Querían limpiar la plaza

Querían limpiar la plaza, y lo hicieron. La Guardia Urbana y los Mossos d´Esquadra cargaron esta mañana contra los indignados que se concentraban en la Plaza de Catalunya. Desde la Generalitat se alegaron “razones higiénicas”. Al parecer los concentrados estaban impidiendo el acceso a los servicios de limpieza, que pretendían adecenar la plaza de cara a un partido de futbol que hay mañana por la tarde (juega el Barça, creo, pero no sé nada más). Querían retirar los objetos “susceptibles de ser utilizados en caso de que mañana se produjeran disturbios tras el partido”. La cuenta de heridos ha ido aumentando rápidamente, y ya pasan del centenar.
Limpiar la plaza ¿de qué? A la vista de las imágenes no se sabe muy bien. O, mejor dicho, las imágenes parecen demostrar exactamente qué es lo que pretendían limpiar. En la red existen dos versiones contrapuestas: la del sector policial y la de todos los demás. Las fuerzas de la ley, comprensiblemente, se apoyan entre sí. No es lógico ni justo culpar al policía que agrede al manifestante. La mano que blande la porra –o el fusil, o el sable-, es el último eslabón en una larga cadena de órdenes y mandos. No intento disculpar la actitud de una persona que, tolete en mano, descalabra a hombres y mujeres de todas las edades; trato de explicar, tal vez explicármelo a mí mismo, que detrás de cada golpe repartido en la plaza parece haber una fuerte carga ideológica y una larga serie de decisiones que no pueden ser producto del azar.
Lo cual me lleva a reflexionar sobre la legitimidad de emplear la fuerza por parte de un estado de derecho como parece ser el nuestro. Aquel que dude de que todo estado debe tener la fuerza necesaria para hacer cumplir sus leyes peca de ingenuidad. Las leyes no pueden mantenerse por sí mismas. España, como cualquier otro país, debe contar con los medios necesarios para hacer cumplir la ley cuando sea necesario. Pero, ¡ojo!, las fuerzas de seguridad no pueden emplearse a la ligera. Cuando un estado se queda sin vías alternativas al porrazo, la carga y la detención para defender sus propias leyes, se convierte en una dictadura, un estado policial, un régimen autoritario respaldado únicamente por la fuerza. Cuando una nación se decide a usar la fuerza, ha de estar convencida de que la reacción provocada no va a convertirse en un problema mayor que el que intentaba solucionar.
Y eso es lo que parece haber pasado en Plaza Catalunya. Leo que trataron de agotar todas las vías antes de recurrir a la carga. No lo sé. Yo no estaba allí e ignoro por completo qué ocurrió en las horas anteriores a la violencia. Se nos dice que los manifestantes llevaban allí desde primera hora de la mañana, que impedían el acceso de los servicios de la limpieza, que se negaron reiteradamente a colaborar con las fuerzas del orden. A título personal, lo único que puedo hacer es imaginar que yo estuviese allí, y que mis amigos tuvieran que sacarme a rastras de entre la multitud después de que alguien me dejara seco de un porrazo. Veo a gente de todo tipo sentada en el suelo y recibiendo toletazos, un agente pateando a un joven caído, otro retorciendo alguna articulación para reducir la resistencia de un manifestante que se limita levantar ambas manos sentado en la calle. Me resulta difícil digerir que estas imágenes correspondan a un uso mesurado, adecuado y proporcional de las fuerzas estatales. La represión –y digo represión porque es exactamente la imagen que da la actuación policial- parece completamente desmesurada.
Cabe preguntarse qué esperaban conseguir con esta actuación. Quienes se decidieron por este curso de acción no podían ignorar la enorme cobertura mediática que el movimiento 15-M está teniendo. Es imposible pensar que no sabían que toda la actuación policial iba a ser conocida en toda España, en todo el mundo, de forma instantánea y sin intermediarios. La actuación policial ha polarizado la opinión pública a su favor o en su contra, ha revivido un movimiento que, mediáticamente hablando, andaba un tanto alicaído. Hasta hace unos días, todos los partidos políticos trataban de convencer a los indecisos para obtener su voto. Y, curiosamente, solo unos días después de las elecciones, después y no antes, una carga policial ha convencido a más indecisos que la más elaborada campaña electoral. Hay mucha más gente en la plaza ahora que antes de la carga. La indignación sigue creciendo por todo el país. Gente que no conocía el movimiento 15-M lo conocerá ahora. Gente que no apoyaba al movimiento 15-M lo apoyará ahora. Y gente convencida de que solo eran un grupo de perroflautas haciendo ruido verán ahora a parejas, padres y madres, ancianos, hombre y mujeres como ellos, sangrando bajo las porras del mismo sistema que debería protegerlos.
Querían limpiar la plaza; yo espero que hayan conseguido las legañas de más de uno.

Una grabación de Antena 3, aquí.

Una excelente galería de Flickr con imágenes sobre lo ocurrido, aquí.

ACTUALIZACIÓN (16:55): Me han comentado, y algunas de las imágenes publicadas por los de Plaza Cataluña lo confirman, que los servicios de limpieza se dedicaron a coger cuanto encontraror y retirarlo. Ordenadores, colchones, muebles, equipos de sonido… todo fue retirado y echado a contenedores-camiones de la basura. Ni idea de lo que pasará con todo ese material. Al parecer los manifestantes no intentaban impedir que los camiones entrasen a la plaza, sino que se llevasen sus cosas. ¿Alguien puede confirmar/desmentir eso?


Atrapados en azul


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