Javier Krahe y el cristo cocinado, o un delirio religioso-legal

Me entero el otro día de una noticia que puede parecer ya vieja –se inició la cosa en 2005-, pero conserva intacta su capacidad cabreante para cualquier persona con un mínimo de sentido común.

Los hechos son como siguen. En 2004, el programa Lo + Plus entrevistó al cantautor Javier Krahe. En un determinado punto del programa, pudo verse un mini-reportaje que el propio Krahe había hecho en 1976 titulado “Cómo cocinar un Cristo para dos personas”. En el corto, de menos de un minuto, se explica cómo cocinar una figurita de Cristo de las que adornan los dormitorios de los beatos, con mantequilla y al horno. Después de tres días a fuego medio, el Cristo “sale solo” del horno… Es decir, para ver las cosas con perspectiva: se trata de un vídeo de un minuto en el que unas manos de mujer untan de mantequilla y condimentan una figura de plástico y simulan cocinarla en un horno.

Este es el vídeo:

¿Puede sentirse alguien ofendido, humillado, vejado o insultado por semejante cosa?

Sí, sin duda. Varias organizaciones integristas católicas no tardaron en echarse encima de Krahe y de la productora de Lo + Plus. Concretamente la agrupación HazteOír, los mismos que hace poco hicieron ruido hasta conseguir que el gobierno prohibiera una procesión atea convocada en Semana Santa, animó a que se presentasen cargos contra los implicados. La artillería jurídica de HazteOír se llama Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro, una asociación cuyo siniestro lema ya da una idea de lo que uno va a encontrarse: cristianizando el derecho, cristianizando la sociedad. El Centro de Estudios Torquemada, quiero decir… Tomás Moro, presentó una denuncia contra Krahe y la productora por un delito contra el sentimiento religioso. Cinco años más tarde –mayo de 2010-, después de pasar por los ignotos y oscuros cauces que la justicia suele seguir, y que resultan completamente incomprensibles para el ciudadano de a pie, se ha abierto un juicio oral contra Javier Krahe y Montserrat Fernández, productora del programa. El acta de la apertura de este juicio está aquí. Entre otras cosas, se impone una fianza de 192.000 eurazos a Krahe y 144.000 a Montserrat Fernández.

Lo primero que llama la atención es que la furia justiciera de un grupo de fanáticos religiosos, por numerosos que sean, pueda llegar a tomar la forma de un juicio. Sí, un juicio, esas cosas que duran mucho, con jueces y fiscales, que cuestan dinero a todo el mundo. ¿Cómo es posible que ocurra algo así en un país desarrollado?

Pues es posible porque nuestro Código Penal, el documento que dice qué es y qué no es un delito, contempla la posibilidad de que alguien sea procesado por, básicamente, llevarle la contraria a una religión. En el Capítulo IV, donde se recogen los delitos relacionados con los derechos fundamentales y las libertades públicas, se encuentran varios Artículos anacrónicos y un tanto oscurantistas. Voy a analizarlos brevemente, porque solo así se entiende que la justicia de un país como España haya permitido que se inicie este despropósito, este triste intento de hacer pasar el fanatismo puro y duro por la defensa de la tolerancia y la libertad.

El art. 522 viene a decir que nadie podrá ser obligado a abandonar sus creencias y rituales por medio del uso de la fuerza, la violencia o la coacción. Lo cual está bien. Viene a decir que no se puede golpear a los asistentes a una misa con un péndulo de Foucault para que no adoren a su dios. Sea este el que sea.

El 523 ya presenta alguna cosa matizable. Dice así:

El que con violencia, amenaza, tumulto o vías de hecho, impidiere, interrumpiere o perturbare los actos, funciones, ceremonias o manifestaciones de las confesiones religiosas inscritas en el correspondiente registro público del Ministerio de Justicia e Interior, será castigado con la pena de prisión de seis meses a seis años, si el hecho se ha cometido en lugar destinado al culto, y con la de multa de cuatro a diez meses si se realiza en cualquier otro lugar.

Se trata de defender la libertad religiosa e impedir que andemos quemando iglesias y sinagogas. Me parece perfecto. Pero manda huevos que la pena sea más grave si entras a montar una escena a una iglesia –o cualquier otro lugar de culto- que si lo haces fuera de la misma. ¿No otorga esto a los templos, iglesias y catedrales una especie de aura de inviolabilidad que recuerda a las costumbres medievales? Se nos dice que la pena por armar escándalo será mayor en suelo sagrado. ¿Qué falta, el derecho de asilo?

