El sorprendente accidente del Lago Peigneur

Ocurren a veces accidentes que parecen sacados de una historia de Mortadelo y Filemón: inundaciones de cerveza, aludes de melaza, explosiones de trigo… En fin, sucesos inesperados que a veces acaban en tragedia y a veces resultan cómicos.

Lo que voy a contar hoy ocurrió hace no demasiado tiempo, el 20 de noviembre de 1980. Situémonos en el estado de Luisiana, EE.UU., y concretamente en un pequeño lago rodeado de pueblos llamado Lago Peigneur. El Peigneur era un lago pequeño, de unos 5 km2 y de muy poca profundidad: no pasaba de los dos o tres metros en su punto más hondo. Desaguaba al golfo de México a través de un tranquilo canal de 15 km., el Canal Delcambe. Bajo el lago, y a kilómetros alrededor, se extendían grandes depósitos naturales de sal que llevaban muchos años siendo explotados por varias industrias. Los túneles iban horadando las enormes cúpulas subterráneas, y cuando se extraía toda la sal, las galerías iban quedando abandonadas. La Diamond Crystal Salt Company se encargaba de las perforaciones en la época.

El mencionado día de noviembre, varias barcazas de la petrolera Texaco estaban haciendo prospecciones en busca de petróleo en el lecho del lago. Siguiendo las indicaciones de los ingenieros, ponían la barcaza en un punto determinado y perforaban con una máquina que llevaban instalada a bordo. La broca iba penetrando en la tierra durante muchos cientos de metros, y así esperaban hallar petróleo.

Ocurrió, por supuesto, lo que alguno debió haberse temido… La cabeza perforadora, por un error de cálculo, entró por uno de los túneles de sal abandonados a más de 350 metros de profundidad. Los tripulantes de la barcaza notaron algo raro en el agua y las lanchas comenzaron a moverse de forma extraña. De pronto, el tranquilo lago comenzó a moverse impulsado por corrientes lentas pero imparables. Temiéndose lo peor, trabajadores y pescadores corrieron a todo correr hacia la orilla y desde allí vieron el espectáculo que se avecinaba.

El agua del lago entró en la mina con la presión de millones de litros de agua. Había en la mina 55 trabajadores que se encontraron de pronto en medio de un infierno de túneles inundados, sirenas de alarma y ascensores de emergencia. Ni uno de ellos murió, no obstante, gracias a un sistema de alarma y evacuación bien diseñado. La broca había hecho un agujero de 14 pulgadas de ancho, pero en cuestión de segundos la fuerza del agua lo ensanchó hasta convertir el lago en un vórtice que succionaba todo a su alcance. Podemos imaginarnos la situación como una enorme bañera a la que alguien le ha quitado el tapón, pero eso no se acercaría a la realidad. Una bañera no absorbe barcazas enteras bajo el agua, no arranca metros de orilla con sus árboles y casas y los subsume hacia las profundidades. La gente miraba aturdida como las minas se iban inundando. El agua, a medida que iba entrando con enorme presión, disolvía miles de toneladas de sal natural y creaba huecos que también había que llenar. El agua de todo el lago no era suficiente para inundar todas las galerías y cavernas que había debajo, pero la gravedad siguió haciendo de las suyas y el agua siguió fluyendo desde donde podía: el canal Delcambe. El flujo de agua hacia el mar empezó a ralentizarse, luego se detuvo y poco a poco el canal entero empezó a fluir hacia atrás. El golfo de México empezó a inundar el lago Peigneur mientras arrastraba todo lo que flotaba en las aguas –o simplemente estaba cerca de la orilla- hacia el gigantesco sumidero. Se tragó dos barcazas de perforación, árboles, camiones y vehículos, un pontón, viviendas, más de 250.000 metros cuadrados de terrenos y hasta un parking. Varios pontones y barcazas de transporte -un total de once- que estaban en el canal fueron arrastradas hacia el sumidero y desaparecieron bajo las aguas, atrapadas por una fuerza irresistible. Se calcula que más de 13.000 millones de litros de agua de mar inundaron los túneles durante los siguientes días. Tal fue la fuerza con la que el agua entró por el canal hacia el lago, que la erosión creó durante un par de días una cascada de 15 metros, la más alta de todo el estado de Luisiana.

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Barcazas y pontones siendo succionados

A medida que las cavidades subterráneas iban llenándose, el aire desplazado salió a presión en varios puntos cercanos, creando géiseres de 100 metros de alto que causaron nuevos destrozos. Un testigo describió la escena de esta forma: “hubo un enorme ruido como de aire a presión que venía de la mina. El agua entraba en ella más rápido de lo que el aire podía salir. Creó un geiser que se elevó 400 pies [120 metros], esparciendo agua y escombros por el aire”.

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La cascada que se formó cuando el canal empezó a inundar el lago

 

En un par de días, las aguas se calmaron. Cuando las galerías subterráneas se inundaron completamente, varias de las cosas que habían sido tragadas por el sumidero volvieron a la superficie. Nueve de las barcazas salieron perezosamente a flote, destrozadas, como un corcho soltado en el fondo de la bañera… El lago Peigneur, de tres metros de profundidad, se había convertido en un abismo de 300 y pico metros. Sus aguas se convirtieron en saladas de la noche a la mañana, y poblaciones enteras de especies se vieron arrastradas a un nuevo ecosistema en cuestión de segundos. Hoy en día, el lago sigue siendo de agua salada. Las causas del accidente nunca se esclarecieron totalmente, aunque se supone que los ingenieros de Texaco cometieron un error… catastrófico.

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Una casa abandonada, arrastrada en su día por las aguas

Hoy en día, las minas han cerrado y el subsuelo del lago se usa para almacenar gas natural a presión. Los vecinos, como es lógico, miran esta nueva iniciativa con cierta suspicacia.

History Channel tiene un reportaje sobre el tema, donde pueden verse algunas imágenes impactantes grabadas durante el accidente:

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