Teorías demenciales sobre planetas imaginarios: Faetón

Dicen las malas lenguas que Helios, el dios griego del Sol, prestó su carro a su hijo Faetón. El impetuoso joven trató de conducir el carro de su padre –y, con él, el sol- lo mejor que pudo, pero lo hizo de forma tan temeraria e imprudente que calcinó la tierra. Los dioses se vieron obligados a derribarlo. El desgraciado Faetón murió, y seguro que no imaginaba que su nombre serviría para bautizar a un planeta que los hombres del futuro imaginarían.

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Faetón es derribado del carro del Sol

 

Imagínese la siguiente sucesión de números: 0, 3, 6, 12, 24, 48 y 96. Excepto los dos primeros, cada uno duplica al anterior. Si ahora sumamos 4 a cada uno, obtenemos 4, 7, 10, 16, 28, 52 y 100. Por último -¡un poco de paciencia!-, si dividimos las anteriores cifras entre 10, obtendremos esta serie: 0,4; 0,7; 1,0; 1,6; 2,8; 5,2; 10,0. Pues bien, esta simple serie numérica indica con gran precisión la distancia que separa cada planeta de nuestro sol, en Unidades Astronómicas (UA). Mercurio, el más cercano, está a 0,38 UA, muy cerca de las 4 predichas. Venus, a 0,72 UA; nuestra Tierra, justo a 1; Marte se encuentra a 1,52, frente a las 1,6 de la serie. Júpiter está exactamente a 5,2 UA, y Saturno se encuentra a 9,54. El lector avispado habrá detectado dos cosas: que Urano y Neptuno no aparecen por ninguna parte y que no hay ningún planeta a 2,8 UA del sol, como indicaría la serie.

La serie anterior se conoce como Ley de Titius-Bode, y fue descubierta por Johan Titius en 1766 y por Johann Elert Bode en 1772. Se trata, por supuesto, de una simple aproximación numérica que hoy en día ha sido abandonada; pero en su época resultó bastante revolucionaria. La razón de que no aparezcan Neptuno y Plutón es, sencillamente, que en aquella época aún no se habían descubierto. Como curiosidad cabe decir que cuando se descubrió Urano en 1781, se comprobó que estaba precisamente donde la serie predecía: a 19,18 UA del sol, frente a las 19,6 predichas. Neptuno se salta la ley a la torera y no coincide con la serie. Pero Plutón, planeta por derecho propio hasta 2006, vuelve a confirmarla: está a 39,4 UA del sol, cuando la serie de Titius-Bode predecía que habría un planeta a 38,8 UA.

 

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Titius (izquierda) y Bode (derecha)

Esta supuesta precisión de la serie de Titius-Bode llevó a algunos astrónomos a hacerse una incómoda pregunta: ¿dónde estaba el planeta que cabía encontrar a 2,8 UA del sol, entre Marte y Júpiter?

Rápidamente comenzó a escudriñarse el cielo, buscando el planeta perdido que debería hallarse en la quinta posición. En 1802 se descubrió un cuerpo de casi mil kilómetros justamente en el sitio predicho por la Ley de Titius-Bode. El cuerpo, llamado Ceres, convenció a muchos de que se trataba del misterioso quinto planeta. Pero al año siguiente el alemán Olbers descubrió Palas, otro gran asteroide, en la misma órbita. Y al poco se descubrieron Juno, Vesta y aún más cuerpos que orbitaban en la misma zona. Olbers propuso que el misterioso quinto planeta había quedado destruido de alguna forma y se había convertido en multitud de fragmentos. A medida que se iban hallando nuevos asteroides en el hueco entre Marte y Júpiter, su hipótesis iba cobrando fuerza. Se propusieron varias explicaciones para la destrucción del quinto planeta, a saber: que había sido bombardeado por asteroides o golpeado por algún cuerpo de gran tamaño; que se había desintegrado por el enorme influjo gravitatorio de Júpiter; que había sido despedazado por la intervención de la mítica estrella acompañante del sol, Némesis; que sus propios habitantes, muy avanzados, habían causado su destrucción un millón de años atrás…

