Ellos, el cristal y nosotros

[11/06/2011]

 

Esta misma mañana pasamos frente al Ayuntamiento de Avilés para encontrarnos con una algarada que los “indignados” (como si alguien pudiera no estarlo) habían organizado coincidiendo con la toma de posesión de la alcaldesa, el nombramiento de concejales, etc. Ya que estábamos allí, nos quedamos, claro. Los manifestantes eran, es cierto, cuatro gatos. Igualmente cierto es que la presencia policial casi los igualaba en número. Muchos curiosos llenaron la plaza queriendo saber lo que pasaba, en fin: una protesta minoritaria pero bastante representativa del actual sentir popular.

A medida que los políticos abandonaban el ayuntamiento iban arreciando los gritos y silbidos. El único que fue recibido con aplausos fue Alejandro Cueli, el representante local de IU, que abandonó en aquel momento el evento y seguramente prefirió comer en su casa. Lo digo porque a continuación el resto de políticos se dirigieron en cercano Centro Niemeyer para degustar un refrigerio que tenían preparado. Para aquellos que no lo sepan, el Centro Cultural Niemeyer es un moderno proyecto del arquitecto brasileño que se ha inaugurado recientemente y ha relanzado un poco la vida cultural de Avilés, y además sirve para este tipo de eventos. Y fue precisamente aquí donde ocurrió lo que, a mi juicio, resume mejor el estado actual de las relaciones entre políticos y ciudadanos de a pie.

Que nadie se espere cargas oficiales. No hubo tal. Los políticos entraron en uno de los salones de actos (el que ocupa el antiguo mercado del pescado, bajo la pasarela) y los manifestantes se quedaron fuera. Subimos unas pocas escaleras y pudimos ver la cuchipanda desde lo alto a través de las grandes cristaleras. Desde arriba gritaban, gesticulaban y protestaban. Dentro, los representantes de los partidos charlaban y fingían que no ocurría nada. El efecto era un tanto extraño. Copa de vino en mano, se sonreían unos a otros hablando de sabe dios qué, tratando de ignorar a gente de todas las edades que les increpaban. Alguna mirada nerviosa hacia lo alto, algún comentario discreto revelaban que, en el fondo, sabían que había algo mal. Que tal vez las cosas podrían ser diferentes. Fue en ese momento cuando capté un par de imágenes muy descriptivas.

 

Photobucket

 

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Tras el cristal están ellos, dedicándose a lo suyo, tratando de hacer oídos sordos a los que gritan fuera. A este lado hay gente de todo tipo que protesta. Y así, en una sola foto, queda resumida la vida social y política de la España de hoy: la política, al otro lado del cristal, se ocupa de sus propios y alienígenas asuntos ignorando a los que ella misma ha dejado fuera de su fiesta.
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