La escalera de los hórreos

Estando cerca de Santa Eulalia de Oscos escuché una historia sobre las escaleras de los hórreos. Un hórreo es una construcción destinada a conservar esencialmente alimentos; es una especie de granero aéreo suspendido sobre cuatro o más patas de piedra. Se encuentran principalmente en las provincias del norte de España: Asturias, Galicia, Cantabria, País Vasco, León… Son construcciones típicamente rurales que servían a las familias que los poseían para resguardar sus cosechas y embutidos de los dos grandes enemigos de la zona norte: la humedad y los ratones.

 

 

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Los hórreos se edifican en el exterior de las casas, siendo un edificio aparte. Incluso aunque la vivienda o hacienda cuente con un muro o cierre para resguardarlo de vecinos y curiosos, el hórreo se encuentra en el exterior, siendo un espacio público frente a la privacidad del resto de la casa. Para acceder al hórreo hay que utilizar una escalera, normalmente de piedra, que no llega a tocar el propio edificio para que las ratas y ratones no puedan acceder a él.

¿Por qué el hórreo es un espacio público, visible y común? La explicación tiene que ver con la estructura de la sociedad rural. Hay que tener en cuenta dos cosas. Una es que cualquier sociedad agraria como eran las astur-galáicas dependía casi en exclusiva de la calidad de las cosechas y de la capacidad de las familias para administrar los recursos, a menudo escasos, que tenían a su disposición. Y la otra es que, en dichas familias, era la mujer -madre, abuela, esposa- quien se encargaba de esta administración de los alimentos y otros recursos. Cuando era necesario preparar el cocido, eran ellas quienes accedían al hórreo-despensa en busca de los ingredientes necesarios. De esta forma, la capacidad de cada familia para administrar sus recursos quedaba a la vista de los vecinos y, en especial, de las vecinas. La mujer, nada más salir del ámbito privado de su vivienda, se sabía observada y hasta espiada por sus vecinas, que conocían de esta forma sus hábitos de consumo. Una familia cuya matriarca subía cada día al hórreo, cogiendo únicamente lo necesario y siguiendo una rutina regular, demostraba la capacidad de esa familia para comer y vivir frugalmente, sin excesos. De esta forma, una familia podía ganar honorabilidad y prestigio a ojos de sus vecinos gracias a esta “exhibición” del buen hacer de la mujer que el hórreo hacía posible. Por el contrario, una mujer que descuidase sus visitas diarias al hórreo y subiese sus escaleras de forma aleatoria e irregular, cogiendo grandes cantidades de cada vez, demostraba poca capacidad de planificación y de administración. En este caso, la familia sería vista por sus vecinos como poco seria, despilfarradora; una familia que lo pasaría muy mal en caso de producirse una mala cosecha.

Y de esta forma peculiar contribuían los hórreos y su escalera a la organización social de aldeas y pueblos.


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