Juegos de mayores

Los niños juegan muchísimo con su fantasía. Basta juntar a un par de críos para que empiecen a surgir mundos inventados, juegos fantásticos y reglas absurdas para decidir cómo se juega y quién gana. Una caja de cartón puede ser un coche de carreras o un fuerte medieval, unas ramitas serán espadas, un pequeño trozo de césped será alguna extraña tierra fantástica.

Cuando los niños crecen abandonan estos juegos fantásticos. Sin embargo, hay algunos mayores que siguen dedicándose a jugar con su fantasía y a crear mundos irreales. Por ejemplo, un escritor de novelas fantásticas, un director de cine o un diseñador de juegos. El ser humano, peculiar siempre, ha inventado una actividad enteramente basada en la fantasía donde las personas pueden jugar con su dinero: la bolsa y el mercado de valores. La bolsa se basa en asignar un valor inventado a una empresa. La gente compra y vende esos valores inventados -acciones-, cuyo valor sube y baja continuamente y casi al azar. Así funciona.

Estos días se ha hablado mucho del caso de Gowex. Se trata de una empresa que instala redes wifi en las calles de las ciudades y cuyo presidente, Jenaro García, se dedicó durante varios años a inventar números e ingresos para que su empresa valiese más. Hace poco, una empresa externa que se llama como la ciudad de Batman (Gotham City Research) se puso a investigar y descubrió que las acciones de Gowez valían… cero. También aseguraron que el 90% de los ingresos de Gowex no existían. El caso ha puesto a la empresa en grandes apuros. Incluso el Mercado Alternativo Bursátil, donde cotiza Gowex, está sufriendo un duro revés al perder los inversores la confianza en sus procedimientos.

Está claro que Jenaro nunca dejó de usar su imaginación. No sé cómo sería de niño, pero de mayor se encontró con un mundo en el que podía inventarse cosas (lo que vale su empresa, por ejemplo) y ganar dinero con ello. Me lo imagino en su despacho, inventando facturas, cobros e ingresos durante años, pensando en nombres ficticios para adornar sus relatos sobre dinero. ¡Qué cuento tan bonito se inventó! Sus acciones subian, su empresa estaba siempre en números verdísimos, y el dinero entraba y entraba. Solo había una pega: que alguien, por algún motivo, quisiera comprobar si el cuento de Jenaro era verdad. No lo era. No existe correspondencia alguna entre lo que pasa en la bolsa y lo que pasa en la realidad. Lo curioso es que no solo ocurre así con Gowex, sino con todas las empresas que cotizan. Por algún motivo, los humanos han decidido que un número que aparece en una pantalla en la bolsa de alguna parte representa la realidad de esas empresa, y apuestan su dinero a ese número, y a veces ganan porque ese número imaginario sube, y otras veces pierden cuando ese número baja. La empresa real está muy lejos, en otro mundo, y nada tiene que ver con ese número imaginario. Suena absurdo. Es absurdo.

¿Por qué nos sorprende tanto el engaño de Gowex? Todas las bolsas se basan en una fantasía, todos los mercados de valores son únicamente juegos, juegos de mayores.


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