Por qué evitar una pelea a toda costa

Hay una enorme falacia que en estos tiempos está muy extendida, y es la que afirma que la violencia nunca soluciona nada. Eso es un error. En determinadas situaciones, no hay nada que resuelva mejor las cosas –o, mejor dicho, no hay ninguna otra cosa que las resuelva- que un cañonazo, un tiro de escopeta o un correcto reparto de hostias. Pero, repito, esto es únicamente cierto en algunas circunstancias muy concretas. Que cada uno se imagina cuáles pueden ser esas circunstancias, porque hoy no quiero dedicarme a justificar el uso de la violencia: más bien al contrario.

Casi la totalidad de los varones nos encontramos, al menos una vez en la vida, en una situación donde se espera que nos peleemos con alguien. El 99% de estas situaciones son, pensándolo bien, auténticas gilipolleces. Borrachos nocturnos que te tocan los huevos. Chuletas de instituto buscado quedar bien ante sus compinches. Ex novios de chicas empeñados en que tú eres la causa de los cuernos que lucen. Chorradas.

¿Vale la pena pelearse? Resumiendo: no. Todos tenemos en mente la clásica trifulca hollywoodiense en la que vemos golpes limpios y coreografías estudiadas, los malos cayendo inconscientes y el guaperas de turno quedando como un héroe con sólo un par de morados. En la vida real esto jamás ocurre de este modo. Las peleas son sucias, caóticas, y casi nunca acaban con la “victoria” clara de alguno de los implicados. He visto docenas de peleas callejeras, casi todas de noche y en ambientes de fiesta. Hubo una época, hace unos años, en la que mi ciudad era un hervidero de gente con altas dosis de testosterona que encontraba extrañamente entretenido partirse los morros en plena calle. Cosas de la juventud y el alcohol, supongo. De todas las pendencias que presencié, ninguna duró más de treinta segundos. Sólo en una ocasión vi a una persona caer noqueada, y era un desgraciado al que seis u ocho tíos se le echaron encima de forma rastrera para patearlo en el suelo. Muchísimas de ellas, las que duraban más de unos pocos segundos, acababan en el suelo, con ambos zagales rodando agarrados como cerdos y tratando de hacerse algo de daño sin tener ni idea de cómo.

En una pelea en la calle o en un bar, sin reglas, la gente intentará hacerte cosas que no te esperas. Usarán manos y pies, uñas y dientes, vasos, sillas, cabezazos y empujones, qué sé yo. Todo es tan rápido que no hay tiempo de hacer nada medio inteligente. A tu alrededor todo está lleno de objetos potencialmente peligrosos, y no sólo si los usan contra ti, sino por las lesiones que tú mismo puedes causarte. Puedes partirte una mano golpeando una pared, mesa o columna por error, romperte las costillas si te tiran contra una escalera (lo he visto), recibir un golpe por pura casualidad que te desgracie para un mes entero. Una vez, a un conocido, estando borracho como un mico, alguien quiso partirle la cara. Con tan mala suerte para el agresor que su primer puñetazo fue a dar contra un vaso de cristal que el chaval sujetaba en la mano y con el que, más por casualidad que por otra cosa, trataba de protegerse; el vaso se rompió en mil pedazos y el del puñetazo tuvo que correr al hospital para que le recompusiesen los tendones de la mano, que seguramente fuese la derecha. Mi conocido salió totalmente ileso aparte de estar empapado de ron-cola, mientras el otro seguro que todavía se acuerda de aquella noche. En otra ocasión, hace no mucho, un par de tíos se pelearon en mitad de la calle delante de mis narices, y ambos acabaron rodando por el suelo. Cuando se cansaron y acabaron levantándose, el que había caído debajo se había clavado el culo de un vaso de tubo de cristal roto en la parte baja de la espalda y se fue a casa sangrando como un cerdo. No creo que se librara de recibir algún punto, más el peligro de que trozos de la ropa se le hubieran quedado dentro de los tajos con el consiguiente peligro de infecciones.

