas por estas infecciones matan cada año a casi dos millones de personas y son una de las principales causas de muerte en niños menores de 5 años de países en desarrollo.

En segundo lugar, y como nota curiosa, más del 80% del amoníaco que produce el ser humano se emplea como abono en la agricultura. O sea que cuando Jamie Oliver nos anima a exigir la retirada del hidróxido de amonio de la industria cárnica está olvidando que un porcentaje enorme de los seres humanos podemos comer gracias a que el amoníaco se emplea como abono y nos permite tener más y mejores cosechas. Y esto lleva haciéndose muchísimo tiempo.

¿Es peligroso el hidróxido de amonio o el amoníaco? Pues hombre, depende. Ya en 1974 la Food and Drug Administration, que es quien determina lo que se puede y no se puede comer en EE.UU., dictaminó que el hidróxido de amonio, usado correctamente en la industria alimentaria, no tenía ningún efecto nocivo. Y esto tras una exhaustiva revisión de estudios y casos. Otra cosa es que, si hay una fuga en una fábrica de amoníaco, o si uno se cae en una cuba llena, o si respiramos gas de amoníaco, pues sí, entonces será nocivo… Es como el agua: uno puede beberse dos litros en un día, pero se ahogará si se cae en mitad de un lago.

Otra cosa es que la carne empleada por las cadenas de comida rápida sea de mejor o peor calidad que la que uno compra al charcutero del barrio. Ahí ya no entro, aunque no creo que haya mucha diferencia. No hay duda de que, si comemos todos los días en un McDonald´s, nuestra salud se resentirá. Pero si a mí me dan a elegir entre un filete cortado de una vaca “casera” y otro tratado convenientemente, con Hidróxido de Amonio y con lo que haga falta… me quedo con el segundo.

PD: no he encontrado en ninguna fuente fiable eso de que McDonald´s haya tenido que retirar dicho componente de su carne.


11 días sin dormir

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En 1963, Randy Gardner era un estudiante de enseñanza media, de 17 años de edad, con una idea ambiciosa para un proyecto de la San Diego Sciencie Fair. El 28 de diciembre se despertó a las 6 de la mañana para empezar. Cuando terminó 11 días más tarde (264 horas) había batido el récord del mundo de estar despierto continuamente bajo la atenta mirada de dos amigos y, durante los últimos 5 días, de de investigadores sobre el sueño fascinados por la experiencia. Randy no había utilizado drogas, ni tan siquiera cafeína. La experiencia no fue agradable. Randy rápidamente se sintió irritado, presentaba náuseas, tenía dificultades de la memoria e incluso después de dos días no podía ver la televisión. El cuarto día experimentó delirios leves y una fatiga abrumadora, y al séptimo día presentó temblores, su habla era farfullante y su EEG [elentroencefalograma] no mostraba ritmos alfa. Por fortuna, no llegó a experimentar una psicosis, pese a las predicciones de algunos “expertos”. Por el contrario, en su última noche despierto, derrotó a uno de sus observadores (mucho más descansado) en un videojuego de béisbol y en una conferencia de prensa nacional proporcionó una descripción muy coherente de sí mismo. Cuando por último se acostó, Randy durmió durante casi 15 horas de una tirada y después permaneció despierto 23 horas para esperar a que anocheciera y durmió otras 10 horas y media.Después del primer sueño, sus síntomas habían desaparecido en su mayor parte, y al cabo de una semana dormía y se comportaba normalmente.

Uno de los hechos más interesantes respecto a la terrible experiencia de Randy es que no provocó efectos deletéreos duraderos. No ocurre lo mismo en algunos animales que son privados de sueño. Si se mantiene despiertas a las ratas durante períodos prolongados, progresivamente pierden peso, al mismo tiempo que consumen mucha mayor cantidad de alimentos, se debilitan, acumulan úlceras gástricas y padecen hemorragias internas, e incluso mueren. Parece que experimentan un deterioro de su capacidad para regular la temperatura corporal y las necesidades metabólicas. La privación total de sueño no es necesaria. La pérdida prolongada de sueño REM es perjudicial. Estos resultados pueden implicar que el sueño proporciona algo esencial desde el punto de vista fisiológico.

