Por qué no hay (creo) ningún monstruo en el Lago Ness

Nessiteras rhomboptheryx. Con este nombre tan poco comercial bautizó el naturalista inglés Sir Peter Scott en 1972 al monstruo del lago Ness. El nombre parecía apropiado: monstruo de Ness con aleta romboidal. Y es que Scott había participado en la expedición que en agosto de aquél año había tomado la conocida fotografía de la aleta del monstruo, con una indudable forma de diamante o rombo. La verdad es que la foto original mostraba una forma poco reconocible. Luego fue mejorada en calidad por la NASA; y por último fue retocada para hacerla más, digamos, artística. Vaya, que lo que se ve en la foto de la aleta de Nessie tiene poco que ver con lo que realmente había frente a la cámara que tomó la imagen. En aquella época se pretendía que Nessie alcanzase la consideración de especie protegida, para lo cual tenía que poseer un nombre científico. Curiosamente, y no quiero insinuar nada, con las letras de Nessiteras rhomboptheryx puede formarse la frase “Monster hoax by Sir Peter S”, algo así como “patraña del monstruo por Sir Peter S”. ¿Anagrama intencionado o improbable casualidad?

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La famosa foto de la aleta, antes de ser retocada.

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La “aleta” retocada y mucho más visible.

A raíz del artículo sobre el seguro para ataques de Nessie alguien preguntaba si había motivos para creer en el monstruo. Es decir, ¿resulta razonable aceptar la existencia de una o varias criaturas de gran tamaño, sean dinosaurios u otras especies desconocidas, en el lago Ness? Tengamos en cuenta los siguientes puntos:

– La edad del propio Loch Ness. El lago quedó definitivamente separado del mar hace entre 12.000 y 14.000 años, cuando se retiraron los hielos de la última glaciación. Esto hace imposible que Nessie pueda ser un tipo de plesiosaurio, ya que estos reptiles marinos se extinguieron hace 65 millones de años, junto con los dinosaurios. Ninguno de estos bichos pudo haber quedado atrapado en el lago en época tan reciente ( y aunque así fuera, cualquier reptil marino debería haber salido a la superficie a respirar, y jamás podría haberlo hecho ya que el lago se pasó varios miles de años completamente cubierto de hielo o congelado).

– El tamaño del lago. El Loch es bastante grande, hay que reconocerlo. Mide 37 kilómetros de largo y entre 1,5 y 2 kilómetros de ancho. Podemos desechar la posibilidad de que haya un único monstruo que haya sobrevivido al paso de los siglos, por lo que habría que pensar en una población estable de monstruos del lago Ness. ¿Qué comen? La fauna del lago es bastante escasa, y aunque hay lucios, truchas, anguilas, salmones (en algunas épocas) y otros peces, dudo que su número sea suficiente para mantener a toda una familia o familias de animales de gran tamaño. Puede argumentarse que el metabolismo de las criaturas sea muy lento y necesitan poco alimento (especialmente si se trata de reptiles, aunque ya hemos visto que esa posibilidad es bastante inviable); tal vez practiquen el canibalismo con miembros de su especie, o se alimenten de algas que crezcan en el fondo del lago. Recuerdo haber leído un estudio en el que afirmaban que el lago no podría sostener a un depredador de más de 300 y poco kilogramos, y que debería haber al menos 10 criaturas para sostener una población a largo plazo. Esto último me lleva al siguiente punto:

– La endogamia. Aunque el lago pudiese sostener a una población estable de animales, ¿no surgiría el problema del desgaste genético al cruzarse siempre entre ellos? Admitamos que, aunque extenso, el lago es un hábitat bastante limitado para que un pequeño grupo de grandes animales encuentre parejas nuevas. Al cabo de un tiempo, los animales se enfrentarían a la endogamia y la esterilidad.

– La falta de pruebas físicas. No se ha encontrado jamás un hueso, una huella, restos de una comida, un diente, una muda de piel… Un único hueso permitiría hacerse una idea de la criatura, si es conocida o una nueva especie, tamaño, edad, etc. Bien, puede argumentarse que es muy difícil encontrar este tipo de restos cuando hablamos de ciertos animales. Por ejemplo, los osos son seres relativamente frecuentes, y sin embargo pocas veces se encuentran cadáveres o restos suyos (si exceptuamos los que matan cazadores furtivos, trampas o venenos).

– La falta de consistencia y credibilidad en pruebas gráficas y avistamientos. No existen fotos claras, no hay vídeos inequívocos, los testigos dan descripciones vagas e incompatibles entre sí. Los testimonios visuales son siempre el eslabón más endeble en la larga cadena de pruebas de que podemos disponer en casos así, y aquí ni siquiera los testigos se ponen de acuerdo. Unos ven tres jorobas; otros, dos y un largo cuello; algunos dicen que el bicho recuerda a una especie de barril alargado. Si se tratase de una especie determinada de animal, tendrá características claras, inequívocas. Pensemos en las ballenas: uno puede distinguir unas cuantas clases de ballenas sólo por la forma de su joroba, por su surtidor, etc. Cuando cien personas ven nadar a un cachalote, darán una versión más o menos parecida: su surtidor inclinado, la pequeña joroba rematada por una diminuta aleta dorsal roma, etc. ¿Es lógico que uno viese tres jorobas, otro una aleta afilada y un tercero una piel con escamas? Con testimonios así, pensaríamos que el cachalote es un ser imaginario o los testigos están borrachos. Lo mismo es aplicable a las fotografías. Miles de visitantes van al lago cada año con sus cámaras, que hoy en día están en todas partes. Con los miles o millones de fotos que se toman anualmente en el lago o alrededores ¿y no han logrado una imagen potable hasta hoy? Infumable. Las fotos que hay, como decía al principio, o bien son falsificaciones burdas o bien representan cosas que nada tienen que ver con un “monstruo”.

Es posible que cada uno de los anteriores argumentos pueda ser rechazado o pueda argumenarse en su contra por separado. Pero cuando tomamos todos ellos en conjunto… se hace muy cuesta arriba mantener la teoría de que un ignoto monstruo de tiempos remotos habite las oscuras aguas del Loch Ness y permanezca aún oculto para la ciencia. La explicación ha de ser más prosaica, sin duda. Puede haber grandes peces en el lago que llevan a los incautos a engaño. Una estela vista desde la distancia puede ser una lancha, un pato o una nutria (las tres cosas están presentes en el Loch). Ha habido lamentables intentos de fraude y falsificación, que sin duda añaden ruido a la situación. En resumidas cuentas, no conviene explicar con un reptil prehistórico lo que puede tener un origen mucho más mundano.

Por supuesto, podría equivocarme. Supuestamente, el celacanto se había extinguido y el okapi era una leyenda bosquimana, y los científicos tuvieron que envainársela en 1938 y 1901, respectivamente, cuando se demostró la existencia de ambos animales. Me encantaría que ocurriera algo similar con Nessie.


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