Project Pigeon: Skinner y las bombas guiadas por palomas

Misiles tripulados por palomas. En fin. Si yo sacase este tema de conversación en mitad de una cena con gente que no me conociese muy bien, probablemente muchos acabasen convencidos de que no ando muy bien de la cabeza o de que veo demasiado Cuarto Milenio. Pero si hay algo que este blog ha demostrado innumerables veces es que la realidad supera frecuentemente a la ficción.

Corrían los años turbulentos de la Segunda Guerra Mundial y, cosa sorprendente, se desarrollaban muchísimas ideas y diseños que artefactos que destruían y mataban cada vez mejor. Una de las cosas que todo el mundo trataba de conseguir en aquél entonces era un sistema para guiar bombas y misiles de forma fiable hasta sus blancos. En aquel momento no existía nada parecido a las bombas inteligentes de hoy en día, lo que hacía necesario emplear cantidades ingentes de bombas en bombardeos masivos para asegurarse la destrucción del blanco. Otra opción era emplear una única bomba de gran potencia, como las bombas-terremoto británicas o la Bomba Zar soviética, ya algo posterior.

En este contexto aparece en escena un psicólogo de la Universidad de Minnesota: B. F. Skinner. Años después Skinner sería conocido mundialmente por sus aportaciones a la psicología conductista, hasta el punto de ser uno de los psicólogos más influyentes del siglo XX. A mediados de los 40, aunque aún no se había convertido en una figura de renombre mundial, ya experimentaba con aprendizaje y conducta animal. Le gustaba emplear ratas, palomas y pichones en sus experimentos. Inventó la llamada caja de Skinner, muy usada en experimentos con animales, fácil de usar y extendida hoy en día por las facultades de psicología del mundo entero. Basta decir que en la caja de Skinner, un animal –una paloma o una rata, por ejemplo- puede aprender a pulsar palancas y botones para obtener cierta recompensa –habitualmente, comida-. De esta forma pueden estudiarse los procesos que llevan a un animal a desarrollar una cierta conducta: en este caso, picotear una palanca o un botoncito.

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Una caja de Skinner

Skinner pensó que sus palomas podrían usarse para guiar un misil o una bomba. Si se les podía enseñar a picotear lo que uno deseara, y se podía, entonces podía usarse algún sistema que “transformase” ese picoteo en señales eléctricos que guiasen una bomba hacia su objetivo. El invento de Skinner fue el siguiente: colocó tres pichones, cada uno inmovilizado dentro de un pequeño tubo, en la cabeza de una bomba. Delante de cada pichón había una pantalla, y cada animal podía ver una imagen proyectada de lo que había justo delante de la bomba (un sistema de cámaras proporcionaba la imagen). Cada uno de los pichones era enseñado a mantener una determinada imagen (el objetivo) justo en el centro de la pequeña pantalla, mediante el sistema de refuerzos y recompensas que Skinner usaba en sus experimentos. Un sistema de sensores convertía los picoteos de las palomas en señales que moverían las aletas que guiaban la bomba; mientras los picoteos de los pichones mantuvieran el objetivo en el centro de las pantallas, la bomba se dirigiría hacia allí. Había tres pichones para minimizar los errores y por si alguno de ellos resultaba muerto en combate.

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Detalle del frontal de una bomba, con los tres compartimentos para las palomas

El Comité de Investigación del ejército, que era quien decidía qué se investigaba y qué no en materia militar, le dio 25.000 dólares a Skinner para sus investigaciones.

Los palomos lo hicieron espléndidamente bien. Superaron las más exigentes pruebas y conseguían mantener la bomba sobre el objetivo con una precisión admirable. Ellos no podían saberlo, claro, pero su misión alcanzaría un rápido y violento final cuando la bomba llegase a su objetivo: no había ningún sistema para que los animales abandonasen su puesto, por lo que eran auténticos kamikazes con plumas.

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Esquemas de una “bomba-paloma” y la posición de los pichones

Por suerte o por desgracia, el Proyecto Pichón –fue llamado así- no llegó a salir de la sala de experimentación. Se decidió apostar por otros campos de investigación y el proyecto fue finalmente cancelado en 1944. Imagino que los oficiales estadounidenses no querían tener un montón de bombas pilotadas por palomas que podían volverse contra ellos en cualquier momento. No puede uno fiarse de estas aves de ojos negros.

Curiosamente, la Marina retomó el proyecto en 1948 con el nombre de Proyecto Orcon (de “Organic Control”), pero lo abandonaron en 1953 cuando fueron apareciendo sistemas de guiado electrónico más fiables.

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