Extraído del libro Neurociencia: Explorando el Cerebro. Un gran libro, por cierto.


¿Cuánto pesa una nube?

Por algún motivo tendemos a asociar las nubes con algo esponjoso, suave y ligero como el aire. Usamos la expresión “ligero como una nube”.

Lo primero que hay que entender es qué es una nube, lo cual es bastante sencillo. Imaginaos que tenéis un pulverizador lleno de agua (conocidos en España con el técnico nombre de “flis-flis”) y apretáis el gatillo unas cuantas veces. Veréis que salen minúsculas gotitas de agua que forman una pequeña nubecilla. Pues bien, si esas gotitas fuesen más pequeñas (microscópicas) y si repitiésemos ese proceso unos cuantos millones de veces, estaríamos bastante cerca de fabricar una nube. Una nube se compone de diminutas gotitas de agua que no pesan lo suficiente como para caer en forma de lluvia, por lo que se quedan pululando por el aire. Una nube también puede estar formada por cristales de hielo igualmente microscópicos. En otros planetas  las nubes pueden ser de materiales exóticos, como el ácido sulfúrico.

Hay diversos tipos de nubes, y cada uno contiene más o menos gotitas de agua en su interior. Es decir, cada tipo de nube tiene una densidad distinta, que se mide en gramos de agua por metro cúbico (gr/m3). Si multiplicamos esta densidad por el volumen de la nube obtendremos su peso total. Es complicado saber cuál es exactamente el volumen de una nube, pero podemos hacernos una idea. Uno de los tipos de nube más frecuentes es el cumulonimbo, que tiene una densidad de entre 1 y 3 gr/m3 de agua. Para el cálculo usaremos la densidad más baja: 1 gr/m3. Los cumulonimbos son nubes grandes, que pueden medir kilómetros. Supongamos que nuestra nube-ejemplo mide 1 km de largo, 1 km de ancho y 1 km de alto (no me caliento mucho la cabeza, como podéis ver), o sea: mil millones de metros cúbicos. Pesando cada m3 un gramo, estaríamos ante un peso total de 1.000 toneladas (1×10^9gr)

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Imagen de un gran cumulonimbo, cortesía de la NASA.

Si jugamos con las dimensiones y la densidad de la nube obtendremos pesos muy superiores, por ejemplo: si asumimos una densidad de 3gr/m3 y una nube de 10km x 2km x 10km, el cálculo sería:

(10.000 m x 2.000 m x 10.000 m) x 3 gr/m3 = 600.000.000.000 gr

Seiscientas mil toneladas de agua contendría esta nube. Como he dicho, las nubes no se caen a plomo porque están compuestas de diminutas gotitas de agua, tan pequeñas que la gravedad no las hace caer (del mismo modo que una mota de polvo no cae aplomo como lo haría una canica, y parece flotar en el aire). Cuando muchas gotitas se unen, acaban formando gotas mayores y más pesadas que ya no pueden mantenerse en el aire y caen en forma de lluvia.

Otros tipos de nubes pueden tener densidades mucho menores, de hasta 0,03 gr de agua por metro cúbico.