No fue hasta el siglo XX que ese supuesto quinto planeta fue llamado Faetón. Por algún motivo, las teorías que defendían la existencia de un quinto planeta calaron hondamente entre los astrónomos y científicos rusos, y hasta fechas bastante recientes. El astrónomo ruso Yevgeny Krinov –quien estudió otro evento espacial cargado de misterio: Tunguska– propuso que se llamase Faetón al planeta perdido, en recordatorio del malogrado hijo del dios Helios. Posteriormente, toda una serie de autores rusos han desarrollado y perpetuado la historia de Faetón. Aleksander Zavaritsky emprendió la tarea de reconstruir lo que habría sido Faetón a partir de restos de meteoritos caídos en la U.R.S.S. Describe un mundo similar a la Tierra, con un núcleo fundido, océanos y cordilleras, incluso atmósfera, pero que fue destruido hace un millón de años. El escritor de ciencia ficción Aleksander Kazantsev, en fecha tan reciente como 1973, publicó Phaetae, un libro a caballo entre la realidad y la ficción en el que describe la vida de los habitantes de Faetón. Por supuesto, alguien tenía que afirmar en algún momento que Faetón estaba habitado por alguna cultura avanzadísima… y fue Kazantsev. Dijo que los últimos habitantes de Faetón se refugiaron en la Tierra cuando su mundo estalló, y sobrevivieron aquí hasta hace pocos milenios. Durante su estancia habrían servido de guías y mentores para los pueblos humanos primitivos. Lejos de limitarse a incorporar las historias de Faetón a sus relatos, Kazantsev creía que estas historias eran pruebas verdaderas de antiquísimos contactos entre los humanos y los extraterrestres.

Un científico ruso, Felix Ziegel, trató de dar cuerpo científico a la explicación de Kazantsev. Habría que mencionar que, además de astrónomo y científico, Ziegel fue uno de los fundadores de la ufología rusa. Desarrolló algunas teorías curiosas –afirmaba que el evento de Tunguska era el resultado de una nave alienígena que se había estrellado- y llegó a reunir un formidable archivo de casos de supuestos avistamientos OVNIS. Ziegel estaba convencido de que Faetón había existido, y no solo eso: pensaba que su destrucción se había debido a una explosión descontrolada de armas termonucleares. Ningún otro cataclismo podía haber destruido Faetón de aquel modo. Los habitantes del planeta habían sido imprudentes y, por lo visto, habían destruido su hermoso planeta… Ziegel basó sus afirmaciones en unos misteriosos meteoritos que había examinado y que, según él, provenían de los lechos marinos de Faetón y habían sido modificados por las explosiones nucleares que lo destruyeron. Analizó diversas tectitas, restos meteóricos cristalinos que se encuentran en algunos lugares de la Tierra, y dijo que nada podía haberlas creado si no era una explosión de tipo nuclear.

 

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Félix Ziegel
Actualmente las teorías sobre el origen y formación del sistema solar se basan en modelos de acreción o acrecimiento. Todo indica que tanto el sol como los planetas se formaron a medida que la materia estelar iba concentrándose en torno a un punto de mayor atracción gravitatoria. Así, una inmensa nube de gas estelar en rotación fue “coagulándose” formando cuerpos cada vez mayores. Justo en el centro, la acumulación de materia alcanzó la densidad suficiente para iniciar una reacción nuclear en cadena y acabó dando origen a una estrella, nuestro sol. A su alrededor, los planetas mayores fueron creciendo a medida que la nube primigenia iba organizándose y aplanándose. El resultado final es un sistema solar como el que conocemos, y como tantos otros que pueblan el universo. No obstante, hubo cuerpos que nunca formaron parte de un planeta. Una gran cantidad de materia, aunque insignificante si la comparamos con la masa total del sol y los planetas, quedó “a la deriva” alrededor del sol. Los cuerpos más grandes, como Ceres o Vesta, no llegan a ser planetas por derecho propio; los más pequeños, tan diminutos como granos de polvo, danzan al son de los campos gravitatorios que se encuentran. Esto fue lo que pasó en el caso del cinturón de asteroides: podría haber habido un planeta en su lugar, pero éste nunca tuvo la oportunidad de formarse. El enorme influjo de la gravedad de Júpiter atrajo la mayor parte de la materia hacia sí mismo; otros fragmentos fueron expulsados del sistema solar o empujados hacia otros planetas por la gravedad de Júpiter, algo que sigue ocurriendo hoy en día. No es que Faetón fuese destruido por algún evento cósmico: simplemente nunca hubo un planeta entre Marte y Júpiter.