El art. 524 ya sube varios puntos mi cabreómetro personal:

El que en templo, lugar destinado al culto o en ceremonias religiosas ejecutare actos de profanación en ofensa de los sentimientos religiosos legalmente tutelados será castigado con la pena de prisión de seis meses a un año o multa de 12 a 24 meses.

¿Qué coño son los sentimientos religiosos legalmente tutelados? ¿No es España un país aconfesional, donde ninguna religión es tratada mejor o peor que las otras, donde cada cual puede profesar cualquier creencia que estime oportuna? ¿Acaso el gobierno, sea del signo que sea, se dedica a favorecer a la religión católica de forma solapada? Tal vez lo hagan sin ser de forma solapada, no lo sé. Otra cosa mosqueante es que en ningún momento se refiere a actos de destrucción de la propiedad, robos, agresiones, etc., sino a ofensa de los sentimientos religiosos de los fieles. Según esto: ¿me enfrento a penas de prisión y multas si demuestro matemáticamente a un cristiano que su Dios no existe, cosa que sin duda ofenderá sus sentimientos religiosos?

Y llegamos al artículo 525 del Código Penal, gloria de las glorias, oscurantista anacronismo salido directamente de una teocracia medieval, heredero de las más antiguas tradiciones integristas, censoras y fanáticas. Dice así:

1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.

2. En las mismas penas incurrirán los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna.

No parece muy descabellado que se censure a quien veje o humille a otra persona, o sea: a quienes profesan o practican una religión. No es lo mismo decir “las creencias de la religión cristiana son un veneno mental que nadie en su sano juicio creería” que decir “el Papa es un asesino de niños”. En el segundo caso estoy difamando el nombre de alguien, vertiendo sobre él calumnias, injurias, o como lo llamen los leguleyos. Pero en el primer caso estoy faltando al respeto a una idea, a una creencia, a una teoría. Debemos respetar a las personas, eso es indudable. Pero las ideas, las creencias, JAMÁS pueden tener el derecho a ser respetadas. Las ideas pueden expresarse libremente si vivimos en un país con libertad de expresión, y dicha libertad incluye tanto decir o escribir una idea como decir o escribir una crítica despiadada a dicha idea. La libertad de expresión debe ser TOTAL. Yo desmonto en este blog ideas y falsas creencias, y ataco con poca piedad a los que profesan determinadas formas de pensamiento, y soy tan libre de hacerlo como ellos de tener las ideas que prefieran, y de escribirlas, y de gritarlas por la calle. Desde luego, puedo demostrarle a un homeópata por qué sus teorías son completamente gilipollescas, sin miedo a ser procesado; lo que no estaría bien por mi parte, y desde luego sería poco constructivo, sería decirle a ese homeópata que, por mantener las ideas que mantiene, es un hijo de puta y un pederasta.

¿Insulta Krahe a alguien en su pequeño video? No. Ni siquiera utiliza argumentos en contra de la religión. Es una broma, una ligerísima burla. Pero una atronadora caterva de intolerantes ha conseguido –otra vez- poner en marcha las ruedas de la justica española. Aunque el juicio sea sobreseído, aunque Krahe no sea condenado a pagar ni un solo céntimo, el mero hecho de pensar que no estar de acuerdo con la secta católica y demostrarlo públicamente pueda llevar a una persona a los tribunales me produce un escalofrío.

Resulta también curioso comprobar cómo los defensores de una religión supuestamente fundada sobre los cimientos del amor y la tolerancia hayan pedido la pena máxima aplicable a Javier Krahe. La mayor multa. Los pecados contra ese dios en el que dicen creer deben lavarse con dinero. Exactamente eso mismo, pagar a cambio del perdón de los pecados, provocó hace seis siglos la escisión de la iglesia católica y los protestantes.

O religión, o estado. No puede ser ambas cosas a la vez, aunque sea en una aparente minucia como esta. Elegir el estado puede llevarnos a la democracia y a la libertad. Elegir la religión, a un retroceso de varios siglos en todo aquello que el pensamiento, la ciencia y la inteligencia han conquistado a lo largo de muchas generaciones.


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