El joven Neil deGrasse Tyson

Creo que todos hemos visto este meme alguna vez:

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Es probable que no sepáis que ese señor es Neil deGrasse Tyson, astrofísico y divulgador científico de Nueva York, poderoso agnóstico y uno de los puntales modernos del pensamiento escéptico. Tyson es una figura muy conocida en el ámbito de la divulgación, como en su día lo fue Carl Sagan; de hecho, se dice que una secuela de la mítica serie Cosmos contará con Tyson como presentador. En una ocasión le preguntaron si creía en la existencia de “un poder superior”. Tyson respondió que

“cada descripción que he visto de un poder superior, en todas las religiones que conozco, incluye muchas afirmaciones con respecto a la benevolencia de ese poder. Cuando miro al universo y a todas las formas en que el universo trata de matarnos, encuentro complicado reconciliar esto con esas afirmaciones de bondad”

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La gente suele sorprenderse un poco de que Tyson resulte ser negro, tal vez porque al pensar en un científico se nos viene a la cabeza automáticamente la imagen de un hombre caucásico… Lo que sorprende un poco más es verlo en sus años universitarios, cuando parecía una versión cachas del mismo Lenny Kravitz:

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Además, apareció en un capítulo de The Big Bang Theory (cuarta temporada, séptimo capítulo, La disculpa insuficiente). Lo cual, a día de hoy, es para un científico como ganar un premio Nobel.


¡Confirman mediante ADN que el Bigfoot existe! Bueno, no, es mentira

Me siento frustrado. Llevo un buen rato siguiendo la pista a algo que cambiaría el mundo: la demostración, mediante análisis de ADN mitocondrial, de que el Bigfoot o Yeti norteamericano existe. No solo eso, sino que sería descendiente de un cruce entre humanos normales y algún primate desconocido, hace miles de años. Y ¿qué he encontrado?

Nada. Absolutamente nada. Si buscamos en Google veremos que encontramos una y otra vez la misma noticia, la misma nota de prensa publicada por unos y otros, además de infinitas especulaciones y rumores.

De verdad, me encantaría que todos los viejos cuentos sobre animales, bestias, críptidos, monstruos, llamémoslos cómo queramos… fuesen ciertos. Ojalá hubiese un monstruo del Lago Ness, o cocodrilos en las alcantarillas, o el Carcharodon megalodon siguiese vivo. Pero lo que importa son las pruebas y no lo que a mí me gusta, así que una y otra vez hay que desmentir este tipo de historias.

Resulta muy tentador creer en la existencia de hombres salvajes. Todas las culturas, de casi todas las épocas, creen o han creído en seres primitivos, hombres ferales que viven en los bosques y que representan lo opuesto a nuestra civilización. En EE.UU., el bigfoot o sasquatch tiene millones de fervientes creyentes. Y digo creyentes a propósito porque, a día de hoy, la fe es lo único que mantiene la existencia de este ser.

Pero estoy divagando. Resulta que una genetista de Texas, llamada Melba S. Ketchum, ha anu

nciado hace poco más de un mes que pronto presentará los resultados de un análisis genético sobre los restos biológicos del bigfoot. Los análisis le han llevado cinco años a ella y su grupo de colaboradores de la empresa DNADiagnosys, que casualmente pertenece a la señora Ketchum. No solo eso, sino que afirman algo increíble: que el sasquatch o bigfoot es el resultado de el cruce, hace 15.000 años, de hembras de Homo sapiens con algún gran primate desconocido macho.

Detengámonos un momento. ¿Os dais cuenta de lo que esto significa? Un descubrimiento de este calibre cambiaría parte de lo que sabemos sobre la evolución y la expansión de la especie humana. Demostraría que hubo un homínido, el que fuera, que pudo cruzarse con nuestra especie hace relativamente poco tiempo, y que los descendientes de esta unión siguen vivos. Sería algo inmenso. Estos seres, si existieran, ¿serían considerados humanos? ¿Cómo sobrevivieron? ¿Tan común era el cruce entre humanos y homínidos hace 15.000 años que se creó una población de híbridos lo bastante grande como para subsistir hasta hoy? Sería algo enorme. Quien pruebe y demuestra algo así se sentaría en el Olimpo de los hombres de ciencia.

