Falacias: post hoc, ergo propter hoc

Suplico perdón por el espantoso latinajo que va en el título de este artículo, pero no hay otra forma de llamar a la falacia de la que voy a hablar hoy. Bueno, sí la hay: también se le llama a veces falacia de la falsa casualidad o, para abreviar, post hoc.

El nombre significa después de algo, por tanto, a consecuencia de ese algo. Esta falacia lógica está muy extencida por el mundo y es la causa de muchos pensamientos de tipo mágico o supersticioso. Consiste, simplemente, en pensar que un hecho es la causa de otro únicamente porque ha sucedido antes que éste. Hay un ejemplo muy claro que suele usarse para explicarla:

  1. El gallo canta muy temprano.
  2. Al poco de cantar el gallo, el sol sale.
  3. Por tanto, el canto del gallo hace que salga el sol.

Esto es solo un ejemplo, no creo que nadie lo crea, pero bueno… Otro ejemplo rocambolesco:

  1. En las ciudades grandes hay muchos curas y sacerdotes que en las pequeñas.
  2. En ciudades grandes también nacen muchos más niños.
  3. Los curas y sacerdotes, por tanto, son los padres de esos niños.

Lógicamente, no. Sabemos que en una ciudad grande hay mayor número de casi todas las cosas que en pueblos pequeños, incluyendo a curas y sacerdotes. Indudablemente, a mayor población también nacerán más niños. En Ciudad de México hay más nacimientos que en Taramundi. La conclusión a la que hemos llegado es, por tanto, falsa.

Otro ejemplo, menos esquizofrénico:

  1. Fui a una sesión de espiritismo.
  2. Al día siguiente me caí por unas escaleras.
  3. La causa de mi caída fue el espiritismo, la ira de los espectros de otro mundo, etc.

Este ejemplo, más real, puede explicar un elevado porcentaje de las creencias en cosas extravagantes como la videncia o los milagros. El hecho de que algo (una sesión de espiritismo) anteceda a otro algo (un accidente), en ningún momento implica que lo primero sea la causa directa de lo segundo. Sin duda habremos hecho muchas más cosas el día anterior a la caída, y no hay razón para pensar que no fue una cualquiera de ellas la que causó la caída: hacer la compra en un sitio determinado,  ver cierto programa, comer tal o cual cosa. Pero no, la gente invariablemente pensará en la sesión de espiritismo.

Otro ejemplo especialmente dañino:

  1. He visitado a un homeópata/curandero/mercachifle/etc.
  2. Se me ha pasado la gripe/sarpullido/cáncer/etc.
  3. Lógicamente, el homeópata/curandero/mercachifle me ha curado la gripe/sarpullido/cáncer.

Es fácil caer en este tipo de trampas lógicas en cuestiones de salud. Sabemos que muchas enfermedades, por no decir todas, tienen un porcentaje de remisiones espontáneas (curaciones que se producen independientemente del tratamiento) que alguien poco atento puede atribuir al curandero de turno. Muchas personas complementan sus visitas al médico con terapias alternativas, y suelen atribuir su curación o mejora al curandero, en lugar de al tratamiento real. Si tengo un cáncer, es posible que me sometan a quimio y radioterapia, o a cirugía, pero eso no quita que pueda visitar a un homeópata. El homeópata me dará agua o pastillas de azúcar para curarme. Si finalmente me recupero, y sabemos que hoy en día el cáncer tiene bastante buen pronóstico, puedo atribuir mi curación a: a) los avances médicos en quimioterapia, cirugía, antibióticos, cuidados hospitalarios, etc., o b) las pastillas, sin principio activo, que me dio el homeópata. Dicho así, esto parece una perogrullada, pero hay millones de personas que caen en esta trampa mental y viven convencidas de que lo que mejoró su vida fue un médium, o un tarot, o un péndulo, o las flores de Bach.

La falacia de la falsa causalidad se produce porque nuestro cerebro es una máquina de buscar relaciones y causas; a veces lo hacemos muy bien, pero normalmente lo hacemos bastante mal y creemos que las cosas ocurren debido a motivos extravagantes. La falacia tan extendida que la ciencia entera ha evolucionado para evitarla como a la peste. El método científico al completo está diseñado para evitar hacer este tipo de correlaciones falsas, para no creer que la causa de lo que vemos bajo el microscopio es algo que realmente no tiene nada que ver.

¿Cómo evitar esta falacia? Sencillamente no atribuyendo causas alegremente a lo que nos pasa. Si nos duele la barriga a media tarde, seguramente lo atribuyamos a lo que hemos comido, aunque hayamos comido miles de veces lo mismo sin dolor de barriga. Esto no tiene ningún fundamento y, si se hace unas cuantas veces, acaba por crear una superstición, que es una costumbre basada en conclusiones falsas. Si uno va por la vida creando asociaciones entre eventos que no están relacionados, acabará, probablemente, creyendo que la Tierra es hueca.

En resumidas cuentas: mucho cuidado al pensar que un hecho concreto es la causa de un evento posterior.

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3 responses to “Falacias: post hoc, ergo propter hoc

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