Tocar ortigas sin respirar: ¿funciona?

Existe la creencia popular de que si tocas ortigas mientras aguantas la respiración, no sufrirás los efectos de la urticación.

Hay unas 80 especies de ortigas en el mundo (el género se llama Urtica). Se encuentran prácticamente en todas partes, excepto en regiones polares. Muchas especies son bastante urticantes al contacto, mientras que otras no tienen esa capacidad. Hay una especie, la Urtica ferox, que ha causado la muerte de al menos una persona. Es un hierbajo que mide hasta cinco metros y causa picaduras dolorosísimas al más leve roce, pudiendo durar los efectos incluso varios días.

La especie más conocida en Europa, y en la que me centro aquí, es la Urtica dioica: la clásica ortiga que encontramos en España. Florece a partir de julio y es muy abundante en verano. En invierno es difícil encontrarla.

 

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Ortigas. Ortigas everywhere.

Las hojas y los tallos de la ortiga están cubiertos de dos tipos de pelos. Unos no son irritantes, pero cierta cantidad de ellos sí lo son. Estos pelos urticantes se llaman tricomas y son una prolongación afilada de las células de la epidermis de la ortiga. Su punta es muy frágil y está diseñada para romperse en ángulo en cuanto es rozada. Así es como se clavan en la piel e inyectan un cóctel variado de productos urticantes, por ejemplo:

Acetilcolina: sus efectos vasodilatadores producen rojez e hinchazón.
Histamina: causa picor, rojez, escozor y sensación de calor o quemadura, especialmente en cuero cabelludo, orejas, manos y cara. Luego deja pápulas o ronchas.
– Es posible que incluya ácido fórmico, un ácido natural de bastante potencia. Es el que inyectan algunas especias de hormigas al morder. Resulta doloroso, irritante y causa ampollas.
Serotonina.

En resumidas cuentas, cuando tocamos una ortiga estamos recibiendo varias docenas o cientos de inyecciones microscópicas llenas hasta el borde de productos irritantes. La inyección se produce con solo tocar la planta, cuando los tricomas se rompen. Por tanto, nada importa que estemos conteniendo la respiración o haciendo el pino: recibiremos igualmente la picadura. En las dos imágenes que siguen puede apreciarse perfectamente el diseño de los tricomas de una ortiga. El engrosamiento que tienen en su base es el “depósito” de sustancias químicas urticantes; a su alrededor pueden verse cientos de pelillos inofensivos que recubren la planta:

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Algunos datos a tener en cuenta:

– Hay muchas especies de ortigas, o sea que lo que puede aplicarse a las especies europeas podría no servir para otras especies. Algunas no tienen pelos urticantes. Otras inyectan productos más o menos violentos.

– Las plantas jóvenes son mucho menos “peligrosas” que las maduras. Una ortiga madura posee una picadura mucho más virulenta y dolorosa. Una persona podría tocar una ortiga joven sin sentir apenas nada; si está conteniendo la respiración, podría pensar que se ha salvado de la picadura gracias a ello, cuando en realidad su conducta no le serviría de nada frente a una planta adulta.

– Los tricomas son muy frágiles y se rompen con mucha facilidad. Si se corta la planta y se sacude vigorosamente, la gran mayoría se parten y se vuelven inofensivos. De hecho son más peligrosos cuando solo rozamos la planta: si la golpeamos o la apretamos con fuerza rápidamente, la mayoría de los tricomas se aplastarán en lugar de romperse e inyectar su veneno. Puede que alguien contenga la respiración mientras golpea o aprieta una ortiga y no se vea afectado, pero se deberá a que está aplastando los tricomas en lugar de pincharse con ellos. Las ortigas también pierden su peligrosidad al ser hervidas y al secarse.

– He leído que el grosor de la piel podría representar una defensa ante los pinchazos. La piel de la palma de las manos o las plantas de los pies es bastante más gruesa que la del resto del cuerpo. Si tocamos una ortiga joven (o alguna especie con pequeños tricomas) con la palma de nuestra mano, es posible que no sea capaz de urticarnos debido al grosor de nuestra piel. Pero si hacemos lo mismo con el dorso de la mano o con otra zona…

– Otro argumento es que al contener la respiración disminuye poco a poco el nivel de oxígeno en nuestra sangre, lo que de alguna manera impediría que la ortiga nos afectase (no he encontrado una explicación de cómo impide el nivel de oxígeno la urticación). Sin embargo, y como hemos visto, la ortiga inyecta sustancias en nuestra epidermis. Estas sustancias permanecen en la zona durante un tiempo (minutos, horas o incluso días), de manera que, incluso aunque un bajo nivel de oxígeno nos protegiera de la picadura en sí, las toxinas de la ortiga comenzarían a afectarnos en cuanto volviésemos a respirar y recuperásemos los niveles normales.

En resumidas cuentas, no hay ninguna razón para pensar que contener la respiración va a protegernos del dolor y la irritación de una ortiga. Es posible, como he dicho, tocar y manipular esta planta sin urticarse, pero es debido a otras razones y no a practicar la apnea.

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