Sasquatch lover

Y resulta que la señora Ketchum se dedica a mandar notitas por internet y a divulgarse en Facebook. Es decir, llevan cinco años estudiando cachos de bigfoot y la señora se dedica a sacar de vez en cuando alguna nota de prensa para poner cachondo al personal con lo importante que es su estudio. ¡Por Dios, tiene usted en sus manos el descubrimiento del siglo, del milenio! ¡Será millonaria, famosa, poderosa, de todo! Mándelo a alguna revista, sométalo a la atención de sus colegas científicos y envíelo a todas las universidades del país, pero ¡¡NO MANDE MENSAJITOS A PERIÓDICOS COMO EL HUFFINGTON POST!!

Ejem, perdón. Sigo.

Uno de los requisitos del avance científico, que es imprescindible, es que un científico o grupo de ellos puedan repetir un experimento que ha hecho previamente otro científico o grupo de ellos. De nada sirve que yo demuestre algo increíble en mi sótano, en oscuras condiciones que nadie puede replicar en su laboratorio. Eso es igual a nada. Cero. Otros científicos tienen que poder hacer lo mismo que yo hice, en su laboratorio, y comprobar si mis afirmaciones son ciertas, si se deben a un error o si, efectivamente he descubierto algo novedoso. Esto se llama reproducibilidad, y es fundamental. La ciencia no se esconde. Al contrario, solo funciona cuando está a la vista de todos. Por eso cuando alguien hace una afirmación increíble (ésta lo es) y no ha publicado nada, no ha presentado ningún resumen, no se sabe con quién trabaja, ni como, ni dónde… casi podemos ir afirmando que lo que dice ES FALSO.

Sabemos que esta gente está trabajando con una serie de restos biológicos supuestamente de bigfoot, por ejemplo:

–       Saliva, que un bigfoot dejó al chupar una cámara (¿?)

–       Cachos de piel y pelo

–       Un bigfoot steak (“chuleta de bigfoot”), un trozo de tejido y pelo bastante mísero, que supuestamente un cazador cogió de un bigfoot que había matado en California. ¡¿Por qué no se llevó todo el animal?!*

–       Orina

–       Otros restos miserables que pueden pertenecer a cualquier animal imaginable.

Nadie ha visto estos análisis. Se supone que la doctora se basa en el hecho de que, como parte del ADN analizado es humano, pues los antepasados del bicho debieron ser humanos. No lo sé, porque no lo explica. Ningún experto (ni no experto) ha recibido copias de los resultados o del método empleado. Cada vez que alguien hace algún tipo de afirmación importantísima, como esta, sin presentar trabajos y estudios concluyentes, es como si una gigantesca señal de FRAUDE A LA VISTA apareciese sobre el asunto. La Ketchum afirma que los resultados son sorprendentes y que el ADN, definitivamente, no es humano. Bueno, sí, es humano, pero “tiene cosas que los humanos no tienen” o “hay trozos de ADN desconocido”. ¿Qué explicación es esta? Si no es humano, será de otra cosa. ¿Qué es eso de “desconocido”? Si no es ADN humano, se parecerá a algún otro ADN, sea al de una planta, un tejón o un mono. Puede ser que las muestras analizadas estén contaminadas. Puede ser que vengan de una tribu de indios aislada y endogámica, lo que explicaría las peculiaridades. Pueden ser… tantas cosas…

Aún suponiendo que este estudio tenga algo de verdad, lo único que hace es sustituir un presunto enigma por otro. Si efectivamente el bigfoot es un descendiente de crices entre humanos y “otro homínido”, ¿cuál es es ese otro homínido? No hay pruebas de que hace 15.000 años hubiese otro tipo de homínido o primate que pudiera cruzarse con el Homo sapiens. Sustituimos un misterio por otro.

Lo curioso es que los fanáticos del bigfoot, los que defienden su existencia contra viento y marea, están hasta las narices de tanta espera y tan poca información. Y con razón. Lo único que he podido encontrar sobre este estudio son vagas referencias, rumores, y las notitas de prensa que de vez en cuendo saca la doctora Ketchum. Ella misma dijo que “los amantes del bigfoot han resultado más agresivos y exigentes que los propios científicos”. ¿Sabéis por qué? Porque los científicos de verdad saben que una historia increíble, sin pruebas de algún tipo, es exactamente igual a nada.

