El calendario de la muerte de Pittsburgh

En 1907 la fundación Russell Sage de Pensilvania realizó un estudio sociológico y demográfico de gran envergadura sobre las condiciones de vida de los trabajadores de Pittsburgh. En realidad se incluían trabajadores de todo el condado de Allegheny, del que Pittsburgh es la capital. La ciudad era eminentemente industrial: su población creció rápidamente gracias a las fábricas hasta llegar al medio millón de habitantes, y en 1911 se producía aquí más de un tercio del acero de Estados Unidos. El mencionado estudio, conocido como el “Pittsbugh Survey” o Informe Pittsburgh, se centraba en las condiciones de vida y de trabajo de empleados de la industria del acero, aunque incluía también a mineros y trabajadores del ferrocarril.

Las condiciones de trabajo eran atroces. Un gran porcentaje de los trabajadores eran extranjeros (solo una cuarta parte habían nacido en EE.UU.) y muchos carecían de formación o experiencia, incluso de un conocimiento básico de las tareas a desarrollar. Los enormes avances de la tecnología y los nuevos materiales y procesos constructivos ponían a disposición de los trabajadores máquinas de enorme poder y complejidad, pero también hacían que cualquier error fuese potencialmente letal. En ocasiones las cubas de metal fundido se desprendían o volcaban sobre los hombres, que morían de la forma más espantosa imaginable. En una ocasión vertieron hierro colado sobre arena empapada: al estallar explosivamente el agua contenida en la arena debido a la temperatura de la colada, se produjo un estallido que destruyó gran parte de la nave y mató a cuatro trabajadores, hiriendo a más de una treintena. Muchos trabajadores eran atrapados por partes móviles de las máquinas, sufrían amputaciones, eran literalmente hechos picadillo por los mecanismos antes de que sus compañeros pudiesen reaccionar. Los obreros respiraban sustancias tóxicas sin siquiera saberlo, trabajaban en condiciones de calor asfixiante o se pasaban el tiempo rodeados de humos y vapores que apenas les permitían ver. Los trabajadores engrasaban la máquina del capitalismo con su propia sangre… literalmente. Las empresas solían pagar los gastos hospitalarios de los trabajadores, pero pocas veces ellos o sus familias recibían nada más.

Los investigadores del Informa Pittsburgh elaboraron un calendario entre los meses de julio de 1906 y junio de 1907. Señalaron con una pequeña cruz cada muerto en accidente laboral que se producía en el condado de Allegheny (donde vivían en la época aproximadamente un millón de personas). He aquí el resultado:

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Apenas hay días sin muertes en el trabajo, y hay muchos con tres, cuatro y hasta cinco muertos. 526 hombres en total perdieron la vida trabajando durante aquel período de un año.

Exactamente cien años después, entre octubre de 2006 y septiembre de 2007, hubo en España casi un millón de accidentes de trabajo. La mayoría fueron accidentes leves o sin baja. 846 de ellos fueron mortales. Es decir, ochocientas cuarenta y seis personas murieron como consecuencia de su trabajo durante ese año.

No pretendo sacar conclusiones de dichos datos, ya que es poco realista comparar datos separados por cien años y sin tener en cuenta la tremenda evolución técnica, legal y cultural que se ha producido en el último siglo en materia laboral. Tan sólo me pregunto si tiene algún sentido dar la vida, literalmente, por tu trabajo.


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