El Paso Honroso de Suero de Quiñones

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El Paso Honroso fue uno de los eventos de caballería más famosos de la Europa medieval y se celebró aquí, en la vieja España. Su artífice fue el caballero Don Suero de Quiñones, leonés, fiel servidor del rey Juan II …y enamorado.

Suero de Quiñones tenía la peculiar costumbre de colocarse al cuello una pesada anilla de hierro cada jueves. Con ello pretendía demostrar que se encontraba preso, cautivo de amor por su dama; estaba, como él mismo decía “en una cárcel de amor”. Y como todo presidiario, soñaba con escapar. Suero era hijo segundón, y sin duda deseaba ponerse a prueba y demostrar su valía y conseguir fortuna y gloria. De modo que tuvo la ocurrencia de presentarse ante el rey Juan II y proponerle la realización de una justa, un evento como no se había visto nunca y que le permitiría tanto ganar fama como liberarse de su “prisión de amor”.

El primero de enero de 1434 se presenta en la corte del rey en Medina del Campo junto con otros nueve caballeros, todos ellos ataviados con sus mejores ropajes. Así le habla Suero de Quiñones al rey Juan: “Señor: deseo justo e razonable es que en los que en prisiones o fuera de su libre poder son, desear la libertad e como yo, Suero de Quiñones, sea en prisión por una señora, por la que traigo todos los jueves este fierro, según es notorio en vuestra magnífica Corte. Yo, poderoso Señor, he concertado mi rescate de esa prisión en trescientas lanzas rompidas por el asta con fierros de Milán de mí e de estos nueve caballeros que aquí son”. Ignoramos la cara que se le quedó al rey al escuchar semejante ocurrencia. El leonés quería liberarse de su amor rompiendo, entre él y sus compadres, trescientas lanzas en la lid. Hay que tener en cuenta que la caballería, ya casi mediado el siglo XV, se encontraba en franca decadencia. Hacía ya un siglo que los arqueros ingleses habían infringido una terrible derrota a los caballeros del rey de Franciaen Crecy. Las armas y tácticas cambiaban, y los caballeros no lograban encontrar su sitio en la nueva sociedad que se avecinaba. Los torneos y justas, ya en aquella época, resultaban un anacronismo.

Juan II, sin embargo, no se lo pensó dos veces. Su reinado había sido relativamente pacífico en cuestión de guerras (aunque prolijo en intrigas palaciegas), por lo que decidió que la idea de Suero resultaría una gran demostración del honor y el poder de Castilla. Autorizó el torneo, que se celebraría entre el 10 de julio y 9 de agosto de aquel mismo año en Hospital de Órbigo, hoy provincia de León. La elección no fue casual, ya que 1434 fue año Jacobeo y Hospital de Órbigo se encuentra en mitad del Camino Francés, siendo paso obligado para peregrinos y viajeros. Se enviaron mensajeros a todas las cortes europeas, tanto para asegurarse una máxima participación como para extender la noticia de que los auténticos caballeros aún existían en Castilla.

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El hermoso puente del Paso Honroso.

Es de sobra conocido el torneo medieval, y también la justa. Pero había un tercer tipo de enfrentamiento, con sus propias reglas, que era el llamado paso. En un paso, uno o varios caballeros se apostaban en un sitio estratégico –típicamente un camino o puente- y se enfrentaban a cualquiera que pretendiese cruzarlo, siguiendo las reglas de la caballería. Don Suero había elegido el lugar perfecto, el puente de Hospital de Órbigo, llamado precisamente del Paso Honroso. Allí se talaron árboles, se construyeron gradas y palcos y un palenque donde se batirían los caballeros. El escribano real Pedro Rodríguez de Lena estuvo presente durante el suceso y dejó constancia de todo lo ocurrido. Como cualquier gran espectáculo, el Paso atrajo a los turistas de la época: mercaderes, tenderos, putas, ladrones, artesanos, juglares, criados, herreros… Se nombraron oficialmente jueces que solventaran posibles desacuerdos en los combates, incluso se habilitó un servicio médico al mando del judío Salomón Seteni, para atender a caballeros heridos. Don Suero incluso ordenó hacer una estatua a Nicolás Francés, artesano de la catedral de León, que representaba un heraldo señalando hacia el puente con las palabras POR AY VAN AL PASSO esculpidas en la base.