Medina Big Foot

*En Noviembre de 2012, se analizó esta supuesta muestra de bigfoot y resultó ser pelo de Oso negro (Ursus americanus) con trazas de ADN de Homo sapiens (la persona que manipuló la muestra). Podéis ver los resultados aquí, en Google docs.


Curas en el hospital

No, no me refiero a ser curado en el hospital, sino al hecho de que haya sacerdotes cristianos en los hospitales. Gracias a uno de mis astutos contactos me entero de que en la Generalitat Valenciana se van a pagar 900.000 € al arzobispado por los servicios que los curas prestan en los hospitales. Esta cantidad se les paga a los sacerdotes por “arrendamiento de locales”, sea lo que sea eso, y por hacer una serie de rituales supersticiosos sin utilidad alguna desde el punto de vista terapéutico: extremaunciones, comuniones y demás pantomimas.

Para los que creáis que esto solo pasa en Valencia, os diré que el estado español paga a los curas que hay en los hospitales en cumplimiento de unos acuerdos firmados entre España y el Vaticano hace más de treinta años, y que lo hace a nivel estatal. Ocurre en todas las comunidades autónomas.

¿Tiene alguna justificación mantener a curas en un hospital? Muy poca. La única utilidad que un sacerdote tiene para un enfermo grave o terminal es el afecto, la cercanía de una persona que escucha tu problema. Entiendo que, en un trance de vida o muerte, cualquier compañía y comprensión es bienvenida, y estaré de acuerdo con cualquier persona, religiosa o no, que me diga que para el enfermo es mejor tener a alguien que esté con él que no tenerlo.

Sí, pero, ¿ese alguien tiene que ser un cura? Yo diría que en lo referente a la salud, hay dos tipos de cosas: las que funcionan, nos curan, y nos permiten vivir mejor, y las que ni funcionan, ni nos curan, ni nos permiten vivir mejor. Si lo que queremos es una persona que alivie los sufrimientos del enfermo y de sus familiares, entonces sin duda tenemos que recurrir a la psicología. Los psicólogos emplean técnicas que a lo largo de las décadas han demostrado una y otra vez su eficacia y se han ido perfeccionando (de hecho, aún siguen evolucionando y aún deben hacerlo mucho más). Los sacerdotes emplean rituales que se han perpetuado a lo largo de 2000 años, sin más fundamento que la costumbre y la credulidad de quienes los practican. Un psicólogo puede, a lo largo de varias sesiones, ayudarte a superar un duelo y a expresar de forma sana y eficaz los sentimientos de dolor y pérdida. Un cura puede hacerte sentir bien un día, pero sus hostias y genuflexiones no producirán cambio alguno en tu bienestar psicológico a largo o medio plazo. La psicología funciona; creer en un dios, no.

Imaginaos por un momento que, estando en la mesa de operaciones, el que coge el bisturí lleva alzacuellos. Y el de la anestesia es un monaguillo. ¿Os dejaríais operar en estas condiciones? Entonces, ¿por qué dejar en manos de esos personajes nuestra salud mental? Se me ocurren más preguntas. ¿Qué ocurriría si, en lugar de un sacerdote cristiano, los hospitales tuviesen un chamán animista de Nueva Guinea? ¿Y si el paciente en cuestión es musulmán, o protestante, o testigo de Jehová, o mormón? Y si un cura es también médico… ¿lo valorarían más los pacientes por una cosa o por la otra? Manteniendo a religiosos en los hospitales se produce una situación triste y alarmante: que una persona que acaba de ser curada gracias a la ciencia médica, que ha alargado nuestra esperanza y calidad de vida más allá de lo imaginable, se dedique a rituales y supersticiones sin fundamento animada por el sacerdote de turno.

Esperanza de vida


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