Los cortes de digestión: que no nos engañen

Decía yo en mi primer artículo que algún día me iba a ocupar del tema de no bañarse después de comer. Y ya que ha llegado el verano, el calorcillo y la playa… ¿para qué esperar? ¡Destripemos este cuento de viejas!

Si hay algún recuerdo que casi todos compartiremos de nuestra infancia, es el de tener que esperar dos horas (ni un minuto más ni menos) para poder bañarnos después de habernos zampado el correspondiente bocadillo de jamón, chorizo o jamón york y queso en la playa. La espera se hacía eterna, inaguantable, y más aún por no acabar de comprender por qué demonios teníamos que esperar DOS HORAS. Con el paso de los años se da uno cuenta de que nuestros padres, evidentemente, tampoco sabían la explicación (y, de hecho, ni siquiera se habían molestado en comprobar si realmente existía una explicación).

¿Hay algo de cierto en la leyenda popular del corte de digestión? Pues… no diré que es del todo falso, porque algo de verdad hay.

Si preguntamos a nuestros padres qué es un corte de digestión, nos encontraremos con una sorpresa: nadie lo sabe. Es algo muy malo que te pasa si te bañas tras comer. O sea: comida + agua = cosa mala. Bien, he indagado un poco y creo haber descubierto a qué se refiere la expresión corte de digestión. Resulta que el corte de digestión o síncope por hidrocución es una súbita pérdida del conocimiento provocada por la inmersión repentina en agua fría. Y no hace que te pongas malo y te encuentres mal, sino que puede provocarte un paro cardiaco o fallo cardiorrespiratorio y hacerte morir ahogado.

Hay dos factores que pueden explicar por qué se produce este tipo de síncope

– el reflejo de inmersión: cuando nos sumergimos en agua, la presión arterial aumenta y el ritmo cardiaco disminuye de forma refleja. Este reflejo podría exagerarse hasta llegar a provocar un fallo en la frecuencia cardíaca (supongo que podrá causar arritmias, bajadas de tensión, paros cardíacos, ¿infartos?).

– el cambio de temperatura brusco de la piel al entrar en el agua. Las temperaturas altas hacen que la sangre circule por los tejidos superficiales del cuerpo (por eso nos ponemos colorados); en estas condiciones, una inmersión brusca en agua fría hace que la sangre se desplace rápidamente hacia los órganos internos provocando diversas alteraciones…

En resumen: el corte de digestión se produce por la diferencia de temperatura entre nuestro cuerpo y el agua en la que nos sumergimos. Pero ¡ojo!, podemos sufrir un corte de digestión por ducharnos con agua fría, hacer ejercicio o sencillamente coger frío.

Entonces, ¿tiene sentido esperar dos horas para bañarse tras la comida? Resumiendo: no. Es cierto que tras comer producimos algo más de calor, lo cual podría parecer que aumenta las probabilidades de morirse al entrar en el agua. Y ¿acaso no aumentamos nuestra temperatura corporal al estar tumbados al sol como lagartos? Hay otros remedios para evitar el riesgo de hidrocución: evitar meterse de golpe en agua fría, no hacer ejercicio intenso antes del baño, mojarse poco a poco, no entrar en el agua muy acalorado, etc.

Ay, ojalá este pequeño esfuerzo permita que algún crío se libre del castigo de las dos horas…

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