Naufragios en Avilés: el Cabo de Palos (1911)

Hay en el Museo de Anclas de Salinas un ancla en cuya placa se lee: “CABO DE PALOS 1885 – 1911”. Pues bien, el Cabo de Palos fue un pequeño galeón vasco que acabó sus días hace un siglo muy cerca de donde décadas después naufragaría el Toralín: la entrada a la Ría de Avilés.

Hay que entender que la Ría de Aviles sufrió, con el paso de los siglos, infinidad de modificaciones y obras de mayor o menos envergadura. Hace cien años la Ría era muy diferente. Se habían hecho obras de ampliación en la década de 1850, pero la anchura y calado de la Ría estaban aún muy lejos de alcanzar sus proporciones actuales. A lo largo de los siglos se había comprobado una y otra vez la imposibilidad de alojar grandes buques en la Ría, debido al flujo constante de arena y sedimentos que reducía el calado, creaba escollos y hacía que los pasos de entrada cambiasen prácticamente cada día. Debido a ello, la entrada al puerto siempre fue una cuestión peliaguda y muchos barcos sufrieron daños, embarrancaron o incluso naufragaron intentado algo tan aparentemente trivial como entrar a puerto. La entrada a la Ría (llamada bocana) siempre representó un quebradero de cabeza para los barcos que trataban de llegar a Avilés, debido a la barra de arena y los escollos (las rocas de La Rechalda) que siempre acechaban bajo las aguas, frente al Arañón. Además de las mencionadas obras de 1850, hubo otras en 1900 para canalizar la Ría y construir el dique de San Juan de Nieva, y en la década de los 50 y 60 del siglo XX se emprendieron las faraónicas obras que dejarían la ría tal y como hoy la conocemos.

El Cabo de Palos pasaba por Avilés más o menos cada quince días. En julio de 1911 llegó a Avilés procedente de Bilbao, cargado con muy diversa mercancía. El 31 de dicho mes, al salir del puerto, tocó en los escollos del Arañón y sufrió una vía de agua. Llegó a salir de la Ría pero, viéndose que los daños eran graves, se ordenó que regresara a puerto. No lo logró: dio la vuelta y enfiló hacia la ría, pero no pudo pasar mucho más allá de la bocana y quedó hundido y cruzado en mitad de la entrada a la Ría. La tripulación salió indemne y acabó abandonando el barco a su suerte. Durante días fue imposible el paso de buques. Se recuperó la carga que se pudo y se intentó achatarrar el pecio con la ayuda de buzos; al final, el Cabo de Palos fue hundido con explosivos hasta reposar en el fondo de la Ría, a unos siete metros de profundidad. Resulta difícil de creer, pero los restos del barco siguieron siendo un escollo para la navegación durante medio siglo, hasta que finalmente fueron retirados en los años 60. Durante todo ese tiempo, el Cabo de Palos fue un peligro submarino más que acechaba a los buques que entraban y salían de Avilés.

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Varias imágenes del naufragio

 

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En ABC apareció una breve noticia sobre la retirada del buque (12 de septiembre de 1911)


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El ancla del Cabo de Palos estuvo en Candás durante años, y fue finalmente donada por el ayuntamiento de Avilés al Museo de Anclas, donde puede contemplarse hoy.

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