Diez segundos de torpes golpes a cambio de un mes, o lo que sea, de recuperación y dolores. Denuncias y partes del hospital, juicios y la madre que me parió. Y no pensemos que ser un experto boxeador, o karateka, o lo que se os ocurra, cambiará mucho las cosas. Conozco a gente que puede asesinarte en un ring y con guantes de boxeo, pero se han peleado en la calle y han quedado igualmente baldados. Golpear una cara con la mano desnuda, con toda el alma, desbarata tanto al que da como al que recibe. Subestimamos el daño que puede hacer un cuerpo humano. Hace cosa de un mes, entrenando –es decir, sin ninguna intención por parte de ninguno de los dos de hacer daño de verdad al otro-, recibí un rodillazo desde abajo justo donde acaban las costillas, en el lado izquierdo. Durante dos semanas veía las estrellas cada vez que tosía o estornudaba. A día de hoy aún me duele al levantarme por las mañanas. Otro día recibí un derechazo a la nariz que me dejó llorando y aturdido, con el tabique dolorido una semana entera. Y eso con guantes y en una situación tranquila en la que, repito, nadie quería masacrar al otro. ¿Os imagináis eso mismo sin ningún control o protección, en mitad de una descarga de adrenalina, con un tío delante que estará tan furioso como vosotros? Una vez vi una pelea que consistió únicamente en un golpe, propinado con el culo de una botella de cristal sólido a la nariz de un chaval. La botella no se rompió. No hizo falta. El chaval, con una hemorragia horrenda, tuvo que ser trasladado en ambulancia en cuestión de minutos. ¿Sale a cuenta pasar por este sufrimiento por una chulería de algún tipo o por querer demostrar que somos los más machos de barrio? No seamos cavernícolas, por favor.

Resumiendo, en caso de enfrentarse a una confrontación estúpida en la que no nos jugamos nada importante, lo mejor es dar el brazo a torcer y que se salgan con la suya. Por mucho que nos toque el cimbel, peor sería tener que pasar por el via crucis de hospital, comisaria, rehabilitación y juicio. Incluso si nos quieren robar. ¿Cincuenta euros? Todos para tí. No digamos ya si nuestro posible atacante va armado de cualquier forma. Intentar enfrentarse a algo así es equivalente a un suicido.

A pesar de todo lo dicho, y por desgracia, hay situaciones en las que no queda otra solución que un reparto de estopa a la vieja usanza. Un energúmeno desquiciado quiere pegarte sin atender a razones; quieren violar a tu novia; yo qué sé. En esos casos, sólo queda apretar un huevo contra otro y prepararse a hacer tanto destrozo como se pueda, conservando, en lo posible, el pellejo.

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3 responses to “Por qué evitar una pelea a toda costa

  • David

    Gracias compañero, la verdad sq ando vastante irritado desde un enfrentamiento de la semana pasada, tanto que e buscado este post tullo en google jajaja, la verdad esque soy vastante irascible y soempre e sido muy bravo pero el otro dia tube una bronca con un encargado tonto perdido y buscon es muy de faltar y de mas…. Encima tiene cara de pardillo… La cuestion que llego un punto en que me calente me quite una mochila que tenia para ir con todo…. Y en cero coma se me puso al lado con el brazo sullo en el pecho, me pasaron mil cosas por la cabeza, importante mencionar que habian unas 10 personas alli…. Me quede quieto unos segundos pensando que iva a hacer pillarle del cuello y dejarle secon o un cabezazo….. Total que cuando estaba a punto de darle con todo se metio un amigo…… La vida me dio, porque si me llego a pelear me habrian hechado y sin paro ni nada y me hace micha falta la tela….. La cuestión es que llevo desde entonces con ganas de darle de palos, mas que nada porque me a hecho quedar como un mierdas…. Creo que no deveria, es mas deveria estar orgulloso de haberme por lo menos controlado unos segundos….. Que te parece? Un saludo

    • Maxi

      Pues me parece que deberías sentirte muy bien por lo que has conseguido. Has logrado contenerte durante unos segundos muy importantes, porque de lo que hubieras hecho en esos segundos dependían muchas cosas. Ser despedido, andar en juicios, acabar lesionado, etc…. o pasar del tema y seguir tranquilamente con tu vida. Enhorabuena!

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