El cine y el “Efecto Nostalgia”

Tengo esta discusión prácticamente cada vez que hablo con uno de mis amigos: tal película, ¿es buena o no?

¿Es posible hablar de cine sin parecer un hooligan de Bruce Willis o un repelente admirador de Lars Von Trier? En otras palabras, ¿hay alguna forma de decir si una peli es buena o mala sin caer en el gilipollismo?

Sí, hombre. Claro que la hay. Puede parecer que “saber de cine” es como “saber de colores”: hay muchos y, aunque te sepas sus nombres, nunca podrás decir si uno es mejor que otro porque cada persona tendrá sus gustos. ¿Es “mejor” el gris o el azul? ¿Es “peor” el rosa que el verde? No, esto no tiene sentido; sin embargo, hay formas medianamente objetivas de decir si una película es buena, está bien hecha, gusta, cuenta bien lo que pretende contar, como queramos decirlo.

La forma más básica de clasificar una peli es hacerse una simple pregunta: ¿nos gusta o no? Según este criterio, la peli que nos guste es buena; la que no, mala. Y cuanto más nos atraiga o nos repela, mejor o peor será. ¿Para qué complicarnos la vida? El criterio subjetivo es el más sencillo, es intuitivo, va unido a la sensación visceral que nos produce una película. Muy rara vez diremos que un film está bien cuando su visionado nos ha dejado indiferentes. Muy pocas veces decimos que una peli “es buena” si nos ha causado aburrimiento, indiferencia o enfado.

Hay otros criterios que permiten valorar una película. El guión, la forma de contar lo que quiere contar, el carisma (o falta de él) de los personajes, la fotografía y aspecto visual, los diálogos (si faltan, sobran o están en su punto), etc. Millones de cosas. Los críticos profesionales pueden evaluar todo esto con relativa facilidad, pero la mayor parte de la gente lo percibe a un nivel casi inconsciente. Por descerebrado que parezca el público en general, casi todos percibirán los fallos en el guión, los errores, las escenas “de relleno”, los personajes planos o sin interés, los fallos en los efectos especiales… Muchos grandes fracasos de taquilla se deben, simplemente, a que todos estos puntos negativos se han ido acumulando hasta hacer que el público, simplemente, pierda el interés por la película.

Pero estoy divagando y quiero hablar de un efecto que se produce habitualmente al hablar de viejas películas. A decir verdad, puede darse al hablar de cualquier otra cosa que tenga unos años de edad, y ni siquiera es necesario que haya transcurrido demasiado tiempo. Yo lo llamo Efecto Nostalgia: creer, sin razones para ello, que “todo tiempo pasado fue mejor”. Este efecto nostalgia resulta muy evidente al hablar de películas y series de la infancia o juventud. Cuando los treintañeros nos acordamos de Chicho Terremoto, Dragon Ball, Lupin, Los Aurones, Las Monstruoplantas o Heidi, se nos llena la boca de alabanzas hacia aquellas maravillosas series. Recordamos el combate de los Caballeros de Bronce contra Docrates con emoción o nos alborozamos con las ocurrencias de Chicho para seducir a Rosa. Pero, ¡ay de aquél que pretenda re-visionar aquellas cintas con los mismos ojos! Todos nos hemos dado cuenta de que las series que antes nos enloquecían ahora son, con suerte, entretenidas. No se aguanta el ritmo de los capítulos. Nos aburren algunas situaciones que se repiten una y otra vez, como clichés. ¿Qué pasa aquí?

Creo que la explicación a esto no se debe a que las obras queden desfasadas o a que las de ahora sean mejores (¡eso no!). Pienso que la explicación está en nosotros mismos: hemos cambiado, hemos envejecido, y los ojos que vuelven a visionar El Hidalgo de los Mares o El Desafío de las Águilas ya no son los mismos de hace 20 años. Al juzgar hoy obras de ayer, lo que estamos haciendo es comparar nuestra vida de entonces con nuestra vida de ahora. Y lo demuestra el hecho de que casi todos recordamos cómo y cuándo veíamos nuestras series favoritas. El bocadillo de nocilla, el viernes por la tarde, la casa de nuestros abuelos… En resumidas cuentas, el efecto nostalgia es juzgar cosas del pasado basándonos en cómo era ese pasado, y no lo que estamos juzgando.

La máxima expresión del efecto nostalgia puede verse tras el estreno de uno de esos remakes que tanto gustan.

