¿Siluros asesinos? ¡Sí!

El río Kali nace en las alturas del Himalaya y corre a lo largo de 350 kilómetros a través de Nepal y la India. Sus riberas están plagadas de pequeños poblados pesqueros y aldeas comerciales. Es un afluente del gran Ganges.

En abril de 1998 ocurrió una extraña muerte en el río. Un chaval de 17 años nadaba en bajo la mirada de su novia y varios amigos, cuando algo lo arrastró bajo el agua. No volvió a aparecer, y jamás encontraron su cuerpo a pesar de buscar durante tres días a lo largo de varios kilómetros de río. Tres meses más tarde, en un pueblo llamado Dharma Ghat, otro joven desapareció en el río, delante mismo de su padre. Nunca se encontró el menor rastro de él. Hubo quien dijo que las muertes habían sido obra del soos, el nombre indio para el muy raro delfín del Ganges (Platanista gangética). El asunto no trascendió más allá del ámbito local.

Nueve años más tarde volvió a ocurrir algo muy semejante en Nagar Ghat, a orillas del río. Un joven de dieciocho años se bañaba con unos amigos y fue “arrastrado bajo el agua” por algo. Uno de los testigos creyó ver al atacante, un animal al que describió como “un cerdo alargado” y al que identificó con el delfín del Ganges o soos. Nunca se encontró rastro alguno del joven.

Un biólogo británico, Jeremy Wade, se ofreció para investigar las muertes del río Kali. Sin duda le intrigaba que el supuesto atacante fuese un animal tan esquivo y poco frecuente como un delfín del Ganges. Los aldeanos locales, sin embargo, tenían la teoría de que el animal pudo haberse aficionado a la carne humana al devorar los restos de las piras funerarias típicas de la India (recordemos que muchas familias incineran a sus muertos y lanzan los restos al río, de forma que es relativamente frecuente encontrar cadáveres flotando en el Ganges y sus afluentes).

Wade fue bastante sistemático y quiso explorar todas las posibilidades: fue poniendo a prueba, una tras otra, todas las posibles causas de que un joven desaparezca en un río sin dejar rastro. Se planteó la posibilidad de que se tratase simplemente de una corriente o un remolino –el Kali es traicionero en esa región-, pero se desechó la idea, ya que todos los ataques tuvieron lugar a la vista de testigos y nadie había visto la menor agitación en el agua. Comenzaron a pensar en todos los animales de la India que pudiesen hacer eso, pero ninguno cumplía los requisitos. Los ataques tuvieron lugar en una zona de no más de 8 o 10 kilómetros, pero a casi 500 metros sobre el nivel del mar y a 1.500 kilómetros de la costa. ¿Tiburones toro? Pueden internarse en agua dulce fácilmente, y se sabe que se adentran cientos o miles de kilómetros en los ríos de zonas cálidas, pero las aguas del Kali son frías en esa región. Demasiado frías para un tiburón. ¿Cocodrilos? Tampoco la temperatura del agua les permitiría vivir tan arriba en el río. Otra especie de cocodrilo indio, el gavial, tiene unas mandíbulas demasiado débiles como para luchar contra seres humanos y se limita a comer peces, además de ser extraordinariamente escaso. Respecto a que el culpable fuese un delfín… estaba por ver.

Estando Wade en plena investigación, ocurrió otro ataque. Esta vez la víctima fue un búfalo de agua doméstico, que aparentemente había sido arrastrado a las profundidades mientras bebía en menos de un metro de agua. El dueño del búfalo vio al atacante claramente, y lo describió con claridad: era un Bagarius, el pez gato indio, y desde luego no se trataba de ningún delfín. Los Bagarius son un género de peces gato propios del sureste asiático. Hay cuatro especies: la más pequeña no sobrepasa los 20 centímetros, mientras que la mayor (B. yarrelli) puede alcanzar los dos metros. Tienen una piel carnosa y moteada, así como una cara alargada y redondeada con dos ojillos que recuerdan a un “cerdo alargado”. Tienen dientes, y dientes afilados. Wade pensó que, para arrastrar a un animal como el búfalo, tendría que ser un pez de 100 kilos de peso como mínimo.

Photobucket
¿Quién dijo que los siluros no tienen dientes?

Photobucket

Aquí se aprecia el tamaño que pueden tener estos bichos

Wade y sus compañeros se dedicaron a bucear por el río Kali, en las zonas de los ataques –un método un tanto arriesgado, dirían algunos- y usaron también cámaras submarinas, y vieron muchos Balgarius. Algunos de ellos, al menos media docena de ejemplares, eran del tamaño de una persona o más grandes. Después de unos cuantos días de sufrimientos debido a la negrura del agua, las rápidas corrientes y la astucia de los peces, capturaron uno de metro ochenta de largo y casi ochenta kilos. A juzgar por los esfuerzos que supuso su captura, Wade se convenció de que un animal así sería perfectamente capaz de ahogar a un ser humano arrastrándolo bajo el agua y luego consumir su carne. También afirma que hay Balgarius mucho mayores en las aguas del río Kali, y puede que alguno haya aprendido a reconocer a los humanos como alimento, sin importarle demasiado si son los restos de una pira funeraria o un joven que se baña tranquilamente.

Photobucket
Wade y su captura


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: