James Randi y su millón de dólares

A lo mejor, quienes suelan pasarse por este blog o me conozcan en persona se imaginan que siento cierta debilidad por el pensamiento crítico y el método científico. Puede incluso que alguno de mis artículos ofrezca sutiles pistas sobre la opinión que tengo sobre las ideas pseudocientíficas y las supersticiones. Tal vez, solo tal vez, alguno haya llegado a darse cuenta (aunque esto es ya mucho suponer) de que me gusta combatir las falsas creencias y los engaños hasta donde me permiten mis capacidades.

Hoy me gustaría presentar al que durante décadas ha sido el maestro de los escépticos y el mayor azote de charlatanes que vive hoy en día. Se ha enfrentado a curanderos, videntes, zahoríes, dobladores de cucharas, astrólogos y homeópatas, y ha vivido para contarlo. Me estoy refiriendo al poderoso James Randi.

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James Randi

Nació en Canadá en 1928, aunque es una de esas personas cuya patria es el mundo, y ha recorrido infinidad de países en su lucha contra lo sobrenatural. Curiosamente, Randi comenzó a actuar como mago y escapista profesional a mediados de los años 40. Se hacía llamar El Increíble Randi y hacía todo aquello que imaginamos que hace un mago profesional, desde juegos de manos hasta arriesgados trucos de escapismo. En una ocasión se liberó de una serie de grilletes mientras estaba colgado sobre las cataratas del Niágara; también logró superar al propio Houdini permaneciendo más tiempo que él en una caja sellada bajo el agua de una piscina (sucedió en un hotel en 1956, salió por la tele en directo y la cosa duró 104 minutos). También diseñaba artefactos para sus espectáculos, e incluso para otros: si os gusta la música, sabed que Randi acompaño a Alice Cooper en su gira 73-74 y que varios de los aparatos que Cooper usaba en el escenario (incluida la guillotina) eran obra de Randi; pudo vérsele en escena varias veces haciendo el papel de torturador o algo así.

Por lo visto, fue una cosa natural pasar de hacer trucos de magia a desenmascararlos. Randi pronto comenzó a combatir el espiritismo, la superstición y otras falsas creencias. Comenzó a ser conocido mundialmente a principios de los 70, y gracias a la titánica lucha que entabló con un coloso del mundo del espectáculo: Uri Geller. Aunque ahora no es tan frecuente, hace varias décadas estaba de moda que en programas de gran audiencia apareciesen individuos con supuestos poderes paranormales. En los años setenta apareció la figura de Uri Geller, un joven israelí que pronto eclipsó a todas las demás estrellas del mundillo paranormal. Recorrió el mundo apareciendo en televisión, hacía espectáculos en directo, escribía libros, daba conferencias. Sus talentos, que eran muchos y se iban ampliando a medida que la audiencia exigía más, incluían doblar cucharas y llaves, detener relojes o volver a hacerlos funcionar, leer mentes, adivinar dibujos y objetos ocultos a la vista… en fin, toda una pléyade de trucos que le granjearon la devoción de medio mundo. En España pudimos verlo entrevistado por José María Íñigo y doblando cucharas en 1975. Geller era, por supuesto, un farsante, un ilusionista con enorme éxito mediático. Atribuía sus trucos a sus supuestos “poderes mentales”. James Randi decidió emprender una cruzada contra la credulidad y anunció que Geller no era más que un charlatán. En público repitió muchos de los trucos que hacía Geller, escribió un libro desentrañando los secretos de sus trucos (él, como mago, sabía mejor que nadie cómo hacerlo) y, en general, dio a Geller muchos quebraderos de cabeza. Geller emprendió acciones legales en varias ocasiones contra Randi por sus ataques y declaraciones.

Randi no tardó en ampliar su lista de objetivos y desenmascaró a numerosos farsantes. Si uno examina cómo lo hizo, se da cuenta de que los engaños eran burdos, cutres e infantiles. Por ejemplo, en 1981 apareció en el programa That´s my line para poner a prueba a James Hydrick. Este señor afirmaba que podía mover cosas con su mente, y lo demostraba en el plató de televisión pasando las páginas de una guía telefónica sin llegar a tocarla. Randi llegó, vio y venció. Supuso que Hydrick pasaba las páginas simplemente soplando sobre ellas, por lo que puso sobre el libro y la mesa pequeños trocitos de poliestireno, que volarían con la mínima corriente de aire. Hydrick estuvo una hora tratando de sobrevivir a la situación, mirando inútilmente la guía telefónica. Finalmente se dio por vencido y declaró que era incapaz de usar sus “poderes”. El propio Randi replicó más tarde la actuación de Hydrick soplando sobre las páginas de un libro. Un sistema muy sofisticado.

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Uri Geller y Jose María Íñigo en Directísimo (TVE, 1975)

Randi desenmascaró también a varios charlatanes verdaderamente peligrosos, de esos que sacan tajada de las esperanzas y sufrimientos de la gente. El más sonado fue el caso del sanador Peter Popoff, quien decía curar a la gente mediante sus palabras y su fe. Recorría el mundo organizando delirantes eventos a los que la gente acudía a rezar y vociferar, con la esperanza de que el inspirado discurso de Popoff les curase. James Randi asistió a estos eventos durante meses; tras consultar a un investigador privado, llevó un escáner de radio a una de las reuniones y el fraude apareció. Popoff usaba un pequeño transmisor oculto en su oreja para recibir instrucciones que su mujer Elizabeth le iba proporcionando durante el show. Elizabeth reunía información sobre los nombres, enfermedades y temores de algunos asistentes antes de que comenzase el show, de manera que parecía que Popoff estaba adivinando mágicamente todas estas cosas cuando se dirigía a alguien de entre el público. Randi presentó varios vídeos en los que superponía el audio en el que se escuchaba a la mujer de Popoff dictarlo que debía decir. En pocos meses, la popularidad de Popoff se esfumó y acabó declarándose en bancarrota. Actualmente presenta programas de teletienda a altas horas, anunciando “agua milagrosa” y cosas por el estilo.

La lista de impostores a los que Randi se ha enfrentado con éxito es extensa, y yo estoy empezando a divagar. En 1996, se fundó la Asociación Educativa James Randi (JREF), cuya misión es divulgar entre el gran público los peligros de creer ciegamente en cosas no comprobadas, indemostrables o simplemente falsas. La JREF pretender ser una especie de ojo crítico que examina las distintas manifestaciones de la charlatanería, desde los OVNIS hasta los curanderos psíquicos. La Asociación se ha hecho famosa porque ofrece un premio de un millón de dólares a cualquiera que logre demostrar, bajo medidas de control adecuadas, que posee algún tipo de poder o capacidad paranormal, sea del tipo que sea. La idea surgió en 1968, cuando durante un programa de radio alguien desafió a Randi a poner una recompensa que apoyase sus argumentos en contra de lo sobrenatural. Inmediatamente Randi ofreció 100 dólares de su bolsillo a cualquiera que pudiera demostrar algún evento inexplicable; la recompensa subió posteriormente a 1.000 dólares, luego a 10.000 y acabó alcanzando el millón cuando Rick Adams, uno de los pioneros de internet, donó dicha cantidad a la causa de Randi en 1996. Las bases establecen que cualquier participante puede intentar reclamar el premio, para lo cual tiene que enfrentarse a un test preliminar cuyas reglas son establecidas entre Randi y el aspirante. Si supera esta primera prueba, el aspirante debe someterse a una prueba formal ante testigos y jueces independientes. Por supuesto, para poder ser evaluados los candidatos deben resumir qué es exactamente lo que pueden hacer, y es precisamente este punto el que más problemas le crea a James Randi. ¿Por qué? Porque el oscurantismo, la falta de precisión y las descripciones vagas de sus poderes son requisitos indispensables para que los charlatanes ejerzan su “arte”. Fracasan estrepitosamente cuando se les pide que definan con exactitud qué es lo que pueden hacer con sus poderes, y les resulta muy difícil imaginar maneras de demostrarlos bajo condiciones controladas. Desde abril de 2007 se han impuesto dos requisitos para poder someterse a la prueba: ser alguien con cierta fama en los medios por sus supuestos poderes y contar con el respaldo de al menos un académico, profesor, científico, etc. reconocido. De nuevo, ¿por qué? Porque de esta forma se evita perder tiempo y dinero poniendo a prueba a cualquier enfermo mental; porque el principal interés de Randi y la JREF es desenmascarar a charlatanes con tirón mediático y, por tanto, con gran capacidad de engaño y timo; y porque una de las obsesiones de Randi es erradicar el apoyo que (consciente o inconscientemente) empresas e instituciones educativas prestan a mercachifles y engañabobos. Con los fondos que la JREF ahorra al dejar de examinar a lunáticos, ahora se dedica a desafiar públicamente a celebridades del mundo paranormal, como Sylvia Browne (habla con los muertos), Rosemary Altea (oye voces de otros mundos) y John Edward (el chico afirma que Dios le ha dado poderes psíquicos). Randi ha repetido mil veces que estaría encantado de poder pagar el millón, ya que eso significaría que alguien, al fin, ha conseguido abrir un campo completamente nuevo para que la ciencia lo estudie.

Hasta la fecha, Randi y la JREF han examinado a más de mil aspirantes. Ninguno logró siquiera pasar la prueba preliminar. Aunque hace dos o tres años hubo intención de anular el premio y usar el dinero en otras cosas, el millón de dólares aún sigue esperando a que algún mesías de lo paranormal lo reclame.

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