[NOTA: iba a decir “los remakes que tanto gustan hoy en día”, pero sería mentir. Los remakes llevan muchas décadas haciéndose y son una forma de invertir en algo que ya funcionó una vez; no olvidemos que el cine es un negocio como otro cualquiera. Como ejemplos: Scarface (1983) es un remake de Scarface (1932); El Cabo del Miedo (1991) es un remake de El Cabo del Miedo (1962); Nosferatu, El Vampiro de la Noche (1979) es un remake del Nosferatu de Murnau (1922); La Cosa (1982), una de las mejores películas de terror-ciencia ficción de la historia, es un remake de El Enigma de Otro Mundo (1951); y así hasta el infinito… No nos creamos, pues, que empezaron a hacerse versiones de viejas glorias a partir del siglo XXI]

Cuando un remake o “actualización” de una película anterior se estrena, invariablemente surge la comparación con el original. En ocasiones, y esto es innegable, el remake es un truño sin ningún aliciente, como puede serlo cualquier otra película. Otras veces, el remake consigue “resucitar” parte de la esencia o el espíritu de la vieja peli, y adaptarlo a los nuevos tiempos, acercarlo a las nuevas generaciones, y conseguir hoy en día algo similar a lo que la película original logró hace décadas.

¿Vamos con un ejemplo? Furia de Titanes. La película original se estrenó en 1981, y tenía efectos especiales potentes para la época, de la mano de Ray Harryhausen, el maestro del stop-motion. Toda la cinta era un desfile de aventuras y monstruos extravagantes, desde Cerbero hasta Medusa, pasando por Pegaso, Kraken o los míticos escorpiones gigantes. No respetaba el canon mitológico establecido, eso desde luego, Se trataba de entretener, de mostrar algo fantástico y emocionante en pantalla, y desde luego lo conseguía. Si hoy en día volvemos a ver esa película, veremos que ha envejecido mal. Estando, como estamos, acostumbrados a obras digitales perfectas hasta el mínimo detalle, los monstruos de goma de Harryhausen se nos antojan bastante anticuados. Por supuesto, la peli sigue teniendo el encanto de lo vetusto.

Photobucket

Pero, ¿y la nueva Furia de Titanes (2010)? Los que vimos la original también vimos esta. Venga, no lo neguéis… El comentario más oído fue el siguiente: “¡donde esté la original…!”. Pues perdonad que os diga, pero no. La nueva versión de Furia de Titanes es, exactamente, lo que habría hecho Harryhausen de haber nacido cincuenta años más tarde y haber tenido todas las opciones de animación digital de hoy en día a su disposición. Es una peli que muestra todo tipo de monstruos extravagantes sin preocuparse de cosas como encajarlos en la mitología griega. ¿En qué mito aparecen escorpiones de cuarenta metros? ¿Dónde se dice la forma y tamaño exacto de Kraken? ¡Coño, yo quiero ver cómo Perseo se enfrenta a Kraken, un monstruo kilométrico! ¡Quiero ver cómo se las arregla para derrotarlo con la cabeza cortada de otro engendro! No quiero estudiar historia, ni mitología, ni pensar en el mensaje de fondo de la película. Quiero divertirme viendo aventuras exageradas y visualmente impactantes, que es el pilar en que ambas versiones de Furia de Titanes se apoyaban. Y la nueva versión funcionó: costó 125 millones, sí, pero recaudó cerca de 500 en todo el mundo. En fin, un negocio es un negocio, y éste rindió bastante bien.

No quiero desilusionaros, pero os confundís. Nos confundimos. Cuando defendemos a capa y espada las obras de nuestra juventud frente a las de nueva hornada, estamos queriendo decir que nos gustaría volver a aquellos tiempos. Nos gustaría poder merendarnos aquellos bocadillos de nocilla. Quisiéramos poder ver los antiguos anuncios que ponían en Telecinco cuando era una cadena todavía nueva, y tal vez echar luego una partida al Hotel, al Hero Quest o al Quién es Quién. Ver pelis y series de antaño es, a veces, la forma de volver a un pasado que recordamos más amable.

Hay otro tipo de espectador que, sistemáticamente, reniega de todo lo nuevo a favor de “lo anterior”, lo que ya existía. Esto es otro tipo de actitud que podemos llamar Síndrome de Cerrilidad. Pero de ello hablaré otro día.

En fin, los tiempos cambian, las películas cambian y, sobre todo, nosotros cambiamos.


4 responses to “El cine y el “Efecto Nostalgia”

  • YePs

    El efecto nostalgia se nota mucho más en los videojuegos (teniendo en cuenta que tienen mucha menos historia y han evolucionado hasta alcanzar al cine). Además tambien se distingue otro tipo de mentalidad contenido en el Sindrome de Cerralidad que es el de la gente que es incapaz de ver peliculas con unos cuantos años. Ya no digo ver Casablanca, sino dejar de ver Alien o Star Wars…

  • Conan-Smaug

    ¿Heidi?, ¿me ha parecido leer Heidi?

    Tú antes molabas tío….

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