Las horas extras, explicadas

Hay muchas dudas sobre las horas extraordinarias en el trabajo. ¿Deben hacerse? ¿Son obligatorias? ¿Cómo se pagan? Etcétera.

 Las horas extras son las que sobrepasen nuestra jornada de trabajo normal. Ojo, porque la jornada de trabajo puede alargarse sin que eso sean horas extras. Nuestra jornada de trabajo puede distribuirse irregularmente (trabajando unos días más y otros menos), siempre y cuando no sobrepase el máximo de 40 horas semanales. Las horas extras son las que sobrepasan nuestra jornada normal, sea ésta de 40 o de menos horas.

Hay dos tipos de horas extras: de fuerza mayor y otras horas extras no de fuerza mayor.

Las horas de fuerza mayor son las únicas que son obligatorias. Son horas de trabajo destinadas a reparar o prevenir siniestros: apagar un incendio, reparar un andamio que amenaza con caerse, achicar el agua de una inundación. Esto es lógico. Entiendo que también son horas de fuerza mayor las que son imprescindibles para que el trabajo continúe. Por ejemplo, si trabajamos en una línea de una acería y nuestro relevo tarda en llegar. No podemos irnos sin más, no pueden apagarse los hornos hasta que llegue el relevo. En ese caso, entiendo que deberíamos quedarnos hasta que llegue el personal, y dichas horas contarían como horas de fuerza mayor.

Luego están las horas extra que no son de fuerza mayor. Estas horas no son obligatorias. Son muy frecuentes en ciertos sectores, por ejemplo en hostelería –el contratado por 12 horas semanales que, solo el viernes y el sábado, ya trabaja el doble-. El empresario jamás puede sancionar o “multar” a un trabajador por negarse a hacer horas extraordinarias que no sean de fuerza mayor. Nuestro contrato o convenio puede establecer que haya algunas horas obligatorias en determinadas circunstancias (y que no sean de fuerza mayor). Esto es perfectamente legal. Un ejemplo: en momentos en que sea imprescindible hacerlas para la marcha del negocio –mucha gente, época de rebajas, etc-. No es lo normal: lo normal es que no sean obligatorias nunca.

Las horas extras tienen que pagarse o bien compensarse con descansos. Si se pagan, su valor nunca será inferior a una hora de trabajo ordinaria. Normalmente los convenios colectivos establecen que las horas extras se pagan mejor. Si nuestro convenio o nuestro contrato no dicen nada al respecto, se supone que el empresario debe darnos descansos equivalentes a las horas que hemos hecho. Es decir, si hemos trabajado ocho horas extras y nuestra jornada es de ocho horas al día, nos daría un día de descanso. Estos descansos deben dárnoslos dentro de los 4 meses siguientes a la realización de las horas; es decir, no vale que nos den a finales de año los descansos de las horas extras que llevamos haciendo desde enero. ¿Por qué? Porque los descansos tienen, supuestamente, la función de permitir que el trabajador descanse del trabajo realizado y deberían estar más o menos cerca del hecho “cansino”: en este caso, las horas trabajadas.

Lógicamente, hay un número máximo de horas extraordinarias que pueden hacerse al año (si no fuera así, habría gente que trabajaría las 24 horas del día, hasta su muerte). Por norma general, no pueden hacerse más de 80 horas extras al año. Las de fuerza mayor no se cuentan. Tampoco cuentan las que nos han compensado con descansos, ya que se supone que esas horas extras han quedado compensadas por igual número de horas de descanso. En algunos convenios –por ejemplo, el de vigilantes de seguridad- se permite hacer más horas al año. El trabajador debe ser informado por la empresa de las horas que ha hecho cada mes, habitualmente en su nómina. El máximo de 80 horas es para una jornada laboral de 40 horas/semana. Una jornada menor implica hacer menos horas. Si nuestro contrato es de 20 horas/semana, podremos hacer un máximo de 40 horas extras al año. No podremos hacer 80 horas extras al año si nuestra jornada es menor de 40 horas semanales (un fraude muy frecuente).

Las horas extraordinarias son uno de los fraudes más extendidos y dañinos del sistema laboral español. Se hacen al año millones de horas extras sin retribuir y sin cumplir lo que dice la ley. ¿Por qué? Por ignorancia y por codicia, tanto por parte del empresario como por parte del empleado. Quien hace horas extras sin cobrarlas está cometiendo un fraude; quien hace más horas de las permitidas comete fraude; quien obliga a sus empleados a hacer horas por sistema comete fraude, y también lo comete quien accede a realizarlas. No cumplir lo que dice la ley sobre horas extras implica defraudar dinero al estado español (si no nos las pagan o lo hacen bajo mano), colaborar a que medio país esté en paro (al negar la posibilidad de que el empresario contrate a más gente para sacar adelante el trabajo) y, en general, hacer más difícil que el país salga de la crisis. El Instituto Nacional de Estadística reveló hace unos días que con las horas extras que los trabajadores hacen y las empresas no pagan, se están ahorrando casi 70.000 puestos de trabajo a jornada completa. Se hacen más horas extras y se acepta no cobrarlas con más frecuencia que en años anteriores. Antes de echar pestes contra los empresarios, pensemos que aquí hay dos culpables: uno que roba (empresa) y otro que se deja robar (trabajador). He aquí un claro ejemplo de cómo cuando se vulnera el derecho de una persona, se vulneran los de todas. Por culpa de los que aceptan trabajar gratis para su jefe (más de 5 millones de horas extras a la semana, la mitad sin cobrar), hay otros muchos miles que no tienen la oportunidad de trabajar.

Antes de que alguien lo diga, lo diré yo: hay gente que necesita hacer esas horas. Necesitan ese aporte extra de dinero. Me parece bien. Esa debería ser una de las funciones de las horas extras: permitir que, quien quiera trabajar más y ganar algo más de dinero, lo haga. Siempre que se cumpla la legalidad.

En cualquier otro caso, yo no recomendaría hacer horas extraordinarias. Una vez, vale. Dos, puede aceptarse. Pero cuando las horas extras se convierten en rutina, hay algo que estamos haciendo mal. Su propio nombre, “extraordinarias”, implica que hacerlas debería ser la excepción, no la norma. Si la empresa necesita que todos los trabajadores echen una o dos horas más al día, todos los días, es que necesita más gente. Y la cola del paro es muy grande: que contraten a uno o dos más.

Todo lo anterior aparece en el artículo 35 del Estatuto de los Trabajadores, el marco de referencia supremo en materia de derechos y deberes de los trabajadores en España. Los convenios colectivos y normas de las empresas únicamente pueden contradecir lo que dice el Estatuto si así benefician más al trabajador.

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