 

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El Cinturón de Asteroides

Hay más argumentos que podemos esgrimir contra los que defienden la existencia de Faetón. En todo el cinturón de asteroides hay apenas un 4% de la masa de nuestra Luna. Eso es un 0,06% de la masa de la Tierra. Supongamos que Faetón existió y fue destruido por algún motivo. La gran mayoría de la materia que lo componía debería seguir orbitando en torno al sol, entre Marte y Júpiter. ¿Por qué, entonces, hay tan poca materia? Un planeta con una masa igual al 4% de nuestra luna nunca podría haber conservado su atmósfera, por lo que la vida sobre su superficie sería imposible. Bien, podemos admitir que Faetón era mucho mayor y que una explosión colosal envió restos del planeta en todas direcciones hace uno o dos millones de años. Pero se hace muy cuesta arriba admitir que podría darse una explosión de tal calibre y tan recientemente sin que haya ninguna prueba en nuestro planeta. Sin duda debieron de llegarnos restos del desastre. ¿Dónde están los cráteres y la destrucción que debieron generar estos meteoritos? Deberían permanecer bien visibles, teniendo en cuenta que la erosión y los procesos geológicos no habrían tenido tiempo aún para borrarlos.

Respecto a las tectitas que Ziegel estudió y que según él eran restos de Faetón, actualmente se acepta que son restos cristalizados de grandes impactos de meteoritos sobre nuestro planeta. Las condiciones extremas que rodean el impacto de un gran asteroide pueden crear tectitas. La explosión también podría enviar tectitas más allá de nuestra atmósfera, de donde volverían a caer a cientos o miles de kilómetros del punto de impacto original. Las tectitas se encuentran alrededor de cuatro áreas concretas de la Tierra, y en tres de esas cuatro zonas hay cráteres de asteroides bien definidos. Es posible calcular su edad con bastante precisión, y está entre 700.000 años y 34 millones de años. Existe otra teoría, algo menos aceptada, que propone que las tectitas provienen de nuestra Luna; en cualquier caso, no es necesario acudir a explosiones nucleares en un remoto planeta para explicar su origen.

 

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Unas cuantas tectitas, algunas con curiosas formas
En resumidas cuentas, el mito de Faetón es un intento de explicar la presencia del Cinturón de Asteroides en un tiempo en que los métodos y la tecnología no permitían un conocimiento como el que ahora tenemos. La idea de una raza avanzada que se destruyó a sí misma por el mal uso de la energía atómica es un producto lógico de la época en la que se desarrolló: los años 60 y 70, en plena Guerra Fría, con ambos bandos acumulando cabezas nucleares suficientes para destruir varias veces a la humanidad. Pero la formación del sistema solar es ya lo bastante misteriosa, fascinante y compleja como para añadir a la ecuación una extinta raza de alienígenas que acabaron sus días exiliados en la Tierra tras destruir su planeta natal.
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One response to “Teorías demenciales sobre planetas imaginarios: Faetón

  • proyeccioncientificaMg.C.D. Antonio Víctor Durand Picho-

    LOS ESTUDIOS DE TITUS Y BODE SON ADMIRABLES, Y NO PODEMOS NEGARLOS EN FORMA DESPECTIVA TRATÁNDOLOS DE IMAGINACIONES DEMENCIALES.- RECORDEMOS QUE LOS CONOCIMIENOTS HAN IDO MEJORANDO, NO EVOLUCIONANDO, PORQUE LA EVOLUCIÓN NO EXISTEM MAS SÍ EXISTE LA INVOLUCIÓN. EL APORTE ES MUY BUENO, PORQUE SON IDEAS NOVEDOSAS Y BUENAS NO SOLAMENTE PARA SUS TIEMPOS, SINO PARA ESTA GENERACIÓN QUE ES COPISTA Y PLAGIADORA Y TODAVÍA SE ATREVEN A MENOSPRECIAR.- ANTONIO V.DURAND P.- MUCHAS GRACIAS Y FELICITACIONES SINCERAS A LA PÁGINA QUE NOS ESTÁ DESASNANDO EN FORMA CONTINUA-

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