50 años sin Hemingway

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[02/07/2011]

Hoy se cumplen 50 años desde que Ernest Hemingway se suicidase en su casa de Idaho. Ese 2 de julio del 62, Hemingway se levantó sigilosamente para no despertar a su esposa, se vistió con su mejor traje, y se disparó en la boca con su escopeta favorita. Los dos cañones. Hemingway murió como vivió: a lo grande.

En muchos aspectos, Hemingway personificó la imagen del “macho”. Él lo sabía y le gustaba. Boxeaba, cazaba, le gustaban los toros y las mujeres, bebía. Luchó (y fue gravemente herido) en ambas guerras mundiales: como miembro de la cruz roja en Italia en 1918 y como corresponsal en París y el Día D en 1944 y 1945. Vivió la Guerra Civil española y estuvo en la Batalla del Ebro –una de sus obras emblemáticas, Fiesta (1926), está ambientada en la España de entreguerras, y también Por quién doblan las campanas (1940)-. En Italia vivió una hermosa historia de amor con una enfermera siete años mayor que él, que le marcó profundamente. Ella se llamaba Agnes. Durante meses planearon casarse y volver a los Estados Unidos, viviendo una de esas historia hollywoodienses en las que el joven soldado se enamora de su solícita enfermera. Pero él volvió a su país, y ella no le siguió. La esperó durante un tiempo, pero ella acabó casándose con un oficial italiano. Fue un duro golpe, aunque Hemingway acabó utilizando su experiencia en Italia para dar forma a una de sus obras más conocidas: Adiós a las armas (1929).

 

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A Hemingway –Hem, le llamaban cariñosamente- le gustaba fanfarronear. Su leyenda creció y creció estando él vivo, y nuevas hazañas fueron atribuyéndosele una vez muerto. Decía haber estado en el desembarco de Normandía y afirmaba haber sido el primero en pisar París tras su liberación. Como buen pescador y cazador, alardeaba siempre de conseguir las mejores piezas, las presas más enormes. Charles Bukowski afirmaba haber boxeado con Hem al menos en una ocasión, y haberlo derrotado. ¡Qué gran pelea habría sido aquella! Un joven Bukowski peleando en vaqueros y con un cigarro entre los labios, y un Hemingway ya maduro deseando dar una lección a ese advenedizo.

Hem recibió el Premio Nobel de literatura en 1954. En sus últimos años se encontraba muy deteriorado físicamente, a causa de una vida llena de guerras, viajes, alcohol, tabaco y accidentes de todo tipo. Su actitud de tipo duro acabó pasándole factura. Pasó sus últimos años en Cuba, donde los barmans más veteranos aún le recuerdan y pueden contar al turista alguna historia –real o inventada- sobre este coloso de la literatura.


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