Centralia, un incendio que dura 50 años

En 1962 se inició un fuego en el pueblo minero de Centralia, en Pennsylvania. No fue un fuego llamativo, ni desastroso, y de hecho en aquel momento nadie reparó en él. Pero casi 50 años más tarde, aquel incendio sigue ardiendo y ha convertido Centralia en un pueblo deshabitado, un lugar fantasmal en el que una decena de personas luchan por conservar su antiguo hogar.

Centralia empezó siendo una taberna en la década de 1840, con apenas unas chabolas para cobijar a viajeros y aventureros. En 1854 una compañía minera comenzó a construir casas y carreteras con la intención de explotar las reservas de carbón y antracita que había en el subsuelo. Se abrieron minas subterráneas y a cielo abierto, y la población aumentó rápidamente hasta los dos mil habitantes. Se abrieron tiendas, iglesias, hoteles y saloones, en fin, Centralia se convirtió en un próspero pueblo basado en la explotación del carbón, y así continuó durante un siglo.

Todo comenzó a venirse abajo en 1962, y no fue con un gran desastre ni con una explosión catastrófica, sino de forma mucho más discreta. Se organizó una limpieza del vertedero local, como cada año. Cinco voluntarios de la brigada de incendios hicieron lo que hacían siempre: incendiaron de forma controlada la montaña de residuos y la dejaron arder durante un tiempo. Después apagaron las llamas y remojaron con agua toda la zona. Por desgracia, habían cambiado la ubicación del vertedero poco antes, por lo que las cosas no fueron como todos los años. El nuevo vertedero estaba asentado sobre una mina a cielo abierta abandonada, y los voluntarios cometieron un grave error. Creyendo que habían hecho un buen trabajo, volvieron a sus casas y se olvidaron del asunto… sin saber que, de alguna forma, el fuego había llegado a prender restos de carbón en el subsuelo de la mina abandonada. Lentamente, sin que nadie lo advirtiese, el fuego fue extendiéndose bajo tierra.

Durante los siguientes años hubo algunos débiles intentos de apagar el fuego subterráneo, pero sin éxito. Hubo algunos casos de gente afectada por los productos de la combustión: humos, monóxido y dióxido de carbono, gases tóxicos, etc. En general no se le dio mucha importancia al problema, ya que los fuegos subterráneos de carbón no son raros y éste parecía más una molestia que una amenaza.

Pero los efectos de tener un fuego bajo los pies son imprevisibles. En 1979 –el fuego llevaba ya 17 años activo-, el encargado de una gasolinera estaba comprobando los niveles de combustible en los tanques subterráneos y notó que las mangueras que empleaba salían calientes. Se le ocurrió introducir un termómetro en el depósito y quedó aterrado cuando vio que la gasolina estaba a casi 80 º C. La gente y las autoridades comenzaron a preocuparse de verdad. Un par de años más tarde, un chaval de 12 años estuvo a un paso de la muerte cuando un boquete de 50 metros de profundidad se abrió bajo sus pies en el jardín de su casa. El calor y las llamas comenzaban a horadar el pueblo entero, y el joven habría muerto intoxicado por los gases si su primo no lo hubiera rescatado en el último instante.

A partir de ahí, el pueblo fue muriendo. Las autoridades destinaron muchos millones ya no a apagar el fuego, sino a reubicar a los habitantes de Centralia. La minería cesó, ya que se había vuelto demasiado peligrosa. A medida que la gente se iba, las calles iban agrietándose por los fuegos subterráneos y la vegetación iba adueñándose del paisaje. Aunque algunos habitantes insistían en quedarse, la mayor parte se fueron, y casi todos los edificios fueron derribados o se derrumbaron. En 2002 el servicio de correos estadounidense anuló el código postal de Centralia, confirmando con este simple acto el hecho de que el pueblo ya no existía. En 2010 había diez habitantes en Centralia, luchando para no ser legalmente desahuciados de sus hogares.

Hoy en día el pueblo es una atracción para algunos turistas curiosos. La carretera principal que atravesaba el pueblo, la PA Route 61, está bloqueada por dos empalizadas de tierra. Actualmente los visitantes dejan en ella sus graffitis y se sacan fotos junto a las grandes grietas causadas por el calor, de las que puede verse emanar un humo blancuzco de cuando en cuando. Ocasionalmente se ven fumarolas de gases y pequeños geiseres de humo en algunas zonas de Centralia. Hay algunas señales que advierten a los curiosos que pasearse por algunas zonas puede ser muy peligroso, con suelos que pueden hundirse por sorpresa y ocasionales nubes de dióxido de carbono y otros gases asfixiantes. Los árboles han invadido las calles y parques, y en algunas zonas la vegetación está muerta, incapaz de crecer en un suelo recalentado y plagado de toxinas producidas por la combustión. Los fuegos subterráneos de Centralia van moviéndose poco a poco, alimentados por la escasa cantidad de oxígeno que llega desde el exterior, carcomiendo las entrañas del pueblo. Una excelente galería de fotos, tanto históricas como actuales, puede verse aquí.