Las reglas del Paso Honroso

1. Aquel caballero o gentilhombre que desee cruzar el Paso Honroso ha de batirse con Suero de Quiñones o uno de sus nueve compañeros hasta romper tres lanzas, o dejar sus armas en prenda y vadear el río a pie.

2. Se da garantía a los caballeros que acudan de que contarán con traje, armas y caballo adecuado a su honor;

3. Los participantes deben dar su nombre, títulos, procedencia y estado;

4. Los participantes no podrán elegir a su oponente; sólo sabrán a quién se han enfrentado después de romper tres lanzas;

5. La lanza que haga sangre, cuenta como una lanza rota;

6. El que sea herido en la justa no podrá participar hasta terminado el torneo;

7. Serán jueces del torneo Pero Barba y Gómez Arias de Quiñones.

El primer combate tuvo lugar el 12 de julio entre el propio Suero de Quiñones y un alemán llamado Arnaldo de Brandemburgo. Vence Suero al romper las tres lanzas –era costumbre que venciera el que rompía tres veces su lanza, pues equivalía a haber golpeado con fuerza y destreza al oponente; a veces no era necesario que la lanza llegase a partirse, si hacía sangre o si el golpe era claro-. Siguieron los combates durante días y semanas. A lo largo de un mes hubo heridos, hubo emoción y gritos, incluso hubo un muerto, Asbert de Claramunt, un aragonés a quien Suero mata involuntariamente atravesándole el yelmo y la cabeza con la lanza. Al desafortunado Asbert le negaron un entierro cristiano, ya que la Iglesia condenaba los torneos y se negaba a dar sepultura a los caballeros muertos durante estos “juegos”. Aunque se ha acordado que los heridos no pueden volver a competir, Suero y sus nueve compañeros se saltaban la norma a la torera. Por ejemplo, sabemos que el 4 de agosto todos ellos estaban en la enfermería cuando dos caballeros catalanes, Francí del Valle y Rimbao de Corbera, aparecen exigiendo luchar de malos modos, y ofreciéndose a “romper, en un solo día, todas las lanzas que faltan para llegar a las 300”. Don Suero y compañía ordenan a los médicos que les arreglen lo mejor que puedan y no dudan en combatir contra los catalanes al día siguiente, derrotándolos a ambos.

El día 9 de agosto se da por finalizado el torneo del Paso Honroso y ese mismo día cae herido de nuevo Don Suero. No se llegaron a romper las 300 lanzas pero los jueces, a la vista del valor y el arrojo de Suero, dan por cumplido su voto y le despojan del aro de hierro en una solemne ceremonia. Habían participado 68 caballeros, algunos venidos desde Alemania o Italia, aunque la mayor rivalidad fue entre los castellanos y aragoneses y catalanes. Los diez mantenedores, es decir, lo que se enfrentaban a los caballeros que iban llegando, fueron éstos:

Sancho de Rabanal (33 lanzas rotas)
Gómez de Villacorta (24)
Pedro Navas (22)
Pedro de los Ríos (18)
Lope de Estúñiga (17)
Diego de Bazán (16)
Suero Gómez (14)
Lope de Aller (12)
Diego de Benavides (10)

Acabado el épico torneo, Don Suero y los demás fueron a Santiago en peregrinación. En conmemoración del anillo de hierro que había llevado, Suero dona a la catedral un aro de oro y joyas que aún puede verse en el busto de Santiago el Menor, en la capilla de las reliquias.

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El busto de Santiago Menor, con el collar que donó Suero.



El episodio del Paso Honroso fue la última luz de la caballería en España y la última de las grandes demostraciones de honor y valor que dieron los caballeros antes de que los cambios que se avecinaban acabasen con sus tradiciones. En una época en la que la palabra dada y la honra valían algo, hubo caballeros que cruzaron países enteros para partirse el pecho luchando con otros que, como ellos, aún recordaban épocas mejores.

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One response to “El Paso Honroso de Suero de Quiñones

  • Cruz de Fierru

    León ni es, ni nunca fue Castilla, siempre fueron dos reinos diferenciados con sus propias leyes e instituciones pese a estar los dos bajo una misma corona a partir de 1230. En la practica jamas estuvieron unidos, mas bien al contrario,siempre fueron enemigos acérrimos, como lo siguen siendo hoy en dia. ¡País Leones libre y autónomo!. León sin Castilla, una maravilla.

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