Lope de Aguirre, el Peregrino (I)

Entre los soldados de peor fama estaba, como dije, Lope de Aguirre, hombre corta estatura, cojo de heridas recibidas en acción, cenceño y de aire atravesado. En los lugares donde había vivido, especialmente en las regiones del norte del Perú, se le conocía como Aguirre el Loco. Pero lo decían con simpatía y amistad y sin dejar de respetarlo.

Ramón J. Sender, La Aventura Equinoccial de Lope de Aguirre.
Nació Lope de Aguirre alrededor del año 1510 –la fecha exacta se desconoce- en el actual municipio de Oñate, Guipúcoa. Desde joven fue persona inquieta y algo bellaca, que anduvo en andanzas por media España hasta llegar a Sevilla con 21 años. Fue allí donde conoció las historias que Pizarro y otros contaban sobre los fabulosos tesoros que aguardaban a los españoles en Perú y en toda Sudamérica. Rápidamente se enrola hacia el Perú, donde llega sobre el año 1536. Pronto se ve envuelto en una serie de aventuras que incluyen batallas, rebeliones, huidas y condenas… era Aguirre hombre para quien las leyes y costumbres significaban más bien poco, como se demostraría más adelante. En 1544 y los años que siguieron se enfrentó a Gonzalo Pizarro (hermano de Francisco) por defender al primer virrey del Perú, Blasco Núñez Vela, y las órdenes que éste había recibido de implantar una serie de mejoras en las condiciones de los nativos. Nótese que en aquella época defendía Aguirre las leyes del rey, enfrentándose a enemigos poderosos y jugándose, literalmente, la vida. Recibió dos arcabuzazos en una pierna que le dejaron cojeando de por vida, mientras que sus manos estaban quemadas por la explosión de un arma de pólvora (hay quien dice que había recibido un tercer disparo en la izquierda que se la había dejado medio inútil).

En 1551 acabó por volver a Perú, donde un tal Francisco de Esquivel, juez, le condenó por no respetar las leyes de protección a los indios a ser azotado en público. Aguirre sin duda apreció la ironía de ser condenado por infringir aquello por lo que antes había luchado y sangrado; pero una cosa es la condena y otra la humillación. Que se pueden aguantar heridas en el cuerpo hasta caer muerto; pero las heridas en el orgullo ningún español las soporta. Se cuenta que Aguirre, una vez finalizado el mandato del licenciado Esquivel, le persiguió a pie durante más de tres años –algo se temía ya Esquivel- hasta que dio con él finalmente en 1554 y lo mató a puñaladas mientras dormía.

Por esta acción fue condenado a muerte. Durante un tiempo huye, participa en el levantamiento contra el virrey Antonio de Mendoza –matando al gobernador Pedro de Hinojosa-, vive un tiempo comiendo raíces en una cueva durante un año… Le llega finalmente el perdón en 1560, cuando el virrey Andrés Hurtado de Mendoza amnistía a numerosos indeseables a condición de que tomen parte en una expedición en busca del mítico El Dorado bajo el mando del veterano Pedro de Ursúa. Con la promesa del oro de El Dorado esperaba el virrey deshacerse de las cuadrillas de soldados que, tras los conflictos civiles, no podían –o no querían- ganarse la vida honradamente. Eran estos soldados gente malencarada, harapienta y malhablada, veterana de mil combates; hombres duros como ellos solos y capaces de tumbar un reino entero cuando lograban ponerse de acuerdo para ello, cosa en la que nunca destacamos los españoles. Este sería la tripulación de Pedro de Ursúa… y entre ellos se encontraba Lope de Aguirre, el Loco.


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