 

Photobucket

 

La carretera, agrietada y humeante.

 

Photobucket
Los alrededores presentan un aspecto fantasmal.

 

Photobucket
Advertencia para curiosos.

 

Photobucket
Antes y ahora.

 

Los fuegos como este no son infrecuentes. Los incendios de minas de carbón son un grave peligro en cualquier explotación minera, son extremadamente difíciles de apagar y pueden arder lentamente durante décadas e incluso siglos. Habitualmente los incendios subterráneos de carbón se producen por la intervención humana, que deja expuestos al aire los depósitos de carbón y antracita. Cualquier chispa, incendio o explosión posterior puede inflamar el volátil polvo de carbón e iniciar un fuego que se mantenga vivo durante años. El polvo de algunos tipos de carbón puede auto inflamarse sin que exista siquiera una chispa a una temperatura tan baja como 40º C. Este tipo de incendios arden muy lentamente y sin grandes llamas, de forma muy similar a las brasas que quedan en la parrilla cuando hacemos una barbacoa. Los propios sistemas de ventilación de las minas pueden aportar el oxígeno necesario para que la combustión se mantenga.

Los incendios subterráneos son muy frecuentes en países que no cuentan con sistemas de minería demasiado avanzados. En muchos paises se explota un yacimiento de carbón con sistemas un tanto arcaicos, hasta que su profundidad hace que seguir trabajando sea demasiado peligroso. Entonces se abandona el yacimiento sin las debidas precauciones, y cualquier incendio posterior puede crear un fuego. Incluso un rayo puede prender una mina entera. En Indonesia, por ejemplo, las técnicas tradicionales de limpiar los cultivos y las tierras a base de incendios controlados han producido innumerables fuegos de carbón. En China –el mayor productor mundial de carbón, con tres mil millones de toneladas en 2010-, existen miles de incendios de carbón activos. En el norte del país se han contabilizado hasta mil zonas de incendios diferentes, cada una con varios focos ardiendo a la vez. No se sabe cuánto carbón se consume de esta forma únicamente en China, pero las estimaciones nunca bajan de 20 o 30 millones de toneladas.

Photobucket

 

Un fuego subterráneo de carbón en la India. Esta gente vive sobre el yacimiento en condiciones precarias y se dedican a extraer manualmente pequeñas cantidades de carbón para comerciar. Puede verse cómo viven aquí.

Los fuegos subterráneos pueden arder durante décadas o siglos. Hay animales propios de climas templados viviendo en zonas frías o muy frías con incendios subterráneos activos, ya que el aumento de temperatura del terreno, a lo largo de los siglos, ha permitido a poblaciones enteras de insectos y plantas colonizar la zona. El incendio de Centralia lleva 50 años activo y no es un caso excepcional. En Planitz (Alemania) un fuego de carbón iniciado en 1476 fue finalmente apagado en 1860. En el oeste de Alemania hay un lugar llamado Brennender Berg (algo así como Montaña Ardiente), donde un incendio subterráneo de carbón lleva ardiendo desde 1668. Goethe llegó a visitarlo. Los chinos anunciaron en 2004 que habían logrado apagar un fuego de carbón que ardía desde 1874, aunque un artículo de la revista Time aseguró, cuatro años más tarde, que aquel incendio seguía ardiendo. El ejemplo más extremo de lo que puede llegar a durar un fuego subterráneo está en Australia. En Nueva Gales del Sur hay una colina llamada Monte Wingen, aunque es más conocido como Burning Mountain. Los primeros colonos pensaron que el humo y los gases que emanaban del monte eran de origen volcánico, pero se equivocaban. Debajo del Monte Wingen hay enormes reservas de carbón que llevan 6.000 años ardiendo, desplazándose lentamente hacia el sur a un ritmo de un metro anual. Se trata del fuego de carbón más antiguo conocido.

Apagar uno de estos incendios es extremadamente caro, además de muy largo y peligroso. Se emplean, normalmente a la vez, métodos diversos. Se inyecta agua o arcilla líquida en el corazón del fuego a través de agujeros. Se cubre toda la zona con una gruesa capa de arenas finas que impidan pasar el oxígeno, para que la combustión se detenga. Se usan gases inertes que desplacen al oxígeno. Pueden tardarse años en controlar un fuego subterráneo, si es que llega a dominarse por completo.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: