Blas de Lezo: mucho español para tan poca Inglaterra

Hay en el Museo Naval de Madrid un par de medallas inglesas del XVIII que no tendrían mayor interés de no ser por la épica historia que encierran. En una de ellas se ve a un almirante inglés, Edward Vernon, recibiendo una espada de manos de un vencido y humillado “Don Blass”, defensor español de Cartagena de Indias. “Don Blass”, con pintas de salteador de caminos ante la elegancia mayestática de Vernon, rinde la ciudad mientras el inglés parece darle unas palmaditas condescendientes en la cabeza. En la otra medalla, el propio Vernon aparece con ademán chulesco ante las murallas de la conquistada Cartagena, puerto clave para el comercio y las operaciones navales españolas.

Nunca hubo tal victoria. Cartagena de Indias jamás cayó en manos inglesas de la forma descrita en dichas medallas. El tal “Don Blass”, de nombre real Blas de Lezo y Olavarrieta, de aquella teniente general, consiguió defender la plaza ante las mayores fuerzas navales jamás dispuestas, Vernon volvió a Inglaterra bien caliente y la bandera española siguió ondeando donde era costumbre.

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“Admiral Vernon vhinning the town of Carthagana”, el almirante Vernon tomando Cartagena. Juzgue el lector la verosimilitud de la imagen.

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“The pride of Spain humbled by Ad. Vernon”. Blas de Lezo, con todos sus miembros, se rinde ante Vernon

Pero vayamos poco a poco. El sitio a Cartagena formaba parte de los planes ingleses para hacerse con el control del llamado Spanish Main, el Dominio Español de Centroamérica, Cuba, etc. Los ingleses querían establecer plazas fuertes en tierra firme a toda costa para explotar al máximo la decadencia del poder naval español. Ya poseían Jamaica, y cuando comenzaron las hostilidades de la Guerra de la Oreja de Jenkins (también llamada Guerra del Asiento, 1739 – 1748), decidieron dar un golpe decisivo apropiándose de la vital plaza de Cartagena de Indias. El rey Jorge II nombró a Edward Vernon comandante en jefe de las fuerzas navales caribeñas. A lo largo del conflicto se produjeron varios encontronazos entre españoles e ingleses, con resultados más bien mediocres para éstos últimos exceptuando la toma de Puerto Bello, del que sacaron cierto botín y que dio nombre a una calle londinense (Portobelo Rd) y la destrucción de la fortaleza de San Lorenzo el Real cerca de Puerto Bello.

Cartagena de Indias sufrió dos ataques previos, el 13 de marzo y el 3 de mayo de 1740. Ambos fueron meros tanteos de las defensas con posterior retirada, si creemos las explicaciones de Vernon, o ataques malamente ejecutados y en los que los ingleses las llevaron hasta en el cielo de la boca, si nos atenemos a cómo se desarrollaron las operaciones. Baste decir que en ambas ocasiones los ingleses tuvieron que contentarse con bombardear la ciudad de lejos, rechazando fácilmente la guarnición española un intento de desembarco anfibio en el segundo ataque y obligando al enemigo a ponerse a salvo de su artillería. Y es que los españoles contaban con don Blas de Lezo al frente de sus defensas, marino de formidable experiencia, manco, cojo y tuerto de heridas recibidas en anteriores combates, vasco para más señas. Los enemigos le llamaban “Medio-hombre” o “Almirante Patapalo” por razones evidentes. Tras la fácil conquista de Puerto Bello, a Vernon se le subió el almirantazgo a la cabeza y desafió a Blas de Lezo con alguna puya marinera que no ha llegado hasta nuestros días. Y es que sin duda los ingleses sabían que el Medio-hombre andaba defendiendo Cartagena, y es más que probable que cualquier oficial inglés conociera, temiera y despreciara a Lezo. En todo caso, Blas respondió a Vernon con estas palabras:


“Si hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera su Merced insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía.”

El ataque sobre Cartagena comenzó el 13 de marzo de 1740. Vernon disponía de la mayor flota que jamás en la historia se hubiera reunido, 186 naves con 2.620 piezas de artillería en total y 27.000 hombres. Compárese con las 126 naves que componían la Grande y Felicísima Armada o Armada Invencible de Felipe II. Nunca se vieron tantos barcos juntos hasta el desembarco de Normandía en la Segunda Guerra Mundial. Las fuerzas inglesas incluían 10.000 soldados británicos destinados a desembarcar y asaltar la cudad, 12.600 marineros, un millar de jamaicanos esclavos armados con machetes y, cosa curiosa, 4.000 reclutas estadounidenses comandados por Lawrence Washington, hermanastro del que sería el primer presidente de Estados Unidos.

Don Blas de Lezo, por su parte, tuvo que hacer lo que siempre se había hecho en España, y más en temas de guerra por mar: tirar con lo que había. Contaba con unos 3.000 hombres. 1.100 soldados veteranos, 400 sin experiencia, 600 marineros, 300 milicianos y 600 irregulares entre indios con flechas y lanzas, negros y mulatos. Contaba con un total de 6 naves: la nao capitana Galicia más los buques San Felipe, San Carlos, África, Dragón y Conquistador.

La cosa pintaba bien para los ingleses, que con su enorme superioridad empezaron desalojando a los españoles de los fuertes de San Andrés de Bocachica y de Bocagrande. Los propios españoles habían hundido varios de sus barcos –al final acabarían perdiéndolos todos- para tratar de impedir el acceso del enemigo a la bahía y al puerto, con poco éxito. Las tropas españolas se replegaron hacia el fuerte de San Felipe de Barajas, aún en pie hoy en día, y la enormidad de las fuerzas inglesas comenzaron a rodear la plaza. En ese momento al almirante Vernon le pareció que la victoria era tan segura que no perdió tiempo en notificarla a su gobierno. No tuvo mejor idea que mandar un despacho urgente a Jamaica, desde donde llegaría a Inglaterra, diciendo que había tomado Cartagena de Indias. La noticia fue tomada en Londres como una fiesta nacional, y fue en este momento cuando se acuñaron las famosas medallas publicitarias que más tarde se le atragantarían al rey Jorge, al almirante Vernon y a todos los que vendieron la piel del español antes de cazarlo.

De vuelta en la sitiada Cartagena, la victoria pareció de pronto mucho menos clara. Vernon decidió rodear el fuerte de San Felipe para atacar por la retaguardia, mientras se bombardeaba incesantemente el fuerte desde tierra y mar. Para alcanzar la retaguardia los ingleses tuvieron que adentrarse en la selva, contrayendo la malaria y el cólera muchos soldados que comenzarían muy pronto a engrosar las listas de bajas. Cuando finalmente estuvieron en posición, se ordenó el ataque. Los ingleses subieron en formación cerrada por la rampa que conducía al fuerte; Lezo ordenó que 300 defensores, armados únicamente con armas blancas, taponasen la entrada frente a la marea de enemigos. Y así, luchando en corto y a pecho descubierto, el valor y los cojones españoles frenaron en seco la avalancha anglosajona, causando más de 1.500 bajas y destrozando la moral inglesa.

Tras varios días más de asedio, se dio una nueva orden de atacar la noche del 19 al 20 de abril. Amparados por la oscuridad y la artillería de las naves, tres columnas de granaderos ingleses avanzaron directamente hacia el fuerte con escalas y equipo de asalto. Iban delante de ellos los macheteros jamaicanos, sin más armas que sus cuchillazos, abriendo camino a los casacas rojas. Avanzaron por terreno abierto sufriendo mucho por el fuego español, y al llegar a los muros de San Felipe se encontraron con una sorpresa que Lezo les había preparado: había ordenado cavar fosos todo alrededor de la fortaleza, de modo que las escalas de asalto de los ingleses se quedaban cortas y los granaderos, con sus fusiles, sus inventos de asedio y la madre que los parió, tuvieron que quedarse allí clavados, sin poder maniobrar y sin saber qué hacer, recibiendo las descargas cerradas de los defensores del fuerte. Los españoles les hicieron tanto destrozo que llegaron a salir del fuerte a la bayoneta, sembrando el terror y causándoles una matanza completamente imprevista.

A lo largo de casi un mes, Lezo estuvo en todas partes y contrarrestó cada estratagema inglés con su experiencia y astucia. El vasco quiso entretener a los ingleses hasta que las enfermedades, las heridas y el hambre comenzasen a hacerles mella, y eso fue exactamente lo que pasó. Durante más de veinte días los ingleses tuvieron que limitarse a cañonear desde sus barcos Cartagena, sin un objetivo claro, ya que no fueron posibles nuevos desembarcos. Vernon, furioso, sin aceptar que había sido derrotado por un enemigo tremendamente inferior, ordenó disparar toneladas de proyectiles sobre los defensores, pero ya nada podía hacerse. Las fuerzas inglesas, no tanto las naves como los hombres, estaban deshechas, y lo único que le restaba al almirante era poner proa a su patria y tratar de explicar a su rey por qué la gran victoria sobre “Don Blass” se había convertido en una derrota lacerante, costosa e inimaginable. Se habló de entre 6.000 y 8.000 bajas inglesas, más 7.500 heridos de los que muchos morirían más tarde; un testigo presencial aumenta el recuento hasta “18.000 ingleses muertos, por 200 bajas españolas”. Una veintena de naves inglesas de dos y tres puentes, además de varios otros navíos, se hundieron, ardieron o fueron desguazados. Lo último que se le oyó gritar a Vernon cuando el 20 de mayo de 1740 partieron sus últimos buques, fue un “God damn you, Lezo!”, que sin duda resume el sentimiento inglés hacia aquel marino vasco, mutilado, brillante e invicto; y al que don Blas respondería más tarde, por escrito, lo siguiente:


«Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir.»

Lo que no se concibe es que el almirante Vernon, que tras su victoria en Porto Bello –poca cosa pero victoria- asistió a una cena con el rey Jorge en la que se presentó el que hoy es el himno nacional británico, God save the King, como tributo a tan “notable” victoria, que volvió a Londres con la cabeza gacha y completamente desacreditado por su sangrante derrota en Cartagena, que tuvo que deshacerse en explicaciones tratando de salvar su honra hasta que la opinión pública acabó atendiendo a asuntos más interesantes; lo que es inconcebible, digo, es que Vernon esté enterrado en la abadía de Westminster, junto a los grandes héroes y personajes ingleses, mientras que Blas de Lezo y Olavarrieta repose ahora mismo en tumba desconocida y sea prácticamente un desconocido para la inmensa mayoría de los españoles. Sí es cierto que últimamente se ha hablado de Lezo con motivo de una recogida de firmas para poner su nombre a una avenida de nueva construcción en Madrid, y que hay calles con su nombre en varias ciudades españolas. Su única estatua se halla en Cartagena de Indias, donde sí es justamente reconocido como la gran personalidad militar que fue. Si don Blas hubiera sido inglés, o americano, o francés incluso, habría que ver si la historia lo relegaba al olvido como le ha ocurrido siendo español.

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8 responses to “Blas de Lezo: mucho español para tan poca Inglaterra

  • Anónimo

    Grande Lezo… estoy empezando un proyecto para rescatarlo del olvido (a ver si me sale bien)

    • Maxi

      Pues solo te puedo decir que ánimo con ello, sea lo que sea, y a ver si desde el presente conseguimos evocar aunque sea un poco del pasado…

  • Mikko

    Un muy pobre y simplista relato. Más historia y menos patrioterismo barato. Le recomiendo al autor que lea historia y no novelillas.

    • Maxi

      Gracias por leer mi blog.

      ¿A qué se refiere exactamente cuando dice “pobre y simplista”?

      • Mikko

        En que inventa, o imagina, no cita fuentes y parece basarse en las novelillas que han salido últimamente y no en fuentes primarias o fiables.

  • Mikko

    “la mayor flota que jamás en la historia se hubiera reunido”. Busque referencias a flotas similares o mayores. Las hay.
    “Los enemigos le llamaban ‘Medio-hombre’ o ‘Almirante Patapalo’ por razones evidentes”. Cite usted una fuente primaria donde se le llame por estos nombres.
    “No tuvo mejor idea que mandar un despacho urgente a Jamaica, desde donde llegaría a Inglaterra, diciendo que había tomado Cartagena de Indias”. Cite usted exactamente lo que decía tal despacho.
    Hubo un ataque al fuerte de San Felipe, no dos.
    “Una veintena de naves inglesas de dos y tres puentes, además de varios otros navíos, se hundieron, ardieron o fueron desguazados.” Justifique estas cifras. Cómo se explica que Vernon pasó otro año y medio por el Caribe?
    “Lo último que se le oyó gritar a Vernon cuando el 20 de mayo de 1740 partieron sus últimos buques, fue un ‘God damn you, Lezo’.” Cite usted la fuente primaria de esta pintoresca afirmación.
    «Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir.» Cite usted el archivo donde se conserva tal carta.

  • Fernando

    MAGNIFICO ARTÍCULO. Me llena de orgullo tener antepasados como este.
    Por cierto, mientras buscaba mas información he encontrado este enlace de una replica de la medalla conmemorativa de Blas de Lezo realizado por el vergonzoso Almirante Vernon.

    http://www.ebay.es/itm/REPLICA-MEDALLA-CONMEMORATIVA-AD-VERNON-BLAS-DE-LEZO-PORTOBELLO-/151329340601?pt=LH_DefaultDomain_186&hash=item233bee7cb9

    • Mikko

      Cómo decirle que las medallas no las “realizó” el Almirante Vernon sino la industria del